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COLOMBA FONTAINE: JARDÍN SECO

En Jardín Seco, la segunda exposición individual de Colomba Fontaine en Galería NAC, la artista presenta un imponente mural y una serie de piezas escultóricas creadas a partir de elementos minerales. Mediante procesos químicos, Fontaine logra fusionar estos materiales y dotarlos de un comportamiento casi orgánico: no dejan de crecer, expandirse ni transformar sus formas y colores. La muestra se configura como un jardín de piedras, una instalación mineral donde cada cuerpo escultórico habita en un perpetuo estado de autoconstrucción.

Esta exposición me ha hecho reflexionar sobre qué está vivo y qué no lo está. ¿Están estas esculturas vivas o, más bien, muertas? Si están muertas (si son cosas y no seres), ¿por qué crecen?, ¿por qué se mueven? ¿Qué tipo de reacción hay ahí en ese espacio microscópico, imperceptible al ojo, que anima un movimiento, incluso una expansión?

¿Es la ciudad una cosa viva, o es más bien una estructura cadavérica que se comporta como un cuerpo en expansión en la medida que los seres que la habitan invierten su energía en modificarla? ¿Somos, entonces, parásitos de un cuerpo muerto pero que no deja de palpitar? ¿Animamos con nuestra vitalidad incansable a un ser que es como un enorme cuerpo-hábitat zombi?

Vista de la exposición Jardín Seco, de Colomba Fontaine, en Galería NAC, Santiago de Chile, 2024-2025. Foto: Felipe Ugalde.

Cada vez que he visto las esculturas recientes de Colomba Fontaine, me he quedado perplejo precisamente en este punto, en donde no sé bien qué es lo que veo ni si aquello que observo me percibe a mí de vuelta. ¿Qué tipo de interacción es esta, cuando el espectador no es necesariamente lo único vivo? Es como un zoológico de piedras, un jardín duro.

Si estas esculturas están creciendo, ¿qué es entonces la exhibición? Tal vez, un despliegue temporal de algo que cambia a una velocidad mineral. Todo está en movimiento: algunos movimientos los percibimos, otros no. La cordillera parece eterna, pero lo cierto es que es un cuerpo activo, una cosa que se ha ido edificando, formando con el tiempo. ¿Es esto que vemos en la sala –como la cordillera o un jardín– algo en formación? ¿Un momento en un estado de flujo lento? ¿Está viva la exhibición?

Cuando visité a Colomba en su taller, tuve la impresión de que su muestra era como un plan para transformar la Galería NAC en un organismo: una especie de biología contenedora por la que circulan nutrientes. De algún modo, todo espacio de exhibición con un programa activo es una arquitectura con un ánimo digestivo. Las exhibiciones lo ocupan y, luego, lo abandonan.

Esto significa que la sala se llena de “cosas” que eventualmente son desplazadas para dar lugar a otras “cosas nuevas” (la siguiente exhibición), como sucede, por ejemplo, en un estómago. La digestión de mi comedor o la cocina de mi casa es mucho más lenta que la de un espacio de exhibición, donde lo que ingresa (siempre que no sea un cuerpo vivo) tarda mucho menos en ser expulsado. Estos espacios se mueven más rápido que una montaña, aunque, de alguna manera, aspiran a su ritmo: una velocidad mineral, casi imperceptible, pero constante.

Vista de la exposición Jardín Seco, de Colomba Fontaine, en Galería NAC, Santiago de Chile, 2024-2025. Foto: Felipe Ugalde.

Colomba me mostró grandes rollos de papel adhesivo que capturan arenas. Con movimientos llenos de gracia, retira a tirones el film que protege el pegamento y, luego, espolvorea las arenas, que se detienen inmediatamente en la superficie pegajosa. Hay en el arte muchas estrategias similares: superficies —por lo general rígidas— que capturan partículas y, una vez fijadas, generan una composición. El cuadro pictórico, por ejemplo, opera bajo esta misma lógica.

Estos trabajos me parecieron una especie de artesanía amplificada, algo que, de algún modo, se me hace familiar, aunque nunca había presenciado en este tamaño. Me evocan un gran tejido biológico, afectado por una especie de abrasión invertida: una duna delgada, casi raquítica, plana. Pero insisto en que me recuerda a una duna, y no a una representación de una duna.

Creo que lo que vemos es el resultado de una operación, un gesto formal, no uno imitativo o mimético. El resultado recuerda a una duna, pero no porque la artista la haya tomado como referencia al momento de trabajar. Además, ambas —una duna y estas composiciones de Colomba— están hechas de lo mismo. Podría decirse que, vistas de cerca, incluso son idénticas.

Vista de la exposición Jardín Seco, de Colomba Fontaine, en Galería NAC, Santiago de Chile, 2024-2025. Foto: Felipe Ugalde.

