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SANGRE Y SAVIA

La ficción especulativa –tanto en la literatura latinoamericana como en el arte– ha fungido como una manera de confrontar la fractura metabólica (1) de los distintos presentes que se conjugan a nivel planetario. Imaginar cómo serán nuestros futuros implica cuestionar las formas de narración histórica impuestas desde una sola voz que, hasta el momento, ha mantenido a lo humano-colonial-hegemónico al centro del relato. El colapso ecológico nos invita a reflexionar sobre cómo será el futuro de la Tierra con o sin nosotrxs en este.

En este sentido, la exposición colectiva Sangre y Savia, curada por Adriana Flores a través de la plataforma curatorial Lava en Studio Croma, Ciudad de México, apunta a identificar las similitudes entre el funcionamiento del sistema circulatorio vegetal, la savia, y el animal/humano, la sangre, que en el imaginario de un mundo posthumano y postnatural predomina por medio de la existencia de holobiontes.

Para ello, Adriana Flores toma como punto de partida el libro Planeta simbiótico. Un nuevo punto de vista para la evolución de la bióloga estadounidense Lynn Margulis y la teoría evolutiva de la simbiogénesis que consiste en la asociación de distintos organismos habitando el interior de otro ser vivo.

Como señala Margulis, estas micro relaciones, aunque invisibles, están presentes en todos lados: “No son sólo nuestras pestañas e intestinos los que están abarrotados de simbiontes animales y bacterianos; si uno mira en su jardín o en el parque del vecindario los simbiontes quizá no sean obvios pero están omnipresentes” (2).

Es por eso que no resulta absurdo imaginar que, en cientos de años, los animales, las plantas utilizarán como membrana materiales plásticos y desechos de máquinas, dando paso a la existencia de especies quiméricas.

Vista de instalación Sangre y Savia, Studio Croma, 2023, CDMX. Foto: Margot Kalach
Vista de instalación Sangre y Savia, Studio Croma, 2023, CDMX. Foto: Margot Kalach

En este panorama, Sangre y Savia nos muestra la subsistencia de especies en paisajes inhóspitos. A estos modos de vida, la antropóloga Ann Tsiang los nombra como ecologías de la perturbación, haciendo referencia a la posibilidad de existencia entre ruinas donde surgen “nuevos ensambles, alianzas inesperadas”(3). El futuro es incierto para los humanos, pero la vegetación y los microorganismos logran preservar el flujo vital devorando los desechos industriales de un pasado capitalista.

Sangre y Savia nos recibe con un texto que, más que guiarnos a través de la premisa curatorial, funge como un detonador que se vale de la ficción especulativa para llevarnos a un futuro que se nos alerta cercano. En este, somos de los pocos humanos que aún logramos andar entre estas ruinas. Respiramos con dificultad el escaso oxígeno que queda sobre el planeta, caminamos entre las redes de interdependencia inestables del mundo vegetal. Y en un entramado complejo de criaturas salvajes de otros tiempos, que no son los pasados, sino los que nos sobrevienen, “exuda[mos] el pus colonial para conformar un ecosistema que procura el cuidado de otrxs cuerpos vivientes” (5).

A lo largo de la muestra, nos encontramos con obra de lxs artistas Umico Niwa, Joshua Merchan, Daniela Ramírez, Christian Wedel, Diana Sofía Lozano, ASMA, Regina Hoyos, Manuel la Rosa, Soft Circuit Babe, Luis Campos, Sonia Bandura, Miguel Cinta Robles, Ramiro Ávila, Sebastián Terrones y Carlos Iván + Wimpy Salazar.

Cada pieza nos interna en un ecosistema que rompe categorías binarias como naturaleza-cultura o salvaje-civilizatoria y que, al contrario de estas divisiones que atraviesan procesos de violencia social, ecológica, económica y territorial, se propone como un holobionte conformado por un entramado vital complejo y amplio.

Caminamos por paisajes postindustriales entre flores/frutos, animales/plantas, plantas plásticas-mutantes, plantas máquina-trepadoras, quizá carnívoras o fagocitadoras de poliuretano, cuya vida se preserva debido a un sistema circulatorio híbrido que les ha permitido adaptarse a los desechos tóxicos.

