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A 40 AÑOS DE VIDEOBRASIL, SOLANGE FARKAS RECUENTA SU HISTORIA

Solange Farkas (Brasil, 1955) se desempeña como curadora en jefe y directora general del Festival de Arte Contemporáneo SESC_Videobrasil, reconocido como un referente en la producción artística audiovisual del Sur Global. Su 22ª edición, titulada A memória é uma ilha de edição [La memoria es una isla de edición], cuenta con la participación de 60 artistas del Sur Global bajo la curaduría de Raphael Fonseca y Renée Mboya, celebrando así, a modo de revisión en movimiento, sus 40 años de legado.

En esta entrevista, Solange comparte la influencia de esta bienal en nuestra región, así como las directrices y el enfoque político que la han llevado a convertirse en un semillero de producciones artísticas que cruzan conceptual y culturalmente a América Latina, el Caribe, África, Asia, Europa del Este y el Medio Oriente.


Artistas de la 22a Bienal Sesc_Videobrasil. Foto: Acervo Videobrasil/Pedro N. Prata

Víctor López Zumelzu: Para iniciar nuestra conversación sobre la 22ª edición de la Bienal Videobrasil, desde una perspectiva retrospectiva, ¿cuáles consideras que han sido sus aportes al panorama artístico latinoamericano del videoarte desde sus inicios hasta el momento actual?

Solange Farkas: La consideración de la temporalidad fue fundamental para mí durante la planificación de esta 22ª edición. Fue un proceso de reflexión constante, de revisión de cómo nos hemos construido en estos 40 años, y cuáles han sido nuestros aportes a una escena que, en sus inicios, no otorgaba tanta visibilidad al lenguaje del videoarte.

Con el paso de los años, en Videobrasil experimentamos una transformación significativa, evolucionando de una Bienal a una plataforma de visibilidad y discusión que logró expandirse de lo local a lo global.

Hemos rediseñado, dialogado y repensado junto a otros actores la producción artística en un Sur diverso y amplio. En este proceso, se terminaron desdibujando los límites convencionales de lo que se pensaba era videoarte, al expandirse a otros formatos, como instalaciones, performances y diferentes tipos de programas públicos.

Se cuestionaron desde un lugar más poroso los discursos comerciales e institucionales que tradicionalmente han definido el arte, que con el paso de los años se ha erigido como una práctica que necesita ser valorada e investigada en el tiempo presente.

Es más, la 22ª edición de la Bienal toma su nombre del verso “la memoria es una isla de edición”, que se encuentra en el poema Carta abierta a John Ashbery de Waly Salomão. Esta frase no solo guio a los curadores en la elección de los artistas, sino que también invita a los visitantes a movilizar y editar sus propias narrativas desde múltiples perspectivas.

Vista de la exposición de la 22a Bienal Sesc_Videobrasil, 2023-2024. Foto: Acervo Videobrasil/Pedro N. Prata 2
Mella Jaarsma, Trouble Skirts, 2023. Foto: Acervo Videobrasil/Ricardo Amado

V.L.Z: ¿Es esta perspectiva de revisión temporal, casi de memoria en movimiento que entrelaza relatos de una microhistoria y de la macrohistoria, lo que anima esta edición?

S.F: Para esta edición, que debería haber ocurrido originalmente en 2021, yo había invitado a Raphael Fonseca a ser uno de los curadores. Al principio, teníamos en mente otro enfoque conceptual y curatorial, pero entonces llegó la pandemia.

En ese contexto, Brasil estaba atravesando un momento especialmente dramático. Si bien la pandemia fue una tragedia global, en Brasil vivimos una tragedia particular que acentuó muchos de los efectos negativos de la propia pandemia, que fue el gobierno de Jair Bolsonaro.

Hubo un momento en el que definitivamente no sabíamos si íbamos a poder hacer esta Bienal, pero aquella incertidumbre al mismo tiempo nos sirvió para pensar en el pasado, presente y futuro de Videobrasil.

Entonces, el devenir temporal de la bienal fue impuesto por condiciones políticas y de salud externas. A través de este proceso, nos dimos cuenta de la importancia de reflexionar sobre el papel de la memoria y el olvido, así como el impacto de la Bienal en sus 40 años de existencia en toda la escena artística. Nos preguntamos cuál es el verdadero aporte de una bienal en el mundo contemporáneo, y qué la distingue de otras bienales.

Conscientes de lo que Videobrasil ha sido a lo largo de los años, sentimos que ocupamos un espacio único para llenar una ausencia y poder mirar críticamente este lugar del mundo en que nos situamos.

Nunca dudé de la misión de Videobrasil. Si tuviera que definirla, diría que durante años ha sido un bastión de resistencia, un espacio para explorar prácticas artísticas frágiles que han sido poco investigadas en el campo del arte, y ese sigue siendo nuestro leitmotiv.

