TIERRA CIFRADA: EXPOSICIÓN DEL PROGRAMA DE SUBVENCIONES Y COMISIONES 2025 DE CIFO
La Cisneros Fontanals Art Foundation (CIFO) y el Museo de Arte Latinoamericano de Los Ángeles (MOLAA) presentan Tierra Cifrada, una exposición que reúne a los nueve artistas latinoamericanos del Programa de Subvenciones y Comisiones 2025 de CIFO, cuyas prácticas interrogan el presente desde diversas zonas de fricción. Los curadores Gabriela Urtiaga y Sergio Fontanella vislumbraron cada obra como un fragmento de código —una clave parcial— dentro de un entramado mayor de crisis ecológicas, herencias coloniales, desplazamientos identitarios y transformaciones tecnológicas.
El reconocimiento ha servido como una plataforma de proyección que incide en trayectorias ya activas en el circuito internacional desde su creación por Ella Fontanals-Cisneros en el año 2002. En esta edición, el conjunto de artistas invitados atraviesa distintas etapas de consolidación profesional, lo que aporta a la muestra una densidad intergeneracional y exploratoria significativa.
El Premio a la Trayectoria 2025 recayó en la artista guatemalteca Diana de Solares, cuya exploración del ensamblaje, el collage y las narrativas pictóricas ligadas a la naturaleza y el imaginario popular se ha manifestado de forma sostenida desde la década de 1990. Tierra Cifrada representa su primera participación en un museo de Estados Unidos, un hito que sitúa su trayectoria —forjada a lo largo de más de tres décadas— en un nuevo marco institucional y geográfico.
Junto al Premio a la Trayectoria otorgado a Diana de Solares, la edición reconoce en la categoría de Artistas de Media Carrera a Marcela Armas, Voluspa Jarpa y Ana Vaz; como Artistas Emergentes a Madeline Jiménez Santil y Alexandre Canonico; mientras que los premios CIFO x Ars Electronica distinguen a Natalia Rivera y Jerónimo Reyes-Retana, y el Programa de Residencia Cerámica Suro a Patricia Encarnación.

En la obra de Diana de Solares convergen eros y caos como fuerzas primordiales, las cuales se traducen en tensiones entre equilibrio y desajuste, control e improvisación. El color ocupa un lugar central en su obra; es principio constructivo que organiza, sostiene y define el espacio pictórico.
Radicada en Antigua Guatemala, su trabajo surge de una observación atenta y corporal del entorno. La naturaleza circundante, la arquitectura vernácula y los cromatismos de mercados y festividades informan tanto sus pinturas como sus ensamblajes realizados a partir de objetos encontrados. Ese registro sensible pasa por un proceso de decantación que transforma lo cotidiano en una gramática mínima de líneas, planos y relaciones espaciales.
En la exposición, un gran mural compuesto por 28 pinturas retoma la figura del volcán. Dispuestas como una secuencia rítmica de variaciones, las piezas construyen un paisaje fragmentado donde triángulos y vértices evocan perfiles volcánicos en su expresión más sintética. Se trata de condensaciones formales de una experiencia geográfica y simbólica profundamente arraigada en Guatemala.

Artistas de mediana carrera
Marcela Armas (México), Voluspa Jarpa (Chile) y Ana Vaz (Brasil) reciben el apoyo de CIFO en un momento de madurez expansiva en sus carreras. Armas ha presentado su obra en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) y en el Museo de Arte Carrillo Gil, entre otros espacios institucionales de América Latina y Europa. En el caso de Jarpa, su participación en el Pabellón de Chile de la Bienal de Venecia consolidó una proyección internacional ya en curso, por lo que este reconocimiento viene a reforzar una línea de trabajo que ha ido ganando en complejidad formal y densidad crítica.
Marcela Armas ha desarrollado durante más de dos décadas una práctica que entrecruza arte, ciencia y tecnología para cuestionar el antropocentrismo y los regímenes energéticos que sostienen la modernidad occidental. En Espejos del Holobionte profundiza esa investigación al explorar las relaciones materiales y simbólicas entre la salud humana y la del suelo, combinando iridología y cromatografía como metodologías abiertas.
Las cromatografías —“fotogramas” del estado vital del suelo— abren una reflexión sobre agricultura, biotecnología y soberanía frente al extractivismo agroindustrial. El concepto de holobionte, que concibe a los organismos como ecosistemas interdependientes, opera como eje de un desplazamiento epistemológico: de la visión científica dominante hacia una comprensión relacional y compleja de la vida.


