JAVIER GONZÁLEZ PESCE: ¿POR QUÉ CONSTRUIR SI DESTRUIR ES MÁS RÁPIDO?
Entre enero y marzo de este año, el artista chileno Javier González Pesce realizó una residencia en Suiza con el respaldo de Pro Helvetia y su programa de apoyo a artistas de América del Sur. Durante un mes estuvo en la ciudad de Ginebra, en la residencia Embassy of Foreign Artists, y luego pasó otros dos meses en Villa Numa, en la ciudad de La Chaux-de-Fonds.
Su investigación se centró en los métodos y reflexiones de científicos del siglo XVIII, en particular Charles Bonnet. En una época en que los instrumentos para la observación del entorno —como los microscopios— eran aún rudimentarios, la ciencia demandaba de sus practicantes una disposición creativa, casi poética. A partir de la reproducción de algunos experimentos en terreno en la región del Jura, así como de una extensa lectura de tratados científicos y correspondencias entre investigadores de la época (especialmente Lazzaro Spallanzani), el proyecto adquirió una dimensión mayor a la inicialmente prevista.
Actualmente, el artista se encuentra desarrollando una nueva fase del proyecto, que busca trazar una conexión entre la región del Jura (entre Suiza y Francia) y la cadena montañosa homónima en la superficie lunar.
En el contexto de su residencia en Suiza, Javier presentó dos exposiciones: una en Villa Numa y otra en el espacio Amore, en la ciudad de Basilea. Esta última surge a partir de un vínculo de colaboración, afinidad y amistad con los artistas Manuela Morales Délano (Chile) y Charles Benjamin (Suecia), quienes trabajan en conjunto bajo el nombre de Mario Kreuzberg, un proyecto que a veces se presenta como colectivo artístico y otras como equipo curatorial.
Fueron ellos quienes curaron la exposición ¿Por qué construir si destruir es más rápido?, de la cual compartimos a continuación el texto escrito por Charles Benjamin.



Como en la mayoría de las ciudades, si son vistas desde arriba, las calles de Santiago son como grietas de actividad en un desierto de techos. Durante mucho tiempo, Javier ha estado recogiendo cosas encontradas en ellos, cosas que los techos han transformado en ex-cosas. Pelotas, juguetes, baldosas, revistas, huesos, ropa, tuberías, objetos electrónicos y bolsas de plástico que hablan desde un lugar alejado con una vista desde arriba.
De alguna manera son ready-mades, pero también son recordatorios de cómo los ready-mades esperan hacernos sentir: como una botella de champán en el Titanic o una bandera en la luna o un cuerpo en el Everest. Hay una cierta distancia requerida para este cambio de perspectiva que generalmente se da en nuestro pequeño mundo del arte, aislando casi cualquier cosa en una caja blanca. Lo bonito de los objetos de Javier es que ya han sido despojados de su vida como objetos comunes antes de entrar en nuestro pequeño mundo del arte. Los objetos parecen enfrentar esto con una cierta ambivalencia, fluctuando entre melancolía y caos. Es como si esta transformación invisible, que se supone debe servir a nuestra perspectiva, también creara sospechas hacia nuestros sentidos.
Javier hace flotar una enorme oreja solitaria en un bote frente a un horizonte brumoso (Lost Ear, 2017) y vara una gran nariz en el centro de la Galería Gabriela Mistral (Lost Nose, 2017). En 2019, pone a flotar una luna alrededor de una pequeña isla en China, una obra que, según él, aborda la atracción gravitacional —y simbólica— entre la luna y la Tierra (Attractive System 1).
En Instituto Tele Arte, Javier muestra enormes ojos que miran al centro de Santiago con una mirada paranoica, junto a objetos encontrados en techos instalados en la mitad del espacio, que luego se encuentran reproducidos en hologramas en la otra mitad. Telstar, título de la exposición, toma su nombre del icónico balón de fútbol Adidas Telstar —ese que ha quedado perdido en los techos de todo el mundo—, bautizado así en honor al satélite de comunicaciones Telstar, lanzado en 1962. Para mí, todos estos objectos hablan de una distancia impuesta, donde la perspectiva se nubla en lugar de ser proporcionada.


Javier me cuenta que fue invitado a una fiesta. La «fiesta» resultó ser su colega y una pareja, cada uno con su propia botella de whisky, un poco de helado de piña y algunas otras sustancias. La conversación fluye bien. Después de un par de horas encantadoras, el colega sugiere, con cortesía, que podrían tener un cuarteto. La propuesta queda en el aire, mientras Javier se excusa para ir al baño y escucha lo que cree que son los gritos alucinatorios de un bebé.
Intrigado, llega a una habitación por el pasillo. Adentro encuentra a la hija de su colega, dibujando tranquilamente sobre las sábanas, y a su hermana menor, con la cara garabateada. En el suelo, platos pegados con cinta adhesiva contienen distintos tipos de comida: cereales, arroz, fideos, y botellas de leche mezclada con agua están esparcidas por toda la habitación. Visto desde arriba, es como una jaula de hámster muy bonita.



Este episodio es la base de ¿Por qué construir si destruir es más rápido?, presentada en Amore. La vista desde arriba ya no es la de los techos olvidados de Santiago, sino la de un paisaje doméstico hecho de alfombras. En cierto sentido, “en el techo” y “debajo de la alfombra” son lugares similares: lo que se descarta y se olvida en el techo, está oculto y es para siempre vergonzoso debajo de la alfombra.
El título de la exposición se toma de Emilio, o de la educación, el tratado filosófico de Jean-Jacques Rousseau sobre la educación y la naturaleza del hombre. Allí se afirma que, para un infante, destruir y construir tienen el mismo valor. Los niños suelen elegir destruir porque ofrece una satisfacción inmediata. Una gratificación que, argumenta Rousseau, no encuentran en la construcción, cuyo valor es de orden moral. El bebé que fuma no se preocupa por su salud. Pero el artista creador sí se preocupa por ese bebé que fuma. En el caso de Javier, esa preocupación parece ser un tema en sí mismo.
¿Qué puede decirse desde la distancia? ¿De qué sirve moralizar cuando la realidad no lo exige? ¿Y de qué sirve crear, si no se está moralizando?

JAVIER GONZÁLEZ PESCE: ¿POR QUÉ CONSTRUIR SI DESTRUIR ES MÁS RÁPIDO?
Amore, Gartenstrasse 145, Basilea
Del 14 de marzo al 25 de abril de 2025
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