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MARÍA FERNANDA CARLOS Y PAMELA CORRALES: GEOGRAFÍA DE LOS ESPACIOS ÍNTIMOS

¿Cómo cambiaría el mundo si valorizáramos la esfera íntima y la domesticidad como fuente de conocimiento de nuestra psique y, en el largo plazo, de nuestras identidades y nuestra sociedad? Si pensamos que lo personal es político, entonces el hogar sería una división política, la cual hace que los espacios íntimos adquieran la descripción de territorio. Esta es la propuesta de la curadora de la exposición Uncanny, Gabriela Moyano, que reúne a dos artistas, María Fernanda Carlos (México/Guatemala) y Pamela Corrales (Ecuador) en la galería +ARTE de Quito. Esta exposición agrupa conocimiento sobre las enfermedades mentales, sobre la experiencia real de transición de la maternidad, la nutrición, los ciclos y la necesidad de los rituales. En esta muestra, en este mundo que acoge la domesticidad y la esfera íntima, hecha y producida solo por mujeres, se le reconoce su importancia y su complejidad.

María Fernanda Carlos, serie Puentes, 2020, fotografía digital sobre papel de algodón (4 u.), 75 x 51 cm. (c/u). Ed. 1/3

María Fernanda Carlos, serie Puentes, 2020, fotografía digital sobre papel de algodón (4 u.), 75 x 51 cm. (c/u). Ed. 1/3

Isabela Mendoza-Lamuño: Gabriela, en tu texto curatorial conceptualizas los espacios de intimidad como paisajes o territorios que “no se encuentran en mapas (o en el internet)”. ¿Qué entiendes por territorio o paisaje? ¿En qué sentido la esfera íntima es un territorio o paisaje? ¿Y cómo conceptualizarías los bodegones o la naturaleza muerta que muchos artistas incluyen en la cotidianeidad y vida doméstica?

Gabriela Moyano: Los paisajes se crean a partir de lugares o territorios. Según Jean-Marc Besse[1], el paisaje ha llegado a comprenderse como una forma de ver y representar el mundo que nos rodea, ya no solo como una realidad objetiva ligada a lo geográfico. El paisaje se constituye de experiencias y relaciones emocionales y aspiracionales con relación a uno o varios lugares; así, los lugares se convierten en fuentes comunicacionales de significado y símbolos -como bodegones o la naturaleza muerta- que expresan pensamientos, ideas y emociones varias.

El paisaje no sólo nos presenta un espacio de manera objetiva o topográfica, sino también nos presenta una construcción de este mundo mediante la mirada de quien nos lo presenta. En este caso, María Fernanda Carlos y Pamela Corrales dotan de identidad a territorios íntimos.

David Lowenthal[2], al considerar que la percepción humana desarrolla un papel decisivo en el proceso de formación de imágenes del medio real, abrió paso a las geografías personales: una geografía ligada a lo emocional, a los afectos y a lo vivencial. Los paisajes ya no solo son visuales o representativos, sino que nos conectan con todos los sentidos. La espacialidad de la emoción/sentimiento fortalece la identidad y revaloriza lugares. Joan Nogué[3], en tanto, propone que el papel del territorio es consolidar o crear identidades territoriales, en este caso dentro de espacios cotidianos.

Vista de la exposición «uncanny», en +Arte Galería, Quito, Ecuador, 2022. Foto cortesía de María Fernanda Carlos

IM-L: En la exposición te focalizas en la identidad y señalas que “está intrínsecamente integrada con los espacios de habitar y las acciones diarias”. ¿Podrías explicarnos por qué elegiste partir de este tópico y cómo se desarrolla esta relación? 

GM: La identidad de un artista converge en diversos factores, incluso, creo que es más adecuado hablar de identidades. Un lugar de intersección de estos factores se da en los espacios cotidianos donde confluye un territorio puntual y la construcción de este espacio a través de quien lo habita. Tanto para María Fernanda Carlos como para Pamela Corrales, los espacios íntimos eran campos donde se sembraba, nutría y cosechaba el material para su producción artística. Cada una con su experiencia particular: María Fernanda con un espacio de maternidad y Pamela con espacios de reflexión y superación.

