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TEMPORALIDADES ANCLADAS POR LA LUZ

Por Ileana Rodríguez y Sofía Villena Araya

El Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC) en San José de Costa Rica presentó hasta el 20 de julio Temporalidades ancladas por la luz, una exposiciónde las artistas nicaragüenses Claudia Gordillo, Patricia Villalobos Echeverría, Mayerling García y Martha Díaz Siles, cuyo virtuosismo estético se manifiesta en un arte profundamente político. El título de la muestra es un acierto en sí mismo, ya que nos lleva a preguntarnos primero cuáles son las temporalidades de las que habla y, enseguida, por qué o cómo están ancladas, y en qué luz.

Curada por la artista y gestora cultural Susana Sánchez Carballo, esta exhibición habla de la lucha política de las mujeres como sujetos históricos y dentro del campo artístico en Centroamérica, así como del cambio paradigmático del arte en Nicaragua: de pasar de ser una representación formal de la realidad a convertirse en un medio político, de la tensión entre la tradición pictórica y la incorporación de medios fotográficos y digitales. Y, por supuesto, también relata la historia de un país cuyas paradojas y heridas todavía duelen. Estas son las líneas narrativas y de tiempo que la curaduría abre.

Temporalidades ancladas por la luz contextualizó las obras de las artistas mediante una cuidada selección de catálogos, entre ellos el de la II Bienal de Pintura Nicaragüense (1999) y los de la III (2001) y IV (2003) Bienal de Artes Visuales en Nicaragua. El público pudo hojear también Estampas del Caribe Nicaragüense (2000), un fotolibro que formó parte de una exposición itinerante entre Nicaragua, Guatemala, México (Chiapas) y España, resultado de la colaboración entre Claudia Gordillo y la cineasta María José Álvarez[1]. Además, se exhibía una fotocopia de Nicaragua, insurrección y revolución (2015) de Margarita Montealegre[2]. Así, la exposición no solo muestra la obra de estas cuatro artistas, sino que también incluye el trabajo de Álvarez y Montealegre a través de sus fotolibros.

Vista de la exposición «Temporalidades ancladas por la luz», MADC, San José, Costa Rica, 2024. Foto: Sebastián Pérez

En conjunto, las seis artistas representan tres generaciones distintas. La primera generación está conformada por Gordillo, Díaz, Montealegre y Álvarez, nacidas a mediados de la década de 1950. La segunda generación incluye a Villalobos, nacida en 1965, y la tercera generación está representada por García, hija de la revolución, nacida en 1981.

Todas documentan la historia de Nicaragua, prestando atención a los pliegues, grietas, desfiguraciones y márgenes de la memoria popular y nacional. Sus biografías son igualmente representativas de la historia nicaragüense, ya que sus trayectorias profesionales y de vida han sido parteaguas de una revolución tanto de género como cultural en el país.

Reconozcamos que Díaz forma parte de una familia intergeneracional de fotógrafos dedicados a documentar el país, sus habitantes e historia. Hoy, ella resguarda uno de los archivos visuales más grandes de Nicaragua. Montealegre, durante la insurgencia, fue contratada como fotoperiodista por el diario La Prensa, siendo la única mujer en un grupo compuesto por hombres. Álvarez, por su parte, integró el equipo fundador del Instituto de Cine Nicaragüense en 1980, durante la década revolucionaria, mientras que Gordillo trabajó como corresponsal de guerra en ese mismo período.

Claudia Gordillo Castellon, Celebración del Torovenado en Masaya, Nicaragua, 1986. Cortesía de la autora
Claudia Gordillo Castellón, Celebración del Torovenado en Masaya, Nicaragua, 1986. Cortesía de la autora
Mayerling García. De la serie "El Crucero", 2009-2013, fotografía digital. Cortesía de la autora
Mayerling García. De la serie «El Crucero», 2009-2013, fotografía digital. Cortesía de la autora

A lo largo de las décadas de los 90 y 2000, Gordillo se abrió espacio en el contexto del arte contemporáneo centroamericano, participando en importantes exposiciones que transformaron decisivamente la predominancia masculina en el arte regional, como MUA INSTALA’ 99. En 2001, tanto Gordillo como Villalobos recibieron menciones de honor en la III Bienal de Artes Visuales de Nicaragua, anteriormente conocida como Bienal de Pintura Nicaragüense.

