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TEORÍA DE LA GENERACIÓN ESPONTÁNEA

teoría de la generación espontánea es el proyecto de fin de curso de la generación 2021 del Programa Educativo SOMA, integrada por Jonathan Cerón, Andrea Ferrero, Laia Giol, Fernando González, Juan Carlos León, Enrique López Llamas, Elisa Malo, Cecilia Miranda, Alan Sierra, Kendy Rivera y Yorely Valero.

Cada uno de los once sistemas de observación que articulan teoría de la generación espontánea surge de intereses conceptuales, críticos, formales y matéricos tan diversos como los contextos de los que cada unx de nosotrxs proviene: construir espacios desde lo invisible, utilizar el material y lo ritual para cerrar simbólicamente un final; resignificar imágenes a través de la memoria y la vivencia personal; reinterpretar procesos y obras de la Historia del Arte a través del relato familiar; replantear el lugar que tiene la experiencia en la investigación y la autoría; modificar construcciones para observar lo que excreta el cuerpo; estudiar la ciudad a través de un lenguaje cromático; cuestionar la narrativa histórica para desestabilizar los símbolos coloniales; analizar con ironía las estructuras de poder y las promesas de la superación personal; habitar el sueño como un lugar de creación o entender un hielo abandonado en la calle como un fenómeno digno de observación.

Andrea Ferrero, LAND! LAND!. Vista de la exposición en SOMA, CDMX, 2021. Cortesía: SOMA
Andrea Ferrero, LAND! LAND!. Vista de la exposición en SOMA, CDMX, 2021. Cortesía: SOMA

Andrea Ferrero (Lima, 1990) aborda temas de memoria y política mediante el estudio de iconografías de poder, fantaseando con realidades alternativas y escenarios ficticios generados a partir de material de archivo, moldes, fotogrametría y modelos 3D, en un intento de desafiar la forma en que contenidos ideológicos son insertados en el espacio construido.

LAND! LAND! es un proyecto que fantasea con las posibilidades de desestabilizar símbolos coloniales incrustados en el paisaje urbano en América y en la conciencia colectiva. Es también un proyecto de observación sobre cómo ciertos símbolos históricos y de poder persisten en el imaginario colectivo no solo a través de sus reproducciones físicas en el espacio urbano, sino también por su preservación y recreación en el mundo digital.

La pieza es una réplica de la base del Monumento a Colón de Columbus Circle en Nueva York hecha con tierra de suelo americano. La instalación funciona como un castillo de arena, una pieza efímera hecha con tierra pisada que pone en crisis el deseo de los monumentos de ser permanentes. El título es tomado de la placa conmemorativa del monumento original, una celebración de haber “conquistado el océano”. Escrita originalmente como una glorificación de la invasión, el mensaje es reapropiado y resignificado como símbolo de lucha decolonial.

Las obras contenidas en el Museo objeto del sueño, de Elisa Malo (Xalapa, Veracruz, 1989), fueron creadas en sueños lúcidos y posteriormente producidas durante la vigilia, proponiendo una colaboración entre dos Elisas: la despierta y la dormida. Los diferentes materiales en las obras pretenden acercarse lo más posible a aquello creado dentro del espacio onírico. La imposibilidad de hacer una traducción completamente fiel y la crudeza al re-conocer y re-construir son elementos importantes en su producción. “Somnografías es un proyecto con el que busco compartir, desde la intimidad del yo, planteamientos para la colectividad. Propongo el cuerpo como un espacio utópico y lugar de posibilidades, un contenedor que implica el concepto de hospitalidad para habitarse a una misma. Me interesa sugerir variaciones para sobrellevar la realidad. Desde algo intangible, como el umbral del sueño, se puede construir conscientemente un puente que comunique mundos internos y externos para un autoconocimiento colectivo”.

