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RESIDENCIAS SACO CONECTAN A ARTISTAS LATINOAMERICANOS CON EL DESIERTO DE ATACAMA

Por Karen Alfaro y Angelo Salinas

Entre marzo y agosto de este año, diez artistas provenientes de Brasil, Chile, Colombia, Argentina, Paraguay y El Salvador llegaron a la región de Antofagasta para desarrollar proyectos de investigación que fusionan las artes con diversas disciplinas del conocimiento, como parte del programa de residencias 2024 organizado por la Bienal de Arte Contemporáneo SACO.

Durante su estadía de un mes en el Instituto Superior Latinoamericano de Arte (ISLA), sede de SACO en la ciudad de Antofagasta, los participantes realizaron un extenso trabajo de campo, explorando la riqueza del paisaje y la cultura de la región bajo la guía de expertos locales vinculados a las áreas de investigación de la residencia: Migración; Geología; Antropología y Arqueología; Microbiología; y Astronomía.

Intervención de Belén Rodríguez, Antofagasta, Chile, 2024. Cortesía de la artista

Belén Rodríguez, Calvario in-visible, intervención site-specific con tubos de PVC, Antofagasta, 2024. Cortesía de la artista

Barrio Transitorio La Chimba, Antofagasta, Chile, 2024. Foto: Belén Rodríguez
Barrio Transitorio La Chimba, Antofagasta, Chile, 2024. Foto: Belén Rodríguez

MIGRACIÓN

Las artistas Belén Rodríguez (Paraguay) y Salomé Restrepo (Colombia), seleccionadas para realizar la residencia enfocada en la Migración durante marzo, participaron en reuniones con expertos e instituciones que trabajan con las comunidades migrantes, como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), que les ayudaron a definir y orientar sus investigaciones.

Además, visitaron el macro campamento Los Arenales, donde dialogaron con sus dirigentes, Jessica Marín y Elizabeth Andrade, esta última galardonada con el Premio Nacional de Derechos Humanos en 2022. Durante su recorrido, las artistas conocieron de primera mano las problemáticas que enfrentan las comunidades migrantes y los logros alcanzados por la Corporación Rompiendo Barreras en su lucha por el bienestar de sus habitantes.

Belén desarrolló el proyecto Violencia de género en el contexto migratorio de la frontera norte de Chile, que culminó en la performance Calvario in-visible. En esta acción, la artista utilizó tubos de PVC pintados de rojo para construir una estructura desarmable que simbolizaba un hogar en constante transformación. Con «la casa a cuestas», recorrió la ciudad de Antofagasta de sur a norte, ensamblándola en diferentes puntos hasta finalmente instalarla en un asentamiento informal recientemente desalojado.

Para Belén, esta experiencia le permitió explorar nuevas dimensiones en su práctica artística: “Nunca había trabajado desde una perspectiva migratoria. Esta residencia me llevó a empaparme de los espacios, las historias y los intercambios con mujeres migrantes”. La artista destacó la riqueza de cada relato, así como la valentía y resiliencia de estas mujeres frente a las distintas formas de violencia de género que enfrentan durante su travesía migratoria.

Salomé Restrepo, Des-habitar, performance originado en La Chimba, Antofagasta, Chile, 2024. Cortesía: SACO
Salomé Restrepo, Des-habitar, performance originado en La Chimba, Antofagasta, Chile, 2024. Cortesía de la artista

Por su parte, Salomé desarrolló el proyecto Des-habitar, que entrelaza migración, multiculturalidad, la acción de caminar, la materia prima y las nuevas fronteras. Su investigación derivó en una intervención performática en la que caminó por la ciudad recolectando objetos, especialmente juguetes, dejados por familias desalojadas. Luego, regresó a los sitios donde los había encontrado para reflexionar sobre la difícil tarea de encontrar un espacio como migrante.