En Ciclorama, Voluspa Jarpa construye una cartografía expandida donde convergen cosmogonías andinas, mapas fundacionales, ciudades contemporáneas en conflicto e infografías. A partir de una metodología de investigación visual que reelabora archivos, documentos y registros audiovisuales, la artista produce una imagen territorial estratificada, donde pasado precolombino, colonia, Guerra Fría y crisis actuales se superponen como una escritura en capas. La obra invita a pensar en una memoria territorial que desborda la cronología histórica y diluye las fronteras geopolíticas.
Formalmente, la instalación adopta la forma de un dispositivo circular compuesto por cartografías translúcidas intervenidas manualmente y acompañadas por una proyección de video, permitiendo al espectador recorrer su anverso y reverso.

La cineasta y artista brasileña Ana Vaz ha consolidado una trayectoria internacional que sitúa su trabajo en el cruce entre cine experimental, pensamiento ecológico y crítica colonial. Sus películas han circulado en instituciones como el Jeu de Paume y el Harvard Film Archive, así como en festivales y espacios dedicados al cine de vanguardia, afirmando una práctica que desborda el documental hacia un territorio híbrido entre el ensayo fílmico y el poema-cine.
Trabajando con 16 mm, revelado manual y procedimientos cercanos al “cine sin cámara”, Vaz desplaza la imagen de su función testimonial para convertirla en superficie material de fricción, donde memoria, violencia histórica y ecología se entrelazan. En obras recientes como Black Soil / Terra Preta (2025), la artista indaga en la Amazonía como archivo latente, desmontando la ficción colonial de una naturaleza “virgen” y poniendo en el centro la terra preta —suelo antropogénico cultivado por sociedades indígenas precolombinas— como metáfora política de conocimiento, cuidado y regeneración.

Artistas emergentes
Madeline Jiménez Santil (República Dominicana/México) pone en tensión la geometría moderna con los códigos de la migración, la corporalidad y la experiencia caribeña contemporánea. Su obra —que ha sido expuesta en el Centro Cultural de España en Santo Domingo y en galerías de México— integra dibujo expandido, escultura e instalación, dando lugar a estructuras móviles y modulables que pueden leerse como “objetos decoloniales”, dispositivos que se insertan en las lógicas institucionales del arte contemporáneo para evidenciar y desestabilizar sus normas.
Quien puede cambiar el idioma, puede cambiar el juego / Por favor, flexiona las rodillas (2025) es un artefacto móvil que remite tanto a mesas de trabajo como a plataformas deportivas, configurándose como un espacio de fricción entre disciplina y agencia. La incorporación de un aro de baloncesto introduce una dimensión performativa explícita que desplaza la retórica abstracta hacia el terreno del juego y la acción corporal. El título sugiere que alterar el idioma implica modificar las reglas: cambiar el lenguaje es, en última instancia, transformar el sistema.

Formado en arquitectura, Alexandre Canonico (Brasil) sitúa su práctica en el umbral entre dibujo, objeto y escultura, desplazando procedimientos gráficos hacia el espacio tridimensional. Su trabajo explora la fragilidad de la abstracción mediante superficies intervenidas con spray, recortes irregulares y fijaciones visibles que exponen la condición precaria del montaje.
En Biquinho (2023), la imagen no emerge de una línea cerrada sino de un contorno inestable, de un borde quemado que oscila entre aparición y disolución. Canonico desmonta la promesa de autonomía moderna: la forma se sostiene por apoyos mínimos, vulnerable al accidente, al desajuste, a la caída.


