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OSCAR SALAMANCA: DEL CINISMO A LA GESTIÓN DEL “IMPLOSIONADOR”

Supe sobre el artista, docente e investigador colombiano Oscar Salamanca en el año 2009, cuando realizó una propuesta que en sí misma era una especie de “trampa divertida”, denominada ACIACI: Agencia de Construcción Imagen-Arte, Circuito y Coleccionismo Nacional e Internacional. Se trataba de una página web donde cualquier artista o ciudadano de a pie podía acceder a varias pantallas sucesivas en las que se indagaba acerca de su vocación por el arte y sus sueños, entre otros aspectos. Al final del recorrido por la página, al participante se le habilitaban 10 segundos para la impresión de un certificado con su nombre y apellido firmado por el “Doctor en Artes” Oscar Salamanca, donde directamente se le especificaba lo siguiente: “Usted ya es artista famoso y exitoso”. Allí estaba el germen engañoso del asunto, en una narrativa propagandística que le permitiría a cualquiera caer al foso trampeado.

Tuve la oportunidad de ver y disfrutar esa cuestionadora y satírica obra, jugosamente publicitaria, en el XIII Salones Regionales de Oriente del Ministerio de Cultura de Colombia, en el año 2010, donde incluso participé con una obra desde mi país. Después la vi en San Cristóbal (Venezuela), en el 2011, pues el circuito incluía ambos países.

Oscar Salamanca, Eat Shit, still de video

Para quien no conoce al maestro Salamanca (Colombia, 1968), podemos decir que es un multicreador y un poliversátil “hacedor de haceres”. Esto puede sonar absurdo, pero lo explicaré de modo progresivo. Nacido en Bucaramanga, se gradúa en el año 1993 de Maestro en Bellas Artes con especialización en pintura por la Universidad Nacional de Bogotá. Obtuvo varias becas para continuar estudios académicos dentro y fuera de su país (EE. UU., España y México). En el año 2005, se gradúa de Doctor en Artes por la Universidad de Barcelona (España), con la distinción Cum Laude. Actualmente es profesor del Departamento de Humanidades de la Universidad Tecnológica de Pereira e investigador senior en el Ministerio de Ciencia de su país, con algunos libros publicados.

Aun así, estuvo a punto de enfrentarse a un proceso disciplinario en la institución educativa donde labora bajo los cargos de “afectar la moral y la ética”, por la producción de su video-performance Eat Shit. En dicha obra, Salamanca simula, con recursos artesanales y de ficción digital, el proceso de “comer su propia mierda”. Inspirado por la frase sindicalista de protesta laboral “nos tienen comiendo mierda” y viendo el maltrato a algunos profesores en huelga en su propio espacio universitario, Salamanca, en solidaridad, se motiva a plantear esta cruda pieza conceptual, pero no fue comprendida.

El video-performance en cuestión no se inscribe en ningún movimiento con tintes sado-escatológicos, sino que fue conceptualizado para apoyar esa protesta de profesores “hora cátedra”. El video como tal fue censurado. Más adelante, Oscar también sería centro de atención por su video-performance Risa Colombia Risa, donde cínicamente se ríe “de y con” un grupo de indigentes del peligroso centro de Bogotá.

Oscar Salamanca, still de “Risa Colombia Risa”, 2011, 3:55 min.

En Oscar Salamanca vemos tanto a un “implosionador” como a un sujeto que busca detonar. A veces, con cinismo estético, transita también los senderos de una “trazabilidad” muy particular. Desde adentro de los sistemas se propone inocular sus venenos socio-reflexivos y críticos con jocosidad. Como “hacedor de haceres”, nos deja perplejos; puede pasar sin mayor problema de la docencia o la academia, de pintar en su taller a la gestión cultural y, finalmente, a su rol de aprendiz de lo que su contexto le deja incorporar para ser (siendo) implo/explosivo.  Más adelante, explicaré mejor estas terminologías.

Quien lea este ensayo sobre Salamanca y otros de mis ensayos, encontrará que de alguna manera lo anecdótico, lo experiencial y las ‘vivenciaciones’ forman parte del corpus estructural de mis textos como ‘curioseador’ que soy (nada experto, por cierto). Aquí pedalearemos realidades críticas que deben visibilizarse sin temor alguno.