Recuerdo a mi mamá advirtiéndome que, si seguía tragándome el jugo en polvo sin diluirlo en agua, me teñiría por dentro. Y probablemente tenía razón. ¿Qué tipo de psicodelia estomacal habrán presenciado mis parásitos? Una especie de arte rupestre de la carne, hecho de colorantes.

Si la galería es una arquitectura digestiva, esta exhibición se despliega como una saliva que recorre el espacio, una gran mancha que es a la vez plana y volumétrica, dura y blanda. Es una forma adaptativa, con una estrategia de ocupación espacial fluida: a veces como pintura, a veces como escultura, otras como un animal —un pulpo— o como un trozo de suelo silvestre.

Un poco como una luz que entra en un espacio, alcanzando todos los rincones, trepando como un suspiro, haciendo presencia como si no pudiera evitarlo. También un poco como el jugo Yupi: saliendo de un sobre para ingresar en otro, una oscuridad húmeda y viva, donde se diluye y se vuelve superficie. Una explosión líquida que, tras expandirse y ocupar cada esquina posible, pierde su humedad y se transforma en un manto a la inversa: papel mural en el interior de una tripa.

Vista de la exposición Jardín Seco, de Colomba Fontaine, en Galería NAC, Santiago de Chile, 2024-2025. Foto: Felipe Ugalde.

¿Son las esculturas cuerpos vivos que, una vez terminados, se petrifican? ¿Es quien esculpe una suerte de motor de la forma, el diseñador de un movimiento? La ausencia del escultor marca el tiempo de la conclusión: una especie de muerte de lo duro, de lo que no se pudre, una muerte bella y permanente.

Colomba nos propone una escultura que se comporta como un ser que se produce a sí mismo: una aridez viviente, capaz de esculpirse por su propia cuenta.

El esqueleto es un poco eso: una dureza que sabe crecer, que conoce el camino para edificarse. Absorbiendo calcio, practica una digestión dura. Mientras los tejidos blandos que lo rodean son materia de flujo constante, el hueso es una especie de roca que respira, que se nutre, un coral sumergido en carne viva. Esa carne que lo abraza también lo moviliza. Esta colaboración entre lo blando y lo duro, deviene ser.

Vista de la exposición Jardín Seco, de Colomba Fontaine, en Galería NAC, Santiago de Chile, 2024-2025. Foto: Felipe Ugalde.
Vista de la exposición Jardín Seco, de Colomba Fontaine, en Galería NAC, Santiago de Chile, 2024-2025. Foto: Felipe Ugalde.

Volvemos a esta imagen de un colectivo de cuerpos que no permite que la ciudad se complete, que no deja de construirla. En esta relación, la ciudad se comporta como lo vivo, aunque no sea más que torres de concreto, fierros y vidrios. Es el contacto vital de lo que se mueve con lo que no sabe hacerlo lo que termina por animarla, como si la ciudad fuese un gran ser.

En el ataúd, el esqueleto se queda sin su carne, inerte, como una cosa con forma de cuerpo que olvidó cómo vivir. El esqueleto no cambia, simplemente se separa del abrazo vital de la carne.

Pero en esta exhibición, ¿dónde está la carne? ¿Acaso Colomba le habrá enseñado a unas piedras a actuar? ¿Le habrá explicado a lo duro cómo se crece, cómo se avanza por el espacio? ¿Convirtió piedras en plantas, esculturas en seres?

Esta exhibición es como un bosque de partes secas, un lugar que se abre como una boca de piedra.


Jardín Seco, de Colomba Fontaine, se presenta del 12 de diciembre de 2024 al 11 de enero de 2025 en Galería NAC, Santiago de Chile.

Javier González Pesce

Artista visual. Es licenciado por la Universidad ARCIS (Chile, 2008) y Máster en Arte en la Esfera Pública por ECAV (Suiza, 2017). Ha participado en exposiciones colectivas en Chile, Uruguay, Argentina, Colombia, Estados Unidos, Canadá, España, Suiza, Grecia y China. Entre sus exposiciones individuales destacan "Esta Tierra es tal, que para vivir en ella y perpetuarse no hay mejor", en la Galería Gabriela Mistral (Chile, 2017), "Ciels", en el Musée de Art de Sion (Suiza, 2017), y "El ser tan bella no te da derecho a destruir", en el Museo de Artes Visuales (Chile, 2014). Ha ganado el premio de arte joven del MAVI (Chile, 2012), el premio para curadores del Consejo de la Cultura (Chile, 2013), y la Residencia de las Américas del Consejo de las Artes de Montreal (Canadá, 2014).
Desde 2011 co-dirige el espacio de arte Local Arte Contemporáneo (Santiago, Chile), en el que han exhibido artistas como Gonzalo Díaz o Tris Vonna-Michell, y ha generado proyectos curatoriales, organizado exposiciones y escrito numerosos textos. Local ha participado de ferias de arte internacional en Chile, Estados Unidos y España.

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