DE SÃO PAULO A NUEVA YORK: EL MUSEO DE LA ERRANCIA DE ÉDOUARD GLISSANT
Presentada por primera vez en Estados Unidos en el Center for Art, Research and Alliances (CARA), La tierra, el fuego, el agua y los vientos: Por un Museo de la Errancia con Édouard Glissant detona, desde su título e itinerancia, la idea de un pensamiento en tránsito. Concebida originalmente por el Instituto Tomie Ohtake, en São Paulo, la muestra llega a Nueva York encarnando la crítica del poeta y filósofo martiniqués Édouard Glissant a las nociones de origen fijo y arraigo único.
La errancia —entendida como movimiento, cruce y transformación— atraviesa tanto la curaduría como su despliegue. En esta iteración, situada en una ciudad históricamente moldeada por la migración, la reinvención y la fricción lingüística, la exposición encuentra un terreno afín al mundo relacional descrito por Glissant (1928–2011), pero también un lugar donde ese pensamiento se ve inevitablemente recontextualizado. Curada por Manuela Moscoso, con la colaboración de Marian Chudnovsky, dialoga con el trabajo previo de Ana Roman y Paulo Miyada, responsables de su concepción en Brasil.
“Glissant nos recuerda que el pensamiento surge en los márgenes: en los intervalos, en los cruces, en aquello que escapa a la categorización. Las imágenes, las voces y los textos aquí reunidos sugieren una forma de habitar el tiempo y el lenguaje como materiales sensibles y vivos”, señala Moscoso.



La obra de Glissant aborda las prolongadas secuelas de la colonización atendiendo a las poéticas, experiencias y discursos de la vida negra en el Caribe. Desde los paisajes de Martinica, desarrolló la noción de Tout-Monde, un Todo-Mundo perfilado por relaciones donde se entrecruzan geografías, historias y temporalidades. En este marco, su pensamiento propone una apertura constante a la alteridad —la posibilidad de “cambiar con el Otro” sin perderse ni desnaturalizarse— y gira en torno a la Relación como entramado dinámico entre culturas, lenguajes e historias. Conceptos como la criollización, el derecho a la opacidad o el propio Tout-Monde comprenden una poética que rechaza la inteligibilidad total y afirma la coexistencia de diferencias irreductibles.
Sin formular un sistema cerrado, Glissant elaboró una crítica persistente del pensamiento unidireccional, evitando sustituir una lógica totalizante por otra. Lo opuesto a la hegemonía no reside aquí en la negación frontal, sino en la apertura a lo posible. Sin embargo, trasladar este marco a un contexto institucional como el de Nueva York —donde la diversidad es también un capital simbólico altamente codificado— nos lleva a meditar en cómo sostener la opacidad, la no traducción y la relación sin que estas se conviertan en nuevas formas de legibilidad cultural.
Aunque sus escritos han sido ampliamente incorporados en la teoría del arte contemporáneo, su vínculo directo con el mundo del arte ha sido menos explorado. Es precisamente en ese punto donde se sitúa la exposición, al centrarse en la idea de un museo que nunca llegó a concretarse. Si bien Glissant dejó esbozos sobre lo que podría ser una institución de este tipo en el siglo XXI, no llegó a materializarla. La muestra se propone así como un ensayo especulativo: imaginar un museo no como monumento ni como dispositivo de legitimación, sino como un espacio fluido y poroso, capaz de acoger obras, memorias e historias sin reducirlas a marcos coloniales.



El proyecto del Museo Martinico de Arte de las Américas (M2A2), impulsado por Glissant hasta el final de su vida, fue ideado como una institución basada en la donación voluntaria de obras y destinada a emplazarse en Martinica. Tuvo un primer intento en 1999 en la Maison de l’Amérique Latine de París, pero no llegó a consolidarse, derivando más bien hacia una condición itinerante.
Iniciativas posteriores —como Musée du Tout-Monde & Agora Mundo (2016), curada por Sylvie Séma Glissant y Hélène Lassalle en la Cité des Arts de París— han continuado esta línea, mientras que la colección personal del autor pasó a custodia del Mémorial ACTe, en Guadalupe, dando forma parcial a ese proyecto.
Glissant imaginaba el museo como un archipiélago donde los elementos coexisten sin síntesis forzada, vinculados por resonancias y desvíos. Frente a genealogías lineales, proponía una memoria en tránsito, hecha de alianzas provisionales y temblores, donde la institución deviene proceso.


