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MUTUA: COMUNIDAD EXPERIMENTAL DE ARTE Y SABERES FEMINISTAS

Por Guillermina Cabra y María Laura Rosa

MUTUA es una plataforma innovadora que se propone conformar una comunidad virtual, aunando las teorías y prácticas del arte, el activismo y los feminismos, para buscar cuestionar el sistema e invitarnos a repensarnxs desde una apuesta por los cuidados y los afectos con el fin de conformar otros mundos posibles. Este proyecto está coordinado por Cerrucha, Lorena Wolffer y María Laura Rosa. También forman parte Magali Lara, María Minera, Mónica Mayer, Mónica Nepote y Vivian Abenshushan como parte de la conseja, Julia Villaseñor a cargo de la prensa, y Alma García Gil y Yaz Rivera Paredes a cargo de las redes sociales.

Se presentan como un espacio colectivo y coral, una “plataforma de experimentación artística y pedagógica en línea, situada entre el cruce de las prácticas feministas y las metodologías digitales”. Proponen una lógica horizontal para el intercambio de saberes, trabajando con prácticas anfibias que acuerpan y ponen en juego lo afectivo, “desafiando a los sistemas de educación convencional”. Buscan ser una forma de aprendizaje colaborativo concebida en tiempos adversos.

Para conocer más sobre MUTUA conversamos con cuatro de sus integrantes: Lorena Wolffer, Magali Lara, Cerrucha y Mónica Mayer.

Lorena Wolffer es artista y activista cultural y hace más de veinte años que trabaja en pos de otorgarle visibilidad a problemáticas vinculadas con las cuestiones de género, de respeto y de igualdad, dándole voces a las mujeres y las personas de identidades no normativas. Su práctica se ubica en la intersección entre el arte, el activismo y los feminismos.

Cerrucha es artista, activista y feminista. Emplea al arte como una herramienta para cuestionar la construcción social de lxs otrxs, invitando al diálogo y a la reflexión en torno a cuestiones vinculadas con los Derechos Humanos, puntualmente en relación con el género. Utiliza la fotografía, el performance y las intervenciones en el espacio público como medios principales, haciendo un fuerte hincapié en la participación ciudadana.

Magali Lara es artista visual, gestora y maestra, quien desde los años setenta plantea obras relacionadas con el cuerpo y las emociones desde un posicionamiento feminista. En sus ensayos visuales aborda temáticas como la identidad, lo femenino, la otredad y la conexión entre el adentro y el afuera.

Mónica Mayer es considerada una de las pioneras del arte feminista, el performance y la gráfica digital en México. Desde los años setenta que su práctica artística está comprometida con los movimientos de mujeres, y para esto emplea diversos lenguajes de las artes visuales y de los activismos feministas.

Cerrucha, Trinchera (más de 100 mujeres adultas, jóvenes, niñas y bebés). Cortesía de la artista

Me gustaría empezar preguntándoles cómo es que surge este proyecto, sobre todo en el contexto de pandemia que estamos atravesando, y cómo creen que confluye con sus trayectorias personales.

Lorena: MUTUA es el resultado de una serie de procesos: el año pasado, muy al inicio de la pandemia, empezamos María Minera y yo una organización que se llamó Frente Amplio de Trabajadoras del Arte y de la Cultura, para responder a las medidas del actual gobierno mexicano frente al FONCA que era, en ese momento, el sistema de becas que el estado daba. Esa batalla la perdimos. Pero pronto el Frente se transformó en Frenta.

Frenta surge porque en el Frente nos dimos cuenta de que estar respondiendo a las políticas planteadas por el gobierno era agotador, ya que se lanzaban cada dos minutos y siempre había algo nuevo que responder o que contestar, y sobre todo porque teníamos una incidencia nula en esas políticas. Entonces, rápidamente nos mudamos a Frenta, con el fin de imaginar futuros y de preguntarnos qué hacíamos frente a la pandemia, cómo podíamos o no tomar ese momento para repensarnos. Tal cual como su nombre lo indica, Frenta fue una estrategia para hacerle frente a la pandemia, a las crisis que trajo o que agudizó la pandemia, y muy pronto surgió la idea de MUTUA, propuesto por Cerrucha. Comenzamos a imaginar cómo podíamos pensar en una plataforma de intercambio de saberes desde una lógica que no tratara sólo de un proyecto pedagógico, sino de una apuesta por otras formas, otros futuros, otras vidas…

Esa es la genealogía o el recorrido de MUTUA. Al final, todas estamos trayendo a la mesa lo que ya hacíamos y lo estamos conjuntando, es decir, no estamos haciendo algo nuevo, sino que la novedad, o lo que estamos haciendo diferente, es combinar nuestros haceres. Entonces, para mí ha sido continuar con lo que ya venía haciendo, pero ahora acompañada de mis amigas, con esta idea de “vamos juntas”.


