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MODAFOCA: LA MADERA ERA. EL TEJIDO IDO

Por Orlando Isaac | Curador

En los últimos años, la ruralidad ha experimentado una metamorfosis silenciosa, atrapada entre la nostalgia de las tradiciones y las exigencias del presente. La economía neoliberal ha reconfigurado los paisajes de nuestros valles y campos. Donde antes la siembra era un acto de conexión con la tierra y la comunidad—acompañado de cánticos, alabanzas y silencios compartidos durante la cosecha de tomates o el «depalillar» del maní, mientras el ganado era enchiquerado camino a los surcos—hoy todo se siente como un susurro ahogado en medio de la industrialización.

La exposición La madera era, el tejido ido, del colectivo MODAFOCA, integrado por Ian Víctor (República Dominicana, 1978) y Jorge González (Nicaragua, 1977), va más allá de las fronteras físicas y temporales. Es un eco que resuena en las montañas, justo abajo, casi en el río, en el recodo de tantos caminos.

Jorge e Ian se inspiran en la disciplina y multiplicidad formal de Wucius Wong, el diseñador que desarticuló las formas rectilíneas del diseño. Desde ahí, toman el lápiz y el cursor para dar curso a la exploración de nuevos formatos en la producción artística. Por 20 años vienen saltando muros urbanos, entrelazando la gráfica popular contemporánea con la pintura costumbrista.

Los modafocas se implican desde la producción honesta, que sirve de estímulo para las nuevas generaciones en el uso de materiales nobles extraídos de la porosidad de la tierra. Madera criolla, palma, hilo de algodón, e incluso sacos de piña destinados a la exportación, son transformados en papeles atravesados por hilos multicoloridos o en telares que incorporan técnicas contemporáneas como el punch needle. En su recorrido, cincelan maderas como pájaros carpinteros, creando contenedores circulares a modo de rompecabezas, en homenaje al maestro Prats Ventós, cuyo nombre lleva una de las salas de esta exposición.

Esta exploración los lleva a cuestionar las antinomias propias de nuestra isla, las costumbres y convivencias que, como territorio, seccionamos en pequeños espacios geográficos a modo de parcelas y conucos. Esta primera exposición es el resultado de años de investigación, donde se alternan la dualidad y la aproximación: artesanía-tecnología; rural-urbano; lo matérico lo espiritual, lo nostálgico por lo lúdico. Una manifestación de contemplaciones y saberes heredados de nuestros ancestros, que rinden tributo a la belleza y la dureza de la vida campesina. MODAFOCA fusiona lo primario, lo mecánico y lo industrializado en un diálogo enriquecedor que honra la memoria y las posibilidades del porvenir.

Vista de la exposición La madera era, el tejido ido, del colectivo MODAFOCA, en el Centro Cultural de España en Santo Domingo, República Dominicana, 2024. Foto cortesía de los artistas y CCE.

CRÓNICAS

Por Pablo Guardiola

Crónica I

Hace unos años se llevó a cabo un festival de murales en Puerta de Tierra, un barrio de San Juan, Puerto Rico, donde vivía en ese entonces. Cada vez que bajaba por la calle San Andrés para coger la guagua, pasaba frente a uno que me gustaba. Un día lo comenté con mi vecino, y me dijo que le parecía «medio soviético». Me gustó esa observación. Ambos encontrábamos interesante la imagen perfilada en espejo, así como el paisaje plano.

Aquí les debo mencionar, a manera de salvedad, que ni a mi vecino ni a mí nos entusiasma mucho la idea de los festivales de murales que desde hace varios años han proliferado en Puerto Rico. Pero este mural nos gustaba. Luego supe por una amiga que era un mural de los MODAFOCA, colectivo de la República Dominicana. De hecho, ella tenía un sticker de ellos pegado en su computadora. Quisqueya, la isla completa, Haití y la República Dominicana como una sola, a manera de ilustración tipo dibujo animado. Eso me pareció bastante interesante.

Paso por Puerta de Tierra con regularidad y el mural sigue ahí.

El mural se titula Hermanos, como hermanos, lo que hace inevitable pensar en la hermandad antillana. El mural da a la Bahía de San Juan, y Puerta de Tierra fue desde el siglo XIX y durante gran parte del siglo XX un barrio de muelleros y gente de mar. Fue el gran puerto comercial de la capital. Hay algo de esto en el mural, el puerto como puente, con el pasado y con otros puertos en otras islas en el presente.

Contra todo pronóstico es importante poder identificar estos puentes cuando se manifiestan, aunque sea sutilmente. O sobre todo cuando es sutilmente.

Dicen que los MODAFOCA vienen de la pared, por su producción de murales, fieles a los formatos grandes. Otras fuentes dicen que vienen del diseño, que comenzaron haciendo camisetas. Tal vez sea mejor pensar que, más que del diseño, vienen de la gráfica caribeña. Estos son solo puntos de partida, pero también es interesante pensar su práctica artística desde coordenadas de intereses, miradas al contexto y los soportes. Los trabajos presentados en esta exhibición se manifiestan sobre múltiples soportes, principalmente análogos, pero también digitales.

