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25 LENGUAJES NUEVOS PARA EL ARTE CHILENO

El pasado 10 de enero visité la decimosexta edición de Carácter, la muestra que reúne los proyectos finales de los 25 estudiantes egresados de la Escuela de Arte de la Universidad Diego Portales (UDP). Durante el recorrido, las alumnas Isidora Urriola y Elisa Comparini me guiaron por las aulas-talleres, que en esta ocasión se transformaron en pequeñas salas de exposición.

Carácter se ha consolidado como un referente en el circuito de exposiciones de las escuelas de arte de Santiago. Es de aquí de donde salen los artistas que, probablemente, veremos más adelante participando en concursos municipales, institucionales y en las pocas ferias de arte que aún se sostienen en la escena local.

La edición 2025 invita a reflexionar sobre las relaciones entre lo simbólico y lo tangible, lo individual y lo colectivo, a través de dos ejes que articulan las obras en el espacio expositivo. Por un lado, la memoria, explorada desde diversas perspectivas —políticas, familiares, afectivas y culturales—; por otro, la investigación material, que abarca experimentaciones con algas, cera, textiles y cartón, así como la resignificación de objetos cotidianos, el uso de apps y otras tecnologías digitales.

Más que una simple vitrina para los proyectos finales de los egresados, Carácter representa un momento clave tanto para los estudiantes como para la institución. Por un lado, brinda a los jóvenes artistas la oportunidad de compartir con el público el esfuerzo que marca el cierre de un ciclo académico. Por otro, se convierte en una instancia de autoevaluación para la Escuela de Arte, un termómetro para medir las prácticas docentes y generar una reflexión crítica sobre la enseñanza del arte.

En la escena del arte chileno, donde los artistas emergentes suelen enfrentarse a la falta de recursos, oportunidades y redes, Carácter viene a ser un escenario propicio para ensayar no solo formas innovadoras de pensamiento y creación, sino también de circulación, esto es, un lugar donde repensar las condiciones necesarias para el futuro de estas producciones y sus autores. ¿Pueden instancias como estas imaginar caminos posibles para el arte, partiendo de una formación que estimule el cruce entre teoría, técnica y sensibilidad crítica?

Isidora Urriola, Ruinas de una memoria fragmentada, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP

TEJIENDO MEMORIAS

La indagación en la memoria y su relación con la materialidad se manifiesta en trabajos como el de Isidora Urriola, una de mis acompañantes durante el recorrido por Carácter. Su instalación, titulada Ruinas de una memoria fragmentada, reflexiona sobre la naturaleza efímera y mutable de los recuerdos a través de textiles impresos con fotografías familiares recuperadas tras el derrumbe de su casa.

Estos velos traslúcidos, que evocan la fragilidad, permeabilidad y transformación constante de la memoria, cuelgan conformando una estructura laberíntica. La disposición genera un espacio casi fantasmal que, para la artista, constituye una forma de mostrar “cómo la memoria puede convertirse en un espacio a ser transitado”.

La obra La tierra se tiñe de azul en la orilla, de Ayline Figueroa, también explora la memoria, pero lo hace a través del bordado, una práctica que la conecta con su identidad mapuche y su historia familiar. Inspirada en el legado textil de su madre, la artista emplea el hilo azul, un color cargado de simbolismo cultural y espiritual en la tradición mapuche, como una forma de reivindicar sus raíces. A través del bordado de planos de espacios familiares y palabras significativas tejidas a crochet, Figueroa crea una instalación de múltiples partes que busca preservar y resignificar su herencia cultural en el contexto contemporáneo.

Ayline Figueroa, La tierra se tiñe de azul en la orilla, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP
Elisa Comparini, Coser o cocer, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP

El tejido es también la práctica central desde la que parte Elisa Comparini, otra de mis guías por Carácter, para la creación de una gran red tejida con cochayuyo (Durvillaea antárctica), un alga marina conocida por sus propiedades nutritivas, que recolectó en el Mercado Central de Santiago y en la playa El Papagallo, en Quinteros.

La obra emerge tanto de un trabajo colaborativo como desafiante entre la materialidad y la artista, un ejercicio de tensión en el que las propiedades materiales dictan lo que es posible y lo que no lo es. El título Coser o cocer es un juego de palabras en torno a las múltiples posibilidades del cochayuyo como recurso versátil para la artista: tejer el alga, transformándola en obra de arte, o cocerla al fuego para su consumo.