“No todas tenemos las mismas trayectorias y eso plantea una conversación que a mí me parece oportuna”


Magali: Bueno, yo creo que para todas hay una crisis con respecto a qué hacer y cómo hacerlo, como artistas y como mujeres y como todo. Y quizás aquí, parte de la propuesta consiste en empezar a advertir nuevas experiencias y compartir saberes. No solamente nosotras en nuestra experiencia como maestras o facilitadoras, sino entre nosotras. Creo que hay una cuestión intergeneracional importante: no todas tenemos las mismas trayectorias y eso plantea una conversación que a mí me parece oportuna. Y, por otro lado, construir un sitio que la verdad esta muy padre, y haberle dado esta estructura también habla de la posibilidad de hacer cosas diferentes, con propósitos distintos, y creo que eso hay que celebrarlo.

También eso habla de las posibilidades de la autogestión, aunque ha sido con mucho esfuerzo, con mucha dedicación, muchas horas, sobre todo de Lorena, Cerrucha y María Laura, pero creo que eso habla, justamente, de otra posibilidad de construir, creo que eso es para mí lo que sí marca un futuro.

Cerrucha: Pues sí, sumado a ello, creo que poder ir imaginando un espacio en donde construyamos de diferentes maneras estos futuros comunes es muy enriquecedor. Y también, que sí es algo que nos diferencia de muchos otros espacios en línea ahorita, es que están apareciendo muchos talleres y demás, y que veo que nuestra propuesta está muy centrada en esta construcción de otros futuros. Entonces es interesante volver a la idea de que la fuerza de MUTUA es la de crear comunidad, de encontrarnos para hacer cosas juntas. Este hecho enriquece nuestras propias prácticas artísticas y cómo las hemos ido haciendo sustentables, pero ahora nos encontramos juntas. Entonces sí, cómo eso puede ser una bola de nieve mucho más grande y que haga frente a lo que estamos viviendo ahorita, ya que hacerlo de manera muy individual no está funcionando para nadie.


“El afecto está puesto de una manera central pero no en esta cosa ‘new age’, ya sabes, de ‘todos nos amamos’, sino en una cosa también de poder tener diferencias y poder hacer preguntas entre nosotras”


Magali: También la ideología feminista, y esto es algo que recalca María Laura y que me parece muy importante, que el afecto está puesto de una manera central pero no en esta cosa “new age”, ya sabes, de “todos nos amamos”, sino en una cosa también de poder tener diferencias y poder hacer preguntas entre nosotras, pero esta cuestión afectiva está inclusive en la revisión -tenemos algunas laboratorias que hablan de Historia del Arte-, y también está puesto ahí como una relación de la teoría con la práctica de una manera diferente. Esto es fruto de, justamente, la cuestión feminista, y creo que eso también marca una diferencia importante como metodología y como actitud vital.

Mónica: Probablemente las respuestas de María Laura y Lorena sean más certeras porque estuvieron desde el principio, con un movimiento que empezó desde las artes, el Frente, para cuestionar los cambios de políticas culturales del gobierno (de México); de ahí ellas se proponen Frenta, que acaba siendo esta reunión de distintos grupos y colectivas de mujeres artistas que fue realmente muy bonito, hablando de sus proyectos, de cómo les había estado yendo en la pandemia, etc. Y de ahí están proponiendo MUTUA. Yo estuve en el consejo de Frenta y estoy en el consejo de MUTUA, pero un poco de manera apoyando, entonces surge por esta necesidad de reunirse y por esta necesidad de trabajar desde otro tipo de plataformas.

Cerrucha, In-Visible I – Visibilizando el sexismo en el lenguaje, 2010, intervención urbana de 8.5 km sobre Av. Insurgentes Sur, CDMX. También expuesto en la estación del Metro Salto del Agua y Tacuba, CDMX. Cortesía de la artista.