“La performance comenzó desde mi segunda semana en Antofagasta, cuando, junto a Belén, recorrimos La Chimba durante horas. En una montaña cercana me llamaron la atención unas tomas que habían sido desalojadas con retroexcavadoras, y encontré lo que parecía una instalación natural: tres llantas y una cama. Esa imagen fue el punto de partida para mi proceso”, explicó Salomé. La acción final tuvo lugar el Viernes Santo, en la que la artista caminó más de 14 horas vestida de blanco y cargando una tabla con objetos colgando sobre su hombro, evocando el Vía Crucis bíblico. “Quería expresar, a través de mi cuerpo, lo que significa migrar y cargar con el peso de las pertenencias”, añadió.

Salomé describió el recorrido por el macro campamento Los Arenales como «un viaje visual por América Latina». Para ella, cada calle, nombrada con el nombre de una flor, y los carteles que señalaban el lugar como un espacio de encuentro y pertenencia, creaban una sensación de comunidad, «una pequeña ciudad dentro de la ciudad, un oasis en medio del desierto».

Caminar por las montañas de arena, donde los residentes luchaban por hacerse visibles, la llevó a reflexionar sobre el papel de los artistas en la sociedad. La experiencia en Los Arenales fue tanto impactante como conmovedora, especialmente por la presencia de Elizabeth Andrade. Lo que más impresionó a Restrepo fue el hecho de que «son mujeres quienes lideran este proyecto de vivienda digna”.

Salar en San Pedro de Atacama, norte de Chile, 2024. Foto: Isidora Correa

GEOLOGÍA

En abril, los seleccionados en la línea de Geología, la artista visual Isidora Correa y el curador Pedro Donoso, ambos chilenos, comenzaron su residencia con un recorrido por el Museo Ruinas de Huanchaca junto al curador Julio Rojas. También se reunieron con Ingrid Garcés del Centro Regional de Estudios y Educación Ambiental (CREA) para discutir sus proyectos de investigación y compartieron una mañana con Eduardo Campos, director de la Escuela de Geología de la Universidad Católica del Norte (UCN). Además, visitaron el Museo de Geología, donde conversaron con el geólogo Guillermo Chong.

La investigación de Isidora se centró en el mineral de litio y la recolección de rastros de impacto antropogénico en el ecosistema del Salar de Atacama, con un enfoque en energías renovables. Para ello, visitó San Pedro de Atacama y Peine, recolectando muestras del salar y creando moldes de yeso que le permitieron estudiar más a fondo el comportamiento de los micro ecosistemas presentes en la región.

“Mi investigación consistió en poner atención al patrimonio mineral y biológico que se encuentra en el Salar de Atacama y que convive con la extracción del litio a través de las salmueras. He estado investigando en ese lugar, recorriendo de norte a sur las lagunas y zonas de extracción minera”, explicó.

Isidora Correa durante su residencia enfocada en la Geología. Foto: SACO

Pedro Donoso valoró su contacto con especialistas en geología y mineralogía, que le ofreció una nueva perspectiva sobre el «tiempo profundo», asociado a los grandes procesos del territorio planetario. Destacó que las visitas a lugares como La Chimba, Baquedano, Coloso y Chuquicamata le dieron a la residencia un sentido único.

Su motivación principal para investigar el desierto es la crisis climática y la progresiva desertificación de Chile. “La explotación minera del desierto ha sostenido las arcas del Estado y es un registro de la evolución del capital extranjero en la economía global. Hoy, el cobre y el litio cumplen esa función, repartiendo fragmentos de montañas y salares por el mundo”, explicó.

Su investigación se centró en los yacimientos mineros de Chuquicamata, Chacabuco y Pedro de Valdivia, con un enfoque patrimonial en las cronologías posibles de estos territorios. “La residencia me ha permitido visitar lugares clave para mi tesis doctoral y mi investigación sobre paisajes posthumanos en relación con el antropoceno y la acción humana”, concluyó.

