LEJOS DE LA TIERRA. ARTE Y NATURALEZA EN EL PERÚ CONTEMPORÁNEO
Lejos de la tierra. Arte y naturaleza en el Perú contemporáneo (2024) reúne una serie de ensayos del crítico literario, profesor y ensayista Víctor Vich, en los que analiza los proyectos de un grupo de artistas peruanos que, en los últimos años, han propuesto diversas formas de interrogar las relaciones entre las comunidades humanas y una naturaleza entendida como un elemento externo, distante, e incluso ajeno.
El libro, editado por el Fondo de Cultura Económica y el Instituto Riva-Agüero, constituye una valiosa contribución a los estudios sobre arte contemporáneo en el Perú, al identificar modos de investigación y creación que comparten una sensibilidad común: la búsqueda de nuevas formas de comprender los vínculos entre los seres humanos y otros seres en el contexto actual de crisis medioambiental, emergencia de imaginarios tanto utópicos como distópicos, y luchas por la justicia ecológica.
Los ensayos que componen el libro se sostienen no solo en un conocimiento profundo del medio artístico peruano y de sus protagonistas, sino también en un diálogo constante con la literatura del país y con un corpus teórico amplio y actualizado. Esta articulación permite que la publicación convoque lecturas transversales, capaces de interconectar los proyectos artísticos con debates urgentes del presente. El ensayo introductorio, en particular, propone situar estas formas de creación dentro de las narrativas de la historia del arte peruano, identificando aquellas propuestas que conciben la naturaleza como sujeto político y como agente clave en los procesos históricos, sociales, políticos y tecnológicos.
Las obras de estos artistas articulan críticas al presente desde imaginarios de pérdida y de sanación, de visiones de un apocalipsis ya consumado y de cuestionamientos a nociones que históricamente se han concebido como exclusivamente humanas, como “el pueblo”, “el medioambiente” o la inalcanzable “sostenibilidad”. En ese gesto, emerge la urgente necesidad de reconocernos como un elemento más dentro de los ecosistemas —entre plantas, animales y seres espirituales— y de repensar nuestras formas de habitar el mundo para hacer posible una convivencia en equilibrio, orientada a la supervivencia y a la construcción de futuros viables para las comunidades humanas.
Conversé con Víctor Vich, con motivo de la presentación de su libro en la Librería El Virrey de Lima, sobre los ensayos que profundizan en los procesos de investigación y creación de las obras de Carmen Reátegui, Lucía Monge, Elizabeth Lino, Carlín, Cristina Planas, Eliana Otta, Alejandro Jaime, Jaime Miranda, Edi Hirose, Ishmael Randall-Weeks, Roberto Huarcaya, Janine Soenens, Martha Morales y Gianine Tabja. Aquí comparte sus reflexiones sobre el desarrollo de la publicación y sobre los debates en torno a las definiciones de naturaleza, de lo humano y lo no humano, la materialidad del arte y los desafíos que enfrenta el arte contemporáneo en el Perú.

Giuliana Vidarte: Tu libro reúne un conjunto de ensayos que dan cuenta de varios años de trabajo; son artistas y proyectos que, evidentemente, vienes siguiendo desde hace tiempo. ¿Cómo surgió la idea de publicar este libro y de centrarlo en las relaciones entre arte y naturaleza en el Perú contemporáneo?
Víctor Vich: Soy profesor de literatura, específicamente de poesía, pero siempre me han interesado las artes en general. Desde hace muchos años intento seguir de cerca las artes plásticas y visuales, pues creo que en el Perú se producen obras de una gran calidad. Como crítico, me interesa observar cómo las artes procesan distintos tipos de antagonismos, desde los más personales e íntimos —el amor, el deseo, el malestar existencial— hasta los más públicos y políticos, como la desigualdad, la injusticia o la violencia.
Hace algunos años publiqué Poéticas del duelo. Ensayos sobre arte, memoria y violencia política en el Perú (2015), un libro en el que analicé cómo las artes plásticas peruanas representaban la violencia política desde ángulos muy distintos a los que se suelen escuchar en el debate público. Tras ese trabajo, comencé a notar un desplazamiento: el antagonismo central en las artes peruanas ya no parecía ser exclusivamente la violencia, sino que empezaba a emerger con fuerza el problema de la naturaleza. Eso me llevó a revisar nuevas obras y a repensarlas desde otras perspectivas teóricas.
Comencé entonces a preguntarme cómo aparece representada la naturaleza en el arte peruano contemporáneo, pero, sobre todo, cómo aparecen los vínculos que unen a los seres humanos con ella. Pensar la naturaleza implica, en efecto, pensar nuestras relaciones con ella y, a partir de ahí, interrogar también el tipo de sociedad que construimos. Reflexionar sobre la naturaleza es, en última instancia, reflexionar sobre nuestras formas de producir y de habitar el mundo.