“No queremos establecer un canon otro frente al canon cis hetero patriarcal, sino que queremos generar y construir herramientas para desarticular, para desenredar y desoperar el canon imperante”


Vi una mesa redonda en donde dialogaban Lorena [Wolffer], Mónica [Mayer] y Vivian [Abenshushan] sobre el problema de que, en general, lo relacionado con el arte feminista, queer y los estudios de género tiende a quedar apartado, por ejemplo, en los congresos. Es decir, si bien se incorporó la cuestión de los estudios de género, suele haber una mesa aparte dedicada a estos temas. En este sentido, me interesaría preguntarles, ¿a qué se debe la decisión de formar este colectivo por fuera de las instituciones educativas, artísticas o museísticas? Es decir, ¿cómo es que estas reflexiones las llevaron a la creación de esta red autogestionada por ustedes?

Lorena: Pues esa conversación la tuvimos en el marco del Foro Igualdad de los 25 años de Beijín que sucedió en la Ciudad de México y en donde, a pesar de que los feminismos y el arte ya tienen una relación más amable -hace 10 años hacer una exposición de arte feminista abiertamente feminista en un museo era impensable, o llamarse feminista en las esferas del arte era artísticamente incorrecto-, aún sigue siendo una relación muy complicada. Es decir, la inclusión del arte en las esferas feministas, sobre todo en las institucionales, especialmente las vinculadas con los estudios de género, pues es difícil.

Esa conversación tuvo lugar en ese foro en donde, una vez más, lo que hicieron fue invitarnos, pero dándonos un lugar aparte. Literalmente estuvimos en una sala aparte, y es algo que nos sucede muy a menudo como artistas, ya que nos invitan a aderezar la conversación, o a ilustrar la conversación, pero nunca a ser parte de la conversación cuando se trata de círculos “serios” de los feminismos. Y la relación con los feminismos creo que sigue siendo una relación muy tensa que, si bien ha habido pues muchos avances, gran parte de ellos son epidérmicos. Es decir, hay una toma muy superficial de los planteamientos de los feminismos. Entonces hoy todas, todes, todos, somos feministas, lo cual podemos celebrar ampliamente si de verdad eso fuera un feminismo encarnado y asumido en los actos, en las acciones y en el cuerpo, aunque nuevamente con el arte esto resulta complicado.

Entonces, esa conversación surgió para señalar ese fenómeno que sigue ocurriendo y que nos resulta bien problemático. En el caso de MUTUA queríamos hacerlo con nuestras propias reglas, más allá de esas tensiones, más allá de las cuestiones que tienen que ver con los feminismos institucionales y no institucionales, más allá de las esferas o los espacios reconocidos del arte y, sobre todo, no voy a decir “en oposición” porque vamos a hablar en positivo, como una alternativa a la pedagogía tradicional. Pensamos que siendo feministas no podía ser de otra forma, no podíamos reproducir la verticalidad de la enseñanza tradicional.

Entonces tiene que ver con eso, con hacerlo a nuestra manera, y nuestra manera implica una serie de cosas, desde cuestionar nociones de autoría hasta pensar que no queremos establecer un canon otro frente al canon cis hetero patriarcal, sino que queremos generar y construir herramientas para desarticular, para desenredar y desoperar el canon imperante. Ese es un poco el planteamiento, más allá de la crítica a las instancias e instituciones que tienen que ver no sólo con arte y feminismo, sino también con activismo.

Magali: Creo que además hay varias cosas que históricamente han sucedido en México, digamos la diferencia, la dificultad entre la parte teórica del feminismo con la historia del arte; la producción de las artistas activistas siempre ha sido, vamos a decir, muy complicada por cierto tipo de prejuicios. Prejuicios que vienen desde la historia del arte o desde la academia, ­­­­desde la educación artística sin duda alguna, y desde la representación de lo que debe ser el arte.

Entonces, yo creo que todo esto que estamos hablando tiene que ver con darle visibilidad a aspectos de la producción artística, del cambio de perfil, de estrategias diversas que se han producido desde la producción de las artistas, feministas y no feministas, que no está en el canon. Me refiero también a cuestiones indígenas, cuestiones ambientales, es decir, todo esto que no está incluido y que de pronto para nosotras sí es urgente y sí ocupan un lugar dentro de nuestra propia concepción del arte y del activismo. Y en la academia, aunque hay miradas simpáticas, o solidarias, creo que la estructura institucional en México es muy rígida, muy muy rígida, muy autoritaria, y no permite con facilidad los diálogos.