Durante su estadía, Donoso dictó la charla ¿Cómo curar un desierto? en la Escuela de Periodismo de la UCN, en la que contextualizó lo que significa ser curador, la evolución de su rol y cómo este trabajo se relaciona con una función ampliada del sentido social del arte como forma de conocimiento colectivo.

Como última actividad, Isidora y Pedro visitaron el laboratorio del Centro de Investigación, Desarrollo e Innovación en Baterías de Litio, Lithium I+D+i UCN, donde, junto a Andrea Jara, observaron muestras de bacterias que ayudan a separar cobalto y litio de las baterías en desuso.

Melissa Guevara durante su taller en la residencia de Antropología y Arqueología, Antofagasta, Chile, 2024. Foto: Verónica Moreno
Melissa Guevara durante su taller en la residencia de Antropología y Arqueología, Antofagasta, Chile, 2024. Foto: Verónica Moreno
Aldea de Tulor, el sitio arqueológico más antiguo del norte de Chile, San Pedro de Atacama.
Aldea de Tulor, el sitio arqueológico más antiguo del norte de Chile, San Pedro de Atacama.

ANTROPOLOGÍA Y ARQUEOLOGÍA

En mayo, la Bienal SACO recibió a las artistas Melissa Guevara (El Salvador) y Alejandra Montiel (Argentina), en la línea de Antropología y Arqueología, y a Catalina Reyes (Chile) y Sebastián Guzmán (Colombia) en Microbiología. Mientras Melissa y Alejandra residieron en San Pedro de Atacama, se beneficiaron del acompañamiento de Arturo Torres, del Instituto de Investigaciones Arqueológicas, y Verónica Moreno, coordinadora del centro de residencias La Tintorera, quienes las guiaron en su exploración del territorio y la comunidad. Ambas artistas participaron en actividades como como la quema de cerámica, jornadas de bordado al Manto terrestre y un taller de pigmentos naturales.

“Creo que una de las conexiones más hermosas que hemos experimentado es llegar a La Tintorera. Vero es un repositorio de información, de vida, de experiencia. Es un lugar realmente hermoso y para generar redes, como un lazo entre mundos”, dijo Melissa.

Mediante la exploración de vestigios del pasado, la artista y ceramista se propuso investigar la arqueología emocional. Su enfoque inicial era la intersección entre lo formal y cuantitativo de la ciencia, para desde allí formular interrogantes sobre lo experiencial. Sin embargo, su perspectiva cambió durante la residencia. “Comencé con dos premisas: ‘la nada no es sinónimo de desierto’ y ‘la arqueología emocional’, pero la investigación evolucionó hacia nuevas perspectivas más vinculadas a este último concepto”, explicó.

Melissa destacó que, aunque su proyecto comenzó centrado en el territorio—la tierra, la arcilla y las marcas en el espacio—pronto se transformó al incorporar las experiencias de vida de las personas que conoció. Para la artista, la presencia del factor humano, que inicialmente parecía prácticamente ausente, comenzó a emerger en medio del paisaje desértico. Visitó Tulor, el sitio arqueológico más antiguo del norte de Chile, habitado alrededor del 2800 a.C. y actualmente enterrado por la arena, lo que le permitió recopilar datos para desarrollar el concepto de hogar simbólico.

Performance de Alejandra Montiel, residente SACO 2024. Cortesía de la artista

Alejandra Montiel, quien investiga el cuerpo como primer territorio, llegó a San Pedro de Atacama para estudiar los asentamientos informales y el desarrollo de viviendas. Su propuesta evolucionó al habitar la zona y participar en conversaciones con la comunidad local, lo que le permitió comprender mejor las condiciones económicas y los flujos migratorios. A medida que conoció a más personas, su percepción de una comunidad pequeña se transformó en una visión más amplia y compleja, caracterizada por grandes asentamientos y colaboración vecinal.

