POSVERSO 2026: UNA BIENAL PARA HACER CON OTROS
En un momento en que el formato bienal parece debatirse entre la espectacularización, la lógica del mercado y la repetición de modelos curatoriales cada vez más previsibles, comienzan a surgir proyectos que ensayan otros modos de poner en relación el arte, sus lenguajes y los lugares donde ocurre. POSVERSO pertenece a esa generación de iniciativas que no entienden la bienal como una simple vitrina, sino como una infraestructura cultural capaz de activar redes de colaboración, experimentar con los lenguajes y producir formas de conocimiento situadas.
Impulsada desde Junín, en la provincia de Buenos Aires, por Silvio De Gracia y Ana Montenegro, la bienal celebrará entre el 22 de agosto y el 3 de octubre su segunda edición, Del encantamiento y el horror. A través de la obra de 56 artistas de once países y un programa que se desplegará entre Junín y Buenos Aires, el proyecto insiste en borrar las fronteras entre poesía experimental, artes visuales, performance, arte sonoro y electrónico, al tiempo que desplaza el centro de gravedad de los circuitos tradicionales hacia una red de relaciones más horizontal y descentralizada.
Esta conversación con sus directores ahonda en las ideas que sostienen esa apuesta: la necesidad de reinventar el formato bienal, la crítica a las lógicas del Capitaloceno, el potencial político de las prácticas intermediales y la construcción de un ecosistema cultural donde el arte no solo produce obras, sino también formas de convivencia.

«La evolución del mundo tendrá que ser espiritual»
Carlos Willson: Desde su origen, POSVERSO ha buscado desbordar las categorías tradicionales que separan poesía, artes visuales, performance y experimentación editorial. Más que una suma de disciplinas pareciera proponer un territorio propio. ¿Cómo definirían ese espacio de intersección y qué preguntas estéticas, políticas o culturales les interesa activar desde allí?
Silvio De Gracia: En primer lugar, POSVERSO es un laboratorio que persigue un doble desborde: por un lado, se trata de repensar el propio formato de bienal; por el otro, de proponer una reinscripción de las prácticas artísticas en una zona de intermedialidad donde se borren por completo las clasificaciones disciplinarias.
En cuanto al primer punto, pensamos que existe un proceso de consunción del formato bienal de arte, es decir, que se advierte un desgaste o pérdida de fuerza, una suerte de decadencia estructural interna. La bienal es una institución y, como tal, obligada a responder al orden de lo instituido corre el riesgo de volverse estática. Así, el desgaste es consecuencia directa de un status quo donde entran en juego la necesidad de espectacularización, las exigencias estadísticas, la repetición y la burocratización. En pocas palabras, el formato bienal se ajusta perfectamente a las lógicas del Capitaloceno, y esto constituye una encrucijada insalvable.
En el caso de POSVERSO, nos planteamos la estructura de la bienal a partir de un ejercicio permanente de descalce de formatos y metodologías. Nuestro propósito es mantenernos dinámicos, forzando cada vez un nuevo desborde, para no perder la potencia creativa, o lo que Castoriadis conceptualizaba como lo instituyente. En este sentido, nuestra segunda bienal, la que se desarrollará entre agosto y octubre de este año, no se parece en nada a la anterior. No solo varía el enfoque curatorial, sino también toda la dinámica interna, en cuanto al proceso de selección de los artistas, la búsqueda de nuevos dispositivos de exhibición, y la inclusión de plataformas situadas que puedan devolver al arte algo de su carácter contingente.
Desde lo conceptual, en la bienal 2024, titulada Poéticas de la resistencia, nos guiaba la urgencia por dar cuenta de un contexto político y cultural de extrema complejidad. Ahora, en 2026, bajo el título Del encantamiento y el horror, nos proponemos directamente apuntar las prácticas poéticas experimentales a explorar otras formas de habitar el mundo por fuera del Capitaloceno.
Respecto a la reinscripción de las prácticas artísticas en un territorio intermedial, esto es de importancia capital para POSVERSO. La idea de apuntalar prácticas de intermedialidad surge del hecho de comprobar que existe un estado de fragmentación o de falta de comunicación dentro del propio campo interno del arte. Dicho de otro modo, hay una notoria estanqueidad disciplinar donde el artista visual, el sonoro, el electrónico y el performático permanecen en compartimentos cerrados, y se tornan incapaces de reconocerse entre sí, y, lo que es peor aún, se privan de acceder al conocimiento de los códigos de otros campos.
Para nuestra bienal la intermedialidad es contaminación, traducción y codependencia. Aquí cobra mucho sentido el concepto de intersemioticidad, es decir, el proceso de la traducción de un sistema de signos a otro. Entendemos que el artista, ya sea visual, sonoro, performático o electrónico, opera como un traductor de lenguajes. Para POSVERSO, la poesía experimental no es un género literario, sino una operación mental, sensible y política. Así, cuando un artista se choca con los límites de su propio lenguaje y se arriesga a desbordar sus signos, lo que está haciendo es poesía. La poesía aparece en el desborde, en el momento en que cualquier creador se empeña en revolucionar sus signos.

