CHIACHIO & GIANNONE: COMECHIFFONES
No hay que ser filósofo para descubrir el carácter relacional del sentido. No existe el sentido a priori, ese a priori ya es un sentido. El sentido nunca es original, porque en el origen siempre subyace el mito, la fábula, la ficción primaria. El sentido surge en las relaciones, de las relaciones, por las relaciones.
Las vetas son infinitas, de ahí la gracia de jugar el juego; dependerá en todo caso de los sujetos asociar con lucidez, lo que no significa dar en la tecla (no hay blanco en el juego del sentido), sino todo lo contrario: leer mal (quizás leer mal signifique leer bien), a contramano, digresivamente, cruzando los cánones. Lo dejó firmado Michel Foucault en aquella inolvidable conferencia dictada en Royaumont (1964) en torno a Marx, Nietzsche y Freud, trío inmortalizado posteriormente por Paul Ricœur como “Maestros de la sospecha”.
Esta introducción básica sirve para adentrarnos en Comechiffones, de Leo Chiachio y Daniel Giannone en galería Ruth Benzacar, que invita a trazar líneas de fuga entre artistas y movimientos de la historia del arte. Las combinaciones son innumerables; repasemos sólo dos nombres propios a los fines de dimensionar el amplio espectro: de Alfredo Guido a David Hockney.
Quien se encarga de reponer y articular esas líneas es Leandro Martínez Depietri, curador de la muestra. En general, por el carácter monótono, prefiero mantenerme a distancia de los textos curatoriales, pero en la producción de Depietri sobresale una astucia narrativa que da respiro entre tanto naufragio poético.

Un procedimiento recurrente en Chiachio & Giannone consiste en utilizar retazos, trabajar con lo que hay, con lo que a otro le sobra. El retazo es materia sin valor per se. Un resto, el resabio de una obra completa.
En este punto, lamentablemente, me veo obligado a introducir una anécdota de mi niñez. A los diez u once años solía escaparme de casa para visitar a mi abuela y ver juntos clásicos del cine. Fue mi educación estética y sentimental. Una de aquellas tardes vimos Retazo, de 1939, dirigida por Elias Alippi y protagonizada por Paulina Singerman. Es un fenómeno entrañable. Las telas zurcidas de la muestra activaron un recuerdo infantil en apariencia olvidado.
Retazo cuenta una historia dramática y de superación personal (se estaba gestando, antes del peronismo, el imaginario de clase media y el ascenso social), con una secuencia célebre, la de Singerman (¿será casualidad que la máquina de coser más famosa en Argentina la haya producido la empresa Singer?) perdida en el caos de la ciudad y buscada al grito de “¡Retazo, retacito!”.

Chiachio & Giannone crean, básicamente, escenas a las que deberíamos quitarles su semblante teatral, ligado a representación. La escena en teatro implica pose, actuación, decorado y nada de lo expuesto en la galería se asemeja a eso, aunque parezca lo contrario.
Para eludir equívocos al respecto, pensemos escena en clave cinematográfica, como “cada parte de la película que constituye una unidad en sí misma, caracterizada por la presencia de los mismos personajes”.
Las dos condiciones quedan estampadas en Comechiffones. Chiachio & Giannone aparecen en cada una de las unidades que tienen sentido en sí mismas. Son ellos “las tías”, “los madurones”, la “unidad creativa”, los “craft boys”, idénticos protagonistas con diferentes nombres según la denominación de quien los interprete.
Con un detalle, las escenas remiten al pasado, pero están sujetas a procedimientos contemporáneos: surge entonces una extrañeza. Estamos en el presente de la confección, del ensamble, del retrato, pero mirando hacia el pasado de una pareja, de una familia, de un país. O sea, se produce un desfasaje entre el ver y el saber, entre el recuerdo y la percepción.
Entra a tallar en este lazo invisible el carácter inactual de la muestra, su anacronismo, lo que provoca cruces temporales que desorientan (u orientan de una forma invertida) al espectador, como si al entrar a la galería se sumergiera en el túnel del tiempo. Tal es así que en el texto de Depietri, abocado a remarcar cuestiones temporales e históricas, se mencionan el siglo XVIII, XIX, XX y algunos años del XXI.

Nadie dudaría de la impronta naif de la exposición. Nadie dudaría porque la exposición asume, orgullosa, ese carácter. Sin embargo, su condición no es obstáculo -¿por qué lo sería?- para instalarse directamente en la construcción identitaria de la Argentina, país autopercibido de clase media, un pueblo satisfecho de haber descendido de los barcos, de inmigrantes blancos que llegaron con una mano atrás y otra adelante.
Mito verdadero, y a la vez, falso, en vista de la enorme cantidad de pueblos originarios y descendientes de africanos ignorados a la hora de (re)escribir nuestra historia. Pero ¿cuál es nuestra historia? ¿La historia de una carencia?
Tomemos de vara crítica el título. La referencia inmediata señala al comechingón, nombre vulgar con el cual se alude a dos etnias originarias que habitaban Córdoba y San Luis en la época de la Conquista (siglo XV, XVI y XVII), y también alude a chiffon, chiffonniers, vocablos ligados al cirujeo, la transformación, el ensamblado, y por elevación al supuesto linaje de muchos argentinos. En esta sintonía se destacan la mecedora esterillada y los gobelinos, presencias obligadas en las casas de trabajadores con pretensiones aristocráticas, o al menos pequeñoburguesas, como la de mi abuela.
Las de la muestra son imágenes en movimiento de una historia cerrada, pero como cualquier proceso histórico (y psíquico), ciertas rémoras permanecen latentes, activas, nunca terminan de pasar. Escribe Depietri: “…coser los descartes unos a otros, chiffon por chiffon, y sin moldes previos. De la costura de los sueños desechados de la sociedad de consumo, nacen imágenes dialécticas que iluminan las luchas del presente”.
La Argentina es un país paradójico. Los “vencidos que se creen vencedores” se trenzan con vencedores que no pueden cantar victoria. Tal vez las paradojas sean consecuencia de nuestro carácter plebeyo, socialista, anarquista, populista, peronista, aunque sobre estas condiciones pesa una ausencia feroz, que gracias Chiachio & Giannone abandona el fuera de campo y vuelve a escena: la indiada.

Chiachio & Giannone Comechiffones, se presenta hasta el 21 de octubre en la galería Ruth Benzacar, Juan Ramírez de Velasco 1287, Buenos Aires
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