CIFO x Ars Electronica Awards
Natalia Rivera (Colombia) desarrolla una práctica artístico-científica que investiga las intersecciones entre microbiodiversidad, clima y territorio. Trabajando con medios digitales y biotecnológicos, concibe las tecnologías como posibles interfaces simbióticas entre entidades vivas, construyendo relatos no antropocéntricos que exploran las políticas y poéticas de lo vivo desde las bioestéticas y perspectivas disidentes.
Su proyecto Bacteria Cloud of Clouds se centra en la microbiodiversidad presente en las nubes del Chocó Biogeográfico colombiano, una de las regiones más lluviosas del planeta y uno de los reservorios de biodiversidad más importantes del mundo.
A partir de un trabajo de campo en el caserío de Carmelo, en Tadó, la artista investiga, mapea y resguarda microorganismos presentes en el agua de lluvia. Estudios recientes sobre bioprecipitación han mostrado que las nubes no solo contienen bacterias, sino que estos microorganismos participan activamente en procesos físico-químicos atmosféricos.

Jerónimo Reyes-Retana (México) centra su investigación en zonas de contacto latinoamericanas afectadas por tensiones ambientales, geopolíticas y sociales. Para crear su obra Void in Resonance, el artista se instaló por un tiempo en Playa Bagdad, Tamaulipas —en el extremo oriental de la frontera entre México y Estados Unidos, donde el Río Bravo desemboca en el Golfo de México— para examinar lo que denomina “vacíos coloniales”, es decir, territorios y comunidades sometidos a borramientos cartográficos en nombre de la modernización. Allí, un campo ostrícola —recurso económico vital— se ve amenazado por la cercanía del puerto espacial de SpaceX, ubicado a pocos kilómetros del lado estadounidense.
Los lanzamientos de cohetes producen ondas de choque que atraviesan la frontera e impactan cuerpos, ecosistemas y arquitecturas locales, dando lugar a una forma de violencia sonora transfronteriza que permanece en gran medida invisibilizada por las agencias regulatorias. Resultado de más de tres años de trabajo de campo y colaboración con la comunidad, la instalación fílmica documenta la experiencia de un lanzamiento desde la perspectiva de quienes trabajan en los criaderos de ostras. Al confrontar la narrativa triunfalista de la “nueva era espacial”, la obra revela su continuidad con lógicas históricas de despojo territorial e industrialización extractiva, ahora proyectadas más allá de la atmósfera.

Programa de Residencia Cerámica Suro
Patricia Encarnación (República Dominicana), artista e investigadora interdisciplinaria afro-dominicana, profundiza en la cultura material caribeña y en las prácticas espirituales comunitarias desde una perspectiva postcolonial. Vinculada al programa de residencia de Cerámica Suro, amplía el alcance formal de una investigación que ha situado los objetos cotidianos, los paisajes y los cuerpos del Caribe como portadores de memorias históricas y legados coloniales aún activos. A través de la cerámica —su lenguaje predominante— junto al video y la fotografía, recontextualiza lo ordinario para revelar su densidad simbólica, adoptando una metodología autoetnográfica que interroga las intersecciones entre raza, territorio y memoria, y cuestiona las nociones exotizadas de “caribeñidad” desde una estética decolonial afro-diaspórica.
En la serie Historias para la Postcolonialidad, indaga en prácticas de resistencia ya existentes en comunidades afectadas por el desplazamiento y el borramiento cultural. Para esta edición de los premios CIFO, Encarnación trabajó con comunidades afrodescendientes de los bateyes del este dominicano, centrando su atención en la celebración del Gagá durante la Semana Santa.
La documentación sonora y visual de esta manifestación anclada en cosmovisiones afro-diaspóricas, cimarronas e indígenas se traduce en una instalación que la afirma como forma cultural contemporánea y no como mero “folklore”. Al desplazar las jerarquías entre arte y tradición, centro y periferia, su obra convierte la cultura material cotidiana en un espacio donde memoria, espiritualidad y política se funden como prácticas activas de conocimiento y pertenencia.
En conjunto, Tierra Cifrada no se presenta como una vitrina de logros individuales, sino como un entramado de procesos en expansión. El reconocimiento de la Fundación Cisneros Fontanals busca acelerar investigaciones, permite asumir riesgos formales y fortalece redes de circulación internacional. Cada obra, más que ofrecer respuestas, activa preguntas urgentes sobre cómo habitamos y codificamos nuestra realidad contemporánea.
TIERRA CIFRADA
Museo de Arte Latinoamericano de Los Ángeles (MOLAA)
Del 16 de octubre de 2025 al 1° de marzo de 2026
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