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BARÓ ABRE SEDE EN PARÍS CON MUESTRA DE LYGIA CLARK

Tras establecerse en São Paulo, Mallorca y Abu Dabi, la galería Baró inaugura su nuevo espacio en París con una exposición dedicada a Lygia Clark (Brasil, 1920-1988). De tamaño modesto, pero cuidadosamente seleccionada y sutilmente organizada por Rolando J. Carmona, este proyecto cobra un interés particular en el contexto francés, dada la escasez de oportunidades para examinar de cerca la obra de la artista brasileña, desde la retrospectiva celebrada en el MAC de Marsella a finales de la década de 1990.

Sin embargo, fue en París donde Clark, en contacto con las corrientes de la antipsiquiatría y las nuevas terapias psicoanalíticas, llevó a cabo el último giro decisivo de su carrera al orientar su producción de objetos participativos y sensoriales hacia un protocolo al que denominó «structuration du self» (estructuración del yo), cuyo objetivo era restablecer los límites corporales del yo en sujetos con trastorno límite de la personalidad, una práctica a la que se dedicaría exclusivamente en los últimos años de su vida en Brasil.

Varios de estos experimentos decisivos se llevaron a cabo en el marco de talleres organizados con estudiantes del laboratorio de comunicación gestual que ella misma había fundado en la Facultad de Artes Plásticas de la Sorbona-Saint Charles. Estos talleres se evocan en el espacio de la galería mediante un conjunto muy elocuente de fotografías documentales y mediante la restitución de una de sus obras interactivas: Rede de elásticos (1974), una red formada por elásticos anudados entre sí con la que luchaban quienes quedaban atrapados en sus mallas y que, de este modo, vivían la experiencia forzada de un “cuerpo colectivo” y colaborativo.

Vista de la exposición Lygia Clark /Anatomie d’une Ligne, Baró Paris, mayo-junio, 2026. Foto: Hafid Lhachmi – ADAGP Paris, 2026

Rede, colgada a la altura de los ojos, domina el espacio de la galería y unifica una exposición que abarca una selección de objetos que marcan otros hitos en la rica trayectoria de la artista. Su obra más importante es sin duda el Bicho – Carruagem Fantástica, que, al ser de 1960, constituye uno de los primeros ejemplos de la serie Bichos, presentada en la Bienal de São Paulo de 1963. Estas obras, compuestas por placas metálicas articuladas, marcaron para su creadora el inicio de una apertura de la obra a la participación del espectador y a su espacio táctil y cinestésico. Se despliegan revelando complejidades espaciales inesperadas: aquí, un ángulo se da vuelta como un guante; allá, una hendidura en un punto muerto de la mirada da paso a un plano sobre el que esta se desliza indefinidamente.

De tal manera que los Bichos siempre desmienten la aparente simplicidad que ofrece su estado primitivo de superficie compacta bidimensional: en este caso, diez módulos articulados y numerados que forman dos planos cuadrados desplazados que encierran un círculo. Sus movimientos son igualmente sorprendentes: la estructura integrada de las bisagras hace que el manipulador, tan pronto como impone una transformación a la obra, determine otra, en una parte adyacente de la misma, que no había previsto. De ahí la impresión, a pesar de la dureza de los recortes metálicos, de estar ante un organismo vivo, dotado de reacciones propias, de donde estas obras toman su nombre genérico de «Bichos».

Lygia Clark, Bicho – Carruagem Fantástica, 1960. Aluminio anonizado. Versión número 1, 25,4 × 24,7 cm. Cortesía: Baró Paris

Lygia Clark, Estudio para Bicho, 1960. Cinta adhesiva y madera de balsa, 27,5 × 19,5 cm. Cortesía: Baró París

Una de las sorpresas de la exposición es la presencia, en las inmediaciones, de dos Estudios para Bicho realizados con finas láminas de madera de balsa unidas entre sí con cinta adhesiva (Estudio para Bicho – Articulado y Bicho – Versão). Son pocas las ocasiones en las que se puede entrar al proceso creativo del artista y hacer palpable tanto su trabajo de concepción como la mano que participa en él, una mano cuya presencia se revela en estos prototipos de una manera particularmente conmovedora. Además, numerosas otras obras preparatorias marcan la exposición y le confieren su carácter más singular. Se trata de otras dos series de obras: Espaço Modulado (1958) y Plano em superficie modulada (1957).