Por otro lado, ambas artistas trabajan muy de cerca con el cuerpo, el cual es fundamental para entender diversas facetas de la identidad -el cuerpo como este territorio primordial que habitamos. Pamela se relaciona con este mediante acciones (al dibujar líneas de manera incesable, tomar fotos cada día de su cama, y realizar derivas en su barrio para recolectar plantas); y María Fernanda mediante la observación de su cuerpo antes, durante y después de ser madre.

Pamela Corrales, De la serie fotográfica “Wu-Yu”. Foto Cortesía de la artista
Pamela Corrales, serie Wu-yu (septiembre 2019 a mayo 2020), inkjet sobre papel fotográfico en caja de acrílico, 21 x 15,2 cm c/u. Ed. 1/3. Cortesía: +Arte Galería

IM-L: Me llama la atención que la exposición se titula Uncanny. ¿Cómo relacionas este término con los temas de identidad y esfera intima? Al añadir al crítico de arte Hal Foster, ¿qué discurso pretendes establecer con la práctica de las artistas?

GM: En Belleza Compulsiva, Hal Foster no solo hace una lectura del surrealismo sino que considera de manera atemporal las implicaciones del deseo y el trauma; el retorno a lo reprimido con fines críticos a través de la compulsión, la repetición y la pulsión.

Él dice: “Creo que el concepto que reúne estas cualidades es el de uncanny, es decir, un interés en los eventos que la materia reprimida regresa de manera tal que desestabiliza la identidad unitaria, las normas estéticas y el orden social. Lo que voy a plantear es que los surrealistas no solamente se sienten atraídos por el retorno de lo reprimido, sino que además buscan redirigir ese retorno con fines críticos”[4].

La obra seleccionada logra, a través la observación, el cuestionamiento y la reflexión de lo habitual/repetitivo/cotidiano de las artistas indagar en aspectos que Hal Foster cataloga como deseos o traumas. María Fernanda y Pamela, yendo hacia adentro y observando en estado de pregunta, examinan lo misterioso -traducción de uncanny– que no está medido o marcado dentro de su esfera íntima y, aunque está plenamente presente, se vuelve abstracto. Procesos que sacuden su identidad de manera crítica. Como plantea Máximo Eseverri [5], el término uncanny atraviesa los principales objetivos del surrealismo: la liberación de las ataduras del intelecto y la fusión de arte y vida.

María Fernanda Carlos, “De vuelta al origen”, 2022, siete bordados sobre tela teñida con pepa de aguacate; «Somos II», 2022, 44 x 62 cm. Ed. 1/1 . Foto cortesía de la artista.

IM-L: María Fernanda, para tu trabajo eliges una paleta de colores que refleja la materialidad del cuerpo, su carnalidad, y cómo este se crea y recrea. Y en tu trabajo Pamela, también se habla del yo, pero en su ausencia. ¿Cómo ustedes definen el yo?

María Fernanda Carlos: Para mí el ‘yo’ es el sujeto que experimenta algo en específico y que a la vez es capaz de observarse a sí mismo y a su alrededor. El ‘yo’ construido en base a vivencias personales, lo cual nos vuelve seres más limitados. En sánscrito existe el mantra So Ham, que significa ‘yo soy eso’, ‘aquello’ que nos permite identificarnos con el todo, con la realidad última. Soltar una idea concreta, como por ejemplo ser de tal edad, tal profesión, tal religión, nos permite quitarnos etiquetas para volvernos más completos, más libres de ese ‘yo’ que cree que el mundo es tal y como lo experimenta este.

Pamela Corrales: Antes centraba mi percepción del ‘yo’ en mis recuerdos, ideas, sentimientos creencias y cuerpo. Ahora trabajo en comprender y recordarme a todo momento que no soy nada de eso, mucho menos mi mente. Me siento completa cuanto más alejada estoy de todo ese constructo que llamamos ‘yo’.

IM-L: Sus propuestas parten de la cotidianeidad y la domesticidad. El filósofo francés Baudrillard desmaterializa el hogar y la morada y la entiende como un “espacio mental (…), una constelación de recuerdos, de sensaciones y de emociones que se van almacenando en la memoria desde la infancia”[6]. ¿Cómo ustedes conceptualizan el hogar y cómo influye este en su identidad?

