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SPIRIT & STRENGTH: ARTE MODERNO HAITIANO Y SUS INFLUENCIAS

En la década de 1900, Haití —la primera república negra del mundo— vio florecer un movimiento artístico vibrante de la mano de pintores como Hector Hyppolite, Rigaud Benoît y Philomé Obin, cuyas obras capturaban la vida cotidiana, las tradiciones religiosas y la historia del país. Su impacto trascendió fronteras, influenciando generaciones de artistas afroamericanos, entre ellos Lois Mailou Jones y Eldzier Cortor, quienes viajaron a Haití en busca de inspiración.

La exposición Spirit & Strength: Modern Art from Haiti, presentada en la National Gallery de Washington, pone en primer plano la importancia de Haití en el arte moderno. Reúne piezas de algunos de los artistas más influyentes que han trabajado en el país durante el último siglo, incluyendo a los ya mencionados Hyppolite, Benoît y Obin, junto a figuras contemporáneas como Myrlande Constant y Edouard Duval-Carrié.

Junto a ellos, se exhiben obras de artistas afroamericanos como Jacob Lawrence y William Edouard Scott, quienes encontraron en Haití un punto de referencia estético e histórico. La muestra, que estará abierta hasta el 9 de marzo de 2025, incluye 21 obras recientemente donadas a la National Gallery por Kay y Roderick Heller, y Beverly y John Fox Sullivan. Estas son las primeras piezas de arte haitiano en incorporarse a la colección del museo.

Para Kanitra Fletcher, curadora asociada de arte afroamericano y de la diáspora africana la National Gallery, Spirit & Strength representa un hito en la National Gallery. “Esta exposición da visibilidad a algunos de los artistas más importantes de Haití, cuyos trabajos ahora se integran a nuestra colección. Su diversidad estilística refleja la riqueza del arte moderno y la fuerza cultural de Haití, cuya influencia se extiende a la diáspora africana”.

Wilson Bigaud, Adán y Eva, 1953, óleo sobre tabla, 63,5 x 77,47 cm. Foto: Luke Christopher. Cortesía: National Gallery of Art
Wilson Bigaud, Adán y Eva, 1953, óleo sobre tabla, 63,5 x 77,47 cm. Foto: Luke Christopher. Cortesía: National Gallery of Art

La muestra también se inscribe en el esfuerzo de la comunidad artística internacional por reconocer a creadores que históricamente han sido excluidos del canon. Mientras algunos de estos artistas se formaron en academias, otros aprendieron su oficio de manera autodidacta o a través de redes informales, como sus propias familias.

A lo largo de las décadas, muchos han buscado desarrollar una identidad artística propia, alejada de la influencia estadounidense. En este sentido, el Centre d’Art de Puerto Príncipe, fundado en 1944, desempeñó un papel clave al reunir a artistas de distintos orígenes y fomentar un intercambio creativo que dio forma al Movimiento de Arte Haitiano.

Organizada en secciones temáticas, la exposición abarca desde la historia nacional de Haití y su vida cotidiana hasta la profunda relación entre el arte y la espiritualidad.

Edouard Duval-Carrie, L'Aesthete Hindu, 1992, óleo sobre lienzo, 69,85 x 69,85 cm. Cortesía: National Gallery of Art
Edouard Duval-Carrie, L’Aesthete Hindu, 1992, óleo sobre lienzo, 69,85 x 69,85 cm. Cortesía: National Gallery of Art
Wilson Bigaud, Jefe de sección, 1951, óleo sobre masonita, 30,48 x 25,4 cm. Foto: Luke Christopher. Cortesía: National Gallery of Art
Wilson Bigaud, Jefe de sección, 1951, óleo sobre masonita, 30,48 x 25,4 cm. Foto: Luke Christopher. Cortesía: National Gallery of Art

HISTORIA NACIONAL Y VIDA COTIDIANA

El recorrido comienza con obras que representan la independencia de Haití en 1804 y la construcción de su identidad como nación libre, a pesar del aislamiento impuesto por la comunidad internacional. Las piezas seleccionadas abarcan desde escenas vibrantes de mercados populares hasta retratos solemnes de figuras políticas, lo que ofrece una mirada íntima a los acontecimientos históricos muchas veces invisibilizados fuera del país.

Dentro de esta sección destaca L’Aesthete Hindu (1990) de Edouard Duval-Carrié, un retrato surrealista donde una figura enigmática aparece rodeada de símbolos místicos. El personaje, con sus uñas pintadas y su bigote, parece desafiar las nociones tradicionales de género y refleja la estética característica del artista, quien emigró de Haití a Puerto Rico durante la dictadura de François «Papa Doc» Duvalier.

Los jefes de sección fueron figuras políticas y militares clave en Haití, encargadas de recaudar impuestos, supervisar elecciones y hacer cumplir la ley en las zonas rurales. Para muchos haitianos, representaban la opresión y el abuso de poder. En su retrato Section Chief (1951), Wilson Bigaud captura esta ambigüedad con una atmósfera inquietante. Vestido con uniforme, placa policial y un bastón de madera bajo el brazo —símbolos de su autoridad y capacidad de castigo—, el personaje emerge de la oscuridad con una presencia ominosa. El juego de luces y sombras, característico del estilo de Bigaud, acentúa el dramatismo y el volumen de la escena.