Como parte de su trabajo enfocado en la recopilación de relatos sobre la autoconstrucción del hogar, presentó un video de una performance grabada en diversos espacios habitacionales de la localidad. En él, la observamos acostada dentro de un círculo dibujado en el suelo, representando las problemáticas que enfrentan las comunidades en relación con sus condiciones de vida. Alejandra destacó la importancia de las conversaciones con Verónica Moreno, quien actúa como vínculo entre la comunidad y los artistas en residencia.

Parte de la residencia Microbiología 2024. Cortesía: Bienal SACO
Los extremófilos del desierto de Atacama son resistentes a muy baja humedad, alta salinidad, temperaturas extremas y a la zona de mayor radiación del planeta. Imagen del residente Sebastián Guzmán

MICROBIOLOGÍA

En la línea de Microbiología, el trabajo de campo permitió que tanto Catalina Reyes como Sebastián Guzmán exploraran nuevas posibilidades y encontraran temas comunes en sus investigaciones.

Catalina llegó a la residencia con la pregunta de cómo integrar el entorno de Antofagasta en su proceso fotográfico. Gracias a la flexibilidad del proyecto y a las conversaciones con académicos de la Universidad de Antofagasta, decidió experimentar con microalgas específicas, que la institución le proporcionó generosamente para su revelado de negativos. Su proyecto también incluye imágenes capturadas en zonas industriales vinculadas a la extracción minera y áreas consideradas zonas de sacrificio.

“Veo este territorio como un espacio de resistencia, similar a la forma en que las microalgas sobreviven en condiciones extremas en el desierto”, comentó. Catalina destacó la importancia del contacto con expertos regionales, señalando que, sin la experiencia de la residencia SACO, no habría logrado tantas conexiones simultáneamente, lo que enriqueció su investigación.

Sebastián Guzmán y Catalina Reyes durante su residencia centrada en la microbiología, Antofagasta, Chile, 2024. Cortesía: SACO

Sebastián, por su parte, centró su investigación en tres líneas: la vida de los extremófilos y su relación con la humanidad; el agua como elemento discursivo para abordar modelos extractivistas en el desierto; y la noción de progreso ligada al extractivismo y su impacto en el paisaje. Para ello, trabajó con extremófilos desde la fotografía, el video y un libro de artista, estableciendo líneas narrativas en los resultantes ensayos visuales y objetuales. “El desierto de Atacama ofrece oportunidades únicas para estudiar arqueología, cosmovisiones, el origen del universo, la vida de extremófilos y el desarrollo industrial, desde las salitreras hasta las minas de cobre y litio”, precisó Guzmán. 

Observatorio ALMA, San Pedro de Atacama, Antofagasta, 2024. Foto cortesía de SACO

ASTRONOMÍA

En agosto, Luisa Ordoñez (Colombia) y Ursula Tautz (Brasil) tuvieron la oportunidad de visitar dos de los principales observatorios del hemisferio sur, gracias a una colaboración con el Observatorio Europeo Austral (ESO) en Chile: Cerro Paranal y ALMA, este último considerado el proyecto astronómico más grande del mundo. Esta es la primera vez que residentes de la Bienal SACO son recibidos en este observatorio.

La obra de Tautz examina la materia oscura y las constelaciones, incluyendo las ondas de radio que emiten. “Mi investigación busca formas de mirar más allá de las imágenes que se nos ofrecen en nuestra existencia ordinaria. Me refiero, por supuesto, a imágenes en un sentido figurativo. Pensar que el mundo puede moldearse de otra manera, que la existencia puede tomar otros caminos, reflexionar sobre lo oscuro, el revés, el desajuste y lo inverso, es abrir otro tiempo. Para ejercer esta mirada, intento perfilar este vacío y dar horizonte a un nuevo paisaje. Por eso miro al cielo, donde el vacío da forma a las cosas, y así busco otro tiempo”, explicó.

