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CLAUDIA DORING BÁEZ: MY BROTHER’S MIND

Pontone Gallery presenta My Brother’s Mind, la primera exposición de Claudia Doring Báez en su espacio en Nueva York. La muestra reúne una serie de pinturas basadas en fotografías de Adolfo Doring, hermano difunto de la artista, e inspiradas en la película italiana El portero de noche (1975). Así, se gesta una conexión entre tres lenguajes visuales —la fotografía, el cine y la pintura—, además de una conversación entre hermanos, interrumpida por la muerte prematura del fotógrafo.

El trabajo de Claudia Doring se inspira en obras de otros artistas, no para reinterpretarlas, sino como un ejercicio de reimaginación de sus procesos creativos. La artista transfigura esas imágenes en lienzos que evocan una confluencia de emociones, interioridad psicológica, erotismo y visceralidad, generando un diálogo de inquietudes comunes a través de un lenguaje visual marcado por trazos y texturas enfáticos, que remiten tanto al expresionismo alemán de Karl Horst Hödicke como al modernismo mexicano de José Clemente Orozco.

Claudia Doring Báez, Night Porter, Lucia Singing in German, 2024. Óleo sobre tela, 45,7 x 61 cm. Cortesía de la artista y Pontone Gallery (Nueva York/Londres).
Claudia Doring Báez, My Brother’s Mind III, 2024. Óleo sobre tela. Cortesía de la artista y Pontone Gallery (Nueva York/Londres).
Claudia Doring Báez, Paris, 2024. Óleo sobre tela. Cortesía de la artista y Pontone Gallery (Nueva York/Londres).

Las imágenes captadas por su hermano y recreadas por la artista son portales que ella abre con el pincel para explorar el duelo, la memoria y la identidad compartida. “Con la lujuria de los románticos irredentos, perseguimos a los muertos, intentando entrar desde todos los ángulos, buscando el significado y el mensaje que detendrían, aunque fuera por un instante, la verdad caleidoscópica de sus vidas, para poder estrecharla contra nuestro pecho y respirar tranquilos”.

Claudia Doring Báez y su hermano no solo estaban unidos por lazos familiares, sino también por una profunda complicidad creativa que se mantuvo viva hasta su fallecimiento en 2016. Su vínculo se manifestó en diversas formas de colaboración artística, destacando especialmente las películas que realizaron juntos. Más allá de estos proyectos compartidos, ambos se entregaron a la tarea de plasmar la vida desde sus respectivas disciplinas: él, a través de la fotografía y el cine; ella, mediante la pintura.

También compartían una fuerte influencia cinematográfica, fraguada en los domingos de su infancia, cuando, a los diez y doce años, se sentaban junto a sus padres en la sala de proyecciones de la Cineteca Nacional de la Ciudad de México, con una torta de guajolote y una Coca-Cola en la mano, para disfrutar del cine clásico de su época. Las obras de Godard, Pasolini, Fellini, Antonioni y Cavani imprimieron un sello visual indeleble en los hermanos, enseñándoles el poder de la imagen e impregnando sus jóvenes mentes con una estética a la que volverían una y otra vez.

Claudia Doring Báez, The Agony and The Ecstasy VI, Bob Carlos Clarke, 2024. Óleo y óleo en barra sobre tela, 61 x 61 cm. Cortesía de la artista y Pontone Gallery (Nueva York/Londres).

El rasgo erótico

El ejercicio de repensar los procesos creativos de otros artistas ha develado en Doring una carga expresiva personal dotada de rasgos eróticos, de manera que las distintas series que ha desarrollado a lo largo de su carrera aportan una nueva dimensión referencial. Aunque sus obras adquieren un carácter temático al inspirarse en otros artistas, sus respectivos contextos y expresiones, es a través de su estilo particular que dialoga con ellos, enfrentando y revelando sus propias miradas y pasiones en relación con las de aquellos a quienes evoca.

