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LORENA MUÑOZ BAHAMONDES. ACUERPAR LA EXPRESIÓN POLÍTICA DE LA PRECARIEDAD

Cuando en 2021 la artista visual y performer Lorena Muñoz Bahamondes (Concepción, Chile, 1975) puso ante los ojos de la ciudad confinada 200 serigrafías con la interrogante ¿Qué ves cuando exhibo este cuerpo, este espacio íntimo, en un estado de excepción?, lanzó al espacio público una doble interpelación a las y los transeúntes: por un lado, respecto a la sobreexposición virtual de los cuerpos en cuarentena y, por otra parte, a la (in)consciencia que existe sobre la precariedad sistemática que asola a las trabajadoras del arte situadas, no sólo en el colapso económico que trajo consigo el restrictivo plan sanitario impuesto por el virus, sino más profunda y críticamente, situadas en un Chile estallado social, política y culturalmente. Hablamos de cuerpos resistiendo todos los embates funcionales al sistema neoliberalista patriarcal: el golpe de la misoginia, el golpe de la inequidad, el golpe de la violencia de género, el golpe del trabajo a honorarios, el golpe del desfinanciamiento, el golpe de la desigualdad salarial, el golpe de la vulneración de derechos ¿Son visibles esos golpes?

Las resignificaciones del arte abren una grieta a través de la cual poder ver esas realidades. Así ocurre con la muestra multimedial Andar por las cuerdas, que exhibe hasta hoy, 25 de julio, el Punto de Cultura Federico Ramírez de Concepción, en la Región del Biobío. En dicho espacio -y, además, tras diez años permaneciendo al margen del circuito expositivo-, Lorena Muñoz se hace cargo de acuerpar y encarnar esos espacios íntimos de la precariedad mediante la experimentación del lenguaje del performance sobre un nuevo soporte artístico, junto a la fotógrafa Yéssica Gaete Díaz, desplazando el imaginario pugilístico para transformar la acción de boxear en un manifiesto feminista que se rebela ante aquello que históricamente concierne a las mujeres. El objetivo es ampliar la reflexión hacia la comunidad y cómo ésta es capaz de identificarse o problematizar la representación de una mujer boxeadora que batalla con su cuerpo.

Paralelamente a la serie fotográfica compuesta de ocho obras de gran formato y 54 medianas, esta muestra contempla un circuito de nueve peras de box conectadas cada una a un audífono. Al ser golpeadas, estas interfaces liberan audios con las voces de artistas nacionales invitades a reflexionar, desde sus propias subjetividades, con la pregunta original. Participan Ingrid Fierro, Elisa Rivera, Carolina Lara, Leslie Fernández, Valentina Díaz, César Valencia, Miguel Parra Urrutia, Guillermo Moscoso y el equipo del proyecto Andar por Las Cuerdas. El resultado de ese ejercicio es un archivo sonoro que permite conservar e incrementar las alternativas de asimilación tanto de las intervenciones públicas previas como de los nuevos lenguajes mediales que forman parte del proceso creativo del foto-performance.

Andar por las cuerdas, de Lorena Muñoz Bahamondes. Fotoperformance. Registro: Yéssica Gaete Díaz. Cortesía de las artistas

En efecto, dichos relatos tensionan la interrogante principal e invitan a pensar en el ilusorio poder de adaptación a la virtualidad con el que el Estado y su pacto con el mercado empujan a obedecer las reglas biopolíticamente tramadas sobre las experiencias educativas, laborales y humanas, escenario hostil al que sobreviven miles de personas que -informalmente, sin previsión social ni seguro de salud- conforman el sector artístico cultural del país, siendo las mujeres la mayoría en sostener los trabajos más precarizados. Una situación que normaliza la auto explotación como condición de existencia del ser creadora, desarrollando, así, la invisible habilidad de andar por las cuerdas, es decir, aprender estrategias para sobrevivir como artistas en un país cuya inversión en cultura roza sólo el 0,4% del presupuesto nacional, bajo la lógica de la concursabilidad.

Conversamos con Lorena sobre su labor y búsqueda artística en el transcurso de 26 años de trayectoria creativa, en la que su obra experimental ha sido vista en diversos festivales y muestras colectivas en España, Colombia, Argentina y Chile, en incluida en la publicación Mujeres en las artes visuales en Chile 2010-2020.