«La poesía es un arma contra la muerte»
CW: En un momento en que muchas iniciativas culturales buscan legitimarse desde las grandes capitales, resulta interesante que POSVERSO mantenga a Junín como su núcleo al mismo tiempo que incorpora una sede en Buenos Aires. ¿Cómo imaginan esa relación entre centro y periferia, y qué puede aportar cada ciudad a la experiencia de la Bienal?
Ana Montenegro: La decisión de la Bienal POSVERSO de mantener sedes en Junín y en la Ciudad de Buenos Aires se orienta a descentralizar toda forma de hegemonía cultural, operando como un “desborde del borde”. La bienal nació como un proyecto descentralizado, en consonancia con la idea de que el impacto de una propuesta experimental ya no se mide por su ubicación geográfica, sino por su capacidad expansiva para conectar distintas redes.
Para Silvio, que proviene del arte correo y que siempre vivió y se proyectó desde una ciudad pequeña, el concepto de trabajo en red estuvo muy presente al momento de concebir la bienal. En mi caso, que viví mucho tiempo en una gran urbe como São Paulo, siempre me hizo mucho ruido que todo el movimiento artístico confluyera en la metrópolis, y que desde ahí se impusieran la mayoría de los productos culturales destinados al consumo. Entonces, al crear POSVERSO, nos propusimos invertir esa lógica donde el interior solo consume lo que produce la metrópolis.
Nunca nos situamos como periferia, sino como un rizoma dentro de una estructura más amplia. En cuanto a la relación entre Junín y Buenos Aires, podríamos situarla a partir del pensamiento tentacular de Donna Haraway, donde no existe ninguna forma de vinculación jerárquica, sino que existen filamentos que exploran, conectan y extraen saberes de dos realidades territoriales distintas pero interconectadas.
En el caso específico de esta edición, el eje de artes visuales y el de artes electrónicas quedan en Junín, mientras que la mayor parte del eje performático y del eje sonoro se trasladan a Buenos Aires. La capital aporta la densidad poblacional y la saturación del espacio público necesarias para la irrupción del cuerpo performático. Por otro lado, muchas de las propuestas sonoras pensadas para Buenos Aires hibridan lo sonoro y la performance. Lo que hace que no se rompa la bienal es lo sonoro, presente en ambas ciudades, y que termina funcionando como un puente trans territorial.

«Las antiguas magias retornan»
CW: La Bienal reúne artistas de distintas generaciones y procedencias. ¿Qué criterios guiaron la selección de participantes en esta edición y qué preocupaciones o búsquedas comunes identifican hoy en las prácticas experimentales latinoamericanas?
AM: En nuestra primera edición buscamos sentar las bases de la poesía experimental en la región. Para esta segunda edición, decidimos profundizar el eje curatorial y explorar formas de intensificar los cruces, las tensiones y las hibridaciones de lenguajes. La elección de nuestros artistas se enfoca en una expansión radical del hecho poético. Entendemos que el “posverso” no es la muerte de la poesía, sino su mutación en materia, cuerpo, sonido y tecnología. Bajo esta premisa, no buscamos poetas experimentales tradicionales (si cabe esta imagen), sino artistas de frontera, es decir, creadores que se mueven en los intersticios entre las artes visuales, la performance, el arte sonoro y las poéticas electrónicas.
Un punto crucial de la selección fue el armado de una genealogía viva. A diferencia de la mayoría de las bienales que apuestan al presente, POSVERSO no separa el pasado del presente. Por el contrario, nos interesa especialmente hacer convivir artistas históricos con voces emergentes. Esto mismo lo trasladamos al terreno de los lenguajes: rescatamos tanto a creadores trabajando con tecnologías analógicas como a creadores digitales que exploran la poesía algorítmica, el glitch y la inteligencia artificial. Esta convivencia temporal nos parece clave en la identidad de POSVERSO.
Otro aspecto de relevancia tiene que ver con la inclusión de prácticas performáticas, entendiendo el cuerpo como el primer y último soporte del acto poético. Pero, sin duda, donde pusimos más carga conceptual fue en el eje sonoro, con la selección de artistas y músicos experimentales y la incorporación de un festival de radioarte. Pensamos la escucha como un dispositivo de disidencia política y poética, donde el acto de oír de un modo profundo permite construir comunidades alternativas frente a la crisis global que nos impone el Capitaloceno.
Por último, algo que atraviesa a todos (o a la mayoría) de nuestros artistas es que sus propuestas no son puramente estéticas. Teniendo muy presente la identidad latinoamericana de nuestra bienal, priorizamos creadores cuyas poéticas dialogan directamente con las problemáticas sociales, la memoria histórica, las crisis ecológicas y la resistencia desde el lenguaje.
Entre las prácticas poéticas experimentales latinoamericanas actuales, detectamos algunas búsquedas comunes: la recuperación de saberes ancestrales, el uso del ruido y el error, la exploración de formatos disruptivos y el compromiso social y político. De acuerdo con nuestro eje curatorial, hemos encontrado cantidad de artistas trabajando con la actualización de saberes ancestrales, e incluso con la posibilidad de su traducción a nuevos soportes. El uso del fallo tecnológico y el paisaje sonoro aparecen como elementos expresivos para reflejar las tensiones de nuestra época. A esto hay que sumar múltiples formatos disruptivos que se mueven en el campo específico de las poéticas electrónicas. La preocupación social y política persiste, en tanto el artista latinoamericano sigue creyendo que el arte es una práctica que puede interpelar al contexto actual y a la memoria histórica.