Euridice Zaituna, Personal, archives: An exercise on emotional archeologies, 2020. Acervo Videobrasil/Ricardo Amado
Mayana Redin, Astronauta e cosmonauta, 2023. Foto: Acervo Videobrasil/Pedro N. Prata
Youqine Lefèvre, The Land of Promises, 2023. Foto: Acervo Videobrasil/Ricardo Amado

V.L.Z: En esta edición, observamos una amplia participación de artistas latinoamericanos del Sur Global, o de los distintos sures globales, incluyendo África, América, Europa del Este, Oceanía, Medio Oriente, Sur y Sudeste Asiático. ¿A qué se debe este énfasis que, con el paso de los años, ha ido consolidándose en Videobrasil y que refleja una tendencia en la visión crítica de la región?

S.F: Videobrasil es una de las bienales más antiguas, y desde sus inicios hemos estado comprometidos con el fomento de la producción artística en regiones históricamente excluidas. Mostrar esas capas de desigualdad y complejidades en diálogo con nuestra región y nuestro presente es crucial para leernos a nosotros mismos, y ha sido fundamental para contribuir críticamente al estado de las cosas.

Videobrasil ha sido una plataforma que se esfuerza por visibilizar aspectos que suelen pasar desapercibidos o que podrían ser considerados potenciales pero que no reciben atención, alejándonos de una mirada puramente comercial y centrando nuestra atención en la potencia de la alteridad y sus procesos.

Desde su origen, Videobrasil no fue concebido como un festival nacional, sino más bien como un espacio para algunos artistas brasileños que incursionaban en el video. En aquel entonces, el video apenas emergía como una herramienta y no se consideraba para su uso en las artes visuales. Por esta razón, desde el principio pudimos mapear a diversos artistas, distantes en ubicación geográfica pero cercanos en cuanto a contextos, narrativas y complejidades. Muchos de ellos compartían problemáticas arraigadas en los legados coloniales, así como en las violencias sociales y políticas.

En este sentido, Videobrasil asume un compromiso con el Sur al promover y dar a conocer la producción de artistas de estas regiones, así como los acontecimientos que ocurren en nuestro entorno, todo ello más allá de una mirada eurocéntrica. Nuestro principal objetivo es contribuir a insertar discusiones más amplias en otros circuitos de diálogo, estableciendo un intercambio que va del Sur al Norte. Esto nos permite entablar conversaciones de igual a igual con diversos centros de poder.

En estos 40 años, ha sido fundamental delimitar un territorio, y es justamente el territorio en el que nacimos. Estamos hablando de un periodo de post dictadura militar, estamos hablando de un periodo de censura en la que la información y lo que podíamos ver eran muy limitados, con un acceso mucho más restringido en comparación con la situación actual.

Ha sido un trabajo arduo, y este compromiso queda patente en esta 22ª edición. A lo largo de los años, seguimos pensando en el público y en la producción de los artistas, tal como lo hicimos desde el principio.

Aunque nuestras modalidades de trabajo han evolucionado con el tiempo, nuestra forma de pensar la Bienal sigue siendo la misma, y continuamos abordando temas que nos conciernen como habitantes del Sur-Sur, como la violencia, los desplazamientos, las migraciones y los sueños colectivos movidos por el afecto, la identidad y el trabajo artístico como acción política.

Leila Danziger, O que desaparece. Foto: Acervo Videobrasil/Pedro N. Prata
Vista de la exposición de la 22a Bienal Sesc_Videobrasil, 2023-2024. Foto: Acervo Videobrasil/Pedro N. Prata 2

V.L.Z: ¿Cómo conviven hoy dos bienales como la de São Paulo y Videobrasil? ¿Hay alguna relación en los temas expuestos o algún tipo de diálogo entre ellas?

S.F: Las dos bienales son resultado de una reflexión profunda: Videobrasil en torno a su propia historia y el impacto que la práctica del videoarte ha tenido con los años.

La coincidencia temporal de las dos bienales actualmente es resultado de la locura de la pandemia, que nos llevó a modificar nuestro calendario programado para 2021. Sin embargo, este ajuste también sirvió para visibilizar ese diálogo interno e invisible entre los artistas de las dos bienales.

Hoy en Brasil, la presencia de dos bienales que comparten la misma ciudad y temporalidad, donde muchos artistas que han tenido participación o se han iniciado en Videobrasil ahora también participan en la Bienal de São Paulo u otras bienales, es un testimonio del éxito de nuestro trabajo en Videobrasil en la creación de plataformas de visibilización y logros institucionales.

Creo que una de las principales conquistas de Videobrasil es su capacidad para expandirse hacia diferentes espacios artísticos y sensibilizar a las grandes instituciones con la presencia de nuevos artistas y prácticas. Además, Videobrasil ha servido como un espacio de legitimación artística, permitiendo que otros eventos y bienales trabajen con propuestas y materiales similares. Esto posiciona a Videobrasil como un espacio aún experimental, que proyecta miradas y sensibilidades hacia el futuro, algo que siempre me ha interesado.

En Brasil, ha existido históricamente una carencia de políticas públicas destinadas a las artes visuales y a la cultura en general. Aunque quizás hoy estemos vislumbrando una nueva perspectiva, aún enfrentamos un escenario marcado por la precariedad, lo que dificulta la creación de espacios de inclusión, inserción e investigación. Es fundamental poder desarrollar un campo de investigación que se extrapole al ámbito de la academia.

