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SOBRE MIRADA Y MATERIA EN “FUTURO ESPLENDOR”, DE GERMÁN TAGLE

“La pintura de paisajes es un lugar privilegiado para practicar esa mirada que acompasa temporalmente la superficie del cuadro al recorrerla. La palabra ‘recorrido’ explica en parte ese privilegio: el recorrido de la mirada por el cuadro de pintura reproduce el trayecto físico que el horizonte ficticio de la representación propone al espectador. Además, la pintura de paisaje autoriza, más que ninguna otra, la dislocación del cuadro por la mirada”

Daniel Arasse

La pintura siempre ha convivido con la exigencia de ser un agente activo en su presente. No solo por la presión de proponer nuevos estilos, sino además, entre todas las prácticas artísticas, la pintura ha cumplido un rol primordial en la historia, ya que ha evidenciado ciertas transformaciones epistemológicas y algunas formas con las que el hombre se relaciona con el mundo. Si seguimos este último proyecto, la pintura no debería justificarse solo a través de su contenido temático o dialéctico (la fotografía tiene muchas más herramientas con respecto al registro) sino que debería apelar a sus alcances sensibles y fenomenológicos, al modo de Cézanne. En otras palabras, la pintura podría intentar hacerse cargo de la mirada y su lugar en las disputas contemporáneas que refieren a nuestra relación con la naturaleza. En este sentido, lo relevante de la pintura no serían sus géneros sino la apertura a pensar el oficio como una forma de pensamiento y de acercamiento a nuestro entorno.

Se puede decir que la vista, como sentido, ha sido entendida históricamente como una herramienta para elaborar ficciones (modernas) que reafirman el lugar del hombre dominante en el espacio. No es casualidad que uno de los momentos más importantes de la pintura, la construcción del sistema de perspectiva renacentista, se establezca a través de la compresión de los efectos ópticos-visuales en el ordenamiento de los cuerpos.

No está demás decir que los ojos se dominan, y por sobre todo se educan. Escapar de esa moldura sería un proyecto más que complejo. Sería más sencillo cerrar los ojos que aprender a mirar de nuevo.

Germán Tagle, Futuro Esplendor, en Galería Aninat, Santiago de Chile, 2021. Foto: Jorge Brantmayer
Germán Tagle, «65», 2021, acrílico sobre fotografía impresa en tela, 183 x 140 cm. Foto: Sebastián Mejía
Germán Tagle, Futuro Esplendor, en Galería Aninat, Santiago de Chile, 2021. Foto: Jorge Brantmayer

La exposición Futuro Esplendor de Germán Tagle en Aninat Galería, a grandes rasgos, se anuncia como un proyecto enfocado en la relación entre extractivismo y paisaje. La muestra se compone de una serie de pinturas que se valen de publicaciones relacionadas al imaginario de las ciencias, el paisaje “genérico” y turístico, para presentar una degradación de estas imágenes a través de la superposición de algunos objetos industriales representados en pintura.

Quiero ir directo al grano. Un elemento fundamental de este proyecto es justamente lo que trato de comentar al comienzo de este texto: el reconocimiento del rol de la pintura en la amplificación de los rangos de visión.  Especular sobre nuevas maneras de describir el mundo y así contactarnos con este de forma “renovada”. Esto último suena rimbombante e incluso mesiánico, pero en realidad es simplemente una manifestación del posible compromiso del artista con los alcances de lo pictórico. Justamente pensando que la pintura no tiene que ver exclusivamente con las imágenes sino con estrecho vínculo entre visión y análisis.

La serie de Futuro Esplendor reafirma un estilo pictórico basado en el reordenamiento de distintas estrategias tradicionales de la pintura moderna. Aunque no lo parezca, la gran diferencia de esta serie con sus trabajos anteriores es que esta vez Tagle no construye imágenes cerradas, ni elabora atmósferas de relatos subjetivos, sino que desintegra la posibilidad de que los objetos sean asimilables o relacionables a simple vista. Reorganiza la mirada y dirige la pintura hacia el dominio de su materialidad. Puntualiza la experiencia de ver, en el entendido de que no es necesario depender de un imaginario normativo para contemplar un paisaje.