Ambas series dan testimonio de la distancia que Lygia Clark tomó a finales de la década de 1950 respecto a los principios del arte concreto que habían dominado la modernidad brasileña a lo largo de esa misma década. La geometría ya no es solo el vehículo de un pensamiento racional y transparente en sí mismo, sino que se transforma en un lenguaje en el que se introducen la duda y la ambigüedad perceptiva.

En los Planos de superficie modulada, cuadrados negros con bordes blancos desiguales dan la impresión ilusoria de deslizarse unos contra otros y de desplazarse. En los Espacios modulados, unas líneas dividen la superficie en rombos negros y blancos que abren o cierran alternativamente el plano de la obra, generando ilusiones espaciales de un tipo que Josef Albers también exploró con sus Constellations structurales durante esos mismos años.

Vista de la exposición Lygia Clark /Anatomie d’une Ligne, Baró Paris, mayo-junio, 2026. Foto: Hafid Lhachmi – ADAGP Paris, 2026

El papel de la línea como apoyo a estas operaciones de la mirada se hace aún más evidente en estos trabajos preparatorios, que son collages. En ellas, la línea nace de la unión de formas recortadas en cartón, yuxtapuestas pero sin unir: por lo tanto, aparece en relieve y, de este modo, refuerza su efecto de presencia real. Ya no se trata de trazos, sino de componentes orgánicos de la obra, a lo que alude muy bien el título de la exposición, Anatomía de una línea.

En este título también se percibe un eco del Manifiesto Neoconcreto, redactado por el poeta y crítico de arte Ferreira Gullar, al que estas obras dan preludio y que firmaron Lygia Clark en 1959 junto con Franz Weissmann, Amílcar de Castro, Lygia Pape, Reynaldo Jardim yTheon Spanudis. Un manifiesto que rompía definitivamente con el modelo mecanicista del arte concreto para oponerle una concepción de la obra como organismo vivo, que permitía acceder a «la experiencia primaria —total— de lo real». Una actitud que Lygia Clark, por su parte, había resumido en una fórmula: «Mi visión no es puramente óptica, sino que está visceralmente ligada a mi experiencia sensorial».

Traducción: Rolando J. Carmona

Activación de Rede de elásticos (1974), de Lygia Clark, París, 2026. Registro cortesía de la galería.
Activación de Rede de elásticos (1974), de Lygia Clark, Palacio del Louvre, París, 2026. Registro cortesía de la galería.

Activación de Baba antropofágica (1973), de Lygia Clark, en Baró Paris, 2026. Registro cortesía de la galería.


Lygia Clark /Anatomie d’une Ligne
Baró Paris, 12 passage Vero Dodat 7501
Mayo-junio, 2026

El proyecto vino acompañado de un intenso programa de mediación donde se reactivaron las experiencias más emblemáticas desarrolladas por Clark en París, gracias a estudiantes de la Sorbona, un panel en la Maison de l’Amérique latine y una conversación sobre la idea de antropofagia en las experiencias de Cuerpo Colectivo.

Arnauld Pierre

Historiador del arte, profesor en la Sorbona, crítico y curador de exposiciones. Ha publicado numerosos textos sobre las fuentes y el imaginario de la modernidad, sobre las formas excéntricas de la percepción en el arte óptico-cinético y trabaja en la incorporación de la máquina al imaginario antropológico de la sexualidad y la filiación. Miembro del comité editorial de los Cahiers del Museo Nacional de Arte Moderno y del «Comité Picabia». Acaba de publicar un ensayo sobre el lugar que ocupa la máquina en el imaginario antropológico de la filiación y la generación, titulado “Machines célibataires. La fabrique du posthumain” (Macula, 2026).

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