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EL ENSAMBLE DEL OCASO

Por Christian Camacho

Debido al cielo abierto y a la ausencia de objetos elevados, rápidamente me he vuelto consciente de cualquier visitante en el patio. Veo sus figuras incluso si se encuentran a grandes distancias, como pequeñas siluetas entre los senderos. Sin embargo, los visitantes no son frecuentes, y cuando escucho voces humanas, generalmente se trata sólo de los paisajistas, llamándose unos a otros.

Klara and The Sun, Kazuo Ishiguro


El ensamble del ocaso es una exposición organizada por Ana Pérez Escoto y PEANA para el Patio de las Esculturas del Museo de Arte de Contemporáneo de Monterrey (MARCO), que deposita el trabajo de lxs artistas Ana Mazzei, Berenice Olmedo, ektor garcia, Federico Pérez Villoro, Gordon Hall, Rodrigo Hernández, Sites, Tezontle y Tomás Díaz Cedeño en una cruz de regiones espaciales y temporales conectadas entre sí.

Envuelta por las murallas del museo y situada al aire libre sobre la alfombra de roca del Patio, esta muestra invoca una trama de elementos cuyos signos se cuentan tanto en las estructuras en el paisaje, como en la posición y equilibrio de las discretas energías que lo recorren: sus direcciones se activan y desactivan por campos, o estaciones; lugares no exactamente habitados, pero tampoco impersonales en los que encontramos un acceso a cada artista y a la materia ligera o agudamente transformada que cada uno ha ocupado en esta particular región del museo.

Inserta en un vértice de contacto con el exterior del casco central de Monterrey, en primer plano y con una de las formaciones montañosas más importantes de la ciudad en el este, El ensamble del ocaso comparte sus fenómenos con las iluminaciones del Sol oriental en su paso diario por el Patio de las Esculturas, agudizando las sombras que recorren la contraparte arquitectónica con la que diversas piezas encuentran resonancia

Es a través de esta imantación del sitio y su contexto que se han filtrado también en la muestra los aspectos de una vida vivida entre estructuras. Rasgos de una red de sociedades y materiales cuyas operaciones ocurren tanto en el espacio como en temporalidades diversas: estructuras para el reposo o la pausa del movimiento, pero también para la memoria y para los relatos; estructuras que emiten señales y símbolos, pero también aquellas que reciben al cuerpo, haciéndolo circular en historias tanto íntimamente personales, como anónimamente institucionales.

El ensamble del ocaso invita a pensar en estas estructuras y sus funciones, así como en un plano territorial compartido. El Patio de las Esculturas, como una suerte de lecho que se ha secado, nos revela recipientes, instrumentos y emisores ahora visibles; obras que especulan con una energía cuya disponibilidad es incierta pero capaz de trastocar, desde una época deliberadamente ambigua, la imaginación de nuestros entornos.

Vista de la exposición “El Ensamble del Ocaso”, en MARCO, Monterrey, México, 2022. Foto cortesía del museo y Peana
Al fondo, Tierra muerta, mural de Federico Pérez Villoro. En MARCO, Monterrey, México, 2022. Foto cortesía del museo y Peana
Gordon Hall, The number of inches between them. En MARCO, Monterrey, México, 2022. Foto cortesía del museo y Peana

Tomás Díaz Cedeño (Ciudad de México, 1983) ha generado una práctica cuya materialidad orbita un mundo táctil y mineral en el que el concreto, el cuero o el acero resultan compatibles con la arcilla, el agua y la cerámica. Frecuentemente estructurada por módulos, su obra suele recordar al peso de la materia y a estructuras capaces tanto de la circulación de la energía, como de una evocación simbólica inherente a un vocabulario orgánico interior. Para esta muestra, Tomás Díaz Cedeño ha situado en uno de los muros más elevados del Patio, Camino a Senguio y Semillas, dos obras de gran formato constituidas, cada una, por 81 lajas de arcilla roja horneada a baja temperatura, ensambladas reticular y verticalmente. Aludiendo a poblados de Michoacán en sus títulos, en sus superficies advertimos también relieves cuya profundidad imprime motivos vegetales, fluidos y anatómicos que recuerdan a la generación de vida, a la agitación de lazos y al ojo abierto. Los símbolos que emplea Díaz Cedeño, en concordancia con sus soportes, movilizan también la aparición de ciertos misterios: señales que nos hablan del contacto con la naturaleza de los materiales empleados y de su resonancia en los mitos personales

