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EXISTIENDO EL CAOS: LUIS FELIPE NOÉ (1933–2025)

Esta es una de esas noticias feas, de esas que provocan acidez en la boca del estómago, que dejan un sabor amargo apenas se reciben: el miércoles 9 de abril falleció Luis Felipe “Yuyo” Noé (Buenos Aires, 1933), el inmenso artista y gran ser humano que tuvimos (tenemos) el privilegio de tener aquí, en la Argentina.

Murió en Buenos Aires, rodeado de su familia y de sus colaboradores más queridos. Pintor clave, impulsor de varias generaciones de artistas argentinos, formador de maestros, Yuyo fue —poco después de sus comienzos, en 1961— uno de los creadores del grupo de ruptura Nueva Figuración, junto con Ernesto Deira, Rómulo Macció y Jorge de la Vega. Desde entonces, el team dinamitó los cánones de lo que se suponía debía ser la pintura.

Más tarde, Yuyo viajó a Nueva York gracias al Premio Di Tella y a la beca Guggenheim. Allí permaneció entre 1965 y 1967. Volvió a la Argentina, pero en 1976 —con el inicio de la dictadura militar— partió al exilio en París junto a su mujer Nora Murphy y sus hijos, Gaspar y Paula. Vivieron allí once años. Comenzó a regresar a Buenos Aires tras la muerte de su madre primero, y de su padre después. En 1987 se instaló definitivamente en la ciudad. En esa década, la de los 80, hizo un viaje al Amazonas que lo marcó profundamente a él y a su obra.

El grupo Nueva Figuración en Buenos Aires, fotografiado por Sameer Makarius en 1963. De izquierda a derecha: Rómulo Macció, Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega. Foto libre de derechos
El grupo Nueva Figuración en Buenos Aires, fotografiado por Sameer Makarius en 1963. De izquierda a derecha: Rómulo Macció, Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega. Foto libre de derechos

“La vida es un misterio, pero también un gran papelón. Dado que el tamaño de la obra hacía imposible verla en su totalidad por la estrechez de la sala, para contemplarla había que ir desenrollándola desde un extremo, mientras que desde el otro se volvía a enrollar. Con posterioridad, en exposiciones retrospectivas o panorámicas, este gran dibujo estuvo exhibido enteramente”, escribió Yuyo en su cuenta de Instagram.

Luis Felipe “Yuyo” Noé, La vida es un misterio pero también un gran papelón, 1990. Acrilico y tinta sobre papel, 114 x 833 cm. Cortesía Fundación Noé

Luis Felipe “Yuyo” Noé en la muestra Papeles, papelitos y papelones (Casa del Ángel, 1990), mientras desenrolla La vida es un misterio pero también un gran papelón, 1990. Acrilico y tinta sobre papel, 114 x 833 cm. Cortesía Fundación Noé. Yuyo dedicó esta obra a Alberto Greco.

Luis Felipe Noé junto a sus desmadres en la Galería Bonino, Nueva York, 1966. Cortesía: Fundación Noé

La producción de Yuyo es rica e inmensa y, por lo tanto, difícil de recordar y de abarcar en su totalidad. Fue un pintor absolutamente original, reconocido por uno de los ejes centrales de su pensamiento, tanto en la pintura como en sus textos: el caos. Pero no el caos entendido como desorden, sino como el orden verdadero de todas las cosas: lo indeterminado, lo impredecible, lo vital.

Yuyo fue también un pensador agudo y un escritor prolífico. Hasta el final de su vida, siguió escribiendo y pensando con una lucidez asombrosa. En 2024, presentó su último gran libro, Asumir el caos, en la vida y el arte, que consideraba su legado teórico y vital.

A nivel formal, fueron muchas las creaciones y rupturas decisivas que protagonizó. Fue pionero en la creación de instalaciones ya en los años 60, y su relación con el marco pictórico —sus límites, sus bastidores destruidos y reconstruidos, que se extienden en el espacio— convirtió a sus pinturas en esculturas pictóricas, en pinturas escultóricas, en intervenciones e instalaciones. Era perspicaz, certero, siempre con un profundo sentido del humor. En sus obras aparecen textos que jugaban con sentidos múltiples y paradojas.

Luis Felipe Noé, Coherente oxímoron, 2014. Acrílico y tinta sobre papel, madera y poliestireno expandido, 300 x 330 x 670 cm
Yuyo Noé, El teatro de la vida, 2012. Colección Familia Noé
Yuyo Noé, Facetas I, 2015. Cortesía Colección Familia Noé

De y hacia la figuración, iba y venía: no era abstracto, ni figurativo, era dinámico. Fluido, en escalas inmensas, con ritmos enérgicos, activos. Yuyo experimentaba, se divertía, reflexionaba. Y así son sus obras: vitales, críticas, vivas.

De sus últimos trabajos —en sus años de juventud tardía, porque Yuyo siempre fue joven, sin importar la edad—, el crítico Fabián Lebenglik, quien curó su envío a la Bienal de Venecia, dijo:

“Sorprendido él mismo de su propia longevidad, sus obras parecían reelaborar —en clave y a su modo— una larga y personal ceremonia del adiós, no solo en el contenido sino también en los títulos, con los que fue componiendo un relato fragmentario, expansivo y minucioso al mismo tiempo”.

