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EUGENIO MERINO Y PIERRE VALLS: SUELO

Entre el 11 y el 25 de enero, la galería Le Laboratoire acogió SUELO, una instalación de los artistas Eugenio Merino y Pierre Valls compuesta por 3.285 azulejos negros, de los cuales 332 llevaban inscritos los nombres de activistas ambientales y defensores del territorio asesinados en México desde 1994, año en que se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), hasta la actualidad.

La obra expuso de manera contundente la relación entre la implementación del modelo neoliberal y la violencia sistemática contra quienes protegen la tierra. El TLCAN, lejos de ser solo un acuerdo comercial, trajo consigo la desregulación ambiental, la privatización de tierras y el auge del extractivismo, desplazando comunidades y despojándolas de sus territorios. SUELO evidenció estas consecuencias no solo como un hecho económico, sino como una crisis humanitaria, en la que el asesinato de defensores del medioambiente se convirtió en una estrategia de silenciamiento.

La instalación tuvo su base en la investigación de la antropóloga Lucía Velázquez Hernández, quien ha documentado la violencia letal ejercida contra activistas en México. Sin embargo, más que un registro estático, SUELO se concibió como un memorial vivo: los azulejos podían seguir sumando nombres, reflejando así la persistencia de esta violencia y el carácter inacabado de la lucha por la defensa del territorio.

Uno de los elementos más significativos de la obra fue la imposibilidad de pisarla: los espectadores solo pudieron observar el suelo desde arriba, sin poder caminar sobre ella. Esta decisión enfatiza la fragilidad de la memoria y la imposibilidad de apropiarse del dolor ajeno. Al mismo tiempo, generó una distancia física que obligó a los visitantes a enfrentarse a la instalación con una actitud de respeto y contemplación, reforzando su carácter de memorial y su dimensión política.

Vista de la exposición Suelo, de Eugenio Merino y Pierre Valls. Galería Le Laboratoire, Ciudad de México, 11 - 25 de enero de 2025. Foto: Alejandro Catalá
Vista de la exposición Suelo, de Eugenio Merino y Pierre Valls. Galería Le Laboratoire, Ciudad de México, 11 – 25 de enero de 2025. Foto: Alejandro Catalá
Vista de la exposición Suelo, de Eugenio Merino y Pierre Valls. Galería Le Laboratoire, Ciudad de México, 11 - 25 de enero de 2025. Foto: Alejandro Catalá
Vista de la exposición Suelo, de Eugenio Merino y Pierre Valls. Galería Le Laboratoire, Ciudad de México, 11 – 25 de enero de 2025. Foto: Alejandro Catalá

Producida por el taller Talateca en Puebla, la obra se apropió de la técnica tradicional de la Talavera, pero subvirtiendo sus códigos visuales. El uso del negro —inusual en una tradición caracterizada por la policromía— no solo marcó un gesto de duelo, sino que cuestionó el legado colonial de la cerámica, una artesanía cuyo origen está ligado a la imposición cultural española. De este modo, SUELO no solo denunció la violencia contemporánea, sino que vinculó esta violencia con una historia más amplia de despojo y dominación.

Como parte de la muestra, el 11 de enero a las 12:00 horas, se llevó a cabo un conversatorio con Lucía Velázquez Hernández, Eugenio Merino, Pedro Tecayehuátl y Pierre Valls, donde se discutieron las implicaciones políticas, históricas y estéticas de la instalación. Posteriormente, a las 13:00 horas, el activista medioambiental Carlos Armando Olivares Valencia realizó una acción en la que leyó en voz alta los 332 nombres inscritos en la instalación. Este acto performático no solo convirtió los nombres en sonido y presencia, sino que también subrayó la urgencia de recordar a quienes han sido silenciados.

El proyecto también dialogó con la exposición Diomedes de Pierre Valls (piso 1), que exploró problemáticas climáticas globales, como el controvertido Proyecto Willow, uno de los mayores planes de explotación petrolera en la historia de Alaska. La conexión entre ambas exposiciones amplificó la reflexión sobre la crisis ambiental desde una perspectiva tanto local como global, evidenciando la interdependencia entre los conflictos territoriales y las decisiones políticas a gran escala.

SUELO fue una obra que, lejos de limitarse a la conmemoración, funcionó como una advertencia: la violencia contra los defensores del territorio no es un episodio del pasado, sino una realidad persistente que sigue cobrando vidas. La instalación no solo materializó la memoria, sino que exigió responsabilidad y acción en un contexto donde la impunidad sigue siendo la norma.

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