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SADE. LA LIBERTAD O EL MAL

Sí, soy un libertino, lo admito; he imaginado todo lo que puede imaginarse en este género, pero desde luego que no he hecho todo lo que he imaginado y desde luego que nunca lo haré. Soy un libertino, pero no soy un criminal ni un asesino.

D.A.F. de Sade


La exposición SADE. La libertad o el mal, presentada por el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) hasta el 15 de octubre, explora las implicaciones estéticas, filosóficas y políticas del legado del escritor libertino Donatien Alphonse François de Sade (1740-1814) en la cultura moderna y contemporánea.

El Marqués de Sade ha sido visto como revolucionario y liberador por unos, o polémico y corrupto por otros. Sus escritos pueden ser interpretados como una filosofía de la libertad, emancipadora y subversiva, o como una filosofía del mal, que muestra la dimensión excesiva y violenta de la literatura comparada.

Para superar esta contraposición, los curadores de la muestra Alyce Mahon y Antonio Monegal consideran que Sade nos propone un desafío: por la vía de la ficción, nos invita a imaginar los límites y los peligros de la soberanía del deseo. Sirviéndonos de guía o mediador, nos lleva a preguntarnos si sus escritos representan una filosofía de la libertad, emancipadora y subversiva, o una filosofía del mal, que muestra la dimensión excesiva y violenta de la experiencia humana.

Esta exposición rastrea los múltiples ecos y encarnaciones de un icono cultural controvertido, que remiten a las diferentes maneras de leer el legado de Sade. A través de la recepción de sus obras por parte de artistas e intelectuales y de su presencia en la cultura de masas se constata el impacto de sus polémicos escritos. La abundante producción cultural que se refiere directa o indirectamente a Sade es un síntoma de la fascinación, incomodidad y ambivalencia que sus ideas provocan, de su potencial subversivo y de la medida en que sus escritos resuenan todavía hoy en día.

La exposición nos invita a revisar estereotipos, como los asociados al término sadismo, y a reflexionar sobre cómo Sade puede provocar conmoción y horror, por un lado, y por el otro ser aclamado como la personificación de la revolución.

Donatien Alphonse François de Sade, La Nouvelle Justine, ou les Malheurs de la vertu, suivie de l’Histoire de Juliette, sa soeur (vol. 1), a Holanda 1797, Bibliothèque nationale de France Réserve des livres rares, París

PRÓLOGO: SADE Y SU FILOSOFÍA EN EL TOCADOR

Durante su vida Sade sufrió la represión, la cárcel y la censura y escapó por poco a la guillotina. Figura excesiva y contradictoria, fue a la vez un aristócrata, un heredero del Antiguo Régimen que explotó sus privilegios, mientras pudo, para satisfacer sus deseos. Estuvo prisionero durante veintisiete años, perseguido y castigado por sus tendencias sexuales, sus posiciones políticas y morales, y sus escritos, y terminó su carrera montando obras de teatro en el manicomio de Charenton, en las afueras de París.

Su principal ambición fue ser reconocido como hombre de letras y se entregó sin descanso a la escritura, produciendo una obra desmesurada de la que parte se ha perdido. Gracias a la reedición de sus obras, el siglo XX asistió a un auténtico culto a Sade. Nuevas generaciones de escritores y artistas abrazaron su filosofía transgresora y su mensaje revolucionario, y su impacto continúa.

La exposición está dividida en cuatro áreas temáticas o «pasiones», un término tomado del léxico de su obra Los 120 días de Sodoma, que el propio Sade describió como «el relato más impuro que se haya contado desde que el mundo existe». Estas cuatro pasiones ofrecen variaciones del legado de Sade y se escenifican en esta exposición a través de las siguientes secciones: Pasiones Transgresoras, Pasiones Perversas, Pasiones Criminales Y Pasiones Políticas.

El prólogo presenta obras de Joan Fontcuberta y Paul Chan, las primeras ediciones de los libros de Sade y fragmentos de Salò de Pier Paolo Pasolini.

