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PAULO NAZARETH: VUADORA

[VERSÃO EM PORTUGUÊS ABAIXO]

Por Diane Lima y Fernanda Brenner | Curadoras

Vuadora (patada voladora) a la fuente, vuadora en la nuca, vuadora en la espalda, en la frente y entre el mentón y la mandíbula, vuadora en el pie de la oreja…[1]

Esta exposición comenzó con una pregunta: ¿cómo mirar de manera revisionista la vasta producción de Paulo Nazareth – Arte Contemporânea/LTDA? VUADORA, muestra panorámica del artista en Pivô, es, ante todo, un intento por acompañar el ritmo y el vaivén entre cuerpos, palabras y caminos históricos, geopolíticos y lingüísticos que han sido el hilo conductor de la trayectoria de Nazareth desde que adoptó, a principios de los 2000, el apellido que, en realidad, es un nombre propio y ancestral:

Soy Paulo. Me llamo Paulo Nazareth. Nazareth viene de la madre de mi madre. Entonces, Nazareth es un nombre, no un apellido. Nazareth Cassiano de Jesus. Nacido allí en Vale do Rio Doce, de origen Borum. Ser Nazareth es ser mi obra. Convertirse. Entonces, cuando empiezo a llamarme Paulo Nazareth, eso también es mi trabajo. Llevo esta ascendencia. Mi abuela pasa a ser esa especie de carranca [2], de guía, ¿verdad? Esa protección. Ese Egum que camina conmigo y me protege… [3]

Vista de la exposición «Vuadora», de Paulo Nazareth, en Pivô, São Paulo, 2022. Foto: Everton Ballardin
Vista de la exposición «Vuadora», de Paulo Nazareth, en Pivô, São Paulo, 2022. Foto: Everton Ballardin
Vista de la exposición «Vuadora», de Paulo Nazareth, en Pivô, São Paulo, 2022. Foto: Everton Ballardin
Vista de la exposición «Vuadora», de Paulo Nazareth, en Pivô, São Paulo, 2022. Foto: Everton Ballardin

El tiempo de la exposición es el tiempo en espiral reivindicado por el artista a través de sus andanzas por América Latina y el continente africano; un tiempo medido y narrado a través de las memorias del cuerpo y su capacidad performativa, y que deliberadamente excluye cualquier lectura lineal o cronológica.

En la exposición encontramos la primera y la última obra de Nazareth (Brasil, 1977), pero quizá no podamos llamarlas así; quizá la primera y la última sean éstas y otras. Tal vez la primera contenga a la última y viceversa. Sus trabajos, como él mismo, contienen muchos otros; están hechos de materia colectiva.

Al combinar un grupo de obras nuevas con obras emblemáticas, muchas de ellas nunca antes vistas en Brasil, otras que nunca habían salido de su taller en Palmital, Santa Luzia (MG), confirmamos de hecho la imposibilidad de recurrir al tiempo lineal como marcador histórico para explicar la prolífica obra de Nazareth.

El artista nos invita, antes que nada, a reconsiderar gramáticas, parámetros y cartografías. Para él, vivir en estado de desplazamiento es también rechazar las estructuras que lo circunscriben y definen como individuo, ciudadano y artista. En su obra, escenas de autodefensa complejizan estos marcadores y se actualizan a la misma velocidad que la violencia perpetrada por el capital racial global.

Vista de la exposición «Vuadora», de Paulo Nazareth, en Pivô, São Paulo, 2022. Foto: Everton Ballardin

El vocabulario visual de Nazareth está deliberadamente fragmentado o, más exactamente, en constante proceso de elaboración. Los hashtags que acompañan las leyendas expandidas de la muestra son un intento colectivo de contribuir a su amplio léxico. La serie de palabras e imágenes creadas y manipuladas por el artista nos presentan la posibilidad de un futuro que desafía la narrativa que define la existencia negra e indígena como un «exceso que siempre justifica (hace justa) la violencia racial» [4].

Al abordar las relaciones de poder de forma no prescriptiva, Nazareth evoca historias de lucha y resistencia que persisten en la actualidad. Sus obras son, al mismo tiempo, un conjunto de hechos, historias y personajes al margen del canon histórico y una manifestación del conocimiento afroindígena en el arte brasileño contemporáneo.

Desde los inicios de su práctica, el artista viene combatiendo políticas de borramiento y las falsas dicotomías entre lo que se percibe como popular y el arte contemporáneo. En este sentido, al mostrar una serie raramente vista de esculturas en madera y artefactos, VUADORA destaca la importancia de uno de los principales referentes de Nazareth, Mestre Orlando, tallador de carrancas y mentor del artista, en las incansables contranarrativas que el artista ha ido construyendo a lo largo de las dos últimas décadas.