En esta entrevista, la performer penquista también aborda la paradoja de financiar su obra a través del FONDART Regional de Creación Artística Nuevos Medios, es decir, con recursos del mismo Estado que vulnera sus derechos, y se refiere a sus expectativas frente a la inminente nueva constitución de Chile.

Activación de la muestra «Andar por las cuerdas», de Lorena Muñoz Bahamondes. Punto de Cultura Federico Ramírez, Concepción, Chile, 2022. Foto cortesía de Alejandra Villarroel

Alejandra Villarroel: ¿Cómo surge tu interés por el lenguaje del performance?

Lorena Muñoz: Surge de la necesidad personal de insertar mi experiencia como mujer lesbiana en el contexto de invisibilización dentro de los circuitos artísticos locales. Era una deuda conmigo misma que tenía hace años, en el sentido de visibilizar experiencias que integraran el artivismo con problemáticas feministas y lesbofeministas. Surge de esa búsqueda y es en el performance donde concreto esa expresión que es también política. Mediante el lenguaje del performance logré dar cuerpo, a través de mi propio cuerpo, a la cuerpa de otras mujeres que ya no nos acompañan.

Para mí, el performance conecta con las múltiples existencias que nos tocan como mujeres, realidades que no inventamos, no las deseamos, ni menos provocamos. Existen más allá de ser mujeres, lesbianas, trans, putas, mestizas, mapuches o luchadoras por la defensa de la tierra. Por otra parte, para mí la conexión del arte con el imaginario no es otra cosa que la lectura que resulta de las experiencias cotidianas para establecer la reflexión, el diálogo y la concreción de una propuesta.

AV: En junio de 2021 realizaste el primer registro boxeando ¿Cómo llegas al imaginario pugilístico?

LM: Llegué al imaginario del boxeo durante el toque de queda en la pandemia. Tuve la necesidad de expresarme para hacer frente a las limitaciones que significó para mí el bloqueo emocional que sentí en esa situación. Debía mantenerme firme, entonces instalé una pera y comencé a boxear en el living de mi casa como ritual de desahogo y de descarga que implica ese ejercicio. En la misma línea del sentimiento de incomunicación y la falta de contacto físico, surge la pregunta ¿qué ves cuando exhibo este cuerpo, mi espacio íntimo, en un estado de excepción? El primer planteamiento fue una imagen que puse a circular en las redes sociales, pero no tuve respuestas, por lo que concluí que una imagen no llamaba la atención para dialogar; entonces salí a la calle a plantear la interrogante en el espacio público. Luego, la propuesta tomó vida propia y originó un rito simbólico de comunicación entre todes los artistas que colaboraron con sus voces y reflexiones.  

Andar por las cuerdas, de Lorena Muñoz Bahamondes. Fotoperformance. Registro: Yéssica Gaete Díaz. Cortesía de las artistas

AV: ¿Consideras una paradoja tu experiencia de financiamiento estatal en dinámica con la autogestión colaborativa?

LM: La autogestión es un aprendizaje que adquirí para crear a partir de la carencia económica, para poder concretar obras de bajo presupuesto realizadas en el espacio público y dinámicas de colaboración; estos serían los ejes principales del autofinanciamiento. A la vez, considero que trabajar con fondos estatales también tiene mucho de autogestión, las lógicas son muy parecidas en el momento de conseguir difusión en los medios culturales regionales, préstamo de espacios, etcétera. Cuando el trabajo personal adquiere otra dimensión de exigencias en cuanto a sus requerimientos técnicos, la necesidad de catalogación y el trabajo en equipo, es cuando hago la excepción de postular a fondos del Estado con propuesta de creación personal, considerando que es la única posibilidad de financiamiento a la que podemos acceder las artistas proletarias. Pienso que es un financiamiento al que no postulan solamente los artistas sino también profesionales de distintas áreas que tienen hasta más herramientas para adjudicarse un fondo; entonces no veo una culpabilidad en contar con un financiamiento estatal que ni siquiera cubre el sueldo mínimo y que sí da la posibilidad de concretar obras o propuestas de mayor envergadura.  

AV: Tras permanecer diez años sin exponer de manera individual ¿Cuál ha sido tu experiencia creativa al margen del circuito local?