Yuyo trabajando en En vísperas de…, 2024. Acrílico y tinta acrílica sobre tela, 194 x 280 cm. Foto tomada de su Instagram
Yuyo trabajando en En vísperas de…, 2024. Acrílico y tinta acrílica sobre tela, 194 x 280 cm. Foto tomada de su Instagram

Yuyo pintó hasta hace muy poco, hasta el último momento en que pudo sentarse en la mesa de su taller en San Telmo. Quienes pasábamos seguido por allí lo encontrábamos siempre haciendo lo mismo: pintando, dibujando, llenando con pequeños trazos telas inmensas, papeles enormes. Haciendo sin parar. Esa era su forma de estar en el mundo. Y mientras trabajaba, hablaba con sus hijos, con sus amigos, con su querida familia extendida. Porque Yuyo fue un generador, no sólo de obras de arte, sino también de afectos. Supo construir amor del genuino.

En su velorio estábamos su familia y sus amigos. Su familia extendida. En su entierro nos despedimos por última vez: hijos, nietos, amigas y amigos de 90 y pico de años, pero también de 40, 50, 60… En, con, desde y a partir de sus obras, hacemos lo que (estoy segura) Yuyo desea que hagamos: que celebremos. Que lo celebremos. Con gozo, con vitalidad, con alegría. Como sus pinturas.

Así lo dice el mensaje de despedida escrito desde su Fundación:

“Celebremos la vida de Yuyo, su inagotable impulso creativo y su aguda mirada como una forma de comprender el mundo. Su legado perdura en cada obra, en cada palabra, en cada gesto que invitó a pensar y a crear”.

Luis Felipe “Yuyo” Noé, La naturaleza y los mitos IV, 1975. Acrílico, tinta y collage sobre papel, 67,5 x 97,5 cm. Colección particular.
Luis Felipe “Yuyo” Noé, La naturaleza y los mitos IV, 1975. Acrílico, tinta y collage sobre papel, 67,5 x 97,5 cm. Colección particular. La naturaleza y los mitos es una serie que se exhibió por primera vez en la Galería Carmen Waugh en 1975. Este 2025 cumple 50 años.

Yuyo, maestro de la creación y de la alegría, gestor del impulso vital:

Gracias por tus enseñanzas, por el camino compartido, por tus obras, que siempre abrieron luz. Nunca oscuridad. Nunca encierro.

Yuyo: que tu viaje sea tan feliz y tan pleno como tu vida.

Seguirás siempre con nosotros.

Luis Felipe «Yuyo» Noé. Cortesía Fundación Noé

Luis Felipe “Yuyo” Noé
Asumir el caos. En la vida y en el arte, 2024
Editado por El cuenco de plata y la Fundación Luis Felipe Noé


El caos es para Noé una forma de entender el mundo, el arte y la existencia. Este libro —último legado intelectual del artista argentino— recoge sus reflexiones filosóficas y artísticas sobre este tema que lo obsesionó desde los años sesenta y que marcó su obra visual, su escritura y su rol como figura pública de la cultura.

La publicación está dividida en dos partes. En la primera, Noé expone su concepción del caos no como “desorden” sino como un “Gran Todo” que nos excede y a la vez nos constituye: una fuerza viva que atraviesa la historia, el tiempo y el espacio, ante la cual debemos tomar conciencia para poder existir.

La segunda parte es un recorrido erudito y apasionado por distintas expresiones del caos en el arte y el pensamiento: de Rimbaud a las vanguardias del siglo XX (Dadá, futurismo, surrealismo), de Cézanne a Duchamp, Warhol y Matta, del arte rioplatense al llamado “arte contemporáneo”. Noé construye así un verdadero atlas de ideas que, entre citas, lecturas y asociaciones libres, enlaza filosofía, historia, estética y política.

Asumir el caos es, en palabras de su prologuista Lorena Alfonso, una obra mayor: ética, estética y política. Un manifiesto vital que invita a aceptar el caos no como amenaza, sino como dimensión inevitable de lo humano.

La palabra caos no es un gerundio. Aunque, estoy tentado a usar el neologismo “caosiendo” para caracterizarla. Lo excluyo porque está mal visto iniciar un texto con un gerundio [capricho que nunca entenderé], y más si es un neologismo. Si lo hiciese, sería para señalar que pertenecemos constitutivamente al caos.

El caos no nos acontece, sino que formamos parte fundamental de él. Lo que se supone ominoso y terrorífico de aquello que llamamos caos es, en cambio, un carácter constitutivo de la sociedad global e histórica a la que pertenecemos. Debemos asumir que nosotros formamos parte de él y que implícitamente está dentro nuestro.

Nosotros constituimos el caos tanto como el caos nos constituye. Nosotros somos nuestros propios fantasmas. Pero eso, que todos lo sabemos, no lo asumimos. Suponemos que los culpables del caos son los otros; una concepción equivocada que limita el caos a circunstancias que alteran el orden. El caos está por encima de todas ellas. El caos está en los otros, y nosotros somos también los otros.

El gerundio que le corresponde a la palabra caos es existiendo.


Su esposa Nora Murphy, fallecida en 2012, y sus hijos Gaspar y Paula

El arte siempre se juega entre el testimonio y la magia, entre una constatación y una revelación. Siempre ha sido el fruto de la relación del artista con lo circundante, con su tiempo, con su lugar; un testimonio de esa relación y el fruto de esa relación (…)

El verdadero brujo es siempre un aprendiz. La brujería no es otra cosa que una relación por medios intuitivos con lo que no se domina. Esto es el arte.

Luis Felipe Noé, Antiestética, 1965.

Mercedes Pérez Bergliaffa

Profesora de Grado y Posgrado en Universidad Nacional de las Artes (UNA). Tiene un Doctorado en Artes por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Desde 2003, además de escribir poesía, escribe sobre arte en distintos medios y en espacios académicos.

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