MFC: En mi caso, creo que en el hogar se manifiesta todo lo placentero y lo traumático que vivimos en nuestra infancia. Espacios o costumbres que no se exploran por miedo a revivir historias, o a que brote alguna memoria. Prácticas que nos traen hermosos recuerdos, lo cuales nos pueden hacer quererlos tomar como rituales sagrados.

El hogar para mí es como ese laberinto interno, el cual a veces nos hace querer huir para no perdernos. Creo que esto fue algo que ocurrió en la pandemia, que las personas no estaban acostumbradas a enfrentar su realidad, a estar consigo mismas y que brotara todo lo inconcluso y no sanado a nivel familiar y que se repetía dentro del hogar. 

Para mí cada espacio privado revela algo propio de nuestra psique. Por ejemplo, me di cuenta que había espacios con los que yo no crecí con un recuerdo placentero en mi vida, como lo era la cocina, y a partir de ser madre me ha tocado prestar atención a esto irresuelto que he llevado en mi vida. Un gran temor a lo doméstico, quizás por haber presenciado el gran dolor que el machismo ocasionó en mi familia en generaciones pasadas. Es por esto que, en honor a ellas, quise realizar esta exposición utilizando materiales que suelen relacionarse o encontrarse en el espacio doméstico.

PC: Isabel me has sacado una sonrisa con esta pregunta. Tengo todo un proyecto intentando responderme esa pregunta. Pero bueno, después de tanto pensarlo, y desmenuzarlo en Dommun (palabra nórdica que significa hogar, casa, pueblo natal, patria, casa materna), llegué a esta pseudo conclusión: Hogar son las personas con las que tú decides compartir tu cotidianidad, tu intimidad física y emocional… tu vida. Hogar son las interacciones de las personas en un habitáculo que podemos llamar casa, madriguera, cueva, etc. Y son a su vez las interacciones las que cargan de significado a los lugares de nuestras casas. El lugar cama, el lugar cocina, el lugar sofá… Las cosas siempre serán sólo eso, cosas.

Así, mi hogar -mi esposo y perra- ¿son parte de mi identidad? o ¿influyen en ella?… mmm, no lo sé. Creo que eso a su vez depende de mi concepto de identidad, concepto que aún no he desmenuzado a profundidad. Tal vez en un siguiente proyecto.

Pamela Corrales, Ghre, 2021, instalación con 76 cianotipias (10 x 10 cm. c/u), 4 repisas (3,5 x 255 cm.), gradas de madera (60 x 50 cm.), 76 fichas técnicas (9 x 7 cm c/u).

IM-L: ¿Hay alguna conexión que no se haya mencionado entre su experiencia personal y la propuesta de la otra artista en esta exposición?

MFC:  Creo que en lo personal me resonó mucho el trabajo que Pamela realizó con las plantas que iba encontrando en sus caminatas, conocidas como ‘mala hierba’. Plantas que pocas veces las vemos en las calles porque siempre son cortadas. En mi caso iba de la mano con mi investigación de mujeres o figuras femeninas que han sido silenciadas, o que se han tratado de ocultar de la sociedad, como fue el caso de la escultura de la Diosa Coatlicue que fue enterrada tres veces para evitar así que la siguiera adorando el pueblo Mexica. 

También me pareció muy interesante la relación de esta con la Malintzin, que se dio a conocer como una traicionera y no como una gran comunicadora, traductora, consejera y estratega de la cual valía la pena investigar más a fondo, independientemente de a quién apoyó. Creo que si hubiera sido hombre habría miles de libros escritos sobre ella. Aún su nombre sigue siendo utilizado como un insulto y el resto continúa de alguna manera olvidado.

Dos figuras femeninas que de alguna manera fueron vistas como ‘mala hierba’ para la sociedad y de la cual se nos privó de conocerlas a profundidad por la manipulación de discursos que se les dio.

María Fernanda Carlos, Libro abierto, 2022, tela bordada con hilo, medidas variables. Ed. 1/3
María Fernanda Carlos, Libro abierto (detalle), 2022, tela bordada con hilo, medidas variables. Ed. 1/3

IM-L: ¿Cómo llegas a los conceptos de ancestralidad y genealogía en este proyecto? ¿Y cómo transformas ese conocimiento en arte? ¿Qué procesos utilizaste en tu trabajo que demuestran este conocimiento que son poco utilizados?

