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BEATRIZ CORTEZ X RAFA ESPARZA: TIERRA Y COSMOS

Beatriz Cortez x rafa esparza: Tierra y Cosmos destaca las continuas conversaciones y colaboraciones entre los artistas latinx radicados en Los Ángeles Beatriz Cortez (San Salvador, 1970) y rafa esparza (Pasadena, California, 1981). A lo largo de los años, ambos han sostenido frecuentes diálogos sobre ideas ancestrales y contemporáneas en torno a la Tierra, el cosmos, el inframundo y los saberes de los pueblos indígenas. Estas conversaciones han dado lugar a varias obras colaborativas, entre ellas Nómada 13 (2017), Portal Sur, después de Copán (2017) y Los viajes en el tiempo de Xólotl (2019).

Ampliando estos intercambios, esta exposición en Americas Society reúne obras producidas individualmente seleccionadas por ambos artistas, las cuales dan cuenta de cómo el conocimiento fluye entre todos los seres y la materia a través del cosmos. De hecho, Cortez concibe sus esculturas como viajeras en el tiempo, con un carácter incierto entre lo ancestral y lo futurista, pero siempre como espacios de generosidad que rinden homenaje a los saberes, tecnologías y espiritualidades de los pueblos originarios, celebrando su persistencia en los tiempos por venir.

En la muestra, una selección de sus esculturas de acero se dispone sobre y alrededor de las instalaciones de ladrillos de adobe de esparza, permitiendo que las obras entren en contacto con la materialidad de la tierra de la que provienen. El montaje evoca así los viajes realizados por seres humanos y objetos antiguos a través del tiempo y del territorio. En palabras de Cortez: “Hay una comunión entre el acero y el adobe, dos materiales que hablan desde sus propias temporalidades. El acero sueña con el futuro y el adobe recuerda los caminos del pasado” [1].

La exposición inaugura una nueva serie en la que Art at Americas Society invita a dos artistas, amigos y colaboradores, a explorar cómo influyen mutuamente en sus respectivas prácticas. Al respecto, la directora y curadora en jefe de la institución, Aimé Iglesias Lukin, señala en la publicación que acompaña la muestra que, a diferencia de los modelos expositivos más comunes —donde la interpretación curatorial suele prevalecer sobre la voz del artista—, Tierra y Cosmos invierte las jerarquías tradicionales de la curaduría y propone una horizontalidad radical. En sus palabras, el equipo curatorial asumió el rol de “coordinador, mediador y facilitador”, cediendo el protagonismo intelectual a los propios artistas para que pudieran “contar plenamente sus propias historias”.

En este sentido, la propuesta institucional introduce “el afecto como herramienta política”, una estrategia relacional que interpela no solo a curadores y artistas, sino también al público, abriendo la posibilidad de experimentar la exposición desde vínculos más humanos que jerárquicos.

rafa esparza, Hiperespacio: -100km + ∞, 2024. Adobe, malla de acero, barras de refuerzo y basalto. Foto: Arturo Sánchez. Cortesía: Art at Americas Society

DEL BASALTO AL HIPERESPACIO

rafa esparza heredó el oficio de fabricar ladrillos de adobe de su padre, Ramón Esparza, aunque no aprendió el proceso sino hasta la adultez, cuando trabajaron juntos en un intento por sanar su relación, afectada tras la salida del clóset del artista. Padre e hijo se reencontraron a través del trabajo con la tierra, como un primer gesto para reconstruir el vínculo. Con el tiempo, Ramón se convirtió en un colaborador esencial en los proyectos de rafa, participando en instalaciones de adobe que honran las formas ancestrales de construcción.

La escultura de rafa esparza Hiperespacio: -100 km + ∞ (2024) rinde homenaje a un monumento olmeca, distorsionado como si estuviera al borde de otra dimensión. La obra está realizada con la receta tradicional de adobe de la familia, mezclada con basalto, la piedra volcánica en la que fueron talladas originalmente las colosales cabezas olmecas. En esta pieza, esparza traza el recorrido que puede realizar el magma fundido desde las profundidades de la corteza terrestre hasta su irrupción en la superficie, aludiendo también a los múltiples viajes y formas que el basalto puede asumir como sustancia viva.

