EL HORIZONTE DE LA CENSURA: ENCUESTA A DIRECTORES DE MUSEOS DE ARTE
Un informe reciente elaborado por PEN America, una organización dedicada a la defensa de la libertad de expresión, en colaboración con la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD) y Artists at Risk Connection (ARC), aborda la creciente preocupación por la censura y la autocensura en los museos de arte en Estados Unidos. La investigación constata que, en los últimos años, las amenazas de censura han aumentado desde múltiples frentes y advierte sobre la posibilidad de que, en un futuro cercano, se intensifiquen los llamados a restringir lo que se puede exhibir en las exposiciones.
El análisis deriva de una encuesta realizada a 95 directores de museos afiliados a la AAMD, cuyo objetivo era aclarar varias preguntas clave: ¿Qué nivel de censura perciben los profesionales que trabajan en los museos de arte? ¿Cómo se manifiesta y cuáles son las razones detrás de estas percepciones? ¿Qué sectores identifican como fuentes de amenazas de censura? ¿En qué medida afecta la reciente oleada de legislación en Estados Unidos, dirigida a la educación pública, a estas instituciones, o se trata de una preocupación exagerada? ¿Cómo se comparan las tendencias actuales con las del pasado? (El 55% de los encuestados indicó que, en comparación con hace diez años, la censura es «un problema mucho mayor para los museos hoy en día»).
La AAMD agrupa a más de 220 de los principales museos de arte en Estados Unidos, Canadá y México; sin embargo, esta encuesta se centró específicamente en los directores de museos estadounidenses. Aunque la muestra representa solo una pequeña fracción del sector museístico en el país, reúne a un grupo de profesionales e instituciones cuyas perspectivas ofrecen información valiosa sobre cuestiones de mayor alcance.

Contexto
Los museos de arte ocupan un lugar fundamental en el panorama de las instituciones culturales y educativas en Estados Unidos. Según una encuesta realizada en 2021 a 1.200 estadounidenses, tanto los visitantes como los no visitantes consideran a los museos como las fuentes de información más fiables de la sociedad, situándolos en el primer y segundo lugar, respectivamente. Para los no visitantes, los museos ocupaban el segundo puesto después de «los amigos y la familia», y para ambos grupos, los museos superaban ampliamente a Internet, los líderes políticos e incluso los medios de comunicación.
Considerado el primero de su tipo, el proyecto resulta especialmente relevante en un momento en que, en los últimos años, una serie de cancelaciones de exposiciones y esfuerzos por censurar la expresión artística en todo el país han generado gran preocupación, tanto dentro como fuera del ámbito artístico. Desde la censura y cancelación de artistas cuyo trabajo aborda temas relacionados con Israel y Palestina, hasta el cierre de exposiciones acusadas de insensibilidad racial o la politización de términos como «diversidad» e «inclusión» por parte de los museos, estos eventos reflejan cómo la creación y exhibición de arte se entrelazan con los debates culturales y políticos más intensos en Estados Unidos.
En palabras de Julie Trébault, directora ejecutiva de ARC:
«La censura en los museos no solo socava la libertad artística, sino que también priva a los visitantes de la oportunidad de formar sus propias opiniones y perspectivas sobre las obras que encuentran, de inspirarse, de ver afirmadas sus identidades o incluso de cuestionar sus prejuicios o ideas preconcebidas. Es fundamental condenar enérgicamente la retirada de obras de arte que representen un desafío, ya sea por pánico moral o miedo a represalias. Sin embargo, los museos también deben estar alertas para no ceder ante la autocensura o la intimidación. Las solicitudes de clausura de exposiciones o de retirada de obras de arte –por no mencionar el acoso, las amenazas físicas o incluso los procesos judiciales a los que pueden enfrentarse los directores de museos, conservadores y artistas– pueden ser suficientes para disuadir a una institución de exhibir arte controvertido».
