¿CÓMO SE PUEDE EXPERIMENTAR MÁS? EL ARCHIVO DE MARGARITA AZURDIA
Margot Fanjul, Margarita Azurdia, Margarita Rita Rica Dinamita o Anastasia: todas reflejo de sus múltiples facetas, y todas —como ella misma declaraba— son una. Margarita Azurdia (1931–1998) fue una de las artistas más radicales, libres y visionarias del arte guatemalteco del siglo XX. Su trayectoria desborda las clasificaciones tradicionales de la pintura, la escultura o el performance, y se proyecta como un cuerpo de obra profundamente espiritual, político y vital.
Nacida en Antigua Guatemala, Azurdia pasó parte de su juventud en Canadá y Estados Unidos, donde se formó de manera autodidacta en talleres abiertos del San Francisco Art Institute. Fascinada por el expresionismo abstracto y el informalismo, su primera exposición individual en 1963 ya evidenciaba una búsqueda intensa de forma, gesto y color. Pronto derivó hacia una etapa de geometría vibrante, con composiciones de gran refinamiento visual que marcaron un hito en la modernidad artística guatemalteca. Su reconocimiento internacional se consolidó con la participación en la X Bienal de São Paulo (1969), donde recibió una mención de honor por su serie Asta 104, y en la II Bienal de Arte Coltejer (Medellín, 1970), con una instalación pionera en clave performativa e inmersiva.
Durante los años setenta, Margarita expandió su práctica hacia la escultura, la instalación y el arte objeto, desafiando los límites formales con un lenguaje sincrético que conjugaba saberes populares, geometría modernista y simbolismo ancestral. Su emblemática serie Homenaje a Guatemala (1971–1974) reunió esculturas talladas por artesanos locales que ella luego intervenía con objetos y patrones rituales, en una síntesis única de tradición, cosmología y crítica cultural.
A mediados de los setenta se instala en París, donde se aproxima a la poesía, el dibujo y, sobre todo, la danza contemporánea, transformando su vínculo con el cuerpo, el movimiento y la espiritualidad. Fue un periodo de exploración feminista y mística, del que emergieron libros ilustrados y experiencias performativas íntimas, en sintonía con las corrientes contraculturales del momento. Al volver a Guatemala en 1982, en un contexto de violencia política extrema, encontró en el cuerpo una vía para sanar, resistir y reencantar el mundo.
En esos años, fundó junto a Benjamín Herrarte y Fernando Iturbide el Laboratorio de Creatividad, un colectivo que introdujo prácticas performativas en espacios públicos y que se integraba a sus acciones en defensa del medioambiente, talleres de improvisación corporal y altares dedicados a la Diosa Madre. Desde esta figura arquetípica, Azurdia articuló una propuesta feminista, ecológica y espiritual que hoy sigue teniendo una resonancia poderosa.






¿Cómo se puede experimentar más?
La exposición ¿Cómo se puede experimentar más?, presentada en Casa Guardabarranco, parte del archivo inédito de Margarita Azurdia para explorar su faceta más íntima, radical y visionaria. Centrada en sus investigaciones sobre el cuerpo, el sonido y el movimiento como formas de comunicación y transformación, la muestra recupera registros de performances, talleres, diarios y poemas que dan cuenta de una práctica artística profundamente situada, espiritual y feminista.
Reunidos por primera vez, estos materiales —bocetos, escritos, videos, fotografías, afiches— documentan el proceso creativo de una artista que entendía el arte como una forma de vida. Particular énfasis se pone en su trabajo con el Laboratorio de Creatividad, con el que intervino calles, plazas y espacios culturales de la Ciudad de Guatemala, promoviendo un arte ritual, colectivo y profundamente político.
El archivo, resguardado por Milagro de Amor S.A., revela una visión adelantada a su tiempo. Una artista que usó su cuerpo como medio expresivo, como campo de batalla y como vehículo de sanación. Las anotaciones manuscritas, los dibujos, los apuntes en español, inglés y francés dejan entrever la vastedad de su pensamiento y la intensidad de su búsqueda interior. Cada documento —ya sea una meditación escrita, una propuesta de danza o una instrucción para un altar— revela su obsesión por encontrar el “lugar exacto” de las cosas. Y si ese lugar no existía, simplemente lo creaba.
La muestra encuentra un albergue ideal en Casa Guardabarranco. Este espacio experimental de Guatemala —un híbrido entre centro cultural, galería y hogar— se propone como un laboratorio de ideas, una plataforma para la creación libre y comprometida. En ese sentido, la exposición no busca mostrar la “obra terminada” de Azurdia, sino rastrear las huellas de una artista que hizo de cada acto creativo una forma de autoconocimiento, resistencia y expansión espiritual.





La pregunta que da título a la muestra —¿Cómo se puede experimentar más?— fue formulada por Azurdia en uno de sus talleres, y condensa el ethos de toda su trayectoria: una vida guiada por el deseo de experimentar sin límites, de ampliar los márgenes de lo posible, de habitar el arte como un estado de conciencia. En un contexto que todavía hoy impone silencios y constricciones al cuerpo femenino, Margarita Azurdia se adelantó a su época y desafió cada etiqueta impuesta, haciendo de su existencia una obra total.
Llamarla simplemente “artista” sería reducir su alcance. Como escribe el curador Andrés Cordón:
“Llamarla artista sería encasillarla dentro de un adjetivo que nunca pudo contener su personalidad, así como no pudo contener su implacable unicidad. A lo mejor, por eso es por lo que la frase ‘todo es una’ pueda ser considerada la única verdad absoluta sobre Margarita, porque en realidad lo fue todo, todo lo que ella quiso ser y todo lo que cualquiera le pudiese haber dicho que no podía ser”.
A casi treinta años de su partida, la pregunta ¿Cómo se puede experimentar más? sigue resonando con fuerza. En un presente donde el cuerpo y la memoria siguen siendo espacios en tensión, el trabajo de Margarita Azurdia nos invita a repensar el arte como una práctica de búsqueda, cuidado y transformación. Su archivo no solo guarda rastros de una obra singular, sino también formas de imaginar otras maneras de estar en el mundo.
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