Museo objeto del sueño, de Elisa Malo. Vista de la exposición en SOMA, CDMX, 2021. Cortesía: SOMA
Museo objeto del sueño, de Elisa Malo. Vista de la exposición en SOMA, CDMX, 2021. Cortesía: SOMA
En el borde de una galaxia ordinaria es invisible lo que me sostiene, de kendy rivera. Vista de la exposición en SOMA, CDMX, 2021. Cortesía: SOMA
En el borde de una galaxia ordinaria es invisible lo que me sostiene, de kendy rivera. Vista de la exposición en SOMA, CDMX, 2021. Cortesía: SOMA

cecilia miranda gómez (Ciudad de México, 1993) es una artista y hace «casicasas». Colabora como escritora, gestora y docente con diferentes iniciativas. Su práctica especula construcciones afectivas y políticas en torno a la vivienda mediante juegos materiales entre sujetos, objetos y espacios.

Su proyecto Color abismo indaga en las relaciones sociales y económicas de la pintura de fachada de suburbios periféricos en la Ciudad de México desde aquello que la artista llama pantonecracia, una forma de hacer política a través de los usos del color en el territorio. Asimismo, estudia y cuestiona dichos mecanismos a través de piezas artísticas y literarias que replantean la noción de lo pictórico, entendiendo a la pintura como un dispositivo político y económico, y no sólo como un medio de representación.

Cada uno de los objetos que se presentan en En el borde de una galaxia ordinaria es invisible lo que me sostiene, de kendy rivera (Morelos, México, 1986), forman una especie de estructura rizomática donde cada situación tiene la memoria de lo que está por ocurrir. “Ahondo en acciones que aportan bienestar común desde el afecto, como estrategias alternas a la circulación del capital, pensar cuáles son esas formas en las que se siguen imaginando esos espacios de resistencia y quiénes son aquellos cuerpos que los producen.  Aquí solo hay calle y las imágenes incómodas que me guiaron a este lugar”, dice la artista.

Jonathan Céron (Ecatepec, México) pensó su proyecto Lluvia de agosto a partir del haiku. Para ello, realizó composiciones con elementos que pertenecen a diferentes ideas de proyectos en proceso y a manera de experimentación, una suerte de orquestación compuesta por problemáticas sobre la materia, el paisaje, la vida cotidiana y la experiencia personal. El artista siente fascinación por los espacios baldíos y camellones que se inundan salvajemente con maleza en épocas de lluvia. “Me interesa trabajar con la memoria y huella de objetos y situaciones; crear indicios, telepatía y espacios de lectura y comunicación”, sostiene.

Jonathan Céron, Lluvia de agosto. Vista de la exposición en SOMA, CDMX, 2021. Cortesía: SOMA
Jonathan Céron, Lluvia de agosto. Vista de la exposición en SOMA, CDMX, 2021. Cortesía: SOMA

Juan Carlos León (Guayaquil, Ecuador, 1984) es un artista que actualmente vive y trabaja entre México y Ecuador. Su proyecto Colonizar el fin [Kallumpakunamikan shunku / Kuyllur] está compuesto por hongos Penicillium y Rhizopus, cajas petri de metacrilato, luces led y video digital, entre otros elementos. ¿Cómo transformar los recuerdos y sanar desde la materia viva? ¿Qué tipo de ritual te permite cerrar un ciclo de vida?

Los hongos están al final de la cadena de la vida, pero también al principio y en este proyecto son parte de un ritual-visual de sanación, cambio y cierre que buscan transformar la experiencia personal del artista ante la muerte de su madre, en un rito socializado, un homenaje o una caja funeraria espacial. Las obras parten de la apropiación del conocimiento científico y utiliza la micología y la astronomía para presentar un proyecto expositivo que busca activar una sanación simbólica.

Kallumpakunamikan shunku (hongos y corazón) es la pieza principal de este proyecto para la cual se crearon dispositivos de materialización de información en formas de cajas petri que visualizan correos electrónicos sin enviar, sin contestar, mensajes en redes sociales o notas manuscritas que reflejan el momento previo a la muerte de la madre del artista. La información fue transferida con materiales antisépticos como la violeta de genciana, merthiolate rojo y yodopovidona. Estas cajas de información fueron inoculadas con diferentes géneros de hongos Penicillium y Rhizopus que a nivel simbólico sirven como materia viva de curación que transforma la Información, la borran y dan cierre a un ciclo.

