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VÍCTOR JULIO GONZÁLEZ: GEOGRAFÍAS VINCULANTES

La Sala Mendoza, en colaboración con Cabinet Gallery en Caracas, presentan la exposición Geografías Vinculantes, una muestra individual del destacado pintor venezolano Víctor Julio González (Valencia, Venezuela, 1961), reconocido maestro del paisajismo. Curada por Tahía Rivero, la exposición se organiza en cinco grupos de trabajo, abarcando desde interpretaciones de acuarelas de Carmelo Fernández hasta visiones dislocadas en la serie «Utopías» y estudios inspirados en Anton Goering.


PAISAJE PRESENTIDO

Por Tahía Rivero | Curadora

Ciertas imágenes se instalan por su cuenta en la imaginación y fermentan a la espera de ser descubiertas, al margen del deseo narrativo del autor.

                                     Basilio Baltasar

En el taller de Víctor Julio González, sobre los mesones y esparcidos en el piso, se reconocen numerosos cuadernos de dibujo, diarios de viaje, libros de texto y una gran cantidad de hojas desprendidas. Entre los materiales de trabajo, sobre el caballete, también se descubren algunas obras en proceso.

Las paredes, recubiertas de pinturas de distintos formatos colocadas al azar, dejan ver el dedicado y exhaustivo trabajo que el artista ha ido agrupando para la exposición Geografías vinculantes en la Sala Mendoza de Caracas. Recorrer la totalidad de su espacio, con la mirada, produce inmenso asombro. 

Víctor Julio González ha asumido como un valor la técnica de la pintura al óleo: el olor a trementina se mezcla en el ambiente y envuelve el atiborrado recinto de trabajo, estimulando una atmósfera atemporal. Y es que en tiempos donde lo nuevo es avasallante, Víctor Julio desecha toda posibilidad “techno” para regodearse en una pintura tradicional.

Quizás allí radica la sensación de estar frente a una imagen si bien discernible, totalmente distinta, un conjunto que abandona los significados para centrarse en su representación iconográfica. El tema de estudio e investigación es el paisaje, vale decir, el reconocimiento y registro de la geografía.

El paisaje, aludido como “no tema” —tan subestimado por la historia—, era interpretado por artistas y críticos como un ejercicio versado, carente de lo que podríamos llamar lenguaje artístico. Pero lo cierto es que, desde Canaletto hasta nuestros días, las vedute y el paisaje no solo dan cuenta de una interpretación del contexto natural que le otorga continente a la historia: también constituyen un argumento, al igual que muchos otros, para la expresión creativa. 

Víctor Julio González, «Selva en el Delta del Orinoco», 2023, 102 x 155 cm. Cortesía: Cabinet Gallery

Si bien Víctor Julio es un inagotable viajero de regiones selváticas apenas habitadas, su pintura de paisajes no proviene totalmente de su observación del objeto de representación. De hecho, su obra resume cómo ve la cultura a la naturaleza, es decir, cómo se compendia el conocimiento sobre el territorio; conocimiento que sintetiza el trasfondo, la riqueza y la potencia de la cultura.

Sus paisajes son testimonios que nos pasean por la historia; nos traen, en imágenes, la memoria de lo que fuimos y de lo que somos. O también de cómo éramos vistos por los extranjeros desde sus competencias para representarnos y, por defecto, develarnos la diferencia. Es verdad que esa pregunta, ¿qué y quiénes somos?, tiene respuestas que suelen ser esquivas e incompletas. En todo caso, esa representación nos mostraba la identidad del otro que éramos.

En su pintura, Víctor Julio González se apropia de otras visiones del paisaje a las que agrega, aquí o allá, oportunas intervenciones. Se trata, quizás, de una suerte de collage expandido que concreta la contingencia expresiva como un coleccionista de paisajes, como un recolector de imágenes a las que intenta cargar de un sentimiento espiritual.

La mímesis es, a la vez, técnica y transmisión de conocimiento que una vez asimilada configura y amplía la visión y comprensión del otro y del mundo. Todo saber comporta un componente mimético y lúdico. Es la naturaleza misma, a través de la biodiversidad, la que nos señala la importancia de la mímesis para la sobrevivencia de las especies. Nada ni nadie subsiste sin el otro.

Víctor Julio González, «Vista de San Esteban», 2023. Óleo sobre tela, 102 x 155 cm. Cortesía: Cabinet Gallery

Un episodio que marca el ámbito creativo de Víctor Julio González discurre entre la vigilia y el sueño, y se refiere a la época de la infancia como un tiempo pleno de felicidad detenido en la memoria. En la casa de su niñez había un cuadro en la pared que siempre le fascinó: era una de esas litografías que muestran un paisaje europeo idílico con una bella casa en una colina y, más abajo, un lago donde nadan apaciblemente unos cisnes.