Principales Hallazgos
- Falta de consenso sobre la censura
Aunque la mayoría de los directores encuestados considera que la censura es un problema, el 90% de los museos carece de políticas por escrito para manejar desafíos formales o informales a las exposiciones. - Presiones de múltiples fuentes
La censura en los museos proviene de diversas fuentes, como el conflicto Israel/Palestina o las críticas al cristianismo, que generan controversia. Además, existen presiones por parte de actores políticos y religiosos para censurar obras que incluyen desnudos o contenido sexual. - La política influye en la percepción de amenazas futuras
El 41% de los encuestados teme que las amenazas de censura provengan de sectores republicanos, mientras que solo un 3% las asocia con los demócratas. - Zona gris entre curaduría y autocensura
La distinción entre curaduría y autocensura no es clara, y el temor a represalias lleva a algunos directores a evitar exposiciones potencialmente polémicas. - Falta de estrategias claras
La mayoría de los museos enfrentan casos de censura de manera improvisada. Contar con políticas escritas podría ayudarles a gestionar mejor estos desafíos.

HALLAZGO 1: NO HAY CONSENSO SOBRE LA CENSURA EN LOS MUSEOS DE ARTE
Los directores de museos de arte encuestados comparten principios operativos comunes, pero sus experiencias y posturas respecto a la censura varían significativamente. A pesar de las diferencias en la definición de censura, la mayoría coincide en que están enfrentando una presión creciente para modificar o retirar exposiciones. La tensión política y cultural en EE. UU. está afectando la libertad curatorial de los museos, lo que refuerza la percepción de que la censura es un problema persistente y en aumento en el sector.
Algunos directores ven sus museos como espacios apolíticos, dedicados únicamente a la educación y la conservación del arte sin una agenda explícita de cambio social. Otros, en cambio, creen que sus instituciones tienen un rol político fundamental y pueden ser herramientas para la transformación social. Un director expresó: “¡Somos activistas audaces!”. No obstante, esta visión activista es minoritaria: la mayoría de los directores tienden a adoptar una postura más neutral.
A pesar de las distintas perspectivas, casi todos los encuestados compartieron su preocupación por la creciente polarización y la amenaza de censura en sus instituciones. Algunos mencionaron el riesgo de ser etiquetados como “politizados” o “disidentes” por sectores conservadores, mientras que otros señalaron las presiones provenientes de la izquierda para adherirse a ciertas normas de expresión aceptable. En general, los directores sienten que será cada vez más difícil mantener la neutralidad en los próximos años, ya que el arte se ha convertido en un campo de batalla en las guerras culturales. Como afirmó un director: “Parece inevitable que ofendamos a alguien”.
Pero ¿qué se considera censura?
Aunque no existe un consenso absoluto sobre lo que constituye censura, sí hay acuerdo en ciertas situaciones clave:
- Más del 80% considera que remover una obra debido a la raza, etnicidad o identidad LGBTQ+ del artista constituye un acto de censura.
- Más del 70% opina lo mismo si una obra se retira por su postura política o por ser considerada «demasiado política».
- Dos tercios de los encuestados ven censura en la remoción de una obra por temor a ofender, especialmente si la presión proviene de un miembro del consejo directivo.
- Un porcentaje similar cree que retirar una obra debido a prohibiciones legales también debería considerarse censura.
Sin embargo, las opiniones son más divididas en otros casos:
- Solo el 41% considera censura si una obra se retira por ser considerada de “baja calidad” por un miembro del consejo.
- Solo el 34% lo considera censura si la eliminación se debe a que “el público podría no apreciarla”.
- El caso más divisivo fue la eliminación de obras por considerarlas “inapropiadas para niños”: el 49% lo considera censura, mientras que el 51% no.
Algunas respuestas sugieren que los casos relacionados con la “calidad” de una obra son menos percibidos como censura, ya que se interpretan como parte del proceso curatorial. En cambio, cuando la remoción de una obra está vinculada a la identidad del artista, su postura política o el temor a ofender, se considera más claramente un acto de censura.