Le pregunté a Oscar de dónde venía su trabajo performático o de acción implo/explosiva y que me explicara sobre su pasión por la pintura. También por cómo se mueve, rodea y actúa bajo-sobre y ante el sistema del arte. Me contó lo siguiente por WhatsApp:

Era muy raro que alguien de mi familia, algo autocrática, se dedicara al arte. Sí tuve una tatarabuela materna llamada Mercedes, que fue la pianista de mi familia; también existió mi tío Alejandro, que se fue huyendo a Venezuela. Él vivía en San Gil, en Santander. Y por allá en el país vecino sobrevivió pintando payasos y marinas. Ocurrió un desastre y murió. Él fue quien le abrió los ojos a mi hermano Álvaro Salamanca. Mi tío le consiguió una muestra a Álvaro en Venezuela, en Punto Fijo, y en esa región vendió todas sus acuarelas. Mi hermano Álvaro fue un gran pintor, excelente creador. Murió muy joven.

Ahora te contaré en parte sobre los performances y su génesis. Cuando estuve estudiando mi doctorado en España, tuve un compañero que se hacía llamar “Soy tu Puta”. Y eso me descolocó. Definitivamente, me descolocó con ese tema de lo transgénero, porque estamos hablando del año 2000, hace 22 años. El tipo hacía unas bellezas de video, pulcros y dinámicos, envolventes. Muy fuerte la transgresión total del man, porque ese tema era tenaz y rudo en esa época; muchas cosas eran casi innombrables. El hombre iba para un lado y para el otro. Verlo convertirse en mujer y demás, era un espectáculo. Me pareció asombroso.

Luego conocí a un señor de apellido Bolaño, en un parqueadero. Mi trabajo de inmigrante económico para financiar mis estudios de doctorado consistía en restaurar el interior de los vehículos, y fue allí que hablamos por pura solidaridad latinoamericana. Después tuve acceso a uno de sus libros de nombre Los Detectives Salvajes. Y allí, al leer sus páginas, me encontré y quedé prendado de un personaje que se llamaba “Piel Divina”. Y así, poco a poco fui interiorizando otro “yo” en la figura de lo que me representó durante un buen tramo de tiempo: la lastimosa personificación de “Libido herida”.

Este “motete”, ahora en función de una supuesta trilogía con “Soy tu Puta” y “Piel Divina”, me llevó a considerarlo como título de una exposición individual en el Centro de Cooperación Española en Cartagena de Indias, bajo la curaduría de María del Pilar Rodríguez. Pero yo no hacía performances ni nada en esa época. Solo pintaba. Y con el video tampoco me había puesto bacano.

Después, con unos estudiantes, empecé a inventar; y como yo era súper amante de la salsa, empecé a idear cosas. Y eso me fascinaba. Así me inicié en lo experimental, y al final de mi doctorado me dio por hacer un video-performance con mi cabello muy largo tratando de bailar salsa. Todo eso lo puse en un gran televisor, en un espacio donde no cabía casi nadie. Era como un túnel entrar allí. Entonces, me inventé el nombre de “Salsita”, que todavía me acompaña. Adoptar el seudónimo de “Salsita”, según creo, da mejor resonancia, ya que juega con mi apellido Salamanca… un tema de “eses”. Bailar, moverme, hace parte de mi actividad corporal cuando me involucro en la situación crítico-artística de mis obras. De allí tenemos video-performances convertidos en verdaderas sagas, como la serie Salsita, Puños Arte, un ‘superhéroe artista latinoamericano’ que se ha enfrentado a museos de diversos países.

Oscar Salamanca, “Yo caeré”, 2021, videoperformance, 3:39 min.

Ahora deseo volver al término “trazabilidad”. Encontré en la red un concepto que me encantó por su modo maleable: “La trazabilidad es una herramienta de gestión implícita en el sistema de Análisis de Peligros y Puntos de Control Crítico (APPCC, en inglés HACCP). La gestión del sistema APPCC, cuya finalidad es la reducción de los peligros asociados a la producción y comercialización de alimentos, requiere la identificación de los productos bajo la responsabilidad del operador económico”.

Fijémonos que estas terminologías se podrían llevar a otro plano y apropiarse como conceptos; yo las puedo conectar al arte de contexto social fluido y permeable. Es decir, Oscar, en su accionar, al parecer sustenta puntos de control y descontrol, momentos críticos y peligros variados. “Implosiona” hacia adentro, pero esa “cierta implosión” muy suya genera explosiones o exteriorización sensible. Le pregunté a Salamanca por sus puntos más críticos, porque sé que arriesgó su vida y, quizás sin darse cuenta, pudo generar más explosiones sin control alguno, tanto en La Habana como en España, o con los indigentes colombianos aquella vez.