GV: ¿Cuál es la definición de “naturaleza” que funciona como punto de partida para tu investigación y argumentación?
VV: La modernidad ha definido la naturaleza como todo aquello que no es cultura, como aquello que no es producto de la acción humana. El problema de esta definición es que genera una separación muy burda entre lo humano y lo no humano, o más bien, sustrae lo humano del mundo natural, como si no formara parte de él.
Marx decía que “la naturaleza es el cuerpo inorgánico del hombre”. Creo que hay que ir por esa vía: observar el metabolismo, el intercambio constante, la interdependencia entre lo humano y lo no humano. Lo humano no puede pensarse de manera autónoma frente a la naturaleza; lo no humano es decisivo para lo humano. Necesitamos agua, aire y otros elementos para vivir.
Esa episteme que concibe la naturaleza como algo externo, pasivo y destinado a ser dominado por el poder humano ha comenzado a entrar en crisis, y el arte no es ajeno a esa transformación. Mi enfoque parte, por tanto, de las premisas que entienden la naturaleza como un constructo histórico, inseparable de la praxis social, y que no puede seguir siendo concebida como algo escindido de la cultura.

GV: Dentro de la publicación reúnes obras construidas desde materiales muy diversos, como petróleo, desechos o plantas, así como dibujos, fotografías, esculturas e instalaciones. ¿Cuál es el rol de esta materialidad en el arte, en estos medios de representación?
VV: Arthur Danto sostenía que el arte cambió radicalmente cuando dejó de representar la realidad para ser “invadido” por ella. El punto es que la materialidad realiza, en el arte actual, una declaración por sí misma, como bien han señalado diversos teóricos. Los artistas se han propuesto hacer del “medio un mensaje” para impactar en el espectador materialmente. En las obras que comento no solo es la visión lo que se activa, sino también un olor, la textura, a fin de marcar la tensión previa a la violencia social. Las obras que analizo se saturan en sus propios materiales, y a veces la propia tosquedad funciona —casi performativamente— como un acto violento.
GV: Los ensayos que conforman el libro están nutridos de conversaciones con cada uno de los artistas, en las que comparten experiencias personales, ideas y discuten contigo los conceptos que fundamentan tus argumentaciones. ¿Podrías contarnos un poco más sobre ese proceso de entrevistas y los diálogos que mantuviste con ellos?
VV: Mi aproximación ha sido siempre interdisciplinaria. Como crítico literario, me interesan los textos, las palabras, sus ritmos internos, pero también todo lo que está fuera de ello y que lo hace posible. He escrito este libro tomando en cuenta varias fuentes: las obras en sí mismas, el contexto histórico del arte, la reflexión social, la teoría crítica y, por supuesto, las conversaciones con los y las artistas, que han sido enormemente enriquecedoras.