Matías Valenzuela, Panorámicas domésticas, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP

Camila Arellano, 21 de Mayo, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP

MOVIMIENTOS DE LA VIDA URBANA

La obra orgánica de Elisa Comparini establece un contrapunto con las pinturas de paisajes urbanos desolados de Matías Valenzuela, que se exhiben en la misma sala. A través de calados y ensamblajes, Valenzuela integra circuitos eléctricos con luces LED que iluminan y revitalizan las construcciones arquitectónicas representadas sobre materiales como latón, cholguán y fibrocemento. Estas pequeñas luces no solo otorgan vitalidad a las piezas, sino que también acentúan el carácter industrial y urbano tanto de los materiales como de los paisajes representados.

El interés de Valenzuela por infundir dinamismo a escenas urbanas a través de componentes cinéticos encuentra eco en el diorama de Camila Arellano, el cual se activa al girar una manivela. En esta escena surrealista, un vagón de metro atraviesa un campo poblado por ovejas; algunas viajan dentro, apretujadas como muchos en el transporte público durante las horas punta. Estos entrañables seres lanudos nos recuerdan cómo, como sociedad, nos hemos convertido en rebaño. Sin mucha autoreflexión, somos arrastrados por los implacables ritmos de una sociedad hiperproductiva que no da lugar ni al ocio ni al descanso.

Los trabajos de Matías Valenzuela y Camila Arellano dialogan con la video instalación inmersiva de Diego Cortés, que aborda la ciudad desde una perspectiva escenográfica y poética. Pequeñas y grandes maquetas de postes de luz son bañados por los haces lumínicos de videos que muestran cielos atravesados por nubes en movimiento. Los postes proyectan sus sombras en las paredes y en telares suspendidos, creando una experiencia casi cinematográfica. La teatralidad de la obra, que recuerda las sombras chinescas, difumina los límites entre lo tangible y lo onírico.

Diego Cortés, Paisaje en construcción, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP
Sofía López, Villa López, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP
Sofía López, Villa López, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP

La arquitectura urbana, representada a través de maquetas construidas con materiales precarios, también cobra vida en las tiernas casitas de Sofía López. Elaboradas con cartón reciclado y una estética deliberadamente imperfecta, parecen vulnerables por naturaleza, acercando a la sala expositiva la fragilidad inherente a los contextos de pobreza y carencia.

Esta dualidad entre fragilidad y resistencia puede interpretarse como una alegoría de las luchas que enfrentan las comunidades marginalizadas: por un lado, el desafío constante de la escasez; por otro, la dignidad y la fortaleza que mantienen ante la adversidad. Las obras de Sofía funcionan como votivos dedicados a la vivienda humilde, al sacrificio y la esperanza. Su manufactura tosca, despojada de pretensiones, me conmovieron profundamente.

Trinidad Veas, Casita de tela, corazón de urraca, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP
Loreto Vásquez, Mayor, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP

En el piso, frente a las casitas, se despliega la instalación efímera de Trinidad Veas, formada por desechos de la sociedad de consumo. Aunque la apariencia de esta montaña de basuritas es festiva, oculta la sombría realidad de nuestra madre tierra: millones de toneladas de residuos acumulados sobre suelos y aguas. Los módulos escultóricos, entretejidos con precisión, configuran un ecosistema del antropoceno.

La reutilización de materiales descartados está muy presente en esta edición de Carácter, como lo vemos también en Mayor, de Loreto Vásquez. La artista recupera desechos textiles provenientes de hogares y comercios para otorgarles una segunda vida en un gran telar, en el que reflexiona sobre la conexión entre la infancia, la identidad, lo cotidiano y la memoria.

Génesis Leyton, Cuerpos en construcción, ciudad en movimiento, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP

Génesis Leyton, Cuerpos en construcción, ciudad en movimiento, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP

REPARAR LOS CUERPOS HERIDOS

La sala 303 reúne a tres artistas que abordan el cuerpo y la noción de reparación desde perspectivas complementarias. Génesis Leyton presenta una serie de esculturas inquietantes que examinan las heridas que infligidas tanto a los cuerpos humanos como a los urbanos. Como “prótesis” instaladas en la pared, sus piezas resignifican rayados e inscripciones del malestar social, transformándolos en tatuajes que marcan fragmentos de cuerpos marginados.