La instalación lumínica denominada Kuyllur, o Astro brillante, es una representación en medidas arcminute (arcmino minuto sexagesimal) del tiempo de la última llamada telefónica que recibió el artista en relación a las coordenadas del lugar fallecimiento de su madre, la cual crea un campo de visión angulada que apunta al sitio espacial en el cual su madre se transformó en una estrella. Esta pieza va acompañada de un video que muestra galaxias y astros lumínicos ficticios, creados a partir de luces, brillos y variaciones de luz que el artista pudo obtener de la video transmisión online del momento previo a su entierro.

Juan Carlos León, Colonizar el fin [Kallumpakunamikan shunku / Kuyllur]. Vista de la exposición en SOMA, CDMX, 2021. Cortesía: SOMA
Juan Carlos León, Colonizar el fin [Kallumpakunamikan shunku / Kuyllur]. Vista de la exposición en SOMA, CDMX, 2021. Cortesía: SOMA
Disoluciones, de Yorely Valero. Vista de la exposición en SOMA, CDMX, 2021. Cortesía: SOMA
Disoluciones, de Yorely Valero. Vista de la exposición en SOMA, CDMX, 2021. Cortesía: SOMA
Alan Sierra, Fábula encinta. Vista de la exposición en SOMA, CDMX, 2021. Cortesía: SOMA

Disoluciones, de Yorely Valero (Bogotá, 1992 – vive y trabaja en Ciudad de México), surgió del encuentro recurrente con bloques de hielo en recorridos diarios por la ciudad y el entendimiento de éstos como objetos que, aunque gestados por la acción humana, son en sí mismos pequeños enómenos dignos de observación. Paralelamente, la artista entiende estos cuerpos como formas geométricas que vinculó con los sólidos platónicos, cinco poliedros que por sus características únicas han sido relacionados con la belleza geométrica. Contraria a la naturaleza irregular, variable, inestable y efímera de los hielos situados en el espacio público, los sólidos platónicos se destacan por su aparente perfección y perpetuidad.

En Fábula encinta Alan Sierra (Sonora, México, 1990) explora la imagen del embarazo masculino en la literatura y los testimonios de creadores. La obra se centra específicamente en la retórica de los autores que se refieren a sus obras como hijos y a su proceso creativo como gestación. En el video, un investigador articula su testimonio a manera de ensayo mientras descarta una serie de tarjetas con notas que revelan el lado subjetivo de sus quehaceres. La narración se vale de las inflexiones de la voz erudita mientras que la animación presenta un recorrido por fichas de papel, una herramienta mnemotécnica típica de las conferencias, en las que se expone el lado más interior de las pesquisas descritas. El punto de vista en primera persona sugiere que los lugares de la audiencia y el expositor son intercambiables y que nos encontramos inmersos en las cavilaciones del personaje principal.

Laia Giol Carreño, Hacer del baño. Vista de la exposición en SOMA, CDMX, 2021. Cortesía: SOMA
Laia Giol Carreño, Hacer del baño. Vista de la exposición en SOMA, CDMX, 2021. Cortesía: SOMA
Laia Giol Carreño, Hacer del baño. Vista de la exposición en SOMA, CDMX, 2021. Cortesía: SOMA
Laia Giol Carreño, Hacer del baño. Vista de la exposición en SOMA, CDMX, 2021. Cortesía: SOMA

Muchas veces la práctica de Laia Giol Carreño (Barcelona, España, 1996) responde a un entorno inmediato del cual utiliza las experiencias cotidianas como punto de partida. Éstas pueden ser instancias enmarcadas que pasan desapercibidas en su contexto original, ubicando acciones en espacios de uso común que aparecen desde el anonimato. Otras veces se dedica a construir arquitecturas a partir de escenas imaginativas para plantear relatos que aún no existen: ¿Cómo sería un baño adecuado a las necesidades de una flora intestinal adolorida?, se pregunta la artista para gatillar su proyecto Hacer del baño.

