Skip to content

¿QUIÉNES SON LXS ARTISTAS JÓVENES?

Hace unos días recordé la cuenta regresiva hacia mis 36 años. Al cumplirlos, crucé la frontera de un nuevo mundo, ese donde habitan quienes hemos vivido el tiempo de una juventud prolongada. Dejar de ser joven después de los 35 es algo que, quizás, nuestros padres, madres o abuelxs relatarían con gracia, o sobre lo cual descargarían sarcasmos. A veces aún lo comentan, acompañándolo con leves palmadas en la espalda.

Pienso en aquellas mujeres y hombres que, a los veinte años, ya eran madres y padres. Cargaban a sus hijos y sus equipajes con herramientas rudimentarias, pero suficientes para abrirse paso entre el matorral de los Andes, señalando horizontes en sus escasos descansos. Generaciones que hoy apenas logran reconocerse en la nuestra, que no comprenden por qué somos diferentes, por qué lxs jóvenes artistas no quieren tener hijos, ni casarse, ni construir patrimonio, por qué no anhelan vivir ni morir heroicamente por causas nacionales, personales o por las de su barrio, su casa o su calle.

O quizá sí lo comprenden. Quizá también se reconocen en otros tiempos y otros lenguajes. Quizá recuerdan, aunque no quieran, que sus cuerpos son legados, herencias generacionales con lo bueno y lo malo, con lo que pesa y lo que se vuelve liviano. Porque las guerras en las calles se parecen a las de las montañas: los mismos ojos, el mismo sentir que se prolonga a lo largo del tiempo, que se transmite de manera inconsciente como un idioma amerindio, como un español de provincia. De los “taitas” a las “guaguas”, como dicen en el sur del continente, ese lenguaje viaja hasta los niños que nacen hoy.

Hay algo que pervive, pero que no deja de ser inquietante. Los artistas jóvenes son los que nacieron después de 1988, en su abrumadora mayoría criados en ciudades. Sin embargo, la probabilidad sugiere que en América Latina muchos sean hijos o nietos de personas del “interior” o de “la sierra”; o, como decimos en Colombia, personas del campo, de tierra caliente o de tierra fría.

Luis Sebastián Sanabria Ardila, Entre pecho y espalda, 2021. Video performance. Foto: Feria Artbo

Luis Sebastián Sanabria carga a su padre en el peso de un bulto de café, mientras el progenitor lo sostiene a él, replicando la misma metáfora viva. En este intercambio, el peso generacional y recíproco revela una realidad profundamente humana. El país se ha construido sobre la base de múltiples productos de origen colonial, pero es sin duda el café el que abrió las carreteras, iluminó las veredas y protagonizó el surgimiento del Estado moderno.

Todo el café que ha bajado desde las cordilleras hacia los puertos ha sido cargado al hombro de generaciones. El peso de nuestra historia, con sus memorias y sus penas, quizá pueda calcularse en bultos de café verde tipo exportación.

La tierra se mide por temperatura y altura. Lo dijo Humboldt al reinterpretar las ideas de Caldas. Pero también se mide por estratos: las tierras frías, civilizadas, salubres; y las tierras calientes, primitivas, prohibidas, donde se fallece de dengue o malaria.

Cuando los colonizadores alcanzaron el altiplano, tras sufrir los percances de un verano húmedo y eterno, creyeron haber encontrado la primavera inmarcesible. La tierra caliente es necesariamente tropical y, por tanto, la “otredad” del meridiano cero.

Francisca Jiménez Ortegate presenta esta ficción en un video de tres canales grabado en la tierra caliente del Magdalena. El mundo de la media y baja montaña está plagado de simulacros y peligros. En palabras de Jiménez:

“En tierra caliente, cuando era niña, recuerdo salir corriendo cada vez que la olla a presión parecía a punto de estallar. Recuerdo también, en esos días, que atacaron con bombas de corto alcance el batallón donde vivía. Esa noche, mi madre me escondió debajo de un colchón, al fondo de la habitación, donde, aparentemente, nada ni nadie podía encontrarnos. Se escuchaba, a lo lejos, el fin del mundo».

Los padres y abuelos de los artistas jóvenes, de origen total o parcial en la tierra primitiva, húmeda o seca, migraron a las ciudades latinoamericanas de forma frenética, impulsiva, acelerada. ¿Cuál es el combustible de este movimiento? Viene del fondo de la tierra, es primitivo como ella, es fósil. Esta energía que empuja hacia el centro, hacia las capitales y luego hacia los cielos y rascacielos, es negra y viscosa y arde como el sol. De esta energía prehistórica se construyen las ciudades, y desde ellas los artistas jóvenes se abren paso.

Andrés Quintero, Huatay, 2023. Cortesía del artista.