Esta proliferación se debe a una constante experimentación con técnicas e imágenes. El colectivo MODAFOCA tiene una amplia y diversa práctica artística de casi 10 años que incluye murales, intervenciones públicas, organización de proyectos y trabajo de estudio. A esto hay que añadirle los 20 años que llevan como agencia de diseño. Toda esta producción evidencia una rica amalgama de referentes, además de un acercamiento irreverente y ecléctico desde una práctica artística anclada en el Caribe. Sus proyectos se nos muestran como ejercicios de libertad, e inclusive irreverencia.

Vista de la exposición La madera era, el tejido ido, del colectivo MODAFOCA, en el Centro Cultural de España en Santo Domingo, República Dominicana, 2024. Foto cortesía de los artistas y CCE.
Vista de la exposición La madera era, el tejido ido, del colectivo MODAFOCA, en el Centro Cultural de España en Santo Domingo, República Dominicana, 2024. Foto cortesía de los artistas y CCE.
Vista de la exposición La madera era, el tejido ido, del colectivo MODAFOCA, en el Centro Cultural de España en Santo Domingo, República Dominicana, 2024. Foto cortesía de los artistas y CCE.

Crónica II

En estas piezas encontramos pistas que señalan iconografías vernáculas de la gráfica, así como de las artes plásticas populares de la isla. La isla en su totalidad, prestando atención a los vaivenes estéticos y culturales que se dan dentro de su incómoda frontera geopolítica. Estos trabajos poseen rastros de las decoraciones de las casas de los setenta, ochenta y noventas que trascienden los confines de esta isla. Por ejemplo, también resuenan en la próxima isla hacia el este (de donde vengo), y con gran certeza dentro de toda la cuenca del Caribe. Estos espacios cotidianos han sido sin duda fuente de educación estética para muchas personas. Aquí no se le tiene miedo al color, ni al eclecticismo estético. Zonas de puro color, ritmo y sonido. Por lo general, estos espacios están acompañados por un radio o un televisor.

En nuestras islas todo va acompañado de color y sonido.

Otro elemento emblemático dentro de este paradigma es el bodegón. Este ensamblaje abunda en muchas de nuestras casas. Va desde el contenedor tal cual que contiene frutas y vegetales, flores o una combinación de todos estos, hasta su representación como objeto, por lo general en cerámica o madera, o ya bien como una pintura o un print en la pared. Con gran certeza este es el primer encuentro con un ensamblaje, aunque no lo sepamos. De igual manera, este ensamblaje en nuestras islas presenta una de las primeras adaptaciones al contexto: sus contenidos son por lo general locales y tropicales.

Cabe destacar que en estas decoraciones abunda mucha iconografía rural. A pesar de todo el cemento vertido, el campo siempre está presente. De maneras a veces contradictorias, hay percepciones del campo como origen, que en parte lo es, pero también hay mucha nostalgia construida alrededor de esta instancia. Si se es honesto y se evita un acercamiento de romantización, no hay que tener problema con esto; el campo y el campesinado continúa siendo un espacio desde donde se genera mucho conocimiento.

También es cierto que es un espacio amenazado y que sus pobladores han sido menospreciados por los discursos y las promesas de la modernidad.

Vista de la exposición La madera era, el tejido ido, del colectivo MODAFOCA, en el Centro Cultural de España en Santo Domingo, República Dominicana, 2024. Foto cortesía de los artistas y CCE.

Crónica III

En la formación de MODAFOCA hay muchos guiños a los lenguajes gráficos del pop indie de los noventa y comienzo de los dos miles, ligado al ethos del DIY (hágalo usted mismo) de la época. Algo interesante de esto es que en nuestros lares estas estéticas y sus sonidos, provenientes de las grandes urbes y la nueva globalización, llegaron filtradas y sazonadas por la bachata, la salsa y el reggaetón. Hace veinte años los lenguajes estéticos de las bancas y el rave se entrecruzaron en Santo Domingo.

Crónica IV

En La madera era, el tejido ido, se trabajan varios tiempos, los tiempos de la isla. Desde el mismo título, se presenta una especie de zig zag formal y de contenido. Hay una propuesta pícara con relación a su conjugación verbal, que suena casi a cuento popular. Algo interesante de nuestros contextos isleños es que constantemente se entrecruzan tiempos diversos. El campo, la costa y la ciudad convergen, en momentos de manera casi simultánea. Me gusta enmarcar esto dentro del registro de ritmos. No es que el campo se nos presente como una alternativa más pausada a la ciudad, sino como un espacio con su particular cacofonía. Propongo pensar estos ritmos como formas y tiempos de trabajar y habitar un lugar, así como contenedores de memorias.

Estos trabajos proponen una síntesis de tiempos y ritmos variados, y cómo a partir de estos se pueden establecer maneras de hacer sentido al contexto isleño. También en estos ritmos hay trazos de melancolía y, a ratos, hasta nostalgia.