Estos animales/plantas, mitad artefactos, nos llevan a reflexionar desde nuestra contemporaneidad sobre cómo habitar un mundo que está muriendo, cómo quebrar las nociones coloniales y modernas que ponen al humano al centro de la historia planetaria.

A continuación describo y reflexiono sobre algunas de las obras que componen esta muestra.

Umico Niwa, Baby Shoe Series: Vacant Lux, 2023. Foto: Margot Kalach
Ramiro Ávila, The edging fruit, 2022. Cables, pasta para coche, plástico, silicón. Foto: Margot Kalach

En la sala principal, nos reciben las obras Baby Shoe Series: Vacant Lux y Daphne Adorned Series, de Umico Niwa (Japón, 1991), y The Edging Fruit, de Ramiro Ávila (Guadalajara, MX, 1989). Son ensamblajes de criaturas monstruosas compuestas de materiales industriales y orgánicos. Estas figuras fantásticas juegan con la especulación a través de objetos que nos resultan cotidianos, convirtiéndose en seres inquietantes que simulan cobrar vida.

Por otro lado, la serie de dibujos ADAGIO, de  Luis Campos, nos inserta en una atmósfera que recuerda a la pintura metafísica, paisajes oníricos donde se yuxtaponen objetos que pueden o no tener relación entre sí. El inconsciente es sustituido por el espacio virtual. Aquí, los cuerpos se diluyen y mezclan entre lo vegetal, la máquina y lo líquido de las pantallas. La serie muestra las líneas cada vez más difusas entre estos planos de realidad que, aunque distintos, impactan de manera incisiva en nuestras identidades sociopolíticas.

En el caso de la instalación Todo está floreciendo (Everything is blooming) [2020], Daniela Ramírez (Guadalajara, MX, 1991) nos presenta flores modeladas en espuma floral cubiertas con pintura de uretano. Ramírez retoma la iconografía de flores y mariposas que acompañan las esculturas dedicadas al dios Xochipilli, príncipe de las flores, perteneciente al panteón mexica. Busca profundizar en los ciclos de la vida que se adjudican a esta deidad y da cuenta de las relaciones con el entorno natural en las sociedades mesoamericanas. También, evidencia cómo las conexiones con lo vegetal y lo animal han sido sustituidas por la artificialidad de objetos industriales producidos en masa. En Sangre y Savia, Todo está floreciendo se presenta como una memoria encapsulada que logró preservarse pese a los intentos de suprimir los relatos de su historia.

Luis Campos, de la serie Adagio, grafito sobre papel. Foto: Margot Kalach
Daniela Ramírez, Todo está floreciendo, 2023. Foto: Margot Kalach

Sonia Bandura (Buenos Aires, AR, 1992) cita a la bióloga Lynn Margulis a través de su obra Holobionte Fig. 1. Parte de la noción de que tanto la biología como la naturaleza son construcciones discursivas resultado de las interacciones entre actores semiótico-materiales, humanos y no humanos.

Así, desde una visualidad que se vale de gestos fluidos que aluden a la sexualidad femenina, cuestiona las categorías divisorias entre humano y naturaleza. Dichas nociones, puntualizadas con mayor fuerza en el pensamiento Ilustrado, mostraban lo femenino otro como una otredad que debía ser conquistada y como una máquina de reproducción de la mano de obra capitalista.

Holobionte, de Bandura juega con el absurdo de los referentes del discurso racionalista y crea un simbionte que fagocita dichas cargas culturales y estereotípicas.

Espécimen X de la serie El metal atraviesa la carne y perpetúa su forma, escultura de Manuel la Rosa (Lima, PE, 1989), está elaborada con un tubérculo andino cubierto de clavillos de níquel que le permiten conservar su forma, llevar un lento proceso de deshidratación y que, por tanto, detiene el proceso de descomposición al evitar la proliferación de bacterias.

Un vegetal de composición orgánico-maquínico que, visto desde el presente, podría aludir a la disyuntiva de germinar semillas modificadas genéticamente debido a las condiciones de la tierra ante el cambio climático. En la narrativa de la muestra, el tubérculo se hospeda en una máquina que le cuida de no perecer.

