ESOTERISMO OCCIDENTAL: CARTOGRAFÍA DE UNA DIMENSIÓN ABYECTA
El libro Esoterismo occidental: Cartografía de una dimensión abyecta de la artista Isidora Kauak Aguad, publicado por Kikuyo Editorial, se divide en dos secciones. En la primera, la autora nos relata el devenir constelado del esoterismo, desde Oriente hasta Occidente, trazando las variantes oblicuas y las vicisitudes que han marcado su práctica, difusión y ocasos. Este tránsito se despliega en forma de conocimientos, ejercicios, tradiciones, doctrinas, ritos y enseñanzas, tradicionalmente clasificados como secretos, oscuros, incomprensibles y abyectos.
A través de este recorrido, Kauak profundiza en los caminos de esta dimensión oculta, matizando el lugar simbólico que el esoterismo ocupa más allá de la moral y la tradición racional de nuestro mundo, siempre bajo los estigmas que lo señalan y acusan en este supuesto “lado de acá” (Occidente) del planeta. Es aquí donde la autora enuncia esa “otredad antagónica” que las instituciones y academias han acuñado hacia los cuerpos y saberes desconocidos.
En la segunda parte, Isidora devela cómo su corpus de obra navega y se adentra en el esoterismo, para llegar a dimensiones que exceden la tradición racional y que más bien colindan con los afectos, la memoria táctil, la miel, la magia, los recuerdos de su madre, las familias y las estelas de nuestros muertos.
Según la autora, uno de los primeros académicos en proponer un modelo que estableciera criterios para definir e identificar el esoterismo fue Antoine Faivre, quien delineó sus cuatro características intrínsecas: correspondencias, naturaleza viva, imaginación y transmutación. Me interesa rescatar aquí los dos primeros criterios, donde correspondencias se refiere a la conexión de todo el universo entre sí y naturaleza viva a la concepción del mundo como un organismo animado por una fuerza vital e invisible, en el que existen varios niveles sutiles de realidad.
Rescato estas dos cualidades porque es precisamente el rol y el trabajo del artista situarse entre esos intersticios invisibles al ojo acelerado de los espectadores, que se funden en la vorágine cotidiana. Allí, el artista debe hacer visibles fuerzas que, en sí mismas, no lo son y, con ello, capturar bloques de sensación que acontecen en las obras una vez que estas son miradas y activadas por el público. Así, es posible dilucidar que las obras de Isidora Kauak Aguad cristalizan esas dimensiones que nos envuelven, dando lugar a espectros alquímicos, mágicos y desconocidos que habitan en su trabajo y se extienden por las páginas de este libro.