Yo vuelvo a lo anecdótico porque eso, a veces, nos lleva a lo que somos. Por ejemplo, Oscar ha vivido cosas que van moldeando “su hacer” y “su quehacer de haceres”. Me contó (bajo su propia responsabilidad) que a inicios de los noventa en un Salón de Arte Santandereano le hicieron fraude en su propia cara, quitándole el Gran Premio para dárselo a otro artista participante que se fue del país. Uno de los más “respetables” miembros del jurado, según Oscar, le aseguró esto. Sin embargo, ese momento, Oscar no lo volvió explosión. Se lo guardó para sí. Lo que vivimos o resistimos va creando senderos extraños de acción futura. Es también por eso que uno va notando la insistencia de Oscar por lo crítico-sistémico, lo estructural, lo traumático o fraudulento en el arte contemporáneo, el “autoengaño” o el “engaño global”, las “mafias del arte”, la risa o burla de sí mismo y su sociedad a veces injusta, la ridiculización del propio “Doctor en Artes” hinchado de ego manía. Sobre los peligros, me dijo:

En la Bienal de Arte de La Habana, y bajo la figura de mi personaje boxeador Salsita, me agarré contra la bienal. Hice una especie de ataque simbólico y provocador, golpeando falsamente a cada escultura del malecón ubicada a cien metros de distancia aproximadamente una de la otra. Yo hacía mi show y luego me percaté que se me acercaban unos sujetos que eran como policías encubiertos, pura inteligencia social de paisanos, y me pedían papeles y yo me reía y no les paraba bolas; pero más adelante empezaron a perseguirme por mis acciones simbólicas, inofensivas realmente. Nos tocó irnos corriendo y agarrar un carro particular.

Aunque peor me pasó otro día en La Habana, con mi otro personaje de acción con el que trabajo, el “Dr. Sacol” (nombre de un pegamento que usan algunos indigentes para drogarse y evadir la realidad). Ese personaje lleva un traje rosa total y unos ganchos de ropa en la cabeza aparentando ser un punk, pero también se parece a un gracioso pollo rosa. Unos tipos, digamos santeros o quizás rezanderos, me empezaron a ver como a alguien raro o peligroso. Me tomaron por alguien demoníaco o no sé, pero uno de ellos me gritaba muy feo y me cayó a piedras, ¡pero piedras grandes!… casi que intentando que otros se animaran y me lincharan. Corrimos para salvarnos. Teníamos cierto temor de que, al otro día, nos fueran a agarrar en el aeropuerto por crear desorden, pero menos mal que no pasó nada mayor. De locos ese asunto parce…

Ahora voy a contarte lo de España. Yo estudié tranquilo desde el inicio de mi doctorado, con mi visa de estudiante. Al año, la universidad que me financiaba no me mandó la carta aval, suspendió de repente la beca y por ahí derecho no pude acreditar el soporte para sostener la visa estudiantil, y pasé entonces a engrosar la lista de los “sin papeles”. Me llegó de nuevo la Policía a donde yo vivía, con la carta de expulsión del país. Me dijeron que me fuera. Seguí de ilegal trabajando en lo que pudiera. Pero no fui tan idiota, hice mi estrategia de cambiarme de un lugar a otro para engañar a la migra española. Cada vez que me buscaban yo ya estaba en otro lugar.

Luego me gradué de Doctor y me fui a Colombia. Con el performance Risa Colombia Risa me gané el escándalo desde adentro de la universidad por parte de varios colegas y estudiantes diciéndome monstruo y así. El portal de internet dedicado a la crítica artística Esfera Pública me publicó un texto que comienza así: “Que ¿para qué les toma fotografías a los indigentes riéndose de ellos? Sí, uso la risa acompañada de una imagen de hombre exitoso, de todas maneras diferente a mi semejante humano caído en desgracia. Mi risa es la encarnación de todo el mal sobre mí mismo sin posibilidades escapistas; quiero decir muchachos, eso que todos hacemos como una práctica: mirar para otro lado, ignorar y ser indiferente frente a la desagradable imagen de alguien sumido en tanta mierda”.

Oscar Salamanca, still del video “Los artistas no entienden”, 2015, 6 min.