En nuestras islas las cosas están cambiando bien rápido; el devenir económico va borrando prácticas, saberes y, sobre todo, formas de estar. Todavía en este ir y venir hay un rastro de lo que fue, y lo que, a pesar de todo, todavía es. No tenemos certeza si será por mucho tiempo, por eso es necesario prestar atención.

En esta exhibición, y en su práctica de estudio, MODAFOCA incorpora múltiples oficios de la isla.

Prácticas artesanales han sido integradas a sus piezas y metodologías de trabajo. Madera criolla como la jequitibá son trabajadas por ebanistas para ser componentes claves en varias de las piezas presentadas, o sirven de soporte para pinturas.

Múltiples tejidos están presentes, contribuyendo a un trabajo de recuperación de oficios y técnicas.

MODAFOCA también presenta una particular cacofonía. Tejidos de palma de guano y palma real realizados por una comunidad de tejedoras de Santiago Rodríguez, que a su vez son intervenidos por MODAFOCA, convergen con experimentos de hilo de algodón sobre papeles hechos a mano con fibras locales. Asimismo, hay unas piezas tejidas tipo alfombra, confeccionadas por ellos en su estudio, inspiradas en textiles hechos en Nicaragua, donde Jorge nació.

Hay trabajos sobre sacos de productos agrícolas importados a la isla desde las Filipinas, extendiendo el arco tropical más allá de los confines del Caribe. Por último, está presente un tríptico tejido industrialmente desde un archivo digital. En este contexto la recuperación no es fija, sino que es un proyecto vivo en relación con prácticas diversas y pensamiento desde el presente.

Vista de la exposición La madera era, el tejido ido, del colectivo MODAFOCA, en el Centro Cultural de España en Santo Domingo, República Dominicana, 2024. Foto cortesía de los artistas y CCE.

Crónica V

CARPINTEROS

Hace pocos años visité por primera vez la República Dominicana. Caminando mi primera mañana por la Zona Colonial llegué al Monumento a Fray Antonio de Montesinos; quería ver directamente el Mar Caribe. Justo al lado de unos de los fragmentos de muralla, que todavía se asoman en la Zona, aparece un pájaro carpintero de La Española (Melanerpes striatus). Es el primero que veo, valga la redundancia. Vuela hasta la muralla, caza un lagartijo, lo golpea contra el muro varias veces y se va volando con este en su pico. El carpintero de La Española es más grande que su primo el carpintero puertorriqueño (Melanerpes portoricensis), ambos endémicos dentro de sus respectivos contextos: Haití y República Dominicana uno, Puerto Rico y Vieques el otro. Llevo años prestando atención al carpintero puertorriqueño, así que me emocionó bastante ver el de La Española. Ambos habitan casi todo el territorio de sus respectivas islas, situación que ofrece una invitación a la metáfora. La experiencia de estas aves podría ser modelo para habitar nuestras islas desde otros ritmos y tiempos.

[En una nota aparte, el carpintero puertorriqueño fue nuestra ave nacional por un tiempo. Estas cosas siempre traen controversia. Primero lo fue el pitirre (Tyrannus dominicensis). Pero su carga política de izquierda (esta ave está asociada al movimiento por la independencia de la isla), el no ser endémico, además de su nombre científico (Tyrannus dominicensis lo hace nominalmente dominicano) hicieron que se le quitara esa distinción. Ahí entra el carpintero, que justo fue desplazado por el San Pedrito (Todus borinquensis, antes conocido como Todus mexicanus). Hubo una gran campaña por cambiar primero su nombre. Esta ave es endémica de Puerto Rico, pero en 1838 el francés René Lesson le puso el mexicanus por error; pensaba que el espécimen fue recolectado en México, y así se ha quedado casi hasta ahora. Asimismo, designó también por error Todus portoricensis a un Todus proveniente de Cuba. Todo esto ha traído una confusión que ha durado más de un siglo. A leguas es explícita la situación de que muchas de nuestras crisis son culpa de siglos de nomenclaturas mal hechas e impuestas]

Tanto el carpintero de La Española como el carpintero antillano (Nesoctites micromegas, también endémico) viven en toda la isla. Para estas aves la frontera terrestre no existe. Les es igual la costa, el campo y la ciudad. A pesar de todo, siguen aquí, testigos milenarios, siendo para nosotros, que igual habitamos estas islas, un buen modelo de síntesis de muchas cosas. Desde la metáfora es posible imaginar y aprender bastante.

Detalle de obra de la exposición La madera era, el tejido ido, del colectivo MODAFOCA, en el Centro Cultural de España en Santo Domingo, República Dominicana, 2024. Foto cortesía de los artistas y CCE.
Detalle de obra de la exposición La madera era, el tejido ido, del colectivo MODAFOCA, en el Centro Cultural de España en Santo Domingo, República Dominicana, 2024. Foto cortesía de los artistas y CCE.

La madera era, el tejido ido, del colectivo MODAFOCA, se presentó del 11 de octubre al 10 de noviembre de 2024 en el Centro Cultural de España en Santo Domingo, República Dominicana. En colaboración con Lucy García Gallery.

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