Los sentimientos, tal como escribió Federico Falco, nunca son una palabra, sino “una superposición dinámica de gases que se van develando de a poco, solapando, reemplazando unos a otros, volviéndose líquidos en un encontrarse, cristalizando en dolores viejos, en amores reposados”[1]. Ante esto, pienso en los cuerpos de las obras y en la investigación de Isidora Kauak Aguad como una aleación química y mágica que se desplaza hacia adelante y hacia atrás en su biografía y en los futuros posibles y desconocidos que a todos nos acechan, adorando las chispas del presagio, entregada a sus destellos con sinceridad y armonía, abrazando su dimensión abyecta.
El arte nos reverbera la contradicción. También, nos reconcilia con aquella “otredad antagónica” enunciada por la autora. A propósito de esto, mientras leía las páginas de este libro, recordaba el discurso que hace cinco años pronunció la cineasta argentina Lucrecia Martel, cuando fue encomendada a escribir las palabras de reconocimiento hacia Pedro Almodóvar, en el marco del León de Oro honorífico que se le entregó al director español en el 76° Festival de Cine de Venecia. Allí, entre lágrimas, Martel leyó párrafos bañados por ternura, densidad histórica y admiración hacia el legado e influjo de Almodóvar sobre aquellos grupos que tradicionalmente han sobrado en la sociedad, a esos raros, misteriosos, oscuros, mágicos, esotéricos y ocultos.
En palabras de Lucrecia Martel: “Es imposible ver la obra de Almodóvar sin reconciliarse con los rincones de nuestras casas donde naufraga la moda. Los fondos horrorosos que pueblan nuestras fotos familiares, nuestras fiestas de quinces, sus peinados. Almodóvar inundó nuestra memoria con invenciones que no necesitan de gran presupuesto sino de honestidad provinciana (…) que nos hicieron más libres (…) nos liberaron del buen gusto, de la buena educación, de la moral mezquina de los que se llaman a sí mismos normales. Nos liberaron de la claridad de los lazos familiares, nos reconciliaron con la estupidez, con los refranes incomprensibles, con los malentendidos. Mucho antes de que las mujeres, los homosexuales, las trans nos hartáramos en masa del miserable lugar que teníamos en la historia, Pedro ya nos había hecho heroínas, ya había reivindicado el derecho a inventarnos a nosotras mismas”.
Pienso entonces en el esoterismo occidental levantado por Isidora Kauak Aguad como una forma de reconciliación con oriente, con el dolor y el hastío de la ausencia cotidiana de nuestros muertos y con el amplio manto que cubre lo desconocido. Pienso también en los rincones de cocinas y livings a las 4 am, entre música prosaica, maquillaje corrido, copas vacías y colillas quemadas, donde todos alguna vez hemos sido testigos o protagonistas de un nuevo acceso a lo desconocido, cuando alguien recurre a las herramientas y conocimientos del esoterismo y por instantes lo abyecto desaparece, para tornarse en directrices fugaces de un futuro flotante, de sentimientos e ideas superpuestas como gases, en el sentido que enuncia Falco. Ante ello, me pregunto si es aquella plegadura nocturna el lugar donde en ocasiones, y por instantes, se difuminan esas “otredades antagónicas” de las que nos habla Kauak y, por algunas horas, los cuerpos vivos y muertos conviven en la fugacidad noctámbula.

El trabajo de la autora, bajo la taxidermia, magia y alquimia a la que recurre, nos resignifica y reencuentra con lo desconocido. En obras como Revela tus perlas y Revela tus perlas II Kauak rescata cadáveres de aves y les concede una segunda vida. En paralelo, por esas mismas páginas, la artista nos cuenta sobre los últimos días de su madre en la dimensión de los vivos, poniendo en palabras impresas la intimidad eterna que envolverá a aquellas escenas de su memoria. Sus palabras, contiguas a las fotografías y relatos de los cuerpos de animales petrificados, revelan anécdotas sobre infusiones depurativas de dientes de león, curaciones con miel, hechizos e ilusiones de infancia.
Podemos retrotraer los muertos a la vida a través de lo simbólico y la ficción. Así lo hacen los personajes de Mariana Enríquez en sus sesiones de espiritismo con detenidos desaparecidos; así lo hacen nuestros muertos locales encarnados en personajes de películas y teleseries; así lo hacemos diariamente al intentar revivir recuerdos y observar fotografías de quienes nos preceden. Así también lo hace Isidora Kauak Aguad a lo largo de la investigación y obras que constituyen las páginas de este libro, donde los cuerpos adquieren una nueva significancia y estratos de vida, donde la corrosión de un cadáver se reconcilia con el acontecer y el paso del tiempo del presente.
Al cerrar este libro, entre esoterismo abyecto, sesiones de espiritismo, sensaciones suspendidas en el tiempo y el espacio y animales en taxidermia, me pregunto: ¿Qué nos puede quedar de nuestros muertos sino la humedad y la ternura encapsulada de sus recuerdos? ¿Qué es lo que verdaderamente nos pesa en cada evocación imaginaria? Es aquí donde la magia, la alquimia, el esoterismo, las rarezas y, por cierto, el arte nos tienden puentes para reconectar con el dolor, el pasado y la dicha oculta, oscura y secreta, que los espacios cargan y las obras que se despliegan en estas páginas revelan.

[1] Falco, Federico (2020) Los Llanos. Barcelona: Anagrama. p. 110.
Esoterismo occidental: Cartografía de una dimensión abyecta
Isidora Kauak Aguad
Editorial Kikuyo
88 páginas | 14 x 22cm
Santiago de Chile, 2024
Impresión digital sobre Bookcell de 80gr. Portada en serigrafía con tinta plata sobre Curious Matter de 200gr. Encuadernado a mano.
A la venta en Librería Alma Negra
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