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FEDERICO CANTINI. EL ARTESANO QUE TALLA LA FE EN MADERA

Tiempo de lectura: 8 minutos


Vista de la exposición Tronca, de Federico Cantini, en PASTO, Buenos Aires, 2023. Foto cortesía de la galería.

En su casa-taller-galería llamada Jamaica ATR, en la ciudad de Rosario, Federico Cantini (1991) produce, piensa y gestiona. Viaja mucho a Buenos Aires porque hace ocho años lo representa la Galería Pasto. Recuerda que le sirvió trabajar en Buenos Aires de muy pendejo: empezó como montajista, pasó por varias instancias de formación.

La instancia comercial llegó luego de varias juntas con amigos, y de pensar en formar parte de una escena. “En Rosario, el MACRO estaba parado durante el COVID19”, recuerda. “El único museo que estaba activo era el Marc, por la gestión de Pablo Montini”.

En el 2021, al no haber convocatoria abierta a salones, gestionaron desde Galería Jamaica -con ayuda de Galería Pasto de Buenos Aires- un salón nacional con artistas de Argentina y con un prestigioso jurado. En una entrevista a un medio gráfico, dijo: “Lo que me motiva es mi deseo de escuchar a artistas, de trabajar con artistas, de ver muestras. La mayoría de las muestras que hago es porque las quiero ver. Hay una intención noble, pero también reconozco una intención egoísta de ‘a mí me gusta esto, quiero ver esto’”.

Vista de la exposición Tronca, de Federico Cantini, en PASTO, Buenos Aires, 2023. Foto cortesía de la galería.

El paciente trabajo del tallado

La escultura es la técnica que más lo mueve en este momento. “Tiene una tradición y algo de lo atemporal que se sostiene en el tiempo; es un registro histórico de una época y de una generación”, comenta. “Tengo un tío ya fallecido, Ovidio Vivas, que fue maestro artesano, y el valor del oficio es algo muy presente para mí. En ese proceso, descubrí que hay algo fundamental en el hacer: en la conexión con el material, en el tiempo que se le dedica, en el diálogo con la madera. Uno parte de una idea, pero la madera siempre la modifica. En ese silencio, además, uno va aprendiendo. Uno parte desde lo conceptual, pero le da un lugar central a la mano, al tiempo y al trabajo paciente del tallado. Son procesos largos, con múltiples etapas, llenos de idas y vueltas. Me parecía importante llevar esta dimensión al contexto del arte contemporáneo: hacer visible ese tiempo de diálogo con el material, esa contemplación, ese silencio y esa fe que implica el hacer artesanal, en contraste con otras formas de producción más centradas en lo puramente cerebral”.

Federico Cantini, El macro vacío, 2025. Tallado en madera (ciprés), 48 x 34 x 8 cm. Vista de la exposición HOY. PASTO, Buenos Aires, 2025. Foto cortesía de la galería.
Federico Cantini, La bailadora, 2025. Talla en madera (ciprés), 37 x 15 x 7 cm. Vista de la exposición HOY. PASTO, Buenos Aires, 2025. Foto cortesía de la galería.

HOY, en Galería PASTO

La exposición que presentó Cantini en la Galería Pasto el año pasado se tituló Hoy y consistió en una serie de bajorrelieves realizados en maderas de ciprés, ficus y álamo. Son materiales que recoge de la poda urbana y que trabaja partiendo del tronco, utilizando distintas herramientas que van desde la motosierra hasta el Dremel y la lija más fina.

“En la muestra presenté entre siete y ocho relieves, junto con una escultura de piso. Me interesaba pensar en la imposibilidad del presente: el pasado está hecho de hoyes que dejaron de serlo”, comenta el artista.

“Las escenas que trazo parten de vivencias propias, de experiencias y momentos autorreferenciales. Sin embargo, mi intención es trascender la anécdota de lo personal. Me interesa trabajar con situaciones en las que cualquier persona, por más distinta que sea su vida de la mía, pueda reconocerse. Creo que existen ciertas imágenes capaces de transmitir algo común, algo que todos, en algún punto, hemos vivido o sentido. Hay, para mí, imágenes universales que nos conectan y remiten a una experiencia compartida. En estas piezas busco representar escenas que entiendo como escultóricas y que, a la vez, puedan transmitir una emoción que se perciba más en el pecho que en la cabeza”, finaliza.

Federico Cantini, Yo adivino el parpadeo V, 2024. Hierro, esmalte, instalación eléctrica y alumbrado público. Vista de la instalación en Malba Puertos

Yo adivino el parpadeo, en Malba Puertos

Federico Cantini ha recorrido con versatilidad e intuición varios lenguajes a lo largo de su carrera como artista. De sus anteriores proyectos destaca la instalación titulada Yo adivino el parpadeo, expuesta en varias galerías y museos, y que surge de una convocatoria del proyecto Mueble Escultura. En Malba Puertos, en 2024, presentó la continuidad de este trabajo que desarrolla hace más de diez años.

