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TODA OPORTUNIDAD

Las ficciones sobre el futuro arriesgan una falta de correspondencia con el devenir de la historia, cuestión presente desde los inicios de este género y extrapolada por su faceta cinematográfica a lo largo del siglo XX. Si bien muchas veces este tipo de enfoque resulta inverosímil a la hora de tomar en cuenta las características que adquiere el futuro con el correr de los años, no ocurre lo mismo respecto a su contexto de producción. Esto se debe a que existe una incertidumbre intrínseca a cada época que gobierna como una bruma aquello que concebimos como lo venidero. Si consideramos este vínculo contractual entre presente y futuro dentro de los enunciados y modos de creación contemporáneos, Regar la grieta de Diego Silva, Florencia Varela y Felipe Pineda representa una línea divergente en torno a las posibilidades que alimentan los modos de imaginar el futuro.

Desde hace algunas décadas, los escenarios realistas que delinean el desarrollo de las sociedades industriales a propósito del mañana han optado por la distopía como su versión más ajustada al horizonte de las actuales condiciones planetarias. Una visión pesimista del porvenir allegada al avance sin retorno de un necro-capitalismo que promueve persistentemente inestabilidades de carácter crónico: desequilibrio de poder, corrupción ética, inequidad social, degradación medioambiental, entre otros efectos conectados internamente entre sí. Estos cristalizan en su conjunto la idea anti utópica de un futuro perdido. Sin embargo, frente a los estragos de lo inevitable es la propia naturaleza la que revela a contracorriente su potencia múltiple y regenerativa.

Considerando este estado de las cosas, la responsabilidad de las ideas como acción y la transformación de las conductas sociales deben necesariamente encaminarse hacia un nuevo tipo de diálogo entre naturaleza y tecnología. No como una cadena de producción unidireccional que va desde la extracción de materias primas hasta la acumulación de desechos industriales: esta secuencia debe dar paso a un encuentro integrado de las partes que componen la producción en masa con el fin de generar un orden orgánico de relaciones interdependientes.

La crisis permanente requiere de aparatos prácticos y simbólicos ubicados en las macro y microestructuras que engloban la red de relaciones que nos rigen. Dentro de este contexto, el arte es una esfera discursiva susceptible a la amplificación de discursos cruciales que resuenan cada vez con más fuerza (recordemos las recientes protestas de Just Stop Oil en importantes museos del mundo).

«Regar la grieta», exposición de Diego Silva, Florencia Varela y Felipe Pineda, CC Montecarmelo, Santiago, 2024. Foto: Jimena Carolina
«Regar la grieta», exposición de Diego Silva, Florencia Varela y Felipe Pineda, CC Montecarmelo, Santiago, 2024. Foto: Lilian Peromarta
«Regar la grieta», exposición de Diego Silva, Florencia Varela y Felipe Pineda, CC Montecarmelo, Santiago, 2024. Foto: Jimena Carolina
«Regar la grieta», exposición de Diego Silva, Florencia Varela y Felipe Pineda, CC Montecarmelo, Santiago, 2024. Foto: Jimena Carolina

En este sentido, Regar la grieta es una exposición partícipe de las circunstancias del presente, que propone un cruce de elementos operativos y simbólicos en torno a la sequía que afecta a comunidades y ecosistemas tanto en Chile como en el mundo. Consiste en una obra que aúna sinérgicamente el trabajo colectivo de tres artistas, dispuesta como puente entre un espacio de visibilización y eventos que ocurren de forma paralela a la muestra. De este modo, más que prefigurar las catastróficas versiones del futuro, optimiza el aquí y ahora de la obra para pensar destinos alternativos que escapan a la apropiación y explotación natural ocasionada por el ser humano. En otras palabras, propicia el contacto entre las formas de vida orgánicas y el desarrollo de la técnica, prescindiendo incluso de la propia intervención humana.

La exposición se compone de procesos y técnicas de orígenes disímiles, articuladas en dos segmentos que cohabitan en el espacio. En ambos podemos reconocer la idea de latencia vinculada a semillas que esperan las condiciones adecuadas para su germinación. Por una parte, en forma de gotas que caen del cielo hechas de tierra y arcilla (antítesis metafórica del agotamiento de los recursos hídricos); y por otra, a través de tres cuencos de cerámica que también contienen tierra y arcilla, sostenidos por estructuras de metal.

En ambas piezas, la presencia o ausencia del agua es un factor determinante para el desarrollo de las semillas que albergan silenciosamente en su interior. En el caso de los cuencos, estos además son receptores de aparatos vibratorios que generan rangos de movimiento de acuerdo con información térmica específica, extraída de tres localidades chilenas que experimentan sequías por causas ligadas a la explotación de recursos naturales: Petorca, Chillán y Copiapó.

«Regar la grieta», exposición de Diego Silva, Florencia Varela y Felipe Pineda, CC Montecarmelo, Santiago, 2024. Foto: Jimena Carolina
«Regar la grieta», exposición de Diego Silva, Florencia Varela y Felipe Pineda, CC Montecarmelo, Santiago, 2024. Foto: Jimena Carolina

La esperanza humana no encuentra su capacidad transformadora dentro de las dinámicas de aceleración mercantil y consumo exacerbado orientadas por la era del post-capitalismo. Incluso en su dimensión más comprometida está lejos de apuntar a los fundamentos estructurales detonantes del creciente colapso medioambiental, limitándose a alentar prácticas complacientes que buscan la satisfacción de una conciencia moral colectiva por sobre un impacto concreto en los ecosistemas hoy en día amenazados.

La crisis climática nace de un tipo de relación con la naturaleza que concibe a esta última como un medio disponible para los fines humanos, obliterando sus formas adecuadas de preservación hasta el punto del agotamiento y la extinción definitiva. Regar la grieta propone el arte como escenario para transformar estos principios sistémicos y desajustar las lógicas de expoliación medioambiental, afirmando de paso el sentido global que debe guiar la construcción de nuevos futuros posibles, a partir de la puesta en marcha de toda oportunidad en el presente.


Regar la grieta de Diego Silva, Florencia Varela y Felipe Pineda se presentó en la Sala Bob Borowicz del Centro Cultural Montecarmelo (Santiago) del 10 de abril al 16 de mayo de 2024.

Diego Maureira

Santiago de Chile, 1989. Licenciado y Magíster en Teoría e Historia del Arte de la Universidad de Chile. Es docente en el Instituto de Arte de la Universidad Católica de Valparaíso. Ha publicado ensayos e investigaciones ligadas al arte chileno de las últimas décadas en editoriales como Metales Pesados, LOM y la Facultad de Artes de la U. de Chile. Es curador y forma parte del equipo del Departamento de Estudio de los Medios (www.dem.cl).

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