La obra de ektor garcia (Red Bluff, EEUU, 1985) se despliega en un rango material capaz de recontextualizar procesos asociados a oficios artesanales tales como el trabajo textil, la cerámica y la herrería. El resultado se traduce frecuentemente en conjuntos escultóricos articulados por el espacio en el que se exhiben. Para la presente muestra, garcia ha preparado tacto solidificado, un arreglo de elementos situados en el nicho del Patio de las Esculturas que ha sido cercado a su vez por una pantalla o retícula tejida en crochet. A través de una suerte de arqueología indeterminada, ektor garcia introduce los signos de una relación no lineal entre objetos, territorios e identidades latentes en el tiempo, sumando también un componente nómada interior-a-exterior para las convenciones de la museología antropológica y sus ideales de conservación.

A través de un diálogo múltiple con las estructuras construidas y su relación al cuerpo, la obra de Gordon Hall (Massachusetts, EEUU, 1983) genera campos de actividad para el entrelazamiento de la escritura, la escultura y el performance. Su pieza presente en esta muestra, The number of inches between them, retoma el diseño de una banca elaborada por el también artista de Massachusets Dennis Croteau, años antes de fallecer víctima de la epidemia de VIH durante los años ochenta del siglo XX.

Con un proceso que involucra la exploración no sólo de la banca escultórica original, sino de la red afectiva y memorias de Croteau, Gordon Hall reproduce dos veces la obra citada en un pálido tono rosado: una versión ensamblada para usarse y otra por fragmentos sutilmente recargada contra los muros del museo. Activada por la presencia de visitantes e invitadxs, la obra dialoga con sus usuarixs no sólo en su calidad de mobiliario real, sino como una forma específica capaz de vincularnos con la historia íntima de su diseñador, y el lazo temporal que Hall ha construido con él: citando al escultor Scott Burton, quien indirectamente da título a la pieza, Gordon Hall nos indica que lo que desea es que las personas adquieran consciencia de la naturaleza emocional que existe en las pulgadas que las separan entre sí. Una carta abierta dirigida a Dennis Croteau y disponible gratuitamente para lxs visitantes del museo, acompaña a la obra.

Rodrigo Hernández, El aire y las montañas de aquí y de allá. En MARCO, Monterrey, México, 2022. Foto cortesía del museo y Peana
Berenice Olmedo, MEKHANÉ. En MARCO, Monterrey, México, 2022. Foto cortesía del museo y Peana

Rodrigo Hernández (Ciudad de México, 1983) ha desarrollado una práctica que gravita fluida y deliberadamente entre las coordenadas de una imaginación compartida para la pintura y la escultura. Haciendo uso directo e indirecto de distintas tradiciones visuales del siglo XX, su obra emplea un repertorio personal en el que volúmenes, patrones, relieves y una figuración sintética pero puntual, encuentran una economía específica entre la representación evocativa y la articulación del espacio.

Los procesos que el artista despliega se encuentran frecuentemente relacionados a labores manuales capaces de integrar la creación de volumen con la visualidad de las superficies: ya sea la unión entre la cartonería, el papel maché y la pintura al óleo, o el latón martillado y el vaciado de diversos materiales translúcidos. Esta última instancia es la que da lugar a El aire y las montañas de aquí y de allá, pieza presente en El ensamble del ocaso en la que la cara principal de la obra mira desde una posición horizontal al cielo. La figura, envuelta en un movimiento airoso e indeterminado, se hunde en el relieve, tal como una persona podría verse sumergida entre las sábanas de su cama, sugiriendo sólo su forma. El aire y el sueño se indican así como análogos, en la voluntad de presentarse permanentemente indefinidos

La práctica de Ana Mazzei (São Paulo, 1979) invoca frecuentemente una relación explícita entre los materiales, sus sensaciones y las estructuras del entorno construido dentro y fuera de la escala humana. De esta manera, surgen multitudes escultóricas que recuerdan al uso del paisaje desde la arquitectura y su efecto en las narrativas personales.