HALLAZGO 2: LOS DIRECTORES DE MUSEOS DE ARTE ENFRENTAN PRESIONES DE CENSURA DESDE MÚLTIPLES FUENTES
Los directores de museos se encuentran bajo presiones constantes para censurar obras por motivos políticos, raciales, morales e ideológicos, un dilema especialmente complejo para aquellos que buscan mantener una imagen de neutralidad y evitar que sus instituciones se vean involucradas en las disputas políticas actuales. Sin embargo, la creciente politización del arte y las demandas de diversos sectores ponen en jaque la capacidad de los museos para cumplir con su misión de preservar y exhibir arte sin restricciones.
Casi el 65% de los directores encuestados ha enfrentado presiones para excluir una exposición o una obra de arte en algún momento de sus carreras. Estas presiones provienen de diversas fuentes, incluidos visitantes del museo, donantes, miembros del consejo directivo y líderes religiosos o educativos.
Motivos y Orígenes de la Censura
- El 45% de los encuestados ha recibido presiones para no exhibir obras consideradas “ofensivas” o “controvertidas”.
- El 26% ha enfrentado críticas relacionadas con la vida personal del artista.
- El 9% ha recibido quejas basadas en el origen racial o étnico del artista.
- El 15% ha sido presionado por miembros del consejo directivo o donantes.
- El 30% ha enfrentado presiones para retirar obras que se consideran inapropiadas para niños durante visitas escolares.
Estas presiones se traducen en quejas de los visitantes, la amenaza de retirar fondos por parte de los donantes, restricciones gubernamentales e incluso el riesgo de que las obras sean vandalizadas.
Un director relató que varios donantes acusaron a su museo de ser “demasiado woke” y de enfocarse “mucho en la justicia social”. Un miembro del consejo llegó incluso a criticar los esfuerzos de inclusión del museo, afirmando: “No queremos que traigan en autobús a personas para visitar nuestro museo”. Como resultado, estos donantes dejaron de aportar fondos, pero el museo mantuvo firme su posición. En cuanto al miembro del consejo, su renuncia fue bienvenida.
El conflicto Israel-Palestina y la censura en los museos
La encuesta, realizada en el verano de 2024, reflejó cómo el conflicto Israel-Hamas ha exacerbado las tensiones dentro del ámbito artístico. Aunque algunos directores se mostraron optimistas sobre la posibilidad de exhibir obras de artistas palestinos e israelíes, muchos señalaron que este es un tema particularmente sensible en el sector.
- Un director mencionó que “cualquier exposición que apoye a Israel o Palestina se convierte automáticamente en un blanco para posturas extremas de ambos lados.”
- Varios reportaron haber recibido “presiones considerables” para no exhibir obras de artistas palestinos, especialmente si abordaban el conflicto o la historia de Israel.
- Uno recordó que se le pidió que no exhibiera el trabajo de una artista debido a sus declaraciones previas sobre Gaza, aunque su obra no estuviera directamente relacionada con el conflicto.
Esta censura no es nueva. Un director rememoró cómo, años atrás, enfrentó una fuerte presión como curador para no exhibir obras de artistas palestinos, especialmente aquellas que trataban el conflicto. Otro mencionó que un donante intentó bloquear la adquisición de una obra debido a las opiniones políticas de la artista sobre Palestina.
En ocasiones, la censura adquiere formas absurdas. Un museo encargó una pintura de una sandía como parte de un proyecto interactivo con los visitantes. Algunos empleados sugirieron retirarla, temiendo que pudiera ser interpretada como un mensaje pro-palestino, ya que la sandía se ha convertido en un símbolo de resistencia tras la censura de la bandera palestina. El director rechazó la solicitud, argumentando que la intención del artista era simplemente representar una sandía.

HALLAZGO 3: LAS PERCEPCIONES SOBRE LAS AMENAZAS DE CENSURA FUTURAS SIGUEN MARCADAS POR DIVISIONES PARTIDISTAS
Aunque solo el 20% de los directores de museos encuestados considera que la censura es un problema grave en la actualidad, un 75% la percibe como al menos un desafío moderado. Un 55% opina que la censura en los museos ha aumentado en la última década, y ninguno menciona que haya disminuido. La principal preocupación es la censura a futuro, especialmente ante las presiones de funcionarios republicanos. Un 41,3% de los encuestados expresó una gran preocupación por este tipo de censura, frente a solo un 3,3% que teme a presiones provenientes de funcionarios demócratas.