Un claro ejemplo de ello es su actual exposición en la sede londinense de Pontone Gallery, The Ecstasy and the Agony, basada en la obra del fotógrafo Bob Carlos Clarke. En esta muestra, Doring transforma las crudas imágenes documentales en blanco y negro de Clarke —publicadas originalmente en el libro The Agony and the Ecstasy (2018)— en lienzos ricamente coloreados, cargados de sensualidad, introspección y las complejidades de la memoria. Mientras Clarke capturó la inmediatez brutal de la pasión adolescente con precisión voyerista, Doring aporta matices, abstracción y un sentido de reivindicación poética, donde el componente erótico juega un papel determinante.

Claudia Doring Báez, My Brother’s Mind, Adolfo Doring – Sophia, 2024. Óleo sobre tela. Cortesía de la artista y Pontone Gallery (Nueva York/Londres).
Claudia Doring Báez, My Brother’s Mind, Night Porter Laughing, 2024. Óleo sobre tela. Cortesía de la artista y Pontone Gallery (Nueva York/Londres).

“Para mí, todo lo que hay en esas imágenes nunca lo tuve”, afirma Doring. Su respuesta visceral al libro de Clarke fue inmediata y eléctrica, evocándole recuerdos de su propia juventud en México, bajo la estricta mirada de un padre severo. Un momento formativo —una fiesta de baile en 1975, cuando solo tenía quince años— se transformó en un trauma decisivo, pues un fugaz instante de intimidad adolescente con un novio fue castigado públicamente. Esta historia personal constituye el trasfondo emocional de la serie, en la que Báez reimagina los caminos no tomados y las posibilidades negadas de su adolescencia.

“Es mucho más fascinante trabajar desde la mente de otra persona”, afirma Doring. Sin embargo, aunque el punto de partida de sus procesos artísticos sea el arte de otros, las diversas series que ha realizado también revelan una profunda reverencia hacia la historia del arte, en particular hacia la fotografía, la pintura, el cine y la literatura. Esta admiración se plasma en un lenguaje que fusiona rasgos neoexpresionistas y contemporáneos.

Con esos rasgos, la artista entabla conversaciones con los grandes maestros de los siglos pasados con los que se siente identificada: selecciona, recrea y adopta detalles de sus imágenes para construir su propio lenguaje y entendimiento. Estas series se basan en obras o series completas de cineastas, fotógrafos y artistas como Germaine Krull, Brassai, Patti Smith, Man Ray, Nicholas Hilliard y Stanley Kubrick.

Pero, al tiempo que adopta detalles de otras imágenes, Doring traza un homenaje. Estas figuras originales se disuelven en otras, dando lugar a composiciones que reflejan tanto la intimidad física de los personajes como el enredo emocional de la artista. En la exposición My Brother’s Mind, por ejemplo, se hace evidente el deseo de la artista de conocer a su hermano en profundidad, más allá de lo que cualquier otra persona podría.

Doring Báez intenta encontrar, en la muerte de su hermano, el impulso que lo llevó a representar lo femenino con una estética que remite a las mujeres que ambos veían en las películas del viejo cine. El título de la exposición nos invita a cuestionar si es realmente posible acceder a la mente de otro. Y, sin embargo, la ausencia nos obliga a intentarlo, como si en ese gesto pudiéramos hallar alguna forma de consuelo o revelación. En My Brother’s Mind, a diferencia de otras series de Claudia, el duelo y el dolor se materializan en trazos más duros. Y la ausencia adquiere forma, intimidad y presencia.

Claudia Doring Báez, The Agony and The Ecstasy or She Doesn’t Want To VII, 2024. Óleo y óleo en barra sobre tela, 61 x 61 cm. Cortesía de la artista y Pontone Gallery (Nueva York/Londres).

My Brother’s Mind de Claudia Doring Báez se presenta hasta el 3 de mayo de 2025 en Pontone Gallery, Nueva York.

Susana Cabrera

Es diseñadora y productora editorial desde hace más de 15 años, con especializaciones en producción editorial y creación literaria. Ha producido y diseñado más de 300 libros institucionales y de autores independientes. Correctora de estilo para Penguin Random House y Temblores Ediciones. Investiga de manera personal sobre comunicación, semiología e historia del arte. Susana es amante de la música, la retórica, la poesía y el diseño, y odia el silencio. Vive en Nueva York desde donde escribe, produce libros, ebooks y consume arte, música y ruido.

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