Ambas destacaron en la histórica apertura del panorama artístico nicaragüense a los medios mixtos, tradicionalmente centrado en la pintura durante el siglo XX. La obra de Gordillo ganadora de esa bienal, Memoria oculta del mestizaje (2000), se expuso en la exhibición del MADC. Por otro lado, la obra ganadora de Villalobos, Trans humana (2001), muestra una experimentación sostenida sobre la desfiguración y abstracción del cuerpo, en el contexto del cuerpo colectivo político.

García, siendo la más joven de todas las artistas, comparte con las anteriores una excepcional trayectoria profesional, reconocida a nivel centroamericano e internacional. Estamos ante el trabajo y vida de seis destacadas artistas nicaragüenses quienes, a través de sus cámaras, anclan múltiples temporalidades políticas y culturales de las últimas cinco décadas.

Esta reseña se enfoca en cómo el contenido y la originalidad técnica de la obra de Patricia Villalobos Echeverría han contribuido al arte contemporáneo de Centroamérica, en el contexto propuesto por la curaduría.

Obras de Patricia Villalobos en «Temporalidades ancladas por la luz», MADC, San José, Costa Rica, 2024. Cortesía de la autora

La obra de Villalobos ocupaba una de las dos salas de la exposición en el MADC. Comenzamos el recorrido por PUSHPULL>01 – PUSHPULL>07 (2023), parte de su tesis doctoral, un conjunto de telas/estandartes con imágenes basadas en fotografías tomadas durante la insurrección cívica de Nicaragua en la primavera de 2018.

Según la artista, el título de la obra explora el movimiento entre corporalidad y disociación frente a la violencia política. Una oscilación entre realidad y distorsión, entre entrar y salir, entre un estar y un huir. Este vaivén, donde se acentúa la presencia de la fuga, genera una sensación sobrecogedora y abre una pregunta: ¿dónde están esos cuerpos semi representados?

Las telas colgantes, desmadejadas y de material flexible, parecen estar dispuestas al azar. Están impresas en un textil sintético y grueso que se dobla fácilmente, simulando pancartas, pendones, banderas o pieles vaciadas de su carne-cuero. La técnica empleada y el material del textil intensifican la ambigüedad conceptual, creando un estado de desenfoque, abstracción y plasticidad con el que Villalobos define lo político.

Obras de Patricia Villalobos en «Temporalidades ancladas por la luz», MADC, San José, Costa Rica, 2024. Cortesía de la autora
Patricia Villalobos, PUSH PULL 02, 2023. Impresión digital con pigmento perdurable. Cortesía de la autora
Patricia Villalobos, PUSH PULL 02, 2023. Impresión digital con pigmento perdurable. Cortesía de la autora

El color en las piezas enmarca cuerpos humanos que, agitados por el fervor político, apenas son distinguibles. Están inmersos en una luz que emborrona y diluye sus perfiles, una especie de dissolve cinematográfico. Parecen emerger de las sombras, como si estas estuvieran preñadas de esos cuerpos. Ahora los dan a luz, los esconden y protegen. De ahí quizás el título de la muestra. Para nosotras, este es uno de los significados de la luz en este conjunto de obras: el acto de dar a luz.

La cualidad pictórica de estas imágenes digitales multiplica las temporalidades en juego. La ambigüedad entre ambos medios crea una imagen borrosa, donde la mirada intenta discernir un cuerpo cuyo movimiento aventajó la instantaneidad del click fotográfico. O bien, será esta misma una imagen dilatada, casi forense, que documenta la presión física de una mano expresiva que manipuló un material en función de su deseo, tal cual un óleo pastoso.

El espectador duda si percibe un cuerpo fugitivo o uno apresado por el hacer del otro. En uno u otro caso, el cuerpo expuesto pierde su cualidad voluminosa para colgar desahuciado como piel descarnada. Esa misma piel, que a lo lejos parecía bandera o cartel de protesta –representaciones de afecto, orgullo o rabia-, en la cercanía se muestra vaciada de cualquier sustancia y sentir.  

En medio de un amarillo naranja y un azul, una cabeza en color plomo porta una máscara y mira desorientada. Las manchas a su alrededor crean figuras: al lado izquierdo, una toma la forma de un proyectil. Otras zonas sugieren partes óseas, piernas de un cuerpo en cuya médula aparece una cabeza—cuerpos morgue.  Y, finalmente, la composición que nos parece más compleja es la que funde en el centro un conjunto de cuerpos combativos, portando banderas, alzando los puños.