Vista de la exposición «Vuadora», de Paulo Nazareth, en Pivô, São Paulo, 2022. Foto: Everton Ballardin
Vista de la exposición «Vuadora», de Paulo Nazareth, en Pivô, São Paulo, 2022. Foto: Everton Ballardin
Vista de la exposición «Vuadora», de Paulo Nazareth, en Pivô, São Paulo, 2022. Foto: Everton Ballardin
Vista de la exposición «Vuadora», de Paulo Nazareth, en Pivô, São Paulo, 2022. Foto: Everton Ballardin

El proyecto expositivo y la expografía de VUADORA reflejan los movimientos multidimensionales y el pensamiento fragmentado de Paulo Nazareth. Concebido como un diálogo abierto, su formato revela cómo la «fuga» es una operación constante realizada por el artista; la fuga como estrategia, la opción por lo que es fugaz y, al mismo tiempo, preciso.

En el espacio sinuoso de Pivô, el mandingueiro (hechicero) y el activista se entrelazan y se sueltan. Sus películas, performances, intervenciones, pinturas, dibujos, instalaciones y esculturas, como paisajes de la memoria, parecen moverse y resignificarse en cada contexto en el que son exhibidos.

En este sentido, la VUADORA permanece en el aire. No busca una salida fácil, no es una promesa, un proyecto o una esperanza de futuro. VUADORA es lo que ya somos, la movida y el movimiento. Es el juego, la jugada, el trabalenguas y la ironía de una visualidad que se hace desde una encrucijada exuística y semántica. Tomando forma en el tiempo de lo contado y de lo vivido, VUADORA son los diversos movimientos en los que este ejercicio de autodefensa se cruza y se bifurca a pesar de lo que le rodea. Y, como dice Fred Moten [5], al moverse a pesar de, y a través de lo que le rodea, vemos el cerco moverse junto con el artista fuera y más allá de lo establecido.

Por último, VUADORA es hechizo y arruazsa (disturbio). El espacio de Pivô, en toda su extensión, no puede dar cuenta del arsenal lingüístico y visual de Paulo Nazareth: su producción se desborda hacia y más allá del edificio, de la ciudad, y esperamos, también, más allá de la duración de esta exposición.


[1] Títulos de pinturas pertenencientes a la serie Vuadora de Paulo Nazareth.
[2] Una carranca es un tipo de mascarón de proa de una embarcación fluvial al que se le atribuye el poder de proteger a los barqueros los espíritus malignos.
[3] https://labcult.eci.ufmg.br/epistemologiacomunitaria/index.php/paulo-nazareth/
[4] SILVA, Denise Ferreira da. A Dívida Impagável. São Paulo: Oficina de Imaginação Política y Living Commons, 2019, p.80.
[5] HARNEY, Stefano; MOTEN, Fred. The undercommons: Fugitive planning and black study. New York: Minor Compositions, 2013.


Vista de la exposición «Vuadora», de Paulo Nazareth, en Pivô, São Paulo, 2022. Foto: Everton Ballardin

PAULO NAZARETH: VUADORA

Por Diane Lima e Fernanda Brenner | Curadoras

Vuadora na fonte, vuadora na nuca, vuadora na cacunda, na testa e entre o queixo e a mandíbula, vuadora no peh da orelha… [1]

Esta exposição começou com uma pergunta: como olhar de maneira revisional para a vasta produção de Paulo Nazareth – Arte Contemporânea/LTDA? VUADORA, mostra panorâmica do artista no Pivô, é, sobretudo, uma tentativa de acompanhar o ritmo e a ginga entre corpos, palavras e caminhos históricos, geopolíticos e linguísticos que têm sido o fio condutor da trajetória de Nazareth desde que este adotou, no início dos anos 2000, o sobrenome que, na verdade, é nome próprio e ancestral:

Sou o Paulo. Me chamo Paulo Nazareth. Esse Nazareth é pela mãe da minha mãe. Então, Nazareth é um nome e não um sobrenome. Nazareth Cassiano de Jesus. Nascida lá no Vale do Rio Doce, de origem Borum. Ser Nazareth é ser meu trabalho. Esse me tornar. Então quando eu passo a me nomear Paulo Nazareth isso também é meu trabalho. Eu passo a carregar esse ancestral. Minha avó passa a ser essa espécie de carranca, né? Essa proteção. Esse Egum que anda comigo e que me protege. Isso eu começo a carregar comigo… [2].

O tempo da mostra é o tempo espiralar reivindicado pelo artista através de suas andanças pela América Latina e pelo continente Africano; um tempo medido e narrado através das memórias do corpo e de sua capacidade performativa, e que embaralha, deliberadamente, qualquer leitura linear ou cronológica. Na exposição, encontramos o primeiro e o último trabalho de Nazareth, mas talvez não possamos chamá-los assim; talvez o primeiro e o último sejam estes e outros. Talvez o primeiro contenha o último e vice-versa. Seus trabalhos, como ele próprio, contêm muitos outros; são feitos de matéria coletiva.