Esa imagen lo visitaba en sueños en los que él subía hasta la casa y recorría su interior (que no aparecía en el cuadro). La imagen encarnaba un pasadizo hacia la cimentación de un imaginario sobre la concepción de un espacio tranquilo y feliz, un recuerdo detrás del cual quizás se evaporaban otras circunstancias de la realidad. Porque en sueños ese paisaje existía y él lo percibía como veraz. 

Como adulto y como artista, interesado en la representación del paisaje, comienza a investigar a los pintores viajeros del siglo XIX. En la apreciación de estos artistas ocurre un cruce visual en el que González yuxtapone aquella encarecida imagen romántica de la casa en la colina con las imágenes del paisaje tropical visto a través de la mirada de artistas como Ferdinand Bellermann y Anton Goering, entre otros. Podríamos decir que se trata del cruce de dos imaginarios: el de un paisaje arcádico percibido por un niño que habita en el trópico con el de artistas alemanes que poseen una visión exótica de los países meridionales.

La apropiación que de estos registros de la Venezuela decimonónica realiza Víctor Julio González se acerca a la tesis acerca de las formas determinadas de mirar el entorno, de acuerdo con prefiguraciones culturales que habitan en el inconsciente individual y colectivo.

El artista nos entrega las imágenes de un país a través de la percepción domesticada y académica de sus antecesores europeos. Un encuentro de miradas que van unas tras otras, solapándose y escamoteándose, porque detrás de ellas habita el mundo irrefutable de los sueños.

Víctor Julio González, «Hombre metiéndose a una carpa. Campamento de la Comisión de Yarumito». A Carmelo Fernández, 2020-2021. Óleo sobre tela, 20 x 28 cm. Cortesía: Cabinet Gallery
Víctor Julio González, «De las islas de Las Filipinas con filipinos flotando», 2021. Óleo sobre tela, 41 x 61 cm. Cortesía: Cabinet Gallery

La exposición Geografías vinculantes se distribuye en cinco grupos de trabajo, además de las fotografías que se exhiben en La Librería. Un primer conjunto está conformado por versiones referidas a las acuarelas y pinturas que Carmelo Fernández creara para la Comisión Corográfica en Colombia, donde trabajó junto a Agustín Codazzi, de 1850 a 1852.

Aquí podemos advertir cómo Víctor Julio González abandona la exactitud académica de las referencias originales, confiriendo a las obras un aura velada parecida al bosquejo. En otras, es interesante notar algunos encuadres de primeros planos que eluden la composición tradicional de la época, como por ejemplo en Hombre durmiendo en hamaca, 2021-2022, u Hombre metiéndose a una carpa, 2021-2022.

Este ambiente de expediciones y descubrimientos, tan propio de mediados del siglo XIX por su carácter romántico y sensual, se acentúa con las versiones inspiradas en la obra que Ferdinand Bellermann realizó en distintas geografías del territorio venezolano, durante su permanencia entre 1842 y 1845.

Los alrededores de Puerto Cabello, la Cueva del Guácharo, las cumbres nevadas de Mérida o el Orinoco son algunos de los parajes recreados, todos cargados de un sentimiento que comenzaba a marcar, en la época, el abandono de lo racional por el afán de comprender enteramente la realidad. Aquí percibimos que Víctor Julio González, más que versionar obras específicas, imagina y crea numerosas vistas, siguiendo el estilo pictórico del artista alemán.

Víctor Julio González, «El Cisne», 1995-2023. Escultura en fibra de vidrio. Colección del artista. Dimensiones variables. Cortesía: Cabinet Gallery
Víctor Julio González, «Simia Melanocephala. Pintura sobre un grabado de Bouquet después de un grabado de Nicola Huet sobre un boceto de Humboldt», 2023. Óleo sobre tela, 60 x 50 cm. Cortesía: Cabinet Gallery
Víctor Julio González, «Cueva del Guácharo», 2023. Óleo sobre tela, 40 x 50 cm. Cortesía: Cabinet Gallery

La serie Utopías constituye una visión dislocada de paisajes semejantes a otra llamada Algunas islas como flotando, que justamente son fragmentos de paisajes suspendidos en el espacio como provenientes de un sueño.

La serie Estudios en playa Gañango, inspirada en el artista alemán Anton Goering,está conformada por un numeroso grupo de piezas de pequeño formato en las que destaca el tratamiento gestual casi abstracto. Son piezas sombrías, perturbadoras. Por sus formas elusivas, estos estudios recuerdan brotes de magma aleatorios y densos.

En la sala pequeña se ubica una instalación en la que González, como en un gran collage tridimensional, mezcla diversas obras y objetos relacionados con la pintura de su niñez y de sus sueños.

Alrededor del gran cisne descolorido se van organizando mapas, textos, videos y animales que parecen no tener relación entre sí, pero podríamos especular que se trata de una gran fotografía familiar en la que vibran los afectos y los desafectos.

A partir de este cuadro —que representa una referencia fundamental en la infancia del artista— se van vinculando todas las geografías que ha recorrido físicamente y también las imaginadas: los territorios presentidos que habitan sus sueños y que nos revela magistralmente en sus pinturas.

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