El núcleo de la muestra es la colección personal construida por Glissant a lo largo de seis décadas, que traza tanto los orígenes de este museo como la amplitud de sus amistades y colaboraciones intelectuales. Reúne obras de artistas con quienes convivió y sobre los que escribió, consolidando una red de afinidades forjada en contextos de desplazamiento, especialmente en la Francia de posguerra y en torno a la Galerie du Dragon.
En ese entorno, Glissant entró en contacto con artistas de África, Europa y América que concebían el arte como experiencia de diáspora, migración, solidaridad y traducción. Obras de Wifredo Lam, Roberto Matta, Agustín Cárdenas, Antonio Seguí o Enrique Zañartu, entre otros, fueron reunidas no bajo una lógica de propiedad, sino desde la idea de un acervo común, atento tanto a las relaciones como a la diferencia.
En su versión en São Paulo, la exposición incorporaba documentos, cuadernos, fragmentos textuales y materiales audiovisuales —muchos de ellos inéditos— que permitían acceder a distintas capas del pensamiento de Édouard Glissant, junto a un conjunto más amplio de obras de artistas contemporáneos de diversas geografías que expandían el campo de relaciones hacia el presente y extendían su círculo de interlocutores. En su tránsito hacia Nueva York, la muestra adopta la forma de un recorte centrado en parte de la colección, desplazando el énfasis hacia su espesor histórico y sus tramas de afinidad.


Dos ejes estructuran el montaje —la “palabra del paisaje” y el “paisaje de la palabra”— retomando la noción de parole du paysage, en la que el entorno deja de ser escenario de fondo para convertirse en una fuerza activa que modela memoria, gesto y lenguaje. Y es aquí donde el Museo de la Errancia aparece como una forma de resistencia política —pero también epistemológica y sensible—, como un campo de escucha y transformación capaz de “reactivar sentidos latentes y abrir espacio para aquello que aún no tiene nombre”.
La exposición se inscribe en una investigación de largo aliento del Instituto Tomie Ohtake en torno a las políticas de la memoria y las formas de imaginar instituciones no totalizantes. En su paso por Nueva York, la muestra no solo reimagina el proyecto inconcluso de Glissant, sino que lo despliega como una estructura abierta, en permanente devenir.


Hasta el 10 de mayo de 2026 en CARA.
Exposición basada en una iniciativa del Instituto Tomie Ohtake (BR), coorganizada por MACTe – Mémorial ACTe (Guadalupe), EGAF – Edouard Glissant Art Fund (FR / Martinica) e ITM – Institut du Tout-Monde (FR).
Artistas en la versión de Nueva York:
Victor Anicet, Victor Brauner, Ernest Breleur, Agustín Cárdenas, Gerardo Chávez, Manthia Diawara, Melvin Edwards, M. Emile, Öyvind Fahlström, José Gamarra, Sylvie Séma Glissant, Serge Hélénon, Wifredo Lam, Roberto Matta, Paul Mayer, Gabriela Morawetz, Irving Petlin, Cesare Peverelli, Pancho Quilici, Antonio Seguí, Eduardo Zamora, and Enrique Zañartu.
Artistas en la versión de São Paulo:
Agustín Cárdenas, Aislan Pankararu, Amoedas Wani y Patrice Alexandre, Antonio Seguí, Arébénor Basséne, Cesare Peverelli, Chang Yuchen, Chico Tabibuia, Eduardo Zamora, Emanoel Araújo, Enrique Zañartu, Ernest Breleur, Etienne de France, Federica Matta, Flavio-Shiró, Florencia Rodríguez Giles, Frank Walter, Gabriela Morawetz, Geneviève Gallego, Gerardo Chávez, Hamedine Kane, Irving Petlin, Jean-Claude Garoute (Tiga), José Gamarra, Julien Creuzet, Kelly Sinnapah Mary, M. Emile, Manthia Diawara, Mélinda Fourn, Melvin Edwards, Minia Biabiany, Nolan Oswald Dennis, Öyvind Fahlström, Pancho Quilici, Paul Mayer, Pedro França, Pol Taburet, Raphaël Barontini, Rayana Rayo, Rebeca Carapiá, Roberto Matta, Serge Hélénon, Sheila Hicks, Sylvie Séma Glissant, Tarik Kiswanson, Tiago Sant’Ana, Victor Anicet, Victor Brauner, Wifredo Lam, Zé di Cabeça (José Eduardo Ferreira Santos).
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