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REGINA JOSÉ GALINDO: LIBERACIÓN

En el escenario del Centro Cultural de España en Guatemala, el público responde a la convocatoria del 2 de mayo y llena la sala. Sin previa comunicación, nadie anticipa lo que va a suceder. Para muchos, es la primera vez que asisten a un performance, pero el nombre de Regina José Galindo en las carteleras fue suficiente para atraer a la audiencia.

Cinco minutos antes de que comience la acción, se distribuye a todos los presentes el siguiente texto como marco de lo que sucederá. Inicia el performance, y durante 20 minutos, en silencio, el público observa cómo la artista se somete a una liberación espiritual para limpiar su pasado y hablar sobre la historia religiosa de su país, Guatemala.


“Liberación”, performance de Regina José Galindo. CCE Guatemala, 2 de mayo de 2024. Fotografía de José Oquendo. Cortesía de la artista.

LIBERACIÓN

Por Josseline Pinto | Curadora

La influencia de la Iglesia Evangélica en Guatemala abarca múltiples niveles, desde lo personal hasta lo social y político. Esta comunidad, que reúne a casi la mitad de la población del país, tiene sus raíces en una historia de más de 140 años, marcada por la manipulación y el control político.

La performance Liberación de la artista guatemalteca Regina José Galindo (1974) es una acción que toca profundamente las fibras de esa razón política de la fe, al mismo tiempo que atraviesa su historia personal y la historia de Guatemala. En el escenario, la artista se somete a una liberación espiritual, ejercida por el Pastor Pedro Melchor Venancio, quien, bajo el poder de su creencia, predica pasajes bíblicos e invocaciones para expulsar los demonios o espíritus malignos que atormenten a la artista.

Para Galindo, esta acción representa una forma de conectar una memoria violenta de su pasado con la historia religiosa de su país. Recuerda episodios traumáticos de su infancia en los que su padre, un creyente devoto, practicaba duras liberaciones sobre ella para aplacar sus actitudes «rebeldes» durante la adolescencia.

Una liberación es practicada cuando hay “síntomas” de una “posesión” maligna. Sigue siendo un tema tabú y morboso para los no creyentes, ya que es un acto basado exclusivamente en la fe y es conocida su explotación como negocio entre los fieles.

“Liberación”, performance de Regina José Galindo. CCE Guatemala, 2 de mayo de 2024. Fotografía de José Oquendo. Cortesía de la artista.

Para la artista, las prácticas de su padre no son ajenas a la experiencia de miles de fieles religiosos inmersos en la Iglesia Evangélica. Esto contribuye a que Guatemala sea un país sumamente conservador, donde el fanatismo religioso se manifiesta en oposición a los derechos reproductivos, la educación sexual, la igualdad de derechos para grupos minoritarios y otras reformas progresistas que “contradicen” la moral cristiana, tanto de los grupos evangélicos, como los católicos del país.

Enfrentarse nuevamente al shock de una liberación representa para Galindo más que un intenso recuerdo; implica entrar en el sistema de creencias de su padre y de la mitad del país, para participar en una práctica a la que miles de creyentes se someten e incluso pagan para recibirla.

La llegada de la Iglesia Evangélica al país en 1882 se remonta a la iniciativa de Justo Rufino Barrios, quien introdujo al primer misionero presbiteriano, John Clark Hill. Esta acción formaba parte de las políticas liberales promovidas por las élites guatemaltecas y los comerciantes estadounidenses, con el fin de contrarrestar la influencia de los conservadores y la Iglesia Católica en el control de tierras y la economía del país.

Desde entonces, decenas de misiones norteamericanas se han establecido en Guatemala. Durante la contrarrevolución, fortalecer a la Iglesia Evangélica se convirtió en una estrategia de Estado para combatir, una vez más, la influencia de la Iglesia Católica y difundir en las prédicas mensajes “anticomunistas” que promovían los ideales neoliberales de la Iglesia y apoyaban el golpe de estado que sacó a Árbenz del país.

“Liberación”, performance de Regina José Galindo. CCE Guatemala, 2 de mayo de 2024. Fotografía de José Oquendo. Cortesía de la artista.