LM: Permanecí diez años sin exponer en espacios institucionales de manera individual. Luego de esa larga pausa, decido volver a ocupar el espacio institucional considerando que en el transcurso de mi trabajo artístico no discrimino de ello, pero, eso sí, es un lugar que no priorizo. La decisión de esta distancia también se sitúa en dedicarme a la realización de talleres comunitarios, principalmente orientados a adultes mayores, así como también a personas con diversidad funcional.

Durante esta etapa conjugué la educación artística y propuestas de intervención artística en lugares de apropiación pública con una clara connotación política, feminista y lesbofeminista. Hace dos décadas trabajo en poner de manifiesto y conectar las vicisitudes de nacer en un territorio colonizado, utilizando elementos significantes de nuestra corporalidad para denunciar y, a la vez evidenciar, cómo nuestros derechos son arrebatados por lógicas misóginas con las que opera el neoliberalismo y aquellos que religiosamente le profesan lealtad.  

Activación de la muestra «Andar por las cuerdas», de Lorena Muñoz Bahamondes. Punto de Cultura Federico Ramírez, Concepción, Chile, 2022. Foto cortesía de Alejandra Villarroel

ROL SOCIAL DEL ARTE

En Chile, el Derecho a la Cultura se encuentra desprotegido y las y los trabajadores del sector marginados del sistema de bienestar. Se establece así la carencia como la situación natural del gremio artístico y, peor aún, la carencia de una visión profunda de la Cultura, aunque ese panorama puede revertirse con la eventual aprobación de la propuesta constitucional construida por la convención durante el último año. Observando esa coyuntura, Lorena Muñoz reflexiona sobre el rol que el arte tiene en este proceso y sus expectativas.

AV: ¿Qué rol crees que tiene el arte en este proceso constituyente?

LM: Espero que en este proceso de transformación constituyente el arte deje de ser elitista. Es decir, que el acceso a las instancias artísticas deje de ser un privilegio. En la nueva constitución el acceso a la cultura y el arte debe ser un derecho, un concepto en movimiento que considera la diversidad cultural aportada por distintos grupos que hacen parte de este proceso de participación ciudadana. Cambiar el concepto de capital cultural al que sólo las clases más acomodadas pueden acceder, hacerlo desde la educación con foco en la cultura y el arte.

Andar por las cuerdas, de Lorena Muñoz Bahamondes. Fotoperformance. Registro: Yéssica Gaete Díaz. Cortesía de las artistas

AV: ¿Cuál es la principal transformación que exiges en el contexto de una nueva constitución?

LM: Superar el sistema neoliberal e instalar una economía solidaria, con un Estado garante de los derechos. En el caso de las artes, me parece que un Estado fuerte con un Ministerio más fortalecido y comprometido con sus procesos culturales y sociales, podría avanzar en la mejora de las condiciones laborales. Todo ello con una perspectiva feminista y descentralizada, donde las comunidades artísticas estén asociadas. Hay otros actores que no se consideran en la demanda. Están además los gobiernos regionales que manejan presupuestos en Cultura y los invierten en aquello que les parezca, como sucedió esta semana en la Región del Biobío, donde la subsecretaría del interior, a cargo de Manuel Monsalve, dispuso de 2.300 millones (de pesos) del Fondo de Desarrollo Regional para la compra de cuatro tanques blindados. Estos fondos, recordemos, están destinados a cubrir la construcción de caminos, infraestructura cultural, consultorios, etcétera.

AV: Las prioridades se deshumanizan. En ese escenario, específicamente las mujeres resultan ser un sector de alta precarización

LM: El tema de la precarización del trabajo de las mujeres y el Estado es muy complejo. Sobre todo, en la lógica de mercado, que es donde se sitúan nuestras relaciones laborales. Bajo esa misma lógica, el fortalecimiento de la asociatividad podría ser una fórmula. Me refiero a la asociatividad formal, a través de la conformación de cooperativas de artistas, por ejemplo; es necesario fortalecer la acción de las mujeres en bloque.

Alejandra Villarroel Sánchez

Periodista y Comunicadora Social. Magíster en Educación, dedicada a gestar e investigar cruces entre las Artes, los Derechos Humanos y las Memorias Colectivas.

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