La materia con la que trabajo guarda memoria. El adobe, el basalto, incluso el agua, hablan si sabes escuchar. Esta escultura está en el umbral entre el volcán y el sueño, entre lo que arde y lo que se transforma”. [2]

Con esta obra, esparza busca eludir que los visitantes interpreten el rostro esculpido como retrato fijo o consumible. En su lugar, propone una distorsión visual —semejante a una falla técnica televisiva— que mantiene esta imagen antigua suspendida en un umbral, atrapada entre dimensiones, nunca del todo revelada a la mirada.

Beatriz Cortez, Cabeza de Jaguar (Monumento #47), 2022. Acero, patina | Gift of the Artist to the Ancient Object Labeled as Human Head Emerging from Monster Jaws, One Migrant to Another, in Memory of Your True name and Your Land, 2022-23. Acero. Foto: Arturo Sánchez. Cortesía: Art at Americas Society
Beatriz Cortez, Cabeza de Jaguar (Monumento #47), 2022. Acero, patina | Gift of the Artist to the Ancient Object Labeled as Human Head Emerging from Monster Jaws, One Migrant to Another, in Memory of Your True name and Your Land, 2022-23. Acero. Foto: Arturo Sánchez. Cortesía: Art at Americas Society
Beatriz Cortez, serie de réplicas de objetos prehispánicos. Impresión en 3D con filamento de plástico. Cortesía del Museo de Arte del Williams College, impresión y acabado por el Makerspace del Williams College. Foto: Arturo Sánchez. Cortesía: Art at Americas Society

RESTITUCIÓN SIMBÓLICA

Junto a esta obra se encuentran dos esculturas de Cortez. Una de ellas, Cabeza de Jaguar (Monumento #47) (2022), es una recreación en acero de una escultura precolombina saqueada de El Salvador en 2015, que representa una cabeza posiblemente inspirada en un jaguar u otra entidad multiespecie. A partir de fragmentos y registros del objeto original —hoy desaparecido—, Cortez convoca su memoria desde el deseo y la imaginación. Recrear y reinterpretar se convierte, así, en un acto reparador: una forma de resistir el olvido, de denunciar el despojo y de afirmar otras posibilidades de existencia.

La otra pieza de Cortez, Gift of the Artist to the Ancient Object Labeled as Human Head Emerging from Monster Jaws, One Migrant to Another, in Memory of your True Name and your Land (2023), entabla un diálogo con un antiguo tenón escultórico de origen maya, que representa una cabeza humana emergiendo de las fauces de un monstruo. Este fragmento fue recolectado en la década de 1970 por estudiantes del Williams College durante una expedición a Honduras y Belice organizada por el Lyceum of Natural History, y actualmente forma parte de la colección del Museo de Arte del Williams College.

La obra reflexiona críticamente sobre la migración forzada de objetos arqueológicos y propone una forma de restitución simbólica: sustraer el tenón del régimen museográfico que lo clasifica como artefacto, y situarlo, mediante una réplica tridimensional, en un nuevo espacio de significación que honra su memoria espiritual y comunitaria.

La negativa del museo a prestar el objeto original para la exposición intensifica su ausencia física, subrayando la violencia epistémica y material de su desplazamiento. Frente a ello, Cortez concibe su intervención como una ofrenda afectiva y política a ese objeto exiliado, y como un reconocimiento al valor cultural y espiritual que piezas como esta siguen teniendo para las comunidades mayas actuales, tanto en sus territorios de origen como en la diáspora.

Vista de la exposición Beatriz Cortez x rafa esparza: Tierra y Cosmos, Americas Society, Nueva York, 2025. Foto: Arturo Sánchez. Cortesía: Art at Americas Society
Beatriz Cortez, Kaqjay, y FIEBRE Ediciones, Altar de Kaqjay, 2021. Acero. Foto: Arturo Sánchez. Cortesía: Art at Americas Society

ALTAR DE KAQJAY

Sobre una plataforma de adobe creada por esparza se presenta Altar de Kaqjay (2021), una obra realizada por Beatriz Cortez, Kaqjay y FIEBRE Ediciones. Para Cortez, lo importante de esta colaboración “no fue sólo el objeto, sino el proceso colectivo, la escucha, la memoria compartida. El altar es una presencia, pero también una conversación que sigue creciendo”. [3].

