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FICCIONES REALES

Una obra de arte puede desafiar nuestras percepciones preconcebidas y cuestionar la realidad, lo que es «verdadero» en términos de representación. Al ofrecer nuevos puntos de vista, las producciones artísticas pueden ampliar nuestra comprensión y generar reflexiones sobre cómo vemos y entendemos el mundo que nos rodea.

Entonces, ¿con que intenciones se configura este mensaje? ¿Cómo influyen esos mensajes en la representación que nos hacemos del mundo que tenemos? ¿Qué es verdad y qué no de esa idea de mundo? Estas son algunas de las preguntas que podemos hacernos al visitar la muestra Ficciones reales, que se presentaen el Centro Cultural Kirchner, en Buenos Aires, como parte de la Bienalsur.

Las curadoras Diana B. Wechsler y Benedetta Casini invitan a identificar diálogos tanto entre la historia y la actualidad como entre las 28 obras que se presentan, las cuales reflexionan sobre la intersección entre el arte y la comunicación y cuestionan los límites que separan la ficción de la realidad.

Cristian Segura, 1983 o el fin de los años de plomo, 2023, técnica mixta, papel, madera, plástico, metal y sonido. Foto: Jorge Miño. Cortesía del artista

Si bien el arte conceptual tuvo un auge significativo en Argentina en la década de 1960 con la participación de artistas presentes en esta muestra, como Roberto Jacoby, Raúl Escari, Marie Orensanz y Marta Minujín, hoy, en la era de las burbujas digitales, donde la voz de una persona puede ser capturada y manipulada con precisión por software de inteligencia artificial para difundir información falsa entre una comunidad, los temas que se abordan en esta exposición cobran una nueva y vital importancia.

“​​Ficciones reales es un ensayo curatorial pensado como una invitación a revisar las formas en que la información se produce y circula y cómo contribuye a construir sentidos. Sabemos que todo relato supone gestos de montaje, de edición de imágenes, ideas, testimonios, recuerdos, textos, etc. Entonces, despejemos cualquier fantasía de posible ‘neutralidad’ a la hora de establecer un relato del tipo que sea, ya que siempre se opera desde una posición situada. Este ensayo pensado con imágenes busca poner a prueba tales premisas”, dice el texto curatorial de Diana B. Wechsler.

Daniela Comani, Orlando’s Library, 2021-2023, wallpaper. Cortesía de la artista y galería Studio G7, Boloña.

Antoni Muntadas, La construcción del miedo (Buenos Aires), 2008-2023, impresión en vinilo sobre pared. Cortesía: CCK

En una primera sala vemos una instalación titulada He sido yo. Diario 1900-1999, de la artista italiana Daniela Comani, donde una serie de auriculares que cuelgan del techo nos invitan a escuchar. El audio narra en primera persona una cronología de diferentes hechos del siglo XX. ¿Quién enuncia el mensaje? La artista se presenta como la protagonista de cada evento, a pesar de que estos hechos son ajenos a su vida.

Comani también expone Biblioteca de Orlando, un papel mural creado a partir de fotografías de una colección de libros dispuestos en estanterías a escala real. En esta obra, los títulos de novelas clásicas son alterados de manera que se modifica el género del protagonista en las portadas.

Frente a esta obra puede verse La construcción del miedo, del artista español Antoni Muntadas, que cubre una pared entera con frases ploteadas en negro. Todas ellas contienen la palabra “miedo” en color rojo. “Dólares y una mujer desaparecida: la hija dice que tiene mucho miedo”; “Recorrido en clave musical por los miedos más íntimos”, y decenas de otras frases extraídas de titulares noticiosos.

El artista indaga en la construcción del miedo en las sociedades actuales, y en el papel que pueden llegar a cumplir los instrumentos de control social y las técnicas mediáticas durante este proceso. ¿En qué medida la palabra hace realidad, hace mundo? ¿Cómo influyen los mass media, las redes sociales y la Inteligencia Artificial en nuestra percepción del miedo?

Más allá, un cubículo completamente oscuro que evoca una cabina telefónica invita a entrar y mirar la reproducción de un video. Una vez dentro, el visitante escucha numerosas llamadas a las que no puede responder, lo que provoca una sensación abrumadora y desconcertante. Finalmente, en la pantalla aparece la palabra «Hablamos».