GV: En el ensayo introductorio a la publicación mencionas que pudiste identificar tres tipos de representaciones en las obras y proyectos que analizas. ¿Podrías explicar cuáles son estas características que has podido reconocer en las propuestas?
VV: Sí, en las obras que analizo hay imágenes que rompen el dualismo que separa a la cultura de la naturaleza. Hay otras que optan por recolocar lo humano al interior de la “comunidad de lo viviente” Y, finamente, hay otras que buscan mostrar la agencia del mundo material. Lo que yo observo en estas obras es una profunda tensión entre lo “edénico” y el “apocalipsis”, entre lo “sublime” y lo “siniestro”. Pero en todas ellas se trata de descentrar el rol de lo humano, deconstruir la frontera entre la naturaleza y la cultura, y mostrar la poderosa agencia de lo material.
GV: Comentas también que, mirando retrospectivamente, no se ha dado un momento similar en la historia del arte peruano en el que el paisaje y la mirada sobre la naturaleza se constituyan como centro. ¿Qué consideras que ha llevado a este momento particular y cómo se inscriben las propuestas que analizas dentro de las grandes narrativas de la historia del arte peruano?
VV: Los historiadores del arte han señalado que el paisaje no fue una presencia central en el arte peruano. Salvo algunas excepciones, el paisaje apareció, por lo general, como un mero trasfondo, siempre subordinado a lo humano. Incluso en el indigenismo, el paisaje no ocupa un rol protagónico.
Sin embargo, esa dinámica ha cambiado, y hoy en día el paisaje tiene una presencia notable, e incluso parece central en la producción artística contemporánea. ¿Por qué ha sucedido esto? Es algo que aún debemos seguir pensando, pero lo cierto es que esta revalorización del paisaje responde a la época que estamos viviendo: al cambio climático, a la crisis ecológica, a la lógica de los extractivismos, entre otros factores.
Hoy los artistas parecen muy conscientes de que vivimos una época en la que se hace más claro que las fuerzas productivas se han vuelto fuerzas destructivas, que lo que se denominada “progreso” trae consigo destrucciones de todo tipo. Vivimos una época puramente “presentista”, que no piensa en el futuro. Hoy solo importan los negocios rentables del presente y punto. En el libro he llegado a la conclusión de que los artistas se han dado cuenta de que representar la naturaleza es quizá una forma de volver a adquirir una consciencia histórica, una perspectiva que de cuenta de las consecuencias del presente en el futuro.

GV: En los debates actuales sobre arte contemporáneo, ecología y crisis climática, la naturaleza se concibe como algo que no está divorciado de los procesos sociales, políticos y tecnológicos. Pensar la naturaleza como un elemento externo a los humanos ha sido una de las justificaciones para la explotación desmedida de recursos. ¿De qué manera estos proyectos artísticos nos invitan a repensar nuestros vínculos y formas de comprensión de la naturaleza? ¿Qué caminos proponen estas obras, desde el arte contemporáneo peruano, para establecer reconexiones, acercamientos a la tierra y aspiraciones hacia un equilibrio?
VV: Creo que la estética tiene un rol fundamental en la comprensión de lo que está sucediendo hoy con el mundo y con la naturaleza. El arte tiene la capacidad de mostrar lo que la política niega o invisibiliza. El arte se interroga si existen formas alternativas de construir vínculos con la naturaleza y pone en cuestión la manera en la que vivimos (el modelo de desarrollo, el modelo económico) y nos hace notar la violencia de lo humanofrente a la naturaleza, esa idea de lo humano como separado y superior de la naturaleza. Hoy, sin embargo, la naturaleza parece volverse un sujeto político que aboga por derechos y por la necesidad de promover formas más justas de producción, intercambio y comercio. También creo que las representaciones son decisivas. No hay cambio verdadero si no cambiamos las representaciones, los imaginarios sociales. No hay cambio político si no ocurre un cambio cultural de trasfondo. Necesitamos nuevos imaginarios sociales. Los artistas nos proponen nuevas formas de mirar. Y esas nuevas formas de mirar están en relación directa con la posibilidad de influir en nuevas formas de actuar. Como impulso utópico, el arte busca contribuir a redefinir la mirada y, por tanto, a promover nuevas formas de vivir.
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