¿Por qué miramos al cielo?
Aquí, en la aridez de la tierra, se aprende rápidamente a dar horizonte al paisaje seco.
Mirar al cielo. El hombre es el único animal que mira al cielo.
El viento frío y la tierra seca le desgarran el rostro,
revelan visiones inimaginables en la mejor atmósfera del planeta,
y los hombres con sus linternas láser crean estrellas artificiales,
en un intento de medir los años luz
para mantener el tiempo en su ausencia.
Y armados con rayos ultravioleta
van a pescar en nebulosas que habitan ríos de estrellas
escuchando en forma de ondas
las constelaciones oscuras.

—Ursula Tautz

Luisa Ordoñez. Intervención efímera en el Hito al Trópico de Capricornio, un monumento situado a 28 km al norte de Antofagasta, Chile, 2024. Cortesía de la artista
Luisa Ordoñez. Intervención efímera en el Hito al Trópico de Capricornio, un monumento situado a 28 km al norte de Antofagasta, Chile, 2024. Cortesía de la artista

Por su parte, Luisa investigó las líneas de los trópicos y las incógnitas asociadas al trazado de estos paralelos. Interesada por la astronomía esférica, las constelaciones y los equinoccios, propone que el Trópico de Capricornio, ubicado en Antofagasta, sería en realidad el de Sagitario.

“El proyecto que desarrollé se centra en el estudio de la línea de Capricornio y su relación con la constelación del mismo nombre. Este nombre, dado a los trópicos en la antigüedad clásica, ha cambiado debido a la precesión de los equinoccios. Esto significa que el solsticio de diciembre que ocurre en la constelación de Capricornio ya no se mantiene, y, técnicamente, deberíamos llamarlo el Trópico de Sagitario, según la posición del sol”, explicó la artista.

Es así como Luisa realiza una intervención efímera en el Hito al Trópico de Capricornio, un monumento situado a 28 km al norte de Antofagasta. Considerándolo una suerte de ruina del siglo XX, Luisa adhiere carteles elaborados con materiales orgánicos que ocupan el espacio vacío dejado por las placas de bronce extraviadas de la construcción. Este gesto reconfigura el monumento, situándolo en la presente era de Sagitario y en el misterio insondable de la futura era de Ofiuco, al tiempo que establece un diálogo entre lo patrimonial y los lenguajes y prácticas del arte urbano.

“Los robos de las placas son la reminiscencia de un futuro hipotético en el que nuestras construcciones semánticas están ausentes pero nuestros hitos monumentales permanecen, ruinosos, como contenedores de palabras y conocimientos perdidos. Los rectángulos y los esquineros vacíos son un espacio disponible que permite, a quien quiera hacerlo, dotar al monumento de nuevos sentidos”, explica la artista.

¿Habrá entonces alguien que recuerde los nombres de nuestras constelaciones? ¿Habrá alguien que pueda celebrar el cambio de era? ¿Será, después de todo, un tiempo de sanación? 
—Luisa Ordoñez
Luisa Ordoñez y participantes de su taller Dos líneas, muchos trópicos: La Tierra y la consideración poética del lugar que ocupamos en ella, 2024. Cortesía: SACO
Luisa Ordoñez y participantes de su taller Dos líneas, muchos trópicos: La Tierra y la consideración poética del lugar que ocupamos en ella, 2024. Cortesía: SACO

Luisa guio el taller Dos líneas, muchos trópicos: La Tierra y la consideración poética del lugar que ocupamos en ella, donde profundizó en las relaciones humanas y su semejanza con las constelaciones. Mediante una madeja de lana y roca, los participantes fueron “tejiendo” estos grupos de estrellas. La instancia contó con la colaboración del Consulado de Colombia en Antofagasta y la participación del astrofísico Danilo González.

Los talleres y charlas impartidos por los participantes de la residencia se realizaron como parte de una retribución, alineados con los lineamientos de SACO y su programa Escuela sin escuela, cuyo objetivo es impulsar y fomentar el desarrollo artístico en la región. A través de estas y otras iniciativas, SACO reafirma su propósito de posicionar al Desierto de Atacama como un terreno fértil para la creación e investigación artística, destacando la diversidad y riqueza del territorio y conectándolo con creadores de todo el mundo.

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