La idea de Salamanca, según veo, es encarnar la brillantez del espejismo de lo hipócrita de una parte de su sociedad, y devolvérselo con fuerza en la propia cara, como quien se lo lanza a uno a la “jeta”. De este modo, evidencia sin pudor situaciones sociales de injusticia o indignidad. Obviamente, esto le lleva a puntos de peligro o puntos críticos y de pulsión sensorial, pero también dinamitera a favor de él o en su contra, para la reflexión crítica o para el amarillismo ramplón. No es la primera vez que en sus performances desnuda temas de violencia, sobre los grupos armados, la miseria social, el academicismo mentiroso, los extremismos políticos y retrógrados, o la situación paupérrima de unos cuantos artistas. De este modo, lo auto-referencial como panorama contextual le ayuda de plataforma o catapulta, sin importarle el ridículo o lo que suceda al respecto.

Una acción la tituló El Barata, Doctor en Artes, otra Artista, e incluso una la denominó el Ph.d Bulls o Dr. Güevas. Recuerdo mucho una acción donde Salamanca sale travestido con una especie de faldita y sostén sexy mientras de fondo se logra ver un letrero de las FARC y se escucha un audio real: la trasmisión de una declaración de una Comandante Guerrillera “X” en la montaña. De esta pieza publicaron una postal, incluso. El paramilitarismo (por ejemplo, las denominadas Autodefensas Unidas de Colombia – AUC​) es otro bastión en Colombia, sumado a bandas irregulares muy diversas y variopintas. 

Oscar Salamanca, still del video “La guerrillera”, 2012, 2 min.

Se me ocurre pensar en una frase de Francis Scott Fitzgerald, en su Carta a Robert D. Clark en el año 1921, la cual dice así:

“… A Shelley y a Swinburne los echaron del colegio; Verlaine y O’Henry estuvieron presos. El resto fueron borrachos o libertinos, algo que la gente decente no toleraría, según les decían regularmente los comerciantes, los políticos insignificantes y los mesías baratos de la época. Los mercaderes, y mesías, los astutos y los obtusos, son polvo… y los otros siguen viviendo. Ocasionalmente, un hombre como Shaw -a quien llamaron un inmoral cincuenta veces peor que yo en los 90- vive lo suficiente como para que el mundo crezca y se ponga a su altura. Lo que él creía en 1890 era una herejía en ese entonces; ahora es casi respetable. Creo que me dejé dominar demasiado tiempo por autoridades…”

Es claro que no “todo lo que hace un artista” debe ser aplaudido ingenuamente, ni asumido como algo de “gozo popular”, esperando adulación superficial. Ello conllevaría, sin más, a una forma de politiquería. También los creadores podemos cometer a veces sendos agravios o, al contrario, lograr piezas “fenomenales”; hacemos ruido y generamos silencios que no se sabe a dónde van, o hasta podemos siluetear “absurdismos” para el espasmo mental. La historia será la que “juzgue o contradiga algo” ¿Quién lo sabe?

Sin embargo, en mi pequeña investigación (siempre incompleta) también conseguí críticas interesantes sobre Salamanca de parte del artista Miguel Ángel Rojas, o la directora del programa de Maestría en Estética y Creación U.T.P Margarita Calle. Sobre una parte de sus trabajos denominados Flora y, específicamente, sobre lo dibujístico/pictórico del autor, nos dice Miguel Ángel: “La obra de Oscar Salamanca está cargada de ideas: preservación de la flora nativa, la historia y especiales momentos del pasado, que invitan a revisar nuestros orígenes culturales…”.

Yo me sorprendo de la pincelada paisajista certera (propia del costumbrismo pictórico realista) de la que es capaz este creador, por ejemplo, desde el grupo “Los Inmodernos”; pero luego veo cómo con esas mismas manos generan obras neofigurativas muy contemporáneas usando con soltura una deformación de figuras y manejos surreales con desenfado, desde una perspectiva y concepto muy suyo. Por otro lado, desarrolla sus autorretratos quejumbrosos, complejos, burlones o psicológicos algunos.

Oscar Salamaca e invitados, Salsita vs. Veneco Pan, acción de boxeo en el Puente Internacional Simón Bolívar, frontera Colombia-Venezuela, 2015.

Para mí fue un honor cuando “Salsita” -gracias a los Salones Regionales de Oriente, 2015- me invitó a ser parte de un “boxeo en la frontera”, a un extremo del Puente Internacional Colombia-Venezuela, en una acción que se denominó Salsita vs. Veneco Pan. Fue algo fenomenal, porque participó mucha gente; fue un socio-performance loquísimo y de sátira sensacional en pleno conflicto entre nuestros países. Todo fue un “tira-coñazos” lúdico-catártico.