Por último, la pieza Volcán de Sebastián Terrones (Cancún, MX, 1992) es un biotextil cultivado de gramíneas cuya forma remite a la silueta de dichas estructuras geológicas. Terrones sitúa su práctica artística en un campo donde la producción es posible a través del “cultivo”, un quehacer que requiere de reiteradas acciones de cuidado y la posibilidad de expandir cómo entendemos la comunicación entre especies.

El resultado de la obra parte de la interacción de distintos seres vivos que, en este caso, aludiendo al paisaje, da cuenta de un entorno vivo que respira, se contrae y dilata, una y otra vez desbordándose. Esta pieza conjuga la premisa de Sangre y Savia, en la que una relación simbiótica entre humanos y no-humanos da continuidad al flujo vital; ya no como dos mundos separados, sino como uno que se constituye a través de redes de interdependencia y colaboración que pueden ser tan armónicas como caóticas. 

Sonia Bandura, Holobionte Fig. 6. Foto: Margot Kalach
Manuel la Rosa, Espécimen X de la serie El metal atraviesa la carne y perpetúa su forma, 2023
Sebastián Terrones, Volcán, 2022. Foto: Margot Kalach

Regresamos a Lynn Margulis: “Los seres vivos luchan, se alimentan, danzan, se aparean y mueren […] Las formas de vida simbiogenéticas son incluso más improbables que sus inverosímiles “progenitores”.

Sangre y Savia nos lleva por un recorrido de estas existencias improbables. El escenario de incertidumbre se transforma en una potencia para especular más allá de lo humano, de relaciones interespecie, de organismos que pese al paisaje ruinoso insisten en buscar formas inesperadas de vida.

Se diluye la linealidad espacio-temporal para converger en una historia que aún no puede contarse, pero que está cerca. La podemos escuchar en nuestra piel, en la decadencia de las ciudades, la degradación de los ecosistemas, en el colapso ecológico, en la toma de la maleza de los edificios en abandono, en las plantas que buscan un hueco para crecer entre la basura. Esta historia puede soñarse, traerse al presente y casi palparse para crear estrategias y vivir con el problema.


Referencias

1. En Imperialismo ecológico y la fractura metabólica global. Intercambio desigual y el comercio de guano/nitratos, Brett Clark y John Bellamy Foster hacen referencia al concepto de fractura metabólica para referirse a cómo el capitalismo opera a escala global como “un orden metabólico social, que genera fracturas en relaciones metabólicas subyacentes entre la humanidad y la Tierra y al interior de la propia naturaleza”. Theomai, núm. 26, julio-diciembre, 2012. Red Internacional de Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo Buenos Aires, Argentina.

2. Margulis, Lynn, “Simbiosis por todas partes”, Planeta simbiótico. Un nuevo punto de vista para la evolución, Debate, Barcelona, España, 2002.

3. Entrevista de Nastasia Hadjadji a Ann Tsiang, original en francés y republicado en español por Climaterra: https://www.climaterra.org/post/anna-tsing-imaginemos-un-arte-de-vivir-en-las-ruinas-del-capitalismo

4. Cita al texto curatorial de Adriana Flores para Sangre y Savia


La muestra se podrá visitar del 17 junio al 15 de julio de 2023 en Croma, calle Alumnos 52, San Miguel Chapultepec, Ciudad de México

fernanda ramos mena

Ciudad de México, 1991. Curadora y gestora. Su investigación se centra en la noción de activismo curatorial con el objetivo de dar salida a proyectos que cuestionen las narrativas lineales, patriarcales y hegemónicas del arte. Entre 2019 y 2022 formó parte del equipo curatorial del Museo de Arte Moderno en CDMX. Además, ha curado proyectos independientes para el ASU Art Museum (Tempe, Arizona, 2022-23) y Salón Silicón y Pequod Co (2023) en CDMX. Es curadora de la obra/repositorio “Último día del verano” de la artista chilena Paulina Silva Hauyon, que desde la literatura activa los archivos personales vinculados a mujeres y sexodisidencias. Es cómplice permanente de Dinamita plataforma, iniciativa editorial enfocada en el cruce entre los activismos transfeministas, el arte y la cultura, donde co-editó la publicación de dibujo “Trazar las disidencias”.

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