En Cuerpos en construcción, ciudad en movimiento, la artista condensa tres años de recorridos por barrios periféricos y vulnerables de Santiago en un diálogo material entre las experiencias humanas y aquellas que se dirimen en el espacio urbano. Las esculturas parecen reparar simbólicamente un cuerpo social roto, devolviendo agencia a las marcas y transformando las fracturas en testimonio de resistencia y reconstrucción.

Francisca Flores, Recuerdos cicatrizados, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP
Ignacio Cerda, Reparación Estructural, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP

En la pared del frente se encuentra Recuerdos cicatrizados, una instalación de Francisca Flores que ahonda en la relación entre el trauma, la memoria y los procesos de cicatrización. La obra parte de la recolección de juguetes cargados de recuerdos problemáticos, que luego son replicados en goma látex y entramados en una estructura de alambre de púas, hilo curado y suturas. La composición remite al proceso de sanación y regeneración a partir de las heridas.

Ignacio Cerda también indaga en la reconstrucción del cuerpo humano, trasladando conceptos de la ortopedia y la fisiatría al lenguaje escultórico. Las piezas de Reparación Estructural combinan elementos óseos y procesos y materiales propios de la construcción de obras civiles, estableciendo una analogía entre la arquitectura y la estructura interna del cuerpo. Los huesos de animales, entrelazados con barras de acero que funcionan como prótesis, ortesis e implantes, aluden a la capacidad de adaptación y resistencia de la entidad física afectada.

Juan Villarroel, El peso de las palabras, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP

COMUNICACIÓN Y LENGUAJE, EN MUTACIÓN

La obra El peso de las palabras de Juan Villarroel es una performance duracional que interpela la relación entre el lenguaje, el tiempo y el trabajo cotidiano. Sobre una mesa, el artista construyó repetidamente la frase “Cuántas letras hacen que mis palabras tengan peso”, utilizando fideos del tipo “sopa de letras”. Este acto tedioso y repetitivo, que recuerda las planas escolares y las labores domésticas, se convierte en un gesto poético que resalta la banalidad y, al mismo tiempo, la profundidad de las acciones simples.

Al incluir en el escenario una balanza que soporta cinco kilos de estos fideos, el artista alude tanto al peso material como simbólico del lenguaje. Villarroel nos convida a cuestionar qué hace que nuestras palabras tengan peso y valor: ¿Es su intención, su repetición, o la energía invertida en construirlas? La obra también puede leerse como una reivindicación de acciones cotidianas, como barrer, cocinar o coser.

El lenguaje y la comunicación, en sus modalidades analógica y digital, son los ejes de las obras de Óscar Aceval y Nicole Moraga. En Indecible, Aceval inscribe código binario sobre “lingotes” de yeso, un material asociado a la construcción y la perdurabilidad. De este modo, expone cómo las formas de comunicación moldean las estructuras que habitamos, tanto físicas como simbólicas. Su obra examina el papel del lenguaje como herramienta de poder y su capacidad para articular realidades en un mundo cada vez más condicionado por la interacción tecnológica.

Oscar Aceval, Indecible, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP
Nicole Moraga, El rojo lo heredé de tí, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP
Nicole Moraga, El rojo lo heredé de tí, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP

Fragmentos de un adiós, de Nicole Moraga, indaga en las posibilidades de comunicación y conexión a través del intercambio epistolar, un medio casi en desuso, posiblemente poco familiar para las generaciones post Internet. Esta instalación- que, por cierto, es interactiva- está compuesta por 15 sobres de tela que contienen cartas con frases bordadas, las cuales el público puede abrir y leer.

Al exponer lo privado, la artista crea una tensión entre lo íntimo y lo compartido, algo que resuena con el actual fenómeno del voyeurismo digital. Así como al abrir un sobre nos adentramos en los secretos de otra persona, navegar por perfiles en redes sociales transforma la intimidad en un espectáculo público. La obra de Moraga no solo reflexiona sobre la correspondencia como un medio casi extinto, sino que también cuestiona nuestra relación con la exposición y el deseo de mirar la vida de otros.

