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MENA GUERRERO: VOLCANES, MANGOS Y AMOR

Por Emanuele Zoppellari Perale

En Volcanes, mangos y amor, la primera exposición individual de Mena Guerrero, la artista transdisciplinaria guatemalteca explora sus raíces culturales y paisaje nacional en una investigación tanto lúdica como misteriosa.

El espacio expositivo de La ERRE, creado a partir de una bodega rescatada y un tanto desbordada en el barrio de moda de zona 4 en Ciudad de Guatemala, presenta una impresionante cantidad de obras en diferentes medios, desde pinturas al óleo o acrílico sobre grandes lienzos, hasta instalaciones de gran escala, pequeños dibujos en tinta y trabajos cerámicos.

Como lo sugiere el título, dos temas se repiten a lo largo de la exhibición: volcanes y mangos, símbolos de la provocadora sensualidad frutal y las asombrosas majestuosidades de la naturaleza guatemalteca. Sin embargo, la exhibición es más que una simple celebración de la tierra natal de la artista: Volcanes, mangos y amor no es ni sentimental e ingenua, ni tampoco impertinente y autoindulgente.

En cambio, la exhibición parece trabajar con dos principios básicos (aunque en sí mismos extremadamente refinados): mise en abyme y repetición. Empecemos por este último.

Vista de «Volcanes, mangos y amor», de Mena Guerrero, La ERRE, Guatelamal, 2024. Foto cortesía de La ERRE.

Mena Guerrero trabaja obsesivamente tres motivos: volcanes, mangos y piernas humanas desnudas. En sus obras, estos existen abiertamente en una relación surrealista metafórica y sustitutiva con los órganos sexuales, o la sexualidad per se, un proceso que por momentos es indudablemente obvio, y en otros, genuinamente inquietante y extraño.

Las erupciones volcánicas y la voluptuosidad de la fruta tropical son correlativos eróticos evidentes. Por lo tanto, Mena Guerrero juega con asociaciones lingüísticas y prelingüísticas inconscientes, ambas universales y profundamente arraigadas en su tierra natal, agotando la obviedad y simpleza de asociaciones simbólicas con la pura fuerza de la repetición.

Un buen ejemplo puede ser la pared blanca cubierta con pequeñas pinturas, casi en estricta complacencia con un impelente sentido de horror vacui. Aquí, las interacciones y combinaciones de los invitantes mangos, volcanes palpitantes y extrañas criaturas humanoides crean una narrativa única sumamente original.

Lo más convincente de ellos, considerados en conjunto, es la consistencia con la que estos tres motivos figurativos son explorados en sí mismos, creando un abismal número de variaciones temáticas y formales, a menudo existiendo una dentro de la otra (como la forma volcánica que uno ve entre las piernas unidas en Célula de piernitas rojas infinitas, o en Piernas I y II).

Estas variaciones son en sí tomadas como un tema, como podemos ver en el mise en abyme de pinturas que han sido referenciadas y reproducidas dentro de otras pinturas en la exhibición (podría ser que la ocasión más impactante fuese el gran y casi abstracto Volcán rojo en la pared opuesta a la entrada de La ERRE, recreada dentro de la metafísica Piernas, mangos y volcán).

Mena Guerrero, «Volcán Rojo», «Intercambio de mangos y piernas I y II». La ERRE, Guatemala, 2024. Foto cortesía de La ERRE.
Mena Guerrero, «Célula de piernitas rojas infinitas», 2024. Óleo pastel sobre papel kraft, 23 x 30.5 cm. Foto cortesía de La ERRE.

La artista invita a su audiencia a entrar en diferentes niveles de experiencia, envueltos en y entrelazados los unos con los otros. De hecho, los lienzos dentro de lienzos parecen suscitar una reflexión sobre la mirada, el arte y nuestra experiencia de este.

Mena Guerrero pareciera querer que veamos sus obras y regocijemos. Incluso las escenas más estremecedoras (como Amor al mango, una de las pinturas de doble cara en papel, donde un hombre y una mujer con lenguas que asemejan a las de una lagartija besan la fruta) están magistralmente equilibradas con su audaz e irreverente uso del color.

O, por ejemplo, las Células volcánicas en la íntima habitación rosa, un políptico que consiste en 110 lienzos cuadrados, cada uno mostrando una variedad de volcanes, cada uno con su propia combinación de colores.