MFC: En lo personal, como consteladora familiar, el tema de la genealogía y ancestralidad siempre había sido muy importante para mí, pero fue hasta que tuve una hija que el tema comenzó a resonar en mí -todo lo inconcluso, lo no sanado, lo no visto, surgió por dentro.

Tuve un Centro Holístico por años y me tocó trabajar con muchas personas, mujeres que llevaban por dentro mucho dolor y tanto sin poder hablar. En ese tiempo me di cuenta de que era necesario sacar estos temas del Centro Holístico y llevarlos a otros espacios de diálogo y discusión. Creo que antes no había logrado entrelazar estas dos prácticas que me han acompañado por más de 20 años, como lo es la sanación y el arte.

María Fernanda Carlos, ‘Muero, me transformo, renazco’, 2021, bordado sobre lona reciclada, medidas variables. Ed. 1/3
María Fernanda Carlos, ‘Muero, me transformo, renazco’, 2021, bordado sobre lona reciclada, medidas variables. Ed. 1/3

IM-L: ¿Cómo encaja el bordado en una sociedad que valora formas de producción modernas y rápidas? ¿Cuál es una mejor alternativa que cuide al planeta y a sus seres?

MFC: Creo que no encaja, por eso es tan poco valorado. Lo valora una tejedora, una bordadora, o alguien que va en contra del tiempo lineal. No hay posibilidad de agilizar el proceso a menos que alguien más lo haga por ti, de ahí puede que en un día de 8 horas tu trabajo manual fue abarcar un espacio de 15 x 20 centímetros. Por eso para mí el bordado es una rebelión al sistema, un acto de resistencia. A la vez, siento que al bordar honro a mi abuela; le digo: “Sí te vi, aunque no tuviste la oportunidad de hablar y expresarte. Ahora que recuerdo, por medio del color, de las lanas y las agujas, sí gritaste, y de alguna manera sí te escuche, porque nunca más lo olvide”.

Sé que muchas mujeres de la generación de mi abuela no pudieron opinar, no se pudieron defender o expresar. Cocieron, bordaron y tejieron su dolor, y quizás así algunas encontraron momentos de silencio y de paz, encontraron espacios para su sanidad mental. A ellas les dedico esta serie que sigue en proceso; si ellas hubieran conocido o sabido de una Diosa como Coatlicue o de la resiliencia de Malintzin, quizás de ahí hubieran podido tomar fuerza, pero todo esto estaba bastante escondido en sus generaciones, lo cual me parece tanto interesante como preocupante.

IM-L: Cuéntanos la historia detrás de la pieza elaborada en honor a Doña Malitzin y a la diosa Coatlicue ¿Por qué propones a estas dos figuras femeninas como referentes históricos en tu vida personal y profesional?

MFC: Durante la investigación que inicié sobre el rol femenino en la actualidad y su historia me cuestionaba el por qué es tan difícil encontrar sacerdotas o sacerdotizas, por qué en las religiones actuales la mujer no ha tomado un rol así de importante como el masculino. Me preguntaba por qué si existe una gran cantidad de Diosas, han quedado relegadas como algo del pasado que de vez en cuando se les menciona, por qué en la actualidad aún no toman un lugar importante en la vida cotidiana de la mayoría de las personas. 

Así inició la idea de hacer una capa que tuviera muchas telas adheridas como pieles, pensando en Coatlicue y en una serpiente -la cual se convirtió en mi animal espiritual. Observar que la piel muere para que algo nuevo nazca. Sentía que de alguna manera yo necesitaba vivir ese proceso en mi postparto. Que debía pasar una muerte, y necesitaba hacer el ritual para hacerme consciente de que estaba lista para soltar. Así, mientras comencé a coser telas, cortarlas y teñirlas veía estos dos polos dentro de mí: lo más bello, tierno y hermoso lleno de luz, mientras a la vez podía ver ese cansancio, enojo y tristeza sin juzgar, solo como observadora.

Resonaba con Coatlicue, Diosa de la fertilidad, patrona de la vida y de la muerte, guía del renacimiento. Ella me guiaba y a esta energía me aferré. No tenía por qué tener miedo de ir a lugares oscuros dentro de mí; sabía que era necesario para sanarlos y así poder soltarlos, ahí encontraría mi fuerza.