Gilles Ehrmann, Fotografía 8 de la performance de Jean Benoît «Exécution du Testament du Marquis de Sade», 1959. Fotografía, tiraje de época, 28,3 x 18,1 cm. Collection Mony Vibescu, París. Fotografía: © Gilles Berquet
Jean-Jacques Lebel. Fotografías del happening «120 minutes dédiées au divin marquis», 1966. Impresión en color sobre papel Fujicolor, 53 x 46 cm c/u. Musée d’arts de Nantes ©Musée d’arts de Nantes, Nantes. Fotografía: © Cécile Clos/ADAGP
Leonor Fini. Ilustración para el libro «Histoire de Juliette del Marqués de Sade», 1944. Pluma y tinta, aguada sobre papel. Cortesía de Richard Overstreet, París

PASIONES TRANSGRESORAS

Las vanguardias del siglo XX descubrieron en Sade a un portavoz de la libertad. Apollinaire publicó en 1909 una antología de sus textos y Maurice Heine comenzó a reeditar sus obras a partir de 1926. Gracias a este rescate editorial, empieza a ser accesible. Los surrealistas lo reconocen como un precursor y una larga serie de artistas ilustran su obra o la invocan —Luis Buñuel, Salvador Dalí, Man Ray, Leonor Fini, Toyen, André Masson y Hans Bellmer, entre otros—.

Desde la Segunda Guerra Mundial la respuesta adquiere una dimensión filosófica. Simone de Beauvoir concluyó en 1951 que no debemos quemar a Sade, sino leerlo, y desde entonces el reto ha sido cómo juzgar su legado: como modelo de transgresión y soberanía o como muestra de los peligros de la racionalidad pura y la libertad absoluta.

El año 1947 ve la publicación de Sade mi prójimo, de Klossowski, Juliette o Ilustración y moral, de Adorno y Horkheimer, y dos ensayos de Blanchot y Bataille. Hay relecturas en los sesenta, por parte de Lacan, Foucault, Deleuze y Barthes, y un número especial de la revista Tel Quel de 1967, que enlaza con la reivindicación del Sade revolucionario en mayo del 68.

En este primer capítulo podrán verse obras de Otto Dix, Salvador Dalí, Luis Buñuel, Alberto Giacometti y Roberto Matta, libros ilustrados por Leonor Fini, Toyen, André Masson y Hans Bellmer, y documentación fotográfica de una performance de Jean-Jacques Lebel.

Pierre Molinier, Autoportrait avec «éperon d’amour», 1966. Gelatina de plata de época, 16,6 x 12 cm. Collection Mony Vibescu, París. Fotografía: © Gilles Berquet

PASIONES PERVERSAS

La segunda mitad del siglo XX popularizó la figura de Sade, aprovechando su papel polémico para explorar los límites de la representación del erotismo. A partir de finales de los sesenta se convirtió en un icono cultural presente en películas, cómics y otros productos de consumo. Esta emergencia de Sade en la cultura de masas y underground, que corre paralela a la liberalización de la sexualidad y parecería haberlo «domesticado», no lo ha despojado de su dimensión perturbadora e irrepresentable, que se pone de manifiesto cuando se atraviesan ciertas barreras sociales, provocando el escándalo, la censura o la intolerancia.

Si entendemos por perversión, sin connotaciones peyorativas, la desviación de la norma, la influencia de Sade y la invocación de su figura están asociadas a la aceptación social de prácticas sexuales no normativas libremente consentidas, tradicionalmente consideradas «pervertidas», como el BDSM, y la reivindicación de la multiplicidad del deseo y el cuestionamiento de los roles de género. Encontramos resonancias sadianas desde la publicidad hasta los best-sellers. En este panorama de aparente tolerancia, la radicalidad de Sade no se ha esfumado y conserva su capacidad subversiva, reclamada por artistas y activistas LGBT+.

Algunos de los artistas presentados en este apartado son Pierre Molinier, Susan Meiselas, Robert Mapplethorpe, Miguel Ángel Martín, Jan Švankmajer, Nobuyoshi Araki, Quimera Rosa, Joan Morey y Carles Santos.

Susan Meiselas, Ready for Mistress Kayla the Dungeon. De la serie Pandora’s Box, Nueva York, 1995. Fotografía, 42 x 62 cm. Cortesía de Susan Meiselas / Magnum Photos, París

PASIONES CRIMINALES

En el siglo XIX, Krafft-Ebing acuñó el término sadismo para clasificar una patología sexual que se caracteriza por alcanzar el placer infligiendo daño, y desde entonces el nombre de Sade se ha asociado coloquialmente al abuso, la crueldad y la dominación. Sade declaró no ser ni un criminal ni un asesino, pero su obra nos obliga a enfrentarnos al lugar del mal en la experiencia humana tanto como en las fantasías.