El miedo a la censura política se ve reforzado por recientes intentos de censura en estados republicanos como Dakota del Norte, Carolina del Sur y Virginia Occidental, donde se han tratado de restringir exposiciones. Además, el 46% de los encuestados mencionó amenazas provenientes de grupos de interés político con poder o de influencers partidistas ajenos a los museos.
Aunque algunos encuestados señalaron que la censura puede provenir tanto de la derecha como de la izquierda, el foco principal sigue siendo la presión gubernamental. En contraste, las protestas dentro de los museos por causas progresistas, como Just Stop Oil o Decolonize This Place, no parecen generar la misma preocupación entre los directores, quienes hacen una distinción entre la censura estatal y las presiones culturales.
Un 30% de los encuestados indicó que las mayores quejas se presentarían en relación con muestras de arte «críticas con el cristianismo». Este tema se identificó como el más probable de generar controversia, seguido por el arte crítico con el expresidente Trump (28%), el presidente Biden (21%), las fuerzas del orden (21%), el arte de un artista palestino (18%), de un artista israelí (13%) o el que aborde temas proabortistas (19%). Este fenómeno recuerda los conflictos de los años 90, cuando obras con desnudos o críticas religiosas, como las de Robert Mapplethorpe o Andres Serrano, provocaron recortes al presupuesto de la NEA. La censura de expresiones artísticas LGBTQ+ y críticas al cristianismo siguen siendo temas delicados.
La reciente controversia en Tennessee, donde las presiones republicanas obligaron al cierre temporal de una exposición en la Universidad Estatal de East Tennessee, refuerza estas preocupaciones. En este caso, un museo exigió que los visitantes firmaran una exención de responsabilidad antes de ingresar a una exposición política provocadora. La muestra, ubicada en el Museo Reece de la universidad, presentaba obras que incluyen representaciones de Donald Trump junto a símbolos como esvásticas y capuchas del Ku Klux Klan. Los legisladores republicanos, indignados por la comparación de Trump con Hitler y el Ku Klux Klan, pidieron el cierre inmediato de la exposición.
La muestra también incluía obras que vinculan a otros políticos conservadores con el fascismo y grupos extremistas, como un retrato del presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, frente a una esvástica que se transforma en una cruz cristiana, y una bandera estadounidense cosida con la forma de una capucha del Ku Klux Klan. La Exposición Fletcher 2024 de la universidad, que buscaba explorar «preocupaciones sociales y políticas» y «temas actuales que afectan la cultura contemporánea», generó una fuerte reacción de los legisladores republicanos, quienes calificaron de «propaganda izquierdista extremadamente peligrosa».
Aunque no todos los directores de museos encuestados temen censura proveniente de la derecha, la mayoría coincide en que la situación está empeorando. Esta creciente preocupación está llevando a una mayor autocensura dentro del sector, fenómeno que se analiza en el siguiente hallazgo.

HALLAZGO 4: LA DELGADA LÍNEA ENTRE LA CURADURÍA Y LA AUTOCENSURA
En el ámbito museístico, una de las cuestiones más complejas es la frontera entre lo que constituye una decisión curatorial legítima y lo que se percibe como autocensura. La encuesta reveló que los directores de museos se enfrentan constantemente a esta «zona gris», donde las presiones externas e internas pueden influir en la selección de obras y en la presentación de exposiciones.
La labor curatorial es inherente al trabajo de cualquier director de museo, pero la creciente presión para evitar obras consideradas controversiales o provocadoras complica la distinción entre lo que se hace por razones curatoriales y lo que responde a la autocensura. Si bien la curaduría siempre involucra decisiones sobre qué obras presentar y cómo contextualizarlas, la autocensura surge cuando estas decisiones se ven influenciadas por temores relacionados con las reacciones externas o las posibles repercusiones, como la pérdida de apoyo de donantes o la controversia pública.