“Un lugar donde observar los cambios fecales, de color y consistencia. Con un refrigerador donde encontrar probióticos, Pepto-Bismol, hielo y alimentos positivos para el sistema digestivo. Un inodoro de madera, elevado para evacuar en cuclillas, en una zona más fría. Con olor a tierra. Tal vez las paredes interiores estén hechas de barro. Recubierto de baldosas comestibles y de minerales adecuados para la microbiota. Con uno que otro hueco para plantar un ciprés. Un molde de mi espalda en una esquina redonda cerca del suelo y de los pies. Varios lugares huecos para esconder cosas. No hay puerta”.

En su práctica, Fernando González (Ciudad de México, 1991) se interesa por abordar problemáticas ligadas a la promesa de una vida mejor, por medio de exploraciones entre texto e imagen, apostando al humor y la apropiación de contenidos como una posibilidad de mirada crítica. Su pieza, Nada es imposible, es el resultado de una reflexión en torno al lenguaje motivacional, estrategias didácticas de cursos multinivel y recursos simbólicos de diferentes cultos. Los elementos que componen la instalación abordan la posibilidad de dejarse envolver por una mentira y la ambigüedad de toda promesa.

Fernando González, Nada es imposible. Vista de la exposición en SOMA, CDMX, 2021. Cortesía: SOMA
Fernando González, Nada es imposible. Vista de la exposición en SOMA, CDMX, 2021. Cortesía: SOMA
Yo no sabía nada de mi padre hasta que decidí pintarle un jardín, de Enrique López Llamas. Vista de la exposición en SOMA, CDMX, 2021. Cortesía: SOMA

Yo no sabía nada de mi padre hasta que decidí pintarle un jardín, de Enrique López Llamas (Aguascalientes, México, 1993), surge tras el encuentro con una reproducción de la obra El jardín de las delicias (c.1500-1505) en la clínica donde internaron a su padre después de un intento de suicidio. La instalación se compone de una ambientación con pequeñas esculturas que reinterpretan frutos en la obra de El Bosco, un tríptico de pinturas usando comprimidos molidos como materia pictórica, y una pieza de video que realizó con la ayuda y participación de su familia.

“En este video, grabado con una cámara Handycam de cinta 8 mm, mi padre dirige una puesta en escena en la que sus hijxs y esposa intentamos replicar composiciones de algunos personajes que aparecen en la obra El jardín de las delicias. En el video, mi padre nunca aparece a cuadro, pero se escucha su voz mientras nos brinda direcciones, regaña, o ríe. Yo no sabía nada de mi padre hasta que decidí pintarle un jardín busca articular conexiones entre un acontecimiento familiar, el consumo de medicamentos para el tratamiento del trastorno depresivo, el peso histórico de la práctica de la pintura y el acto de reproducir y reinterpretar imágenes en la historia del arte”.


teoría de la generación espontánea


Jonathan Cerón, Andrea Ferrero, Laia Giol, Fernando González, Juan Carlos León, Enrique López Llamas, Elisa Malo, Cecilia Miranda, Alan Sierra, Kendy Rivera y Yorely Valero.


Coordinación: Marcela Chao Ruiz
Montaje: Juan Rosas, Llamas a mí
Comisión de museografía: Jonathan Cerón y Fernando González
Comisión de diseño y página web: Laia Giol Carreño, Yoreli Valero
Comisión de programa público: Andrea Ferrero, Fernando González, Enrique López Llamas y Elisa Malo
Comisión editorial: Juan Carlos León, cecilia miranda y Alan Sierra
Comisión de visitas guiadas: kendy rivera


Tutores: Ricardo Alzati, Ilana Boltvinik, Ana Gallardo, Verónica Gerber Bicecci, Joaquín Segura, Benjamín Torres y Pablo Vargas Lugo.


SOMA, Calle 13 #25 Col San Pedro de los Pinos, Ciudad de México


Del 1 de septiembre al 23 de octubre de 2021

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