En América Latina se preguntan para qué sirve todo esto. Hace falta separar el oro del papel moneda y juntarlo al flujo aparentemente infinito de los yacimientos petrolíferos. Esta unión impulsa una generación entera, así como el cohete que llevó el Apollo 11 a la luna en 1969. Ese mismo cohete, recubierto con lana de oveja de Güicán (Boyacá, Colombia), se convierte en el símbolo que señala Andrés Quintero en su obra Huatay.

En su investigación familiar, a partir del hallazgo de una fotografía misteriosa, Quintero da vuelcos a la historia, retornando para despegar desde la cordillera oriental de los Andes hacia el espacio sideral. Su obra nos recuerda que nuestra posición en el Sur Global nos confina a la labor invisible de las montañas: aquella que enciende los motores de las naves espaciales y da forma a la economía global desde el otro lado de la frontera.

Doreiby Perafán, Cogerle Corte, 2023. Foto cortesía de Galería nueveochenta

Así también lo evidencia el trabajo de Doreiby Perafán, artista y mujer del campo en el pueblo de Los Milagros, municipio de Bolívar, en el departamento del Cauca. Su obra Cogerle Corte describe el tránsito vivido por su territorio desde el momento en que el maíz pasó a ser un producto secundario, desplazado por la avalancha del libre comercio.

Los granos de maíz faltantes en su escultura representan las estadísticas de importación y la transformación de una cultura que resiste a la desaparición de sus raíces.  Cada mazorca, moldeada por sus manos, es una cosecha de memoria y una bandera de reivindicación.

Son los padres de los artistas jóvenes quienes avanzan detrás de los motores y sobre las carreteras, impulsados como cohetes interestelares. Atravesando las ciudades, construyen un mundo de acero, vidrio y concreto en menos de cincuenta años. Cargando en la maleta las bonanzas cafeteras, auríferas, cañeras o esmeralderas (en cualquier caso, “bonanzas”), los padres de los artistas jóvenes traducen en las ciudades los esquemas ya existentes en sus lugares de origen.

En un país cuya economía se ha basado históricamente en la extracción de los recursos que ofrece la tierra, las ciudades representan un calco perfecto de la vida rural. Los jornaleros se transforman en trabajadores de la clase obrera, y los propietarios se convierten en nuevos propietarios.

Johan Samboní, De curadores y curanderos, 2024. Óleo sobre lienzo, 190 x 106 cm. Cortesía del artista

El trabajo de Johan Samboní permite dilucidar esta realidad, al retratar la vida de las comunidades jóvenes y racializadas en las zonas periféricas de la ciudad de Cali. Al hacerlo, el joven artista toca la herida estatal, social y colonial de nuestro contexto. Es posible afirmar que la periferia de Cali no es más que un mundo calculado diametralmente desde el trono de un emperador que no ha perdido su lugar desde el año 1500.

Nuestro destino es aún atravesado por el lugar que ocupamos desde el punto de vista del Reino de Castilla y Aragón o de la Compañía de las Indias Orientales.

La locomotora se detiene en 1977, pero su impulso se prolonga y se vuelve pavimento. Los artistas jóvenes, urbanos e hijxs de padres y madres provenientes de tierras primitivas, vuelan en Boeing 757. Calzan zapatos fabricados en Vietnam, visten ropa de Bangladesh, teclean en sus computadores portátiles con microchips hechos en Taiwán y escuchan rock internacional londinense, indie, experimental o vintage setentero, que se transforma en vallenato, tropipop o electrónico tropical, según el lugar y el desplazamiento.

Todos los artistas jóvenes navegan en un mundo que se ha detenido en 2008 y en 2020, pero que, por inercia de mil soles, aún avanza sobre los océanos a treinta y cinco mil pies de altura. Los artistas jóvenes no lo saben aún, pero lo intuyen: sus vidas no serán como las de sus padres. Han vivido dos crisis financieras globales tan profundas como la de 1929, o la que dejó la Segunda Guerra Mundial en 1945.

Sus padres no comprenden por qué los artistas jóvenes no quieren echar raíces ni procrear. ¿De dónde surge el nihilismo? ¿Es el fin de la especie? Eduardo Galeano recuerda cómo en Antioquia se calculaba el número de matrimonios y la tasa de natalidad según el precio del café en la bolsa de Nueva York.

Steven Moreno Pinzón, Bocanada. Foto: Premio Arte Joven 2023

Las fotografías de Steven Moreno retratan el mundo urbano de una sociedad que, hace pocas décadas, ocupaba un mundo rural. La expansión de la ciudad ha sobrepuesto un paisaje agrario al concreto, mientras la vida de un pueblo de la sabana se debate en el frenesí del desarrollo, en una ciudad de América Latina.

Esta imagen también es una cita a la memoria de un mundo que celebra el fin de una guerra o el comienzo de algo nuevo. Al nihilismo se contrapone la rebeldía de un paisaje en blanco y negro, de chaquetas de cuero, de skateboards, mientras la fogata de desecho urbano ilumina la noche en Fusagasugá.