En Universo Volcán, la entereza es algo más que la suma de sus partes, y algo distinto que va aún más allá de eso. Tomados en su totalidad, así como fueron concebidas y se muestran, las células evocan los patrones geométricos y cromáticos de los textiles y decoraciones tradicionales guatemaltecos, pero de nuevo, estas no son más que el producto de una aplicación industriosa a la exploración de una forma elemental y todas sus posibles manifestaciones sensibles.

Vista de «Volcanes, mangos y amor», de Mena Guerrero, La ERRE, Guatemala, 2024. Foto cortesía de La ERRE.
Mena Guerrero, «Células Volcánicas», 2023-2024. Acrílico sobre lienzo, 110 x 115.5 cm. Foto cortesía de La ERRE.
Mena Guerrero, «Piernas, mangos y volcán», 2024. Acrílico y barra de óleo sobre lienzo, 170 x 150 cm. Foto cortesía de La ERRE.
Mena Guerrero, Amor al mango, 2024. Óleo pastel sobre papel kraft, 60 x 68.5 cm. Foto cortesía de La ERRE.
Mena Guerrero, «Amor al mango», 2024. Óleo pastel sobre papel kraft, 60 x 68.5 cm. Foto cortesía de La ERRE.

Los sensorial (y no sólo lo sensual) es de hecho otro aspecto importante. Como la misma artista mencionó, algunas ideas que la llevaron a Volcanes, mangos y amor se desarrollaron a partir de su interés en los fluidos, y, más específicamente, de una reflexión sobre la experiencia sensual y sensorial de comerse el mango en sí.

Por un lado, los tres temas principales — mangos, volcanes y piernas — se revelan como el desarrollo narrativo de algunos de los elementos más básicos del diseño y la geometría, respectivamente: la línea curva (o el círculo), el ángulo (o el triángulo) y la línea recta. Por el otro, la artista quiere que experimentemos algunas de sus obras a un nivel somático en vez de uno solamente visual.

Por ello, los volcanes gigantes de papel (nombrados significativamente Vida, Muerte y Deseo) instalados en el medio del espacio expositivo, coronados con incensarios llenos de mirra e incienso que se queman sin cesar, llenan el aire con la memoria olfativa de las procesiones religiosas. O los pequeños Volcancitos cerámicos, que invitan a la audiencia a introducirles una “estrellita” y prenderla para pedir un deseo. O incluso los adorables Mangos de cerámica colgando del gigantesco árbol de hule en el espacio abierto de la galería (junto a una ciclópica piñata de mango, la obra más pícara a la vista), cada uno conteniendo un oráculo, que, para ser leído, requiere que su fino caparazón se vea forzosamente destrozado.

Mena Guerrero, «Vida», 2024. Papel, cartón, engrudo y pintura en aceite, 175 x 130 x 120 cm. Foto cortesía de La ERRE.
Mena Guerrero, «Volcancito», 2024. Barro cocido, aserrín y pólvora, 9 x 8 x 8 cm. Foto cortesía de La ERRE.

Un último aspecto que Mena Guerrero investiga explícitamente es, de hecho, la experiencia religiosa y la noción de lo sagrado, como se puede ver en la disposición y la gravitas de las grandes pinturas en la pared más alta, con los volcanes cerámicos creando un camino hacia ellas.

Debajo de esta luz casi religiosa, los tres temas principales de la exhibición son los actores estelares de una mitología erótica que, una vez más, complica la obviedad y juega con lo oscuro: cuerpos femeninos pariendo frutas, volcanes que parecen genitales femeninos y masculinos eyaculando, mangos gigantes que yacen abstraídos en acogedoras habitaciones decoradas, y piernas titánicas que encarnan una desasosegante permanencia estatuaria.

El psico-primitivismo de Mena Guerrero parece apuntar a un mito de creación e, incluso, al origen del mito, como si este se encontrara en la experiencia somática de estar en el mundo, y la siempre misteriosa mitopoietica del inconsciente, expresándose a través de intuiciones de colores y formas.


Volcanes, mangos y amor, de Mena Guerrero, se presentó hasta el 11 de mayo en La ERRE, Vía 6, 2-60, zona 4, Guatemala.

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