El artista se apropia de un montón de imágenes de paisajes que a su vez también representan el imaginario colectivo de la naturaleza local. Esta identificación del sin sentido del imaginario del paisaje es fundamental para nuestro presente, ya que reflejaría al mismo tiempo el devenir humano moderno. Vemos que no hay una finalidad por reordenar el paisaje en sí, o por proponer nuevas imágenes, sino por evidenciar que existe un vínculo irrenunciable entre las imágenes del paisaje y las materias que padecen el deterioro.

Esto último puede ser una pista en el desafío de transformar los rangos de visión. Si en las pinturas de Tagle existe un vínculo entre paisaje y materia, la pintura podría, a través de esto, darle cabida a una experiencia de mirada que no esté dominada por su condición moderna: analítica, descriptiva, dominante y exclusivamente ideológica. 

Podría parecer antojadizo, pero estas obras, estos tubos y todo este imaginario subterráneo e industrial de Tagle tienen relación con los procedimientos duchampianos, en particular la descontextualización. Este proceso histórico del análisis del objeto no es posible sin el reconocimiento, la práctica y la asimilación de la pintura cubista comprometida con el problema de la relación entre el cuerpo humano y los cuerpos del entorno industrial. También me recuerda a algunas obras de Tarsila do Amaral que representan el descalce entre una naturaleza aparentemente indomable, con la presencia de estructuras de ingeniería sofisticadas, pulcras, foráneas y coloniales.

Germán Tagle, «33», 2021, acrílico sobre fotografía impresa en tela, 183 x 140 cm. Foto: Sebastián Mejía
Germán Tagle, “103”, acrílico sobre fotografía impresa en tela, 2021. Foto: Sebastián Mejía

Los objetos representados presentes en esta serie también pertenecen a un imaginario industrial. A pesar de ser constantemente considerados objetos irrelevantes, en la pintura adquieren otro valor. Ponen en crisis las imágenes que aparecen en libros, y que niegan la intervención del hombre, así como del proyecto político en y con el paisaje. Las pinturas evidencian la arquitectura y las formas que pasan desapercibidas en el imaginario de la naturaleza. Evidencian el problema del extractivismo, sin preocuparse de lo ecológico propiamente tal (su carácter moral) sino más bien reconfigurando la relevancia de la mirada en el ordenamiento y administración nuestro entorno tramado por la relación entre naturaleza e industria.

Quiero insistir en que la pintura es más que una imagen y al mismo tiempo quiero evitar caer en el tono romántico. La pintura tiene la posibilidad de enfrentarse al vacío, y así configurar reproducciones o registros de la experiencia de lo visible. Tagle reconoce esto, pero se escapa de esta experiencia constructiva y se dirige hacia un desafío mayor. Se propone destruir esas imágenes impregnadas en nuestro imaginario. El resultado es evidente: en los lienzos vemos formas que reclaman su presencia más allá del lugar que ocupan en el paisaje o en la imagen. El artista domina el gesto expresivo y veloz de su pintura, conviviendo con el detalle de las formas industriales, la detención y la lentitud del intercambio de pigmentos disímiles que van dando forma, finalmente, a un cuerpo de imágenes que tientan más por su presencia que por su propia visualidad. 

Sergio Soto Maulén

(Peñaflor, 1993) Editore, crítico y curadora. Egresadx de Teoría e Historia del Arte del Departamento de Teoría de las Artes de la Universidad de Chile. Actualmente es parte de Comunidad Planctónica, colectivo que sigue la deriva de los organismos planctónicos como una metáfora para pensar nuevas formas de vincularse materialmente desde los desplazamientos, las derivas, los vínculos orgánicos, y las relaciones materiales del medio oceánico.

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