Cerca de los sobres, una repisa sostiene hojas con la pregunta: “¿Qué escribirías en una carta para conservar las palabras que quedaron sin decir en una despedida?”. Los visitantes son invitados a participar dejando sus respuestas en un buzón que lleva bordada la frase: “No te preocupes, lo cuidaré”.

En la descripción de su obra, define el acto de bordar palabras sobre tela como una forma de “tejer memorias que se resisten al olvido”. Las puntadas y los hilos, como elementos de conexión, enlazan palabras, personas y experiencias.

María José Peña, Formas de la divinidad, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. ortesía: Escuela de Arte UDP

TECNOLOGÍAS DIVINAS

En una sala completamente a oscuras, la instalación Formas de la divinidad, de María José Peña, emerge como una imagen contundente que interroga nuestra relación con lo sagrado y las transformaciones de la experiencia religiosa en el mundo contemporáneo. Las figuras en círculo, cubiertas con velos negros y en actitud de oración frente a una pantalla, invitan a reflexionar sobre el papel transformador de los símbolos religiosos y su resignificación en una era dominada por la tecnología y el consumo de imágenes. La pantalla, como un posible “nuevo Dios”, sugiere un desplazamiento de las estructuras tradicionales de fe hacia nuevas formas de devoción mediadas por lo digital.

Esta escena impregnada de misterio y reverencia, donde la presencia estática y ritual de las figuras veladas contrasta con el dinamismo inherente a la pantalla, suscita una pregunta especulativa: ¿Podrían las estructuras religiosas, históricamente asociadas al control del cuerpo y la mente de los creyentes, ser desplazadas o transformadas por nuevas formas de devoción y consumo simbólico?

Isidora Rojas, Mimitos, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP
Delory Espinoza, .exe, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP
Francisca Ravanal, Entre las fibras de una selva blanda, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP

Isidora Rojas investiga la incidencia de la tecnología y el papel de las aplicaciones en nuestras vidas, particularmente a través del dispositivo de pantalla, en su obra de ficción titulada Mimitos. Esta propuesta presenta una nueva realidad, en la que un flujo de trabajo visualiza imágenes que provienen tanto del universo pictórico como digital, todo contenido en un espacio que se despliega en realidad aumentada. Un código QR dirige a la aplicación.

Al frente, la serie de pinturas de Delory Espinoza, dispuestas sobre un mural, propone la experiencia de la «afantasía» a través de un procedimiento que fusiona lo digital con lo pictórico. Bajo el título .exe, la obra comunica la imposibilidad de visualizar nuestra imaginación y pensamientos, creando en su lugar un mundo influenciado por los videojuegos. Utilizando un banco de imágenes digitalizadas y una metodología de composición en bajo poligonaje, Espinoza traslada estos archivos a un espacio pictórico mediante una técnica hiperrealista.

En un contexto donde las imágenes generadas por inteligencia artificial influyen en la producción visual, la obra de Espinoza reivindica el potencial de la pintura como medio análogo. Nos lleva a preguntarnos si la pintura podrá mantener su relevancia matérica frente al píxel, la inmediatez y omnipresencia de las imágenes generadas por algoritmos. Su propuesta no se limita al simple traslado de imágenes digitales al lienzo, sino que analiza las nociones de autenticidad en el arte contemporáneo y cómo las tecnologías de la información transforman nuestra relación con lo visual.

El contraste con la experiencia mediada por la tecnología se encuentra en la instalación interactiva de Francisca Ravanal, que revaloriza los afectos surgidos del contacto físico. La suavidad y calidez de sus «lulitos», unas extremidades blandas que conforman una ambientación inspirada en la selva valdiviana, actúan como un antídoto frente a la desconexión emocional propia de la contemporaneidad. La obra plantea al cuerpo como un vehículo esencial para habitar el espacio tangible y crear vínculos sensoriales desde la presencialidad, rescatando así el valor de lo físico en un mundo cada vez más virtualizado.

