GALA BERGER: PUEDO OLER EL FUEGO
En Puedo oler el fuego, la artista visual, curadora e investigadora argentina Gala Berger (1983) toma como punto de partida una lista de palabras censuradas en las publicaciones oficiales del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria)—agroecología, cambio climático, biodiversidad, género, sustentabilidad, huella de carbono y prohuerta— para crear una serie de piezas textiles que evocan encuentros sociales imaginarios en torno a estos conceptos. La artista parte de un acto de resistencia conceptual: subvertir una censura institucional para construir un imaginario alternativo. Al usar las palabras prohibidas del INTA como eje, Berger asume el lenguaje de las prácticas y el activismo consciente como una herramienta para la creación y, por qué no, para el cambio.
A partir de procesos multidisciplinares que abarcan la organización de espacios independientes, el trabajo textil y la acción activista, Berger desarrolla una práctica artística que fusiona creación y colectividad. Su obra se nutre del intercambio de materiales, saberes y experiencias, disolviendo las fronteras entre la creación individual y la acción conjunta.
Estas dinámicas alimentan sus piezas, como los collages textiles de esta serie, en los que se entretejen narrativas críticas y posibilidades de reparación social en contextos latinoamericanos. Berger se interesa particularmente en la construcción de imágenes provenientes de archivos digitales abiertos, que invocan narrativas del pasado—frecuentemente ignoradas por el pensamiento occidental—y las enlaza con problemáticas urgentes del presente.


Los protagonistas de las nueve piezas textiles de Puedo Oler el fuego, presentadas en la Galería Nora Fisch (Buenos Aires), tienen impresiones digitales de frutas y verduras como cabezas, y parecen organizarse para una eventual toma del poder. Las escenas que Berger imagina abarcan actividades diversas: desde reuniones cotidianas, como en Agricultura familiar (2024), donde una joven familia de durians alimenta a su hijx sobre un fondo de algodón teñido con corteza de árbol, hasta deliberaciones comunitarias, como en Asamblea barrial (2024), donde un grupo de calabazas y nueces comparte mate mientras decide los próximos pasos, reunidos sobre un fondo de algodón decolorado. Estas narrativas alcanzan un tono más especulativo en obras como Semilla elástica (2024), que representa la producción de semillas a través de un cuerpo de múltiples cabezas.
Las frutas y verduras antropomorfizadas no solo aluden a la agroecología, sino que también invierten jerarquías culturales, otorgando protagonismo a lo considerado «insignificante» o «natural». Este gesto refuerza un mensaje de resistencia desde la colectividad y los saberes comunitarios. La fragmentación y multiplicidad que caracterizan la obra de Berger se hacen presentes aquí como susurros de procedencias diversas, enfatizando la dimensión colectiva, plural y mutante de su práctica.
Así, algunas piezas abordan formas de organización colectiva, como en Comida común (2024), donde manos veloces se agrupan en torno a ollas que emiten chispeantes pociones, o en Lxs serigrafistas (2024), que homenajea a lxs serigrafistas cuis. Otras, en cambio, exploran los límites del individualismo, como en Poeta (2024), donde un personaje lee en su teléfono móvil mientras amplifica una conferencia muda, o en Sugar (2024), que muestra a tres cabezas-pera jugando ajedrez en un entorno sintético.


El uso del textil como soporte es profundamente político. Berger emplea materiales naturales, como algodón teñido a mano, pero también telas sintéticas e industriales, creando un contraste entre modos de producción sostenibles y extractivistas. Este diálogo entre lo artesanal y lo manufacturado subraya las tensiones entre diferentes formas de habitar y transformar el mundo.
En piezas como Economía de la extinción (2024), Berger presenta un dúo de carambolas escribiendo mensajes contestatarios que desembocan en una transformación sutil: un «no es demasiado tarde» que germina como resistencia. Este trabajo plantea interrogantes sobre los futuros posibles, empleando el humor y la imaginación como herramientas críticas. En conjunto, Puedo oler el fuego articula una narrativa que combina denuncia, humor y colectividad. Las imágenes textiles, construidas con materiales heterogéneos—telas, pigmentos, archivos digitales, grabados—y dispuestas en instalaciones de gran formato, invitan a repensar el impacto de la agroindustria y los agrotóxicos. Berger construye un mundo alternativo donde las palabras prohibidas encuentran nuevos significados en acción, tejiendo un relato en el que lo común y lo colectivo se erigen como claves de transformación.
GALA BERGER: PUEDO OLER EL FUEGO
Galería Nora Fisch, Av. San Juan 701, Buenos Aires
12 de noviembre – 27 de diciembre, 2024
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