Después del terremoto de 1976, varias misiones llegaron a Guatemala para brindar ayuda y donaciones destinadas a la reconstrucción. Estas iniciativas dieron lugar a la creación de nuevas ramas y congregaciones en el país. En 1992, llega al poder el primer presidente evangélico, el General Efraín Ríos Montt, miembro de la Iglesia del Verbo y quien, predicando en televisión nacional desde su fe, utilizó la religión como estrategia contrainsurgente durante el genocidio perpetrado por él mismo en las comunidades del Triángulo Ixil del departamento del Quiché.

Ríos Montt aprovechó su discurso para instigar una nueva forma de guerra dentro del Conflicto Armado, una guerra espiritual que buscaba reclutar adeptos a la fe para «vencer» a Satanás y liberar a la «Nueva Guatemala» del mal. Este movimiento de fe, cimentado en el miedo y el fanatismo religioso, encontró arraigo especialmente en las clases medias urbanas y en las comunidades rurales del país. Miembros de su Iglesia El Verbo también ocuparon cargos importantes durante su gobierno, ganando la simpatía y el apoyo militar de EEUU, cuya élite compartía las creencias del régimen.

Hoy en día, la religión evangélica no se limita únicamente a una misión de fe. Debido a las políticas públicas que prohíben fiscalizar los diezmos y gastos de las instituciones religiosas, estas se han convertido en lugares propicios para el lavado de dinero del narcotráfico. En 2018, una investigación sobre el pastor evangélico más prominente de Guatemala, Cash Luna, sugirió que había recibido dinero de su vecina Marllory Chacón, quien fue acusada de narcotráfico por el Gobierno de Estados Unidos, para financiar la construcción de su mega iglesia.

“Liberación”, performance de Regina José Galindo. CCE Guatemala, 2 de mayo de 2024. Fotografía de José Oquendo. Cortesía de la artista.

Con Liberación, Regina José Galindo cierra un ciclo traumático de su pasado y utiliza sus propias memorias para reflexionar sobre la compleja historia política de Guatemala. Su obra, sin duda, genera polémica y tiene mucho atrevimiento de su parte. Encarnar un recuerdo tan violento y compartirlo frente a un público es, de alguna manera, hacer que ese público sea parte del rito. Sin embargo, la liberación es aquí una sanación de los demonios de su pasado.

Al enfrentarse una vez más a este evento, la artista se despide simbólicamente de su padre y logra liberarse del peso del trauma familiar. Al mismo tiempo, nos revela el papel histórico de una de las religiones más influyentes en Guatemala. Al conectar su experiencia personal con el trauma histórico de su país, Galindo nos permite abrir un diálogo sobre el impacto del control religioso en la sociedad guatemalteca.

Josseline Pinto

Guatemala, 1996. Es curadora independiente, investigadora y poeta. Co-fundadora y directora del proyecto curatorial MANIFESTO-espacio, dedicado a la exhibición, formación, investigación y producción de arte contemporáneo. Actualmente es también curadora de la Fundación Nacional para las Bellas Artes y la Cultura FUNBA, y coordinadora del Programa Educativo del Museo Arte Guatemala a abrirse en 2020. Fue co-coordinadora del Laboratorio de Arte Contemporáneo de Fundación Paiz y sus ensayos se han publicado en el libro “Agentes Culturales” (2016), en las revistas especializadas Arte al Día, Artishock, Revista Gimnasia y esQuisses; y para los proyectos Residencia Chichicaste y el catálogo de la 20 Bienal de Arte Paiz. Anteriormente trabajó como asistente de la curadora Alma Ruiz, durante la misma bienal y en las galerías The 9.99 Gallery y Proyectos Ultravioleta. Sus proyectos curatoriales recientes incluyen “Ernesto Bautista: Un vacío infinito llenándose con la memoria”, en la Galería Valenzuela Klenner en Bogotá (2019), y la colectiva “Después de mí el sueño”, en MANIFESTO-espacio (2018). Ha publicado los poemarios “Objetos1” (2017, Sión Editorial) y “Cartas Íntimas” (2015, Chuleta de Cerdo Editorial), así como en antologías de El Salvador, México y Guatemala. Fue seleccionada para el Programa de Formación Curatorial de TEOR/éTica Costa Rica y para el Curatorial Intensive Mexico City de Independent Curators International (2018). Fue parte de la tercera edición de la Escuela de Crítica de Arte, La Tallera, Cuernavaca, México.

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