Hector Hyppolite, 3 Marassa, 1947, óleo sobre tabla, 60,96 x 60,96 cm. Foto: Luke Christopher. Cortesía: National Gallery of Art
Hector Hyppolite, 3 Marassa, 1947, óleo sobre tabla, 60,96 x 60,96 cm. Foto: Luke Christopher. Cortesía: National Gallery of Art

RELIGIÓN Y ESPIRITUALIDAD

El segundo segmento de la muestra profundiza en la influencia del vudú y el cristianismo en el arte haitiano. Desde la época colonial, los practicantes del vudú camuflaron sus rituales bajo símbolos cristianos, creando un sincretismo religioso que sigue presente en la actualidad.

Hector Hyppolite, considerado un houngan (sacerdote vudú) de tercera generación, explora estos temas en la pintura 3 Marassa (1947). En el vudú haitiano, se cree que los gemelos poseen grandes poderes porque representan el espacio de transición entre los vivos y los muertos. El niño que nace después de un par de gemelos completa un conjunto de tres, un número sagrado.

Los tres «gemelos» se conocen como marassa, y en 3 Marassa Hyppolite los representa como tres figuras idénticas vestidas con colores diferentes, destacando la dimensión mística de esta creencia. Las coloridas flores que las rodean, características de su estilo, refuerzan la fusión entre lo natural y lo sobrenatural que define su obra.

Myrlande Constant, Guede Djable 2 Cornes, s.f., cuentas de vidrio y lentejuelas sobre tela, 34,29 x 35,56 cm. Cortesía: National Gallery of Art
Myrlande Constant, Guede Djable 2 Cornes, s.f., cuentas de vidrio sobre tela, 34,29 x 35,56 cm. Cortesía: National Gallery of Art

Por su parte, Myrlande Constant lleva la tradición de los drapo vodou (banderas ceremoniales) a un nuevo nivel en sus textiles bordados. En Guede Djable 2 Cornes, representa a Guede, espíritu de la muerte, con una serpiente alrededor del cuello y un sable en la mano.

A principios de la década de 1990, Constant irrumpió en un entorno dominado por hombres, el de los fabricantes de banderas, transformando radicalmente la tradición al sustituir las lentejuelas por cuentas de vidrio. Tras más de tres décadas de dedicación a este medio, su técnica y estilo han dejado una marca indeleble en todos los artistas de drapo vodou que trabajan en la actualidad. Al fusionar una potente iconografía con una técnica innovadora, su obra encarna la fluidez cultural que late en el alma de Haití, desafiando al mismo tiempo las normas de género dentro de esta práctica ancestral.

Otra pieza clave en esta sección es Papa Zaca (1969) de Gérard Valcin, que retrata al lwa (espíritu) de la agricultura con su característico atuendo campesino y una bolsa makout, símbolo de su identidad. Valcin, con su experiencia previa como instalador de azulejos, desarrolla una composición simétrica y detallada que refleja la meticulosidad de su trabajo artístico.

Gérard Valcin, Papa Zaca, 1969, óleo sobre masonita, 77,47 x 52,07 cm. Foto: Luke Christopher. Cortesía: National Gallery of Art
Gérard Valcin, Papa Zaca, 1969, óleo sobre masonita, 77,47 x 52,07 cm. Foto: Luke Christopher. Cortesía: National Gallery of Art

HAITÍ Y LA INFLUENCIA EN EL ARTE AFROAMERICANO

El último espacio de la exhibición examina el impacto de Haití en el arte afroamericano, destacando la conexión entre artistas que visitaron la isla entre los años 30 y 80. En esa época, Haití se convirtió en un faro cultural para creadores que buscaban una identidad artística desvinculada del colonialismo occidental. Inspirados por su historia revolucionaria, muchos artistas afroamericanos encontraron en el país un espejo de sus propias luchas contra el racismo y la opresión.

Sin embargo, a partir de la década de 1980, el número de artistas que viajaban a Haití disminuyó drásticamente debido a crisis políticas y desastres naturales. A pesar de ello, la influencia cultural de Haití sigue resonando en la diáspora africana.

En esta sección se presentan obras de artistas como Jacob Lawrence, ampliamente reconocido por sus representaciones modernistas de la vida cotidiana y sus narrativas épicas sobre la historia afroamericana y sus figuras emblemáticas. A los 24 años, Lawrence se convirtió en el primer artista negro representado por una galería en Nueva York, marcando un hito en el reconocimiento del arte afrodescendiente en el circuito institucional.

También se incluye Mystic Sky with Self-Portrait (1992) de Betye Saar, una obra que evidencia su fascinación por los rituales e imaginarios del vudú y otros sistemas espirituales. Saar visitó Haití en 1974 y nuevamente en 1978, y muchas de sus obras reflejan el misticismo y las experiencias espirituales que encontró en sus viajes por el mundo.

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