Obras de Patricia Villalobos en «Temporalidades ancladas por la luz», MADC, San José, Costa Rica, 2024. Cortesía de la autora

Las esferas de la instalación Hover (2005) tienen una naturaleza distinta. Al entrar en la sala, su brillo estelar deslumbra y sumerge al espectador en una experiencia de asombro frente a un tiempo cósmico. Es la vivencia de lo sublime: atestiguar un momento que trasciende la historia humana. Un cuerpo desnudo eclipsa a otro de mayor tamaño; un fenómeno de ocultación parcial de un volumen de luz resulta en una sombra rodeada por un nimbo resplandeciente y cegador. Lo que intriga de estas esferas es su luz plena, una luz fugitiva que intenta proyectar sombra y que, vistas desde una perspectiva virtual, parece multiplicarse.

El cuerpo flotante en el líquido evoca un retorno al vientre materno, lo que nos retrotrae a nuestra interpretación de la luz como la experiencia de dar a luz. La política de este cuerpo se relaciona a otra política, a la de un yo que se sabe fragmentado, pedacero de identidades, magma en formación, ser descuartizado que alza su vuelo. Nos invade un deseo de identificar las partes, saber cuál es su ubicación, para reunirlas y juntarlas en un todo, para no abandonar ese cuerpo en fragmentación.

Obras de Patricia Villalobos en «Temporalidades ancladas por la luz», MADC, San José, Costa Rica, 2024. Cortesía de la autora

Finalmente, la caponera de la instalación Transporta Managua (2017) conduce al espectador del estado flotante y abstraído de los otros trabajos a otro más terrenal, poblado de memorias de la Vieja Managua. Lo ancla en un espacio-tiempo urbano de naturaleza mixta, donde lo geológico e histórico, lo social y lo cotidiano se entrelazan indistintamente.

A través de la experiencia auditiva, el espectador imagina la cartografía narrada: dónde vivían las familias, dónde estaban ubicadas las escuelas y los mercados. Descubre una ciudad diversa, las múltiples Managuas: la de los poetas, la de los migrantes, la de los trabajadores del ferrocarril. En este viaje que invita a recomponer fragmentos de memoria, cada espectador-testigo construye una visión propia de la ciudad, ampliando así su historia y la de un país cuya totalidad permanece inasible.

Villalobos es una artista incansable, con una producción extensa y continua. Sus obras, magníficamente realizadas, dan cuenta de una labor seria y eficaz. La sala donde se expusieron, con sus paredes descascaradas y aspecto descuidado, fue el contexto preciso para su carácter incompleto y fragmentado. Un arte testigo de cuerpos y territorios en desgaste que amerita un seguimiento constante y cuidadoso.


Ileana Rodríguez (Nicaragua, 1939). Es Profesora Emérita en Humanidades en la Universidad Estatal de Ohio, Estados Unidos y está afiliada al Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA). Filósofa por la Universidad Nacional Autónoma de México en 1963 y por la Universidad de California en 1970. Tiene un doctorado en Literatura Hispánica por la Universidad de California (1976). Sus áreas de especialización son la literatura y cultura latinoamericanas, la teoría postcolonial y los estudios feministas y subalternos con un enfoque en las literaturas centroamericanas y del Caribe. Actualmente investiga los reportajes de periódicos de Nicaragua sobre diferentes tipos de abuso, como el incesto, la pedofilia y la violación.


[1] Gordillo, Claudia y María José Álvarez. Estampas del Caribe Nicaragüense. Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica, Universidad Centroamericana, 2000.

[2] Montealegre, Margarita. Nicaragua, insurrección y revolución. Aula Propia, 2015.

Sofía Villena Araya

Curadora, investigadora académica y artista costarricense. Tiene una Maestría en Teoría del Arte Contemporáneo por Goldsmiths, University of London, Londres, Reino Unido, con foco temático en estudios de la memoria transcultural y biopolítica. Ha realizado residencias y talleres curatoriales en Berlín, San José de Costa Rica, Roma y Londres. Sus textos se han publicado en Esfera Pública (Bogotá, Colombia) y Daily Serving (San Francisco, EEUU), entre otros medios.

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