Para El ensamble del ocaso, Mazzei presenta Corpo Parede, un arreglo de elementos sobre el muro occidental del Patio que alude a ejes del cuerpo humano entre el reposo y el movimiento. Este conjunto en madera, un material familiar para Mazzei, ha sido colocado con la intención de invitar a lxs visitantes a la interacción y al juego mediante la adaptación de su propia postura a las estructuras sugeridas por la artista.

Izq: Ana Mazzei; der: ektor garcia. En MARCO, Monterrey, México, 2022. Foto cortesía del museo y Peana
ektor garcia, tacto solidificado. En MARCO, Monterrey, México, 2022. Foto cortesía del museo y Peana

Berenice Olmedo (Oaxaca, México, 1987) moviliza, a través de una obra tanto escultórica como investigativa, las implicaciones muchas veces inquietantes de pensar en la relación entre cuerpos humanos, no humanos y la miríada de objetos que los circundan clínica y socialmente. Titulado MEKHANÉ, el presente conjunto de esculturas reconfigura objetos prostéticos y ortopédicos moldeados para piernas y torsos, dotándolos de autonomía mediante la introducción de articulaciones bípedas en suspensión.

A través de una mirada capaz de detectar la tensión entre lo antropomórfico y lo sintético, su obra enciende puntos de contacto para la discusión más profunda de la marginación de condiciones corporales otras, así como las realidades y temporalidades reveladas por el paso de cuerpomentes distintas a los modelos de función de las culturas dominantes.

En Tierra muerta, Federico Pérez Villoro (Guadalajara, México, 1987) emplea el vehículo investigativo de su propia práctica artística para hacer patentes signos y formas que nos acercan al aparato museístico mismo como contexto: un arreglo mural nos presenta diferencias de matiz cuyo origen son las anomalías de color arrojadas por el intento de igualar el sintético tono terracota presente en la arquitectura del museo mediante códigos cromáticos comerciales.

A esta particular operación se suma un componente en video que recoge, de manera anecdótica, eventos relacionados a la empresa responsable del patrocinio de pintura del recinto y su deseo de emplear estos mismos muros como set para una sesión fotográfica interna.

Entre la regulación de un tono tierra que alude simultáneamente al paisaje y a la idealizada asimilación de formas originarias dentro de la arquitectura mexicana moderna, se revela al presente del museo como un vértice complejo: una oscilación continua entre las construcciones de la modernidad, el Barrio Antiguo, el soplo incesante del noreste y el siempre complejo vínculo que sostiene Monterrey entre sus instituciones culturales y la iniciativa privada.

Tezontle, Llamado a Cuatro Campanas. En MARCO, Monterrey, México, 2022. Foto cortesía del museo y Peana
Tezontle, Llamado a Cuatro Campanas. En MARCO, Monterrey, México, 2022. Foto cortesía del museo y Peana

El dúo mexicano Tezontle, integrado por Lucas Cantú (Monterrey, México, 1983) y Carlos H. Matos (Ciudad de México, 1983), ha desarrollado una práctica liminal para la correspondencia entre la arquitectura y un vocabulario escultórico propio. La obra presentada en esta muestra, titulada Llamado a Cuatro Campanas, opera interactivamente, detonando un repique secuenciado tras ser activada al presionar los botones de su costado.

Asentada de manera vertical contra el horizonte más allá de los muros del museo, esta pieza resuena tímbricamente como un llamado en el paisaje cercano y lejano, aludiendo no sólo a la diferencia de escalas entre estructuras artificiales y naturales, sino también a la multitud de campanarios existentes en el aledaño casco colonial del centro de Monterrey.

Llamado a Cuatro Campanas se vincula también con piezas anteriores de Tezontle (Undisclosed Location: Machine for the Intermittent Hermit, 2020; Refugio Justo, 2021) a través de un universo narrativo compartido, en el que cada estructura especula con habitantes y usuarixs propixs, al margen de las temporalidades del mundo urbanizado actual.


EL ENSAMBLE DEL OCASO

Tomás Díaz Cedeño, ektor garcia, Gordon Hall, Rodrigo Hernández, Ana Mazzei, Berenice Olmedo, Federico Pérez Villoro, SITES, Tezontle

Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), 2020 Zuazua y Jardón S/N, Centro, Monterrey, N.L. México

De marzo a septiembre de 2022

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