Ao combinar obras emblemáticas, muitas delas nunca vistas antes no Brasil, outras que nunca tinham saído de seu ateliê em Palmital, Santa Luzia (MG), e um grupo de novas obras, de fato confirmamos a impossibilidade de recorrer ao tempo linear como marcador histórico para explicar a prolífica obra de Nazareth.

O artista nos convida, antes de tudo, a reconsiderar gramáticas, parâmetros e cartografias. Para ele, viver em estado de deslocamento é também recusar as estruturas que o circunscrevem e definem como indivíduo, cidadão e artista. Em seu trabalho, cenas de autodefesa complexificam esses marcadores e são atualizadas na mesma velocidade que a violência perpetrada pelo capital racial global.

Vista de la exposición «Vuadora», de Paulo Nazareth, en Pivô, São Paulo, 2022. Foto: Everton Ballardin
Vista de la exposición «Vuadora», de Paulo Nazareth, en Pivô, São Paulo, 2022. Foto: Everton Ballardin

O vocabulário visual de Nazareth é deliberadamente fragmentado, ou, mais precisamente, em processo constante de elaboração. As hashtags que acompanham as legendas expandidas da mostra uma tentativa coletiva de contribuir com seu amplo léxico. As séries de palavras e imagens criadas e manipuladas pelo artista nos apresentam a possibilidade de um futuro que desafia a narrativa que define a existência negra e indígena como um “excesso que sempre-já justifica (torna justa) a violência racial” [3].

Ao abordar as relações de poder de maneira não prescritiva, Nazareth evoca histórias de lutas e de resistência que persistem na atualidade. Seus trabalhos são, ao mesmo tempo, um conjunto de fatos, histórias e personagens à margem do cânone histórico e uma manifestação do conhecimento afro-indígena na arte contemporânea brasileira. Desde o início de sua prática, o artista vem combatendo políticas de apagamento e as falsas dicotomias entre o que é percebido como popular e a arte contemporânea. Neste sentido, ao mostrar uma série raramente vista de esculturas em madeira e artefatos, VUADORA destaca a importância de uma das principais referências de Nazareth, Mestre Orlando, escultor de carrancas e mentor do artista, nas incansáveis contra narrativas que o artista vem construindo nas últimas duas décadas.

O projeto de exposição e a expografia de VUADORA refletem os movimentos multidimensionais e o pensamento fragmentado de Paulo Nazareth. Concebida como um diálogo aberto, seu formato revela como a “fuga” é uma operação constante realizada pelo artista; a fuga enquanto estratégia, a opção pelo que é fugaz e ao mesmo tempo preciso. No espaço sinuoso do Pivô, o mandingueiro e o ativista se entrelaçam e se soltam. Seus filmes, performances, intervenções, pinturas, desenhos, instalações e esculturas, como paisagens de memória, parecem se mover e se ressignificar em cada contexto em que são exibidos.

Nesse sentido, a VUADORA permanece no ar. Não busca uma saída fácil, não é uma promessa, projeto e nem a espera do porvir. VUADORA é o que já somos, a movida e o movimento. É o jogo, a brincadeira, o troca-língua e a ironia de uma visualidade que se faz a partir de uma encruzilhada exuística e semântica. Tomando forma no tempo do contado e do vivido, VUADORA são os vários movimentos onde esse exercício de autodefesa se cruza e se bifurca apesar do que o cerca. E, como diz Fred Moten [4], ao se mover apesar e através do que o cerca, vemos a cerca se mover junto com o artista para fora e além do assentamento.

Por fim, e não somente, VUADORA é feitiço e arruazsa. O espaço do Pivô, em toda sua extensão, não dá conta do arsenal linguístico e visual de Paulo Nazareth: sua produção transborda para e além do edifício, da cidade e, esperamos que também para além da duração desta exposição.


  1. Títulos individuais das pinturas da série Vuadora.
  2. https://labcult.eci.ufmg.br/epistemologiacomunitaria/index.php/paulo-nazareth/
  3. SILVA, Denise Ferreira da. A Dívida Impagável. São Paulo: Oficina de Imaginação Política and Living Commons, 2019, p.80.
  4. HARNEY, Stefano; MOTEN,Fred. The undercommons: Fugitive planning and black study. New York: Minor Compositions, 2013.

PAULO NAZARETH: VUADORA

Pivô, Edifício Copan, loja 54 – Avenida Ipiranga, São Paulo, Brasil

Hasta el 17 de julio de 2022 | Até 17 de Julho de 2022

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