En Videobrasil, nos interesan más las experiencias que enriquecen el campo artístico al mapear los diversos puntos de esta región, y menos la obligación de traer grandes nombres para rellenar una programación. Hoy en día, Videobrasil no solo es una bienal, sino también una plataforma crítica de pensamiento que aglutina las miradas del Sur, que posee múltiples perspectivas y que traza un territorio más diverso, equitativo y de alta calidad referencial.

Froiid, O pulo do gato, 2023. Foto: Acervo Videobrasil/Ricardo Amado

V.L.Z: Pensando a futuro, ¿cuáles son los siguientes proyectos en los que Videobrasil quiere seguir trabajando?

S.F: Videobrasil siempre ha trabajado en varias direcciones, para no ser sólo un festival. Tenemos aún mucho trabajo por hacer. Brasil no solo es São Paulo; hay muchas regiones periféricas que aún son invisibles. Lo que falta es llegar ahí y crear proyectos o políticas, visibilizar estas obras y colocarlas en una misma plataforma de discusión y accesibilidad.

Lo que hay que ver es si el modelo de Bienal en este formato todavía funciona, o si tiene sentido, y cómo podemos contribuir un poco rompiendo la hegemonía institucional. Este es el gran desafío al que me enfrento ahora, de hecho, no puedo ofrecer una respuesta definitiva. Ese ha sido mi ejercicio de vida durante estos 40 años, estar siempre lo más atenta posible a estas preguntas y ver cómo eso resulta en nuevas contribuciones y reflexiones.

Actualmente, estamos dedicados a trabajar en nuestra propia memoria y archivo, que alberga una cantidad enorme de videos, documentos y publicaciones de acceso público que permiten una inmersión más potente en la historia y trayectoria de Videobrasil.

Hemos creado este espacio nosotros mismos debido a la falta de políticas públicas que fomenten la investigación. A través de este esfuerzo, fortalecemos la reflexión sobre la producción artística en sí misma, gracias al trabajo sostenido de diversos investigadores, curadores y artistas que han colaborado con nosotros a lo largo de los años.

Para pensar el mismo Sur Global a través de la práctica artística, Brasil ha enfrentado una precariedad en investigación, especialmente en lo que respecta a publicaciones impresas. Soy de una vieja generación, amo el papel y me siento mal cuando no tengo un libro.

Tenemos una serie de publicaciones llamadas Cuadernos Sesc_Videobrasil, que considero uno de los grandes legados del pensamiento de Videobrasil en nuestro campo. Estas publicaciones son una forma de visibilizar a otros agentes en el contexto del Sur Global, no solo artistas, curadores e investigadores, sino también pequeñas instituciones.

Por eso, también he tomado conciencia de la importancia de este espacio de reflexión y producción, que también se refleja en nuestros programas públicos. Los programas públicos son los que te dan músculo; son fundamentales para llegar a distintas audiencias y públicos.

Este año, hemos invitado a una curadora específica para los programas públicos, ya que normalmente los programas públicos son desarrollados por los mismos curadores de la exposición. Quisimos diseñar una programación especial hasta febrero que fuera más inclusiva y llegara a diferentes lugares, generando discusiones que surgieran a partir de la lectura del conjunto de trabajos presentados, pero que se desborden a una discusión pública.


Con cuatro décadas de actividad profesional en el ámbito cultural, Solange Farkas fue curadora en jefe del Museu de Arte Moderna da Bahia entre 2007 y 2010. Como curadora invitada, ha participado en FUSO – Exposición Internacional Anual de Videoarte (Lisboa, Portugal, 2011-2014 y 2017); Dak’Art – Bienal de Arte Africano Contemporáneo (Senegal, 2016); el 6º Festival Internacional de Video de Yakarta (Indonesia, 2013); la 10ª Bienal de Sharjah (Emiratos Árabes Unidos, 2011); y la 16ª Bienal de Cerveira (Portugal, 2011). En 2017 fue galardonada con el Montblanc Arts Patronage Award, un premio concedido a profesionales con una trayectoria destacada en el ámbito de la cultura.


22ª Bienal Sesc _VideobrasilLa memoria es una isla de edición se presenta en el Sesc 24 de Maio del 19 de octubre de 2023 al 25 de febrero de 2024.

Víctor López Zumelzu

Poeta, crítico y curador chileno. Ha sido parte del programa Artistas y Críticos de la UTDT, así como también del equipo de Fundación Proa (Argentina) y Metales Pesados (Chile). Ha sido co-director y curador de la galería de arte Bigsur (Buenos Aires, 2016 hasta el 2018). Escribe constantemente ensayos en revistas de arte contemporáneo. Actualmente integra el equipo coordinador de la plataforma de crítica y pensamiento RESET en Fundación Proa y curador del ciclo “Montes no visibles” en el Museo de arte contemporáneo de Buenos Aires, MACBA. Es Curador residente en Pivô Arte e Pesquisa (2023).

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