Florencia Villalobos, En la Boca del Lobo, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP

PAISAJES PICTÓRICOS, SONOROS

Carácter 2025 refleja, como mencioné al inicio de este texto, el interés de los egresados de esta generación por la investigación material. En esta línea, Florencia Villalobos da vida a un bestiario fantástico mediante la combinacion de arcilla, yeso, plástico, resina, greda, silicona líquida y plumavit. La penumbra de la sala intensifica la atmósfera de ensoñación y misterio, sumergiendo a las criaturas en un escenario que amplifica su aura enigmática.

Javiera Alarcón y Constanza Ocampo, por su parte, trabajan con materiales industriales como la cera, el yeso, la resina y el caucho para crear piezas abstractas donde la visión y el tacto confluyen en la experiencia perceptiva. No sabemos si la forma precede al material o si, por el contrario, es el material el que dicta la forma. Lo que sí podemos palpar es que la fisicalidad de las piezas nos invita a una conexión háptica que compromete el cuerpo en el acto de percibir.

Javiera Alarcón, Geometría fluida, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP
Constanza Ocampo, Atmósfera material, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP
Vicente Morales, tantos tontos tristes, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP
Vicente Corrales, El reflejo de mis ojos, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP

En cuanto a la práctica pictórica, Vicente Corrales y Vicente Morales adoptan enfoques diferenciados pero complementarios en esta exposición. Morales traza retículas libres y coloridas sobre planchas de impresión offset, centrándose en el gesto, la repetición y la improvisación, concibiendo la pintura como una acción performática donde el proceso es tan importante como el resultado. Por su parte, Corrales recurre a una paleta opaca para crear escenas figurativas y extrañas, pobladas por personajes taciturnos abstraídos en sus cavilaciones existenciales.

Finalmente, Álvaro Muñoz presenta un paisaje sonoro-escultórico que desencadena experiencias sensoriales vinculadas al deseo, la identidad y la performatividad. La instalación incorpora postes viales como soporte de componentes acústicos y textuales, frases grabadas como “Mi lenguaje tiembla de deseo”. Muñoz concibe la erótica como un fenómeno vibracional que trasciende lo puramente físico. El sonido, para el artista, actúa como un medio elástico que conecta lo tangible con lo intangible.

Alvaro Muñoz, Teknoerotika, 2024. Foto: Marcelo Cruzat. Cortesía: Escuela de Arte UDP

Y ¿QUÉ SIGUE?

Exposiciones como Carácter son fundamentales en el ecosistema del arte contemporáneo chileno, un entorno marcado por la precarización laboral y la limitada infraestructura cultural. Estas muestras brindan a los egresados su primera plataforma de visibilidad, permitiéndoles compartir sus propuestas con públicos diversos y conectar con redes que, aunque frágiles, resultan esenciales para el desarrollo de sus carreras. Carácter se establece como un espacio para ensayar formas de presentación y profesionalización dentro de un contexto controlado, pero suficientemente exigente como para simular las dinámicas del mundo artístico profesional.

Sin embargo, para muchos de estos jóvenes, el futuro es incierto y complejo. La escena artística en Chile, aunque rebosante de talentos, sigue enfrentando desafíos estructurales: escasez de financiamiento estatal, carencia de espacios para artistas emergentes y una dependencia de eventos puntuales como ferias y concursos, los cuales no garantizan continuidad ni estabilidad. Este panorama se ve agravado por una economía cultural en la que las oportunidades laborales son esporádicas y mal remuneradas, forzando a los artistas a complementar su práctica con trabajos en áreas como la docencia, la gestión cultural o incluso actividades ajenas al arte para subsistir.

En un escenario tan competitivo y limitado, los egresados se ven impulsados a la autogestión, la búsqueda de financiamiento independiente y la creación de redes colaborativas que les permitan sostener su producción artística. Por ello, presentaciones como Carácter son cruciales por la posibilidad que ofrecen de reflexionar colectivamente sobre el lugar del arte en una sociedad que suele relegarlo a un plano secundario.

Por supuesto, también será crucial la generación de políticas culturales más inclusivas y sostenibles, así como un cambio en la percepción social del arte como un bien necesario y no meramente accesorio.


Carácter se puede visitar del 9 al 22 de enero de 2025 en la Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño (FAAD) de la Universidad Diego Portales (UDP), Av. República 180, Santiago de Chile.

Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es periodista, fundadora y editora de Artishock.

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