Sus personajes practican y justifican las mayores atrocidades, aduciendo la inclinación de la naturaleza a la violencia, la destrucción y el dominio del más fuerte. Ante la evidencia del horror en sus múltiples manifestaciones, la ciencia se ha interrogado acerca de eso que llamamos el mal, mientras que la investigación, sobre todo en psicología y neurociencia, ha explorado diversas hipótesis.

Son famosos los experimentos de Milgram sobre la obediencia a la autoridad y de Zimbardo replicando las condiciones de una prisión. Los medios de comunicación nos informan cotidianamente de numerosos casos de violencia de género, violaciones y abusos infantiles, a la vez que el público exhibe la afición morbosa a consumir historias de asesinos en serie y otras noticias sensacionalistas de crímenes.

Este capítulo de la muestra expone obras de Sira-Zoé Schmid, Paul McCarthy, Laia Abril y Domestic Data Streamers, los experimentos de Milgram en Yale y Zimbardo en Stanford, y un fragmento de Funny Games de Michael Haneke.

Teresa Margolles, PM 2010, 2012. Instalación, 313 imágenes de portadas del periódico PM, Ciudad Juárez, México, 2010, 300 x 1300 cm. Cortesía de la artista y Galerie Peter Kilchmann, Zúrich / París. Foto: Vincenzo Rigogliuso/CCCB
Teresa Margolles, PM 2010, 2012. Instalación, 313 imágenes de portadas del periódico PM, Ciudad Juárez, México, 2010, 300 x 1300 cm. Cortesía de la artista y Galerie Peter Kilchmann, Zúrich / París. Foto: Nereis Ferrer/CCCB

En el sadismo y en la política del poder los seres humanos se convierten en objetos.

Pier Paolo Pasolini


PASIONES POLÍTICAS

Según leamos nuestro tiempo, Sade está más presente que nunca en nuestra cultura, reciclado en un sistema de valores donde imperan el egoísmo, la gratificación del deseo y la ganancia, propios de la lógica neoliberal. Sade nos recuerda que la razón ilustrada es la fuente de los derechos humanos y su negación. Se discute acerca de los rasgos sádicos del nazismo y de otras formas de opresión, como el colonialismo y la esclavitud, pero Sade se opuso a la violencia desapasionada de la Revolución Francesa y le horrorizaron las ejecuciones en la guillotina de las que fue testigo. Para sus personajes, la tortura, el expolio y hasta el exterminio son fuente de placer individual.

Sin embargo, la violencia y el abuso de poder tienen una dimensión colectiva, sistémica, que cabe examinar a la luz de las ideas de Sade. No se trata de atribuir a Sade todos los males de la humanidad, sino de que nos ayude a entender de dónde surgen, al leer sus escritos como un desafío a ser capaces de encarar lo que significa el mal.

Joan Fontcuberta, Teresa Margolles, Marcelo Brodsky, Kara Walker y Blalla Hallmann son algunos de los artistas presentes en este capítulo.

Shu Lea Cheang, SadeX tableaux, serie de siete fotografías. Cortesía de la artista

EPÍLOGO: EL ESCENARIO DE UNA REVOLUCIÓN

La vocación por el teatro acompañó a Sade toda su vida y a ella se entregó plenamente durante su encierro en Charenton. El epílogo rinde homenaje a esta dedicación reuniendo creadores y producciones de las artes performativas donde encontramos ecos de su legado. Sade propone un relato transgresor, una apología de la libertad escrita por un individuo que pasó en prisión la mitad de su vida adulta.

En el siglo XXI, el nombre y las obras de Sade continúan siendo invocados por el postfeminismo, la teoría queer, el posporno, el teatro, el cine y el arte contemporáneo. Exploran el potencial utópico del universo sadiano, desafiando la censura y los límites de la prohibición para reivindicar el poder del deseo y la imaginación.

Los debates sobre Sade y los múltiples «sadismos» con los que asociamos su nombre ponen de manifiesto la tensión entre sus ideas libertinas y los desafíos morales que plantean. ¿Debemos considerar la obra de Sade como una filosofía de la libertad o del mal? Al concluir formulando una pregunta constatamos quizás que son indisociables. Sin pensar el mal, es difícil definir la libertad.

La exposición se cierra con un fragmento de la obra Le retour de Sade, de Bernard Noël, así como muestras audiovisuales y fotografías de las obras de Albert Serra, Candela Capitán, Angélica Liddell y Shu Lea Cheang.

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