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¿Y CÓMO SERÍAN NUESTRAS HUELLAS EN LA SELVA?

Sheroanawe Hakihiiwe, el dibujante de la comunidad yanomami, va por tierra, sin arcos y sin flechas, buscando aproximarse al venado, al zorro coatí o al chácharo. Y va, quizá, en una larga canoa, antes del atardecer, sin batir timbó en el agua, sin atarrayas ni anzuelos, con el ánimo de observar el nado veloz de algunos peces o el vuelo cercano de las aves que van de regreso a sus nidos.

Persigue o evoca a los animales, aun, o mejor, cuando están en movimiento, y se detiene en sus ojos, orejas, hocicos, plumas, colas, patas y caparazones. Cada detalle -y su repetición- se convierte en un dibujo, una síntesis, alusión a la completitud desde las partes. Luego, cuando se han reunido setenta y cinco dibujos, nace el gran cuadro de la selva del Alto Orinoco.

Lo que queda de la caña, tras extraer su jugo, compone el soporte de la obra. La caña se transforma en fibras y el abrazo de estas en papel, fondo para los puntos, las líneas y las manchas que refieren a la fauna de aquel Amazonas venezolano. Los trazos y los colores nos acercan a la huella de lo vivo y de su tránsito como a un evento estético que es fuente de inquietud o de exaltación por la belleza y sobreabundancia que se revela.

Sheroanawe Hakihiiwe, Kamie ya uriji pi jami Parawa ujame theperekui uriji terimi thepe komi kua (Donde yo vivo en mi selva y en el río Orinoco también viven todos estos animales), instalada en la Sala de Arte – EAFIT, Medellín, Colombia, 2023. Foto Robinson Henao – photorojo.co

Cada pieza, insinuación de lo que no se ve o no se alcanza, nos recuerda que las obras, “las grandes obras”, diría el caminante Fernando González, el creador de huellas, son esbozos que excitan la imaginación para completarlos. Cada cuadro sucede entre dos tiempos, el anterior y el posterior al aleteo de la mariposa o el anterior y el posterior al paso de las orugas y de las lombrices. Entonces, la belleza está en lo que se alude y, también, en lo que se abandona, impresión del cuerpo en la tierra, el agua e, incluso, el aire. Impresión temporal que se prolonga en el arte.

Estas huellas traen a la mente algunos de los petroglifos de los corredores terrestres y fluviales que atraviesan Brasil, Colombia y Venezuela y reviven algunas muestras del arte rupestre indígena que, según se ha sugerido, brota de estados de inconciencia -o de una conciencia superior-.

La suspensión de la disposición de alerta, producto de sustancias alucinógenas, hace ver figuras geométricas, bautizadas como fosfenos, que irradian una luz intensa. Estas estructuras no dependen del sol o de alguna fuente luminosa artificial y externa, surgen de una auto-iluminación, proyección de una luz interior que cruza la retina y que, tras haber dejado una cicatriz en la memoria, motiva representaciones en el lienzo extenso que es el suelo del territorio indígena. Cada recreación nace del recuerdo de una aventura sensorial con implicaciones estéticas y artísticas. 

Las piezas de Sheroanawe Hakihiiwe se asemejan, entonces, a la acumulación de aquellos patrones geométricos, pero alterados y orientados a sugerir el movimiento de la vida animal. El artista deja evidencias de su detenida observación y del trabajo con los materiales que la selva le ofrece. Además, subraya el vínculo con el espacio que habita -y que lo habita- al nombrar cada cuadro en yanomami y en español.

Sheroanawe Hakihiiwe, Kamie ya uriji pi jami Parawa ujame theperekui uriji terimi thepe komi kua (Donde yo vivo en mi selva y en el río Orinoco también viven todos estos animales), instalada en la Sala de Arte – EAFIT, Medellín, Colombia, 2023. Foto Robinson Henao – photorojo.co

El espectador, quizás externo a la selva y sin dominar ninguna lengua indígena, observa en uno de los cuadros líneas rojas que parecen montañas y acude a su particular catálogo mental y visual, mientras lee el texto que acompaña la imagen: ejomi jeoape, la cresta del gallito de las rocas. Descubre que moka mamiki significa pata de rana; pirema pariki ono, pinta de pecho de tucán; moroha, pez bocón; mamisi preinema, hormiga brava, y mohomi pariki oni, pecho de águila arpía.

Detenerse en estas imágenes y estos nombres despierta en mí las preguntas que Walter Pater se hacía frente a cualquier obra. ¿Qué es para mí esta composición?, ¿qué efecto me produce?, ¿cómo se modifica mi naturaleza por su presencia o bajo su influencia?

Concluyo que la obra me afecta en la medida en la que me conduce a formular preguntas. Pienso en cómo serían estas huellas si fueran humanas. Huellas de nuestros cuerpos y, a su vez, de nuestras acciones e instrumentos. Huellas inocentes, como las de los vasos sobre las mesas o las del polvo de los zapatos sobre el piso de madera. Pero, también, huellas que evidencian alguna devastación, como las de las llantas de un vehículo en un jardín, la quemadura que deja un ácido sobre la piel, la mancha de aceite que permanece en la superficie del lago, o la huella de humedad tras el paso del agua caliente con la que empujaban a las hormigas, habitantes -ellas también- de la finca de la abuela.

¿Y cómo serían nuestras huellas en la selva? Las de los pies del maestro que imita el movimiento y el canto del pájaro piapoco, las de las ramas que arrastra un joven para construir su cabaña o huellas de la sangre que se abandona en el tronco espinoso que ha sido trepado. ¿Y mis huellas? El polvo de cúrcuma sobre la mesa de la cocina, la forma de mis muslos y de mi cadera en la sillita vieja de cuero, el doblez de la hoja para señalar dónde va mi lectura, los pies descalzos en el piso mojado y la abundancia de aserrín tras pulir algunas piezas de madera.


La obra Kamie ya uriji pi jami Parawa ujame theperekui uriji terimi thepe komi kua (Donde yo vivo en mi selva y en el río Orinoco también viven todos estos animales), Sheroanawe Hakihiiwe (Sheroana, Venezuela, 1971), está presente en la exposición Todos los ríos el río, curada por Efrén Giraldo, en la Sala de Arte – EAFIT, en Medellín.

Alejandra Arcila Yepes

Medellín, Colombia. Doctora en Humanidades, Magíster en Hermenéutica Literaria y Comunicadora en Lenguajes Audiovisuales. Profesora universitaria, autora del libro "Mujeres de úteros vacíos. Relatos cortos" (Planeta, 2012) y de algunos textos publicados en revistas culturales y antologías literarias.

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