Éxito de ventas en Basel, en Frieze, récord de subastas en Sotheby’s. Maurizio Cattelan vende por seis millones de dólares un banano pegado con cinta gris a una pared. La ‘musa paradisiaca’, con su historia, parece ser solo una banalidad o comedia para el capitalismo financiero. Miles y miles de personas entran al club de los millonarios en un tiempo récord. Miles y miles de personas entran al club de los desahuciados, los parias, los desterrados. Crisis sanitaria, crisis humana, crisis energética, crisis y fractura que ya no será más hidráulica.

Fractura social, interna y global, fractura del paradigma. Cuatro billones de dólares deben mover de nuevo la máquina de la Reserva Federal. Los monumentos caen, las ciudades se vacían. Estalla la guerra en las fronteras de Europa. Por si acaso, ¿el sistema del arte sabrá quiénes son lxs artistas jóvenes?


Bibliografía

GALEANO, Eduardo. Las venas abiertas de América Latina. Venezuela: Siglo XXI Editores, 1971.

DUSSEL, Enrique. 1492: El encubrimiento del Otro. Hacia el origen del «mito de la Modernidad».Plural Editores-Facultad de Humanidades UMSA, Bolivia.

Fuentes en línea

ARTBO Feria. Artecámara 2022. “Luis Sebastián Sanabria Ardila». Consultado el 1 de octubre de 2024.

ARTBO Feria. Artecámara 2024. “Andrés Quintero”. https://www.artbo.co/feria2024/Artecamara/2024/Andres-Quintero. Consultado el 1 de octubre de 2024.

Durón, Maximiliano y Nelson, George. “Maurizio Cattelan’s Duct -Taped Banana Sells for $6.24 M. at Sotheby’s”. ARTnews.com. Noviembre 21, 2024

Francisca Jiménez Ortegate. “Ficciones de tierra caliente”. https://cargocollective.com/franciscajimenez/projects/Ficciones-de-tierra-caliente. Consultado el 1 de octubre de 2024.

Los 10 de Arte Joven 2023. Día 3: Esteven Moreno Pinzón. https://bacanika.com/articulo/particpantes-arte-joven-colombia. Consultado el 1 de octubre 2024.

Premio Arte Joven 2024 Colsanitas – Embajada de España. https://nueveochenta.com/recorridos-virtuales/ Consultado el 1 de octubre 2024.

Carlos Felipe Guzmán

Artista colombiano. Máster en Artes Visuales por la Universidad de Sao Paulo ECA-USP y artista residente en la Jan van Eyck Academie 2023-2024.

La recuperación expresiva de los espacios urbanos y rurales, la agricultura, la ecología y la reflexión sobre la historia política son algunos de los temas que atraviesan su práctica artística. Trabaja con diversos medios y desarrolla proyectos de investigación, editoriales y de escritura crítica. Entre las exposiciones en las que ha participado se encuentran la Bienal de Limburgo 2024, «Nuevos Nombres» del Museo de Arte del Banco de la República de Colombia (2018), el 49º y 52º Festival Internacional de Cine de Cartagena, El Dominio Público – Delfina Foundation (2014) y el 18º Festival de Arte Contemporáneo Sesc_Videobrasil (2013). Fue cofundador y miembro del consejo editorial de la revista de arte contemporáneo {{em_rgencia}}. Premio Nacional de Crítica de Arte del Ministerio de Cultura de Colombia (2014). Su obra se encuentra en las colecciones de Videobrasil y del Museo del Banco de la República de Bogotá.

Durante siete años vivió y trabajó en una finca agroforestal en Cundinamarca, Colombia, donde se hizo caficultor. Situada en un bosque de niebla de los Andes colombianos, también ha acogido la Residencia Artística Cocuyo, fundada por él y la artista brasileña Ana Tomimori.

Más publicaciones

También te puede interesar

SANTIAGO LEMUS: HASTA QUE LA SANGRE SEA POLEN

Esta instalación nace de un punto de inflexión en la vida del artista: un diagnóstico médico recibido hace nueve años. Santiago fue informado de que conviviría con el VIH y que, para ello, tendría...

Vista de la muestra Formas de libertad de Carlos Motta en el Museo de Arte Moderno de Medellín, Colombia. Foto: cortesía MAMM.
,

Carlos Motta:formas de Libertad

El Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM) (Colombia) presenta hasta el 18 de febrero la muestra "Formas de libertad" de Carlos Motta (Bogotá, 1978). La exposición da cuenta de casi 20 años de...

,

PARAÍSOS FISCALES. LA CALETA

Democratizamos el pensamiento fiscal mientras entretenemos la ignorancia política para esconder el impuesto. Un ecosistema de privilegios, gentrificación, exclusión y explotación imperceptible. La economía de la muerte y la especulación hecha ADN. Laboratorios naranjas...