ELIZABETH BURMANN LITTIN: AGUA MALVA, EFECTO DEPURADOR
En la vereda contraria a la pureza se encuentra la saturación. Se saludan cuando pasan frente a frente. Aunque una es falsa y la otra muy concreta, ninguna vive de forma independiente. De hecho, como ideas, son colegas y se ponen al servicio de cualquiera que quiera mencionarlas. Políticos, religiosos, científicos, humanistas, artistas, médicos, y sigue la lista, las consumen y expulsan.
Quizás son los publicistas del té o las agüitas de hierba quienes más las reducen al usar, frecuentemente, palabras como “digestiva”, “desintoxicante”, “depuradora”, todo para decir que te limpian las tripas y te liberan del peso acumulado. Sin ir más lejos, algo similar se dice de la infusión de malva: acción desinfectante que combate las inoculaciones, dolores de estómago y el estreñimiento, facilita el tránsito intestinal como un simple laxante natural. ¿Resultará? Probablemente no, ni con esta ni con ninguna. Sin estado puro y sano al cual volver, nada podría funcionar.
El proceso de depuración encuentra nuevos sentidos cuando disfruta de su amistad con los excesos y sus seductores detalles. Quien depure desde allí, tiene la posibilidad de acercarse a cuerpos, materiales y tiempos desconocidos para explorar sus particularidades estando en el engranaje del acople y la sedimentación constante. “Al tiempo irreversible se agrega el tiempo detenido”, una vez escribió Borges.
Porque hay que recordar que, en las casas, también en esta, hubo conchas en otras épocas y quizás también la invadan en el futuro. Y aunque no podamos verlo, en sus vidrios siguen existiendo minúsculos fragmentos de vida marina. Una mezcla de arena silícea con óxidos metálicos pulverizados a más de 1000ºC es el compuesto de todo vidrio. Durante este proceso de fusión, se forma un líquido viscoso que, al enfriarse, adquiere consistencia y se puede modelar. La arena, el material primario del vidrio, es un conjunto de fragmentos provenientes de rocas, minerales y conchas. No se percibe a la vista, pero en los materiales se esconden mínimos y curiosos elementos.
En fabulación con el color malva —primer tinte sintético comercializado y accidentalmente descubierto en 1856—, las virtudes desintoxicantes y glutinosas de la flor con el mismo nombre y las materialidades de varios seres acuosos, nos movemos entre objetos y tiempos fuera de la hiper digitalización del mundo. En esta exposición se evidencian esos procesos de transformación y adherencia.
En primer lugar, está la habitación que se ve a través del cristal…. es exactamente igual a nuestra sala, solo que las cosas van en sentido contrario. Pero eso puede ser solo un simulacro.
L. Carroll, 1871









ELIZABETH BURMANN LITTIN: AGUA MALVA
LOCAL, Av. Italia 1129, Providencia, Santiago de Chile
Del 6 de octubre al 19 de noviembre de 2022
Curaduría: Céline Fercovic
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