La obra es de Marie Orensanz y plantea una reflexión en torno a aquellas acciones que implican la presencia de un otro: hablar, escuchar, comunicarse, encontrarse. En la era de la hiperconectividad digital en la que los mecanismos de interacción son más virtuales que nunca, se abre la pregunta de cómo nos comunicamos los seres humanos. ¿Estamos tipeando más y hablando menos?

Harun Farocki, Schnittstelle [Interfaz], 1995 video Beta SP (proyección doble), loop. Cortesía: Bienalsur

Continuando con el recorrido nos encontramos con una instalación de Harun Farocki (Chequia/Alemania) titulada Interfaz, compuesta por dos televisores que emiten imágenes simultáneamente. Lo interesante es que las escenas que se ven se repiten en uno y otro monitor, pero las tomas, perspectivas y cortes de edición son diferentes. En las pantallas vemos el proceso de edición necesario para estructurar el relato de un video. Según cómo se editen las imágenes, el mensaje puede variar. ¿De qué manera influye la perspectiva del editor, su punto de vista, en el contenido narrado, en la historia que se cuenta? ¿Con qué encuadres se muestra la realidad?

Una frase de Susan Sontag acompaña la obra: “La cámara atomiza, controla y opaca la realidad. Es una visión del mundo que niega la interrelación, la continuidad, pero confiere a cada momento el carácter de un misterio. Toda fotografía tiene múltiples significados, en efecto, ver algo en forma de fotografía es estar ante un objeto de potencial fascinación. La sabiduría esencial de la imagen fotográfica afirma: esa es la superficie. Ahora piensen —o más bien sientan, intuyan—cómo debe ser la realidad si esta es su apariencia. Las fotografías que en sí mismas no explican nada son inagotables invitaciones a la deducción, la explicación, la fantasía”.

Joan Fontcuberta, Herbarium, 1982-1985, 32 fotografías, vinilo impreso. Foto cortesía CCK

Ya en otra sala, se despliega sobre la pared la obra Herbarium (1982-1985) del español Joan Fontcuberta, compuesta por 32 fotografías. Lo primero que se observa son imágenes de herbarios y plantas. Sin embargo, en realidad, se trata de representaciones que simulan ser plantas, pero construidas a partir de restos industriales como plástico, huesos o fragmentos vegetales.

En esta obra, el artista emula la sistematización de los herbarios de Karl Blossfeldt. En una vitrina frente al políptico se presenta el libro de Blossfeldt con las fotografías científicas que él tomaba de las plantas, que, en rigor, no parecen plantas sino objetos o esculturas. El artista juega con la percepción del observador, con la relación entre apariencia y realidad, a través de un montaje.

Fabio Kacero en colaboración con Unión Gaucha, Totloop, 2003. Video, 16 mm, 4:30 min.

Totloop (2003), del artista argentino Fabio Kacero en colaboración con Unión Gaucha, es un video originalmente filmado en 16mm que registra escenas del artista acostado en distintos espacios públicos de Buenos Aires, simulando estar muerto. Nuevamente, aparece el concepto de engaño. El artista busca jugar con la reacción de la gente. Quien mira el video podría plantearse si es que a nadie le conmueve una persona tumbada en la calle ¿Nadie se sorprende, nadie se detiene a mirar por curiosidad?

Kacero utiliza el simulacro para cuestionar las nociones de percepción, autenticidad y realidad. Realizado hace dos décadas, este trabajo cobra vigencia en tiempos en que la tecnología y las plataformas digitales permiten la creación y propagación de noticias falsas, imágenes manipuladas y perfiles sociales ficticios de manera más accesible que nunca, afectando la manera en que percibimos la realidad y la verdad.

Más adelante, una video instalación de Liliana Porter titulada Actualidades (2016) recrea un noticiero, pero en lugar de usar palabras, utiliza imágenes. El noticiario tiene sus secciones y en cada una de ellas se narra una historia a partir de las típicas miniaturas de la artista proyectadas en la pantalla. En la sección “Violencia doméstica”, se ven muñequitas rotas; en la sección “Religión”, hay un cristo de plástico con lucecitas que se prenden, así como un titular con la palabra “Milagro”. Sigue la sección “Clasificados”.

La reflexión aquí es sobre los límites entre ficción y realidad, entre el concepto y la representación visual, un asunto que ha trabajado Porter a lo largo de su carrera. A través de la creación de escenarios y situaciones ambiguas, la artista invita a los espectadores a cuestionar la autenticidad de lo que están viendo y a reflexionar sobre la naturaleza engañosa de la representación visual.