A la vez, yo estaba pasando por la pérdida de mi padre mientras amamantaba vida. El hecho que esta figura existiera me hacía sentir bien: ella, así como yo, conocíamos el arriba, ‘lo celestial’, lo más puro, el amor más grande, y el abajo, el inframundo, lo más denso, el dolor más grande. 

Al año inicié mi investigación sobre Malintzin, con la cual me identifiqué por varias razones, pero lo que más me llamó la atención fue la distorsión que hay de su persona, cómo la han malinterpretado, y la falta de respeto que hay aún hacia ella. Así decidí hacer otra capa, una con forma lengua, pero también con la forma de la cabeza de una serpiente. La capa tiene un cuello de forma circular inspirado en los huipiles de Guatemala, pero con cierta forma de poncho como se utiliza en México, híbridos con los cuales yo me identifico, habiendo nacido en México, mientras crecí en Guatemala. Es una capa en honor a ellas, pero a la vez también es una capa en honor a la mujer y a todos nuestros ciclos.

Pamela Corrales, detalle de “Incesablemente” [Pulsogramas], tinta sobre papel sketch, 55 x 55 cm. Foto cortesía +Arte Galería

IM-L: Pamela, ¿consideras que el arte o la belleza puede ayudar en el tratamiento de la depresión? La serie fotográfica Wu-Yu se caracteriza por su belleza, sin embargo, parte de un profundo sufrimiento ¿Cómo logras transformarlo?

PC: Creo que el arte ayuda a ver todo desde puntos de vista diferentes, a pensar las cosas, la sociedad y la vida desde fuera de la norma. Por eso, si la depresión es un estado en el que sólo piensas y ves todo desde un lugar muy oscuro, forzarte a cambiar de punto de vista te va a ayudar. La belleza tiene implícita una herida, de lo contrario se queda en lo bonito. En Wu-Yu quería reforzar esta relación. El dolor no en contradicción con la belleza sino como parte de ella.

IM-L: ¿Qué piensas sobre el siguiente enunciado: “El verdadero significado de la vivienda no lo da el espacio, ni su imagen o su materia, sino la vida que en el tiempo se despliega en ella”[7]? Surge la pregunta debido a que la escena que creaste en las fotografías Wu-Yu muestra el aspecto vivencial y los procesos de cuerpo-mente a través de la materialidad de las sábanas. En tu caso no muestras el espacio, pero lo que la cama puede representar simbólicamente. ¿Para ti, qué representa?

PC: Comparto completamente con Galmés el enunciado. Espero haberlo expresado bien en la pregunta sobre el hogar. En Wu-Yu, el espacio cama simboliza transformación. Quería que parezca mar: informe, cambiante, impredecible como es el océano. Y mi cotidianidad desvaneciendo sobre este mar: el tiempo borrando mis huellas. 


[1] Luna, Toni; Valverde, Isabel (dir.) (2011). Reflexiones desde miradas interdisciplinarias. Barcelona: Observatorio del Paisaje de Cataluña; Universidad Pompeu Fabra. (Teoría y paisaje; 1). ISBN: 978-84-615-4911-5

[2] Newby, P., & Rees, J. (1973). Report: Behavioural Geography. Area, 5(4), 283–285. (http://www.jstor.org/stable/20000781)

[3] Luna, Toni; Valverde, Isabel (dir.) (2011). Reflexiones desde miradas interdisciplinarias. Barcelona: Observatorio del Paisaje de Cataluña; Universidad Pompeu Fabra. (Teoría y paisaje; 1). ISBN: 978-84-615-4911-5

[4] Hall Foster. Belleza compulsiva. Adriana Hidalgo Editora. 2008. ISBN 9789871156887.

[5] Máximo Eseverri. Belleza compulsiva, de Hal Foster. Universidad de Buenos Aires, 2009.

[6] Galmés Cerezo, Alvaro. De Habitar a Morar: El Tiempo En La Arquitectura. p.2 (https://upcommons.upc.edu/bitstream/handle/2117/104013/5196-2264-1-SM.pdf.)

[7] Galmés Cerezo, Álvaro. De Habitar a Morar: El Tiempo En La Arquitectura. p.3 https://upcommons.upc.edu/bitstream/handle/2117/104013/5196-2264-1-SM.pdf.

Isabela Mendoza-Lamuño

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