Las épocas y sus conflictos “con y sin el arte” nos abren nuevos surcos de reflexiones necesarias, urgentes y alternativas. En todo caso, lo interesante del maestro Salamanca es que entre la figura de “provocador cínico” para problematizar aún más lo ya problematizado; entre la de gestor cultural, armador de circuitos, profesor y fundador de organizaciones y múltiples proyectos como el de investigación curatorial Muro Líquido; así como la de pintor y académico con producción intelectual, pero a su vez como video-artista, no solo de performance sino de videoartes más elaborados, nos permite conocer un espectro de creación y procesos de complejidades valiosas a la hora de accionar y de indagar o deducir “bien o mal” sobre arte en Latinoamérica.

Oscar Salamanca, fotograma de la animación “Boca”, 2021, 2:36 min.

Para uno de sus últimos trabajos de video-animación, Boca, Oscar tuvo que realizar -junto a su equipo de trabajo- unas 5000 fotografías, las que editó y musicalizó durante seis meses, incurriendo en un gasto de más de 400 dólares, sin contar la inversión de pre y post producción, para lograr un video de 2 minutos y algo. Todo ello implica una obsesiva labor de producción y ejecución totalizante que no se puede hacer a la carrera, simplemente por hacer. En ese mismo camino del video van Nido-avión y otros cuantos.

Nos queda en estos momentos volver a repensarlo todo. Hasta el término “Arte” sigue en discusión, así como tantas realidades más que estéticas, eclécticas, híbridas, holísticas, cambiantes y contemporáneas sin amarre extremo para permitirnos poner a funcionar, más aún, los sesos. Hoy día, lo “idiotizante” gana valor en los mass media. No sabemos hacia dónde va y viene lo que llaman “Arte”. Queda mucho por hacer, mientras el planeta se debate entre el “arte invisible” que se vende a miles de euros, las guerras pandémicas y la “selfimanía” del show actual más cool, hasta la depresión de vivir solo y sin contacto humano, pegado frente a una computadora como quien chupa el pegante Sacol para jugar al escapismo. Queda, vuelvo y repito, mucho por hacer. Reír en la “broma” y no reír, joder y rehacer más allá de toda “mierdología” (como atacaron algunos al performance Eat Shit).

Toca pensar y carcajearnos haciéndole al asunto del arte o, más bien, poniendo el ojo y el alma en la creación que interroga; en especial hacia la socio-creacción, porque si lo analizamos mejor, quienes se activan como “supuesto público” ante una acción contextual se vuelven protagonistas y performancistas vitales. No queda de otra. Hay que echarle “ganas a la brega extra-artística”, “buscar la chuleta del concepto”, regar más ideas sobre la vida misma, cerca o lejos de las “trochas vene-colombianas”. Preguntarse sobre las preguntas que pudieran generar respuestas con interrogación, y que se volverán nuevas dudas. Así vamos y así venimos preguntándonos/respondiéndonos… así la vida “parceros”.

Colombia ha generado múltiples y espectaculares miradas estéticas desde el Sur: tuvo entre sus críticos cercanos a Marta Traba; se sintió el estruendo de la satírica e irreverente Débora Arango, aunque fue muy incomprendida en su época (los billetes de 2 mil pesos llevan su rostro); se convivió en el país con Antonio Caro, Omar Rayo y Emma Reyes. Por mi parte, debo decir que Colombia no es solo una república casi paisana o simplemente amiga; no, Colombia es mi hermana “La Colombia”, a donde fui siempre desde niño, y donde siempre querré ir.

Ender Rodríguez

Nace en San Cristóbal, Venezuela, en 1972. “Creactivador”, escritor y artista multidisciplinario. Licenciado en Educación Integral (UNA, 2006). Ha publicado, entre otros libros, “Cantos del origen” (2001, CONAC); “Creactivo I. Apuntes sobre arte y creatividad” (Bariquía, 2007); “Rabo de Pez. Nuevos idiomas en la creación” (formato e-book, FEUNET, 2014), “Entrecruzamientos” (EAE - Editorial Académica Española, 2015); y “Creactivo II. Guía Visual” (Amazon, 2017). Publica además de forma independiente en plataformas como Scribd, Academia.edu, ISSUU y en la página web de la Universidad de Los Andes (Venezuela), SABERULA, sobre temas entre arte, pedagogía y sociedad. Sus obras visuales las ha expuesto en países entre América y Europa, y en Singapur.

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