“Esta serie surge de la intervención de postes de alumbrado público. Busco dotarlos de una sensibilidad —quizás poética, quizás romántica— que contrasta con su diseño original: objetos pensados para mantenerse equidistantes, rectos, erguidos e inmutables. Me interesa indagar en cómo, para que un ser o una entidad pueda acercarse a otra, debe resignar parte de esa función rígida, más fría y calculada para la que fue concebida. En ese gesto aparece una analogía con los vínculos humanos: en el encuentro con el otro, también nosotros cedemos algo de esa dimensión más estructurada para habilitar una cercanía más afectiva”, señala. “La pieza presentada fue una lámpara: una columna de alumbrado público que se pliega sobre sí misma hasta transformarse en un banco, similar a los de las plazas. Es un objeto que invita al uso —sentarse, apoyarse, descansar— pero, sobre todo, a propiciar un momento de encuentro, de conversación, de estar con otros”.

Federico Cantini, Zarpada, 2025. Talla sobre madera, 40 x 55 x 7 cm. Cortesía: PASTO Galería

Este año participaste en la exposición titulada El orden imposible del mundo curada por Francisco Lemus en Fundación PROA. ¿Cómo fue la experiencia y de qué trataba tu trabajo?

La muestra —que también tenía una sección a cargo de Diego Bianchi— se estructuró a partir de obras pertenecientes a distintas colecciones.

En este caso, mi participación fue indirecta: la obra, Zarpada, ya formaba parte de una colección privada y fue incluida en la exposición por decisión curatorial. No hubo una instancia de trabajo conjunto ni de desarrollo específico para el proyecto, por lo que mi experiencia se limitó a ver la obra ya instalada en sala.

La obra, en madera de ciprés, tiene un título que viene de una expresión coloquial argentina, que significa excesivo o sobresaliente.

Federico Cantini, 222 4am, 2025. Talla sobre madera (ciprés), 39 x 31 x 7 cm. Cortesía: PASTO Galería
Federico Cantini, Sin título, 2024. Talla en madera, 60 x 90 cm. Cortesía: PASTO Galería

En febrero de 2025 y 2026 brindaste un taller de escultura llamado “Vivir en el intento | Escultura y Fe”, en la Casa Vanzo Wernicke de Rosario. ¿Cuéntanos cómo fue la experiencia?

En febrero de 2016 dicté por primera vez un taller de escultura, al que llamé “Vivir en el intento”. También lo pensaba como una “sala de escultura y fe”, porque, para mí, el hacer artístico y el habitar la cultura tienen mucho de eso: de un acto de fe, de una militancia del intento.

Se trata de confiar en que lo que uno desea puede suceder; de animarse a perderle el respeto a los materiales para, justamente, acercarse a su sensibilidad. Cuando uno deja de ver el material como algo intocable se habilita un verdadero diálogo con él. Y cuando deja de decir “no puedo” empieza a descubrir posibilidades que antes no imaginaba. Es, de algún modo, un ejercicio de apertura hacia nuevas experiencias y aprendizajes.

El taller se desarrolló en cuatro encuentros y no estuvo orientado a la producción de obras finales, sino a la experiencia del hacer: ejercicios que consistían en intentar algo que parecía imposible, realizarlo, desarmarlo, volver a hacerlo y repetirlo en menos tiempo. Un aprendizaje basado en el hacer y el deshacer, sin la presión de un resultado terminado.

Valoro profundamente ese proceso. Creo que ahí reside una de las dimensiones más enriquecedoras del trabajo artístico: en ese diálogo íntimo entre uno y el material. Luego aparece otra instancia, la del encuentro con el espectador, pero lo que me interesaba transmitir en el taller era justamente ese primer vínculo.

Fue una experiencia muy enriquecedora y gratificante. Me sorprendió el entusiasmo de quienes participaron: a pesar de que las clases eran largas, muchos se quedaban incluso más tiempo. Era un taller que venía pensando desde hacía mucho, pero que no me animaba a realizar por mi cuenta.

Finalmente lo desarrollé junto a Casa Vanzo Wernicke, que acompañó el proyecto con mucho compromiso. El taller fue gratuito para los participantes gracias a un apoyo institucional, lo que permitió que más personas pudieran acceder a la experiencia.

Vista de la exposición 0 es 3, de Federico Cantini, en Pasto, Buenos Aires, 2020. Cortesía de la galería
Vista de la exposición 0 es 3, de Federico Cantini, en Pasto, Buenos Aires, 2020. Cortesía de la galería

Federico Cantini es versátil, le gusta resolver sobre la marcha, le gusta la intención, más allá de la destreza. Dice que “cada muestra es un aprendizaje, una marca”. Es uno de esos artistas que puede ser solo en el arte, aunque sepa que su destino es lo comunitario. Constructor nato y narrador de su propia piel, sus gestos se aploman en un sopor de insoportable tensión, lleno de incertidumbre y de extraña fe.

Álvaro Javier Marrocco

Periodista. Ha trabajado en el suplemento de Cultura del diario La Capital de Rosario; El Litoral de Santa Fe y Mirador Provincial. Ha escrito en diversos medios digitales de Chile, México y España. Se especializa en Literatura y Artes Plásticas.

www.linkedin.com/in/alvaro-marrocco-60039239b

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