«Un poema, un sonido, una obra visual que no nos inquiete es una traición»
CW: Las bienales suelen funcionar como espacios de encuentro entre artistas, curadores, coleccionistas, académicos y públicos diversos. ¿Qué tipo de ecosistema cultural aspiran a construir alrededor de POSVERSO y cómo piensan la mediación entre las prácticas experimentales que presenta la Bienal y las distintas comunidades que la visitan, desde Junín, el resto del país hasta el público internacional?
SDG: Antes que nada, hay que decir que POSVERSO no busca ser una bienal tradicional al uso, enfocada en el espectáculo o lo mercantil. A diferencia de las bienales institucionales hegemónicas –mayormente regidas por el mercado del arte, el turismo cultural y la figura hiperbólica del curador estrella– POSVERSO se define como una bienal de artistas para artistas (y para la comunidad).
La horizontalidad y la autogestión son pilares de POSVERSO. Trabajamos en la configuración de una red horizontal, donde los propios creadores gestionan, dialogan y deciden los caminos de la experiencia. En este sentido, hay que señalar que la mayoría de los curadores que integran nuestro equipo son al mismo tiempo artistas (Yuri Bruscky, Soledad Sánchez Goldar, María Eugenia Cordero, Alessandra Arno, Claudia Kozak, el colectivo francés Docks).
La autogestión nos liga estrechamente a la idea de la simpoiesis, el hacer con otros, o crear colectivamente. En este proceso, aspiramos a construir comunidad con otros artistas, alentando la colaboración, los intercambios y la co-creación.
En POSVERSO, la poesía experimental en cualquiera de sus formas no es un fin en sí misma, sino un dispositivo para generar comunidad. Desde el momento que sacamos el arte de los centros metropolitanos habituales y lo bajamos al territorio, la BIENAL activa redes locales y globales de manera simultánea.
Entendemos el arte como vínculo social, de modo que lo que acontece en la bienal está destinado a promover los lazos comunitarios, la empatía, la ecología del afecto y el arraigo territorial. Para nosotros la comunidad no puede ser un público pasivo que se mueve para ver, sino una parte activa del tejido simpoiético.
Nos empeñamos en construir un ecosistema cultural simpoiético: un organismo vivo, interdependiente, autogestionado por los propios artistas, donde la poesía experimental está llamada a funcionar como el tejido conector que permita «hacer-con» la comunidad.
N.d.E: Los intertítulos de esta entrevista corresponden a citas del manifiesto curatorial de POSVERSO, escrito por Silvio De Gracia.

BIENAL POSVERSO 2026 — Del encantamiento y el horror
Cuándo: 22 de agosto al 3 de octubre de 2026
Dónde: Junín y Buenos Aires, Argentina
Secciones:
- Visual — SUM Mario Meoni de la UNNOBA (Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires), HOTEL DADA – Centro de Poéticas Expandidas, CLUSTER – Casa de Cultura.
- Electrónica — exhibición de arte y literatura expandida, curada por Claudia Kozak, en la Fundación Casa Pronto.
- Performática — Poética de la interferencia, en espacio público, co-curada por Silvio De Gracia y Soledad Sánchez Goldar.
- Sonora — curada por Silvio De Gracia, con recorrido por estaciones sonoras en espacio público, más un Festival de Radioarte curado por el artista sonoro brasileño Yuri Bruscky.
56 artistas, 11 países: Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Colombia, España, Finlandia, Italia, Marruecos, México y Perú.
Algunos de los artistas participantes:
Silvia Rivas, Ana Laura Cantera, Andrés Denegri, Virginia Buitrón y Diego Alberti (Argentina); Marilá Dardot (Brasil); Santiago Sierra y Eugenio Merino (España); Rosemberg Sandoval y Antonio Caro (Colombia); Mounir Fatmi (Marruecos); Aruma – Sandra De Berduccy (Bolivia); Wendy Yashira (Perú); Enrique Jezik (México).
Carácter federal: la edición 2026 suma artistas de Buenos Aires, Córdoba, Salta, Tucumán, Mendoza y Santa Cruz.
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