Un director encuestado explicó cómo algunos de sus donantes, con posturas conservadoras, se oponían a la inclusión de desnudos en las exposiciones. «Tenemos algunos donantes mojigatos importantes que se oponen a la desnudez en el arte», señaló. «Como estamos en una gran campaña de levantamiento de capital, tendemos a evitar todo lo polémico, de momento».
Este tipo de situaciones pone de manifiesto cómo las decisiones curatoriales pueden ser moldeadas por presiones externas, incluso si estas no provienen directamente de una autoridad externa que imponga una prohibición explícita.
La encuesta también mostró que un 65% de los directores ha experimentado presiones para excluir a un artista o una exposición, principalmente por miedo a que el contenido pueda resultar ofensivo. Algunos de los directores interpretan estas presiones como una parte legítima del proceso curatorial, mientras que otros las consideran un atentado contra la libertad de expresión artística. En muchos casos, estas decisiones pueden incluir la reescritura de textos curatoriales para suavizar el tono político de las exposiciones, la exclusión de artistas con antecedentes relacionados con el movimiento Me Too o la omisión de obras con desnudos para evitar conflictos con donantes conservadores.
Estas situaciones ilustran cómo factores políticos, económicos y sociales pueden influir en las decisiones curatoriales, llevando a los directores a navegar una línea difusa entre las consideraciones artísticas legítimas y la autocensura, a veces sin saber si sus acciones responden a la curaduría como práctica profesional o a la presión de evitar la controversia.
En este sentido, el estudio señala que, aunque la distinción entre trabajo curatorial y autocensura es subjetiva, lo ideal es que los museos lleven a cabo este proceso internamente, antes de que actores externos con intenciones censoras impongan sus propias definiciones.

HALLAZGO 5: LA MAYORÍA DE LOS MUSEOS DE ARTE MANEJAN LA CENSURA DE FORMA REACTIVA, PERO CONTAR CON POLÍTICAS ESCRITAS PODRÍA SER CLAVE
Uno de los datos más reveladores de la encuesta es que el 90% de los directores indicó que sus museos no cuentan con una política escrita sobre censura. Entre el 10% que sí la tiene, no hay consenso sobre su contenido, y solo un director ofreció una definición clara de censura: “La supresión de expresiones que algunos pueden encontrar objetables por razones morales, políticas o religiosas”.
En ausencia de políticas formales, los museos suelen manejar los casos de censura de manera ad hoc, respondiendo de forma reactiva a cada situación que surge. Algunos directores han desarrollado estrategias para enfrentar estos desafíos, como la creación de grupos de asesoramiento internos y externos o la organización de encuentros privados con miembros de la junta directiva para discutir exposiciones polémicas.
Si bien esta estrategia flexible puede ser útil, también deja a los museos vulnerables a amenazas inesperadas. Contar con una política escrita sobre censura permitiría establecer procedimientos claros para enfrentar los desafíos, definir lo que se considera censura y proteger la autonomía curatorial. Estas políticas podrían abordar preguntas cruciales como: ¿Qué hacer si un miembro de la junta objeta una exposición? ¿Cómo responder a acusaciones políticas sobre contenido “inapropiado”? ¿Cómo manejar las protestas o intentos de vandalismo contra una obra?
Además, el proceso de elaborar y debatir una política escrita no solo clarificaría las posiciones internas, sino que también fortalecería la conciencia sobre la libertad de expresión dentro de la institución. Más allá de prevenir la censura, una política bien diseñada serviría como una herramienta de defensa contra las presiones externas e internas, protegiendo la integridad curatorial del museo a largo plazo.
El arte es un vehículo clave para el cambio social, pero cuando debe luchar por su derecho a ocupar un espacio público, se pone en juego la credibilidad de una sociedad libre. Las comunidades necesitan el arte para reflexionar y desarrollarse críticamente, y los artistas requieren espacios donde puedan compartir sus voces. En una época en que las guerras culturales se han convertido en moneda política, muchos han olvidado estos principios fundamentales. Frente a un panorama en el que las presiones censoras pueden adoptar formas inéditas, el compromiso de los museos con la libertad de expresión será crucial para garantizar su relevancia y autonomía en el futuro.
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