Esta escultura en acero es una recreación del antiguo Altar de Kaqjay, hallado en una vivienda cercana al pueblo de Patzicía, en Guatemala. El altar original, tallado en piedra por los antepasados de la comunidad kaqchikel, presenta en sus cuatro caras figuras de criaturas y animales representados según su cosmovisión.

Este proyecto, como otros de la artista, parte de la convicción de que los objetos antiguos deben permanecer en los territorios donde fueron ofrecidos por los ancestros, mientras que sus ideas, su espiritualidad y sus significados culturales deben poder viajar hacia donde hoy habitan el pueblo kaqchikel, los mayas y quienes comparten su herencia.

rafa Esparza (con la colaboración de Karla Ekaterine Canseco y Yomahra Gonzalez), Corpo RanfLA: Terra Cruiser 4everz, 2023. Performance, San Francisco. Cortesía del artista y del Museo de Arte Moderno de San Francisco. Foto: Myleen Hollero

LO QUEER, LO CHICANX Y LO POSTHUMANO

La exposición incluye el video de una performance de rafa esparza realizada frente al Mural de la unidad panamericana de Diego Rivera, en Los Ángeles. En esta acción, el artista colabora con Karla Ekaterine Canseco y Yomahra González para transformarse en un cyborg lowrider futurista.

La pieza central de la performance es Corpo RanfLA: Terra Cruiser 4everz (2023), una escultura construida a partir de un antiguo juego mecánico infantil que funciona con monedas, modificado para asemejarse a una bicicleta lowrider. Varios de sus componentes fueron sustituidos por moldes tomados del cuerpo del artista, quien durante la acción se ensambla a la estructura, convirtiéndose en un híbrido humano-máquina.

Realizar esta acción frente al mural de Rivera, una obra icónica del muralismo modernista que plantea una visión utópica de la unidad continental entre América Latina y Estados Unidos, introduce una capa crítica y poética al gesto de esparza. Su performance desplaza la narrativa heroica y heteronormativa del muralismo hacia una visión contemporánea atravesada por lo queer, lo chicanx y lo posthumano.

A través de la intersección entre el cruising gay y el cruising automovilístico de la cultura lowrider, y mediante la incorporación de imaginarios indígenas, tecnológicos y comunitarios, esparza activa un diálogo complejo con la historia del arte público en Los Ángeles —una ciudad profundamente marcada por las migraciones, las luchas raciales y la cultura visual de la diáspora. Así, su cuerpo performativo irrumpe en la iconografía del mural para imaginar futuros alternativos desde una práctica colectiva y afectiva.

rafa esparza, Huitzilin: Truchita, 2025. Nike Cortez usado, calcetín, hilo, acero, alambre. Foto: Arturo Sánchez. Cortesía: Art at Americas Society

Otra de sus obras, Huitzilin: Truchita (2025), rinde homenaje al colibrí, enlazando las historias precolombinas de los pueblos mayas y mexicas con el presente. Estas tradiciones han nutrido una reverencia ancestral hacia el colibrí, asociado a conocimientos culturales que lo sitúan como mensajero espiritual, símbolo del amor, del renacer primaveral y como guerrero incansable. En esta pieza, un Nike Cortez — modelo icónico de calzado deportivo entre jóvenes morenos en Los Ángeles desde los años 90, especialmente dentro de las culturas de pandilla— es desconstruido y reensamblado en la figura de un colibrí detenido en pleno vuelo, suspendido en el espacio como si habitara un umbral entre tiempos y mundos.

La obra establece un delicado puente entre mito ancestral y memoria urbana, donde la estética callejera se transforma en un gesto de protección y afecto. El modelo Cortez, además, hace un guiño afectuoso a la artista Beatriz Cortez, con quien rafa ha cultivado una colaboración continua y profunda, evocando con sutileza los cruces de nombres, trayectorias y afectos que atraviesan esta exposición.


[1] Beatriz Cortez en entrevista publicada por Americas Society en YouTube, 2025.

[2] Ídem

[3] Ídem


Beatriz Cortez x rafa esparza: Tierra y Cosmos está organizada por los artistas. La coordinación de la exposición estuvo a cargo de Sarah López.

La muestra se podrá ver hasta el 17 de mayo de 2025 en la galería de Americas Society, 680 Park Avenue, Nueva York.

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