JUAN COVELLI. LA VOZ DEL RÍO ATRATO: ARQUEOLOGÍA ESPECULATIVA
El Photography Centre del Victoria and Albert Museum de Londres presenta Atrato, una contundente instalación multimedial de Juan Covelli (1985). Su relevancia no solo radica en que sea el primer artista colombiano en ocupar el principal espacio del Reino Unido dedicado a la fotografía permanente, sino en la fricción que su propuesta genera al instalarse en una arquitectura victoriana heredera de lógicas imperiales de coleccionismo y apropiación.

La práctica de Covelli, situada en la intersección entre tecnología, patrimonio, arqueología y pensamiento decolonial, encuentra en el río Atrato un territorio crítico desde el cual rearticular narrativas coloniales y examinar las continuidades del extractivismo. La obra —comisionada por el museo— forma parte de Espejismos, una investigación de largo aliento sobre cuerpos de agua colombianos que entiende el paisaje como dispositivo de dominación heredado de la Expedición Botánica, donde ilustrar era nombrar, y nombrar, poseer. Frente a esa genealogía, Covelli opone el territorio como espacio de arraigo y conflicto.
Tras El Salto (2021), centrado en el río Bogotá —adquirido por el Museo del Banco de la República y la Kadist Foundation—, el artista dirige su atención al Atrato, una de las arterias fluviales más densas en historia y conflicto de América del Sur, y primer río en Colombia reconocido como sujeto de derechos en 2016.
Desde la colonia, cuando el oro extraído por africanos esclavizados circulaba por su cauce hacia los circuitos imperiales, hasta la actualidad, marcada por el dragado mecanizado y la contaminación por mercurio, el río ha sido víctima de economías extractivas sucesivas. Atraviesa la selva del Chocó —una de las regiones más biodiversas del planeta— y sostiene comunidades cuya vida cotidiana depende de sus aguas, hoy afectadas por la minería intensiva, la tala ilegal y la toxicidad acumulada.
Si bien la sentencia histórica de la Corte Constitucional colombiana reconoció al Atrato como sujeto de derechos, hoy persiste una paradoja: mientras la ley lo protege, la demanda global de oro, cobre y otros minerales estratégicos —ahora destinados a la industria electrónica— intensifica su devastación. El río existe así bajo un doble estatuto: como ecosistema jurídicamente amparado y, al mismo tiempo, como recurso extractivo.
El montaje de Covelli transforma la sala victoriana del museo mediante un diseño sonoro inmersivo que entrelaza alabaos tradicionales con grabaciones de campo y texturas electrónicas, conduciendo al espectador desde paisajes del Chocó hasta abstracciones maquínicas, como si el cuerpo ingresara en el cauce mismo.



El núcleo de la exposición es el video ensayo Atrato, un desplazamiento del lenguaje documental hacia una narrativa especulativa que conecta el pasado colonial del río con su presente crisis ecológica y su papel en la infraestructura tecnológica global. Las imágenes hipnóticas -tomas aéreas, modelado 3D y simulaciones generadas por redes neuronales- dan cuenta de la continuidad histórica del extractivismo: de la minería aurífera colonial a la explotación contemporánea de minerales destinados a dispositivos digitales.
La pieza se proyecta sobre una estructura palafítica, cuyo piso espejado duplica y disuelve las imágenes en su propio reflejo, como si se tratara de un fragmento fluvial. Incluso las pantallas verdes utilizadas durante el rodaje permanecen visibles como grietas dentro de la imagen, una interrupción que delata la mediación constante entre naturaleza y dispositivo. En Atrato, Covelli especula alianzas entre inteligencias humanas y no humanas y cuestiona el mito de la tecnología limpia.

A otro lado de la sala, una vitrina exhibe piezas de oro precolombinas pertenecientes a la colección del Victoria and Albert Museum —algunas reclasificadas como quimbayas—, junto a una batea tradicional intervenida con pan de oro, placas de circuito impreso, lingotes y peces todos fundidos en oro recuperado de residuos electrónicos. En un choque de temporalidades, estos anti dispositivos o contra artefactos -como los define el artista- coexisten y comparten un mismo estrato arqueológico: la violencia del ciclo extractivo.
Covelli tensiona las taxonomías coloniales que han organizado el patrimonio y establecido las jerarquías geopolíticas inscritas en las colecciones museográficas. Así, el oro es tanto reliquia como residuo, promesa de progreso y evidencia de devastación. La vitrina no exhibe tesoros, sino sistemas de valorización —museales, financieros, tecnológicos— que convierten el territorio en recurso.
Dos ventiladores holográficos proyectan peces tridimensionales con tumores visibles y ornamentos precolombinos incrustados. Estos peces lloran mercurio como manifestación evidente del envenenamiento del ecosistema. Al tensionar la tradición de la ilustración científica —históricamente vinculada a la clasificación y apropiación del territorio—, la obra introduce aquello que esas imágenes omitieron: la toxicidad, la mutación, la enfermedad. Si la ciencia colonial representó la biodiversidad como inventario disponible, estos peces exhiben las consecuencias de esa lógica cuando el recurso se impone sobre la vida.



Un fotomural ocupa la sala como una presencia abrumadora. La imagen —una vista satelital del río Quito, uno de los afluentes más devastados del Atrato— ha sido construida a partir de más de 700 capturas de pantalla ensambladas en un único cuerpo visual. El resultado no es una panorámica apacible, sino un territorio herido: cauces borrados, piscinas artificiales de lodo, geometrías irregulares que sustituyen el trazo serpenteante del río.
En la misma pared, Covelli ha instalado un aviso LED con la cotización del oro en tiempo real, conectando el mercado financiero global con el lecho del río. Cada alza subraya la lógica de expolio; cada fluctuación traduce la devastación territorial en dato bursátil. El oro ya no aparece como símbolo abstracto de riqueza, sino como variable de un sistema que convierte la naturaleza en índice y el paisaje en activo.
En conjunto, Atrato se configura como una constelación de obras críticas que interrogan las continuidades entre colonización histórica y extractivismo contemporáneo. El río, reconocido jurídicamente como sujeto, emerge aquí también como voz, como un cuerpo líquido cuya corriente desborda los marcos desde los cuales se intentó poseerlo. En ese cruce entre archivo, especulación, tecnología y crítica institucional, Covelli inserta una fisura en el corazón del museo imperial, obligándonos a escuchar lo que fluye —y se pierde— más allá de sus muros.
Atrato de Juan Covelli se puede visitar hasta el 1° de marzo de 2026 en el Photography Centre del Victoria and Albert Museum, Londres.
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