Daniel Canogar, Chyron Special Edition, 2023, proyección, software generativo, ordenador loop. Foto cortesía del artista

En la muestra también se exhibe Chyron, de Daniel Canogar, un video construido a partir del entrelazamiento de tickers o chyrons, las franjas informativas de los noticieros de TV que aparecen en la parte inferior de la pantalla. A través de un software, los titulares se presentan en tiempo real como cintas de colores, mientras que los espacios negros en el tejido representan las noticias falsas. Según el artista, este enredoremite al frágil y a veces inestable equilibrio de un ecosistema informativo que se alimenta de fuentes tan dispares y a veces enfrentadas. Canogar plantea aquí al textil como metáfora del tejido social que la información crea.

Otras obras apelan directamente a la industria editorial y a la censura de la que ha sido víctima. Está el boceto y una fotografía del Partenón de los libros prohibidos, la obra que Marta Minujín instaló originalmente en 1983 con el retorno de la democracia en la Argentina, colocando en su partenón de la 9 de julio todos los libros prohibidos por la junta de gobierno. Esa misma instalación se presentó en 2017 en Documenta 14 (Kassel, Alemania).

Hay otras obras en la muestra que dialogan con este clásico de Minujín ampliando la conversación y trayéndola a la actualidad, levantando la pregunta de qué tipos de censuras se dan hoy en el mundo digital.

Roberto Jacoby en colaboración con Eduardo Costa y Raúl Escari, Happening para un jabalí difunto, 1966, vinilo impreso, dimensiones variables. Cortesía: Archivo Roberto Jacoby
Afiches de Tucumán Arde. Cortesía: Bienalsur
Afiches de Tucumán Arde. Cortesía: Bienalsur

En la exposición se reproducen también obras de artistas referentes de los años 60´, cuando el arte conceptual, político y de medios cobraba fuerza en Argentina. En un pasillo se yergue Happening para un jabalí difunto, de Roberto Jacoby en colaboración con Eduardo Costa y Raúl Escari, la reproducción de la página de un diario que en 1966 publicó la noticia de un happening que nunca ocurrió.

Otro pasillo está cubierto con afiches de Tucumán Arde, el colectivo de artistas que en 1968 se organizó para realizar acciones de arte contra la dictadura argentina, entre ellas tapizar la ciudad con carteles que llevan impresa la frase Tucumán Arde. También se presenta el documental Tucumán Arde – documento, sobre lo que fue, quizá, la acción que marcó el punto cúlmine en que los límites entre el arte conceptual y la política se desdibujaron en pos de la desaparición del objeto artístico, rompiendo con todos los límites de la expresión artística y, sobre todo, y en esa época, con la institución arte.

Voluspa Jarpa, Primera persona del plural (detalle), 2017. Parte de la serie de trabajos ligada a los archivos desclasificados. Foto cortesía del CCK

La muestra puede visitarse hasta el domingo 29 de octubre en el Centro Cultural Kirchner, Sarmiento 151, Buenos Aires.

Artistas y colectivos: Adriana Bustos, Daniel Canogar, Jordi Colomer, Daniela Comani, Eduardo Costa, Roberto Jacoby, Raúl Escari, Declinación Magnética, Etcétera, Harun Farocki, Joan Fontcuberta, Dora García, Gabriel Garcilazo, Voluspa Jarpa, Fabio Kacero, Ali Kazma, José Luis Landet, Marta Minujín, Antoni Muntadas, Marie Orensanz, Daniela Ortiz, Liliana Porter, Cristian Segura, Sociedad de amigos y benefactores de las artes de Cañada Rosquín, Tucumán Arde, Santiago Villanueva.

Lucía Vázquez Ger

Abogada y periodista. Tiene maestrías en Comunicación Estratégica y Periodismo, esta última en el diario La Nación en conjunto con la Universidad Torcuato Di Tella. Actualmente estudia un Magíster en Curaduría de Arte en ESEADE, Buenos Aires. Ha trabajado en fundaciones sin fines de lucro en las áreas de relaciones públicas y levantamiento de fondos, tanto en Argentina como en Chile. Actualmente se desempeña como consultora en comunicación y periodista freelance especializada en arte y cultura.

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