Todo esto que contaban de la mesa apartada, bueno, eso también para Mónica [Mayer] y para mí es así desde el principio. Nosotras somos de esta primera generación en la que hubo mujeres en todos los campos, o sea no éramos la excepción, y siempre pasaba que para incluirnos era en una mesa aparte, nunca estábamos como pares. Y creo que además las cosas que se proponían desde entonces no se ajustaban al canon, había una necesidad de experimentar de otras formas. El tipo de obra que hacíamos tampoco podía o tenía las características de calidad que en ese entonces parecía que eran importantes y, aunque ahora se han desmontado muchos de estos mitos, se sigue reproduciendo esta idea de que hay solamente un tipo de arte, con un tipo de representatividad, y creo que debe ser por esta cosa mexicana de construir pirámides, donde arriba siempre hay un hombre blanco que dictamina la ruta nacional. Cosas que, pues, para nosotras no tienen sentido.

Polvo de Gallina Negra (Maris Bustamante y Mónica Mayer), ¡Madres!, proyecto visual, 1983- 1987. Cortesía: Archivo Mónica Mayer
Polvo de Gallina Negra (Maris Bustamante y Mónica Mayer), ¡Madres!, proyecto visual, 1983- 1987. Cortesía: Archivo Mónica Mayer

“Hablar de dinero en los activismos está prohibido, ¿no? Se sacrifica todo por la causa. Y, sin embargo, se vuelve a caer en esta precariedad del sistema que no te deja seguir avanzando”


Cerrucha: Pues sí. Me gustaría también decir que es un proyecto artístico feminista en sí mismo. O sea, sí está concebido como un proyecto y no solamente como escuela pedagógica. Esto nos da la libertad de ser congruentes con nuestros activismos dentro de este espacio. Entonces podemos establecer vínculos con quienes sí queremos hacerlo, justo como decía Lorena, en nuestros términos, para poder expresar cuando algo no nos convence o va en contra de lo que sostenemos. También pues, es una propuesta económica distinta. Entonces es también abordar estos temas que no se han abordado por ser tabú, tanto para los feminismos como para los activismos. O sea, hablar de dinero en los activismos está prohibido, ¿no? Se sacrifica todo por la causa. Y, sin embargo, se vuelve a caer en esta precariedad del sistema que no te deja seguir avanzando. MUTUA es una propuesta distinta, no solamente hacia adentro de las integrantes sino hacia fuera. ¿Cómo podemos impulsar a las demás? ¿Cómo podemos visibilizar el trabajo de otras compañeras? La plataforma no es solamente para el intercambio de saberes, sino para expandirse en tanto comunidad artística y activista. Y eso inspira bastante, por lo menos a mí, el decir “ah, estas ideas son valoradas, vamos a ponerlas acá para que se vayan nutriendo con las de todas”.


“Yo no estoy en contra de las instituciones y creo que sí se puede colaborar con ellas, pero manteniendo la independencia porque si no los proyectos no tienen durabilidad”


Mónica: Yo creo que ahí son dos preguntas, una es por esta cuestión de que el arte y la cultura en general, y el feminismo no es excepción, se considera como algo ligero, o como algo de entretenimiento, como algo que no es el eje de ninguna lucha. Y pues, por lo menos en mi caso, desde hace mucho tiempo ha sido una batalla el plantear que es una parte central, porque la lucha del feminismo es dentro de la cultura, es un cambio cultural el que se busca, es una revolución dentro de la cultura, y el arte es una buena herramienta de la cultura. Entonces, yo lo he visto en congresos, en muchos eventos… No hace tanto nos invitaron a Lorena y a mí a una cuestión de la ONU, un encuentro de mujeres, y pues lo de arte queda aparte, ¿no? No está en el foro principal, sino está apartado. Entonces yo creo que esta es una batalla grande, importante, que se tiene que dar para integrar al arte, especialmente al arte feminista.

Por ejemplo, la batalla en contra de la violencia hacia las mujeres ha sido fundamental. Hay un pequeño problema, por lo menos yo lo he notado, y es que el arte tiene grises, no es absoluto, no es blanco o negro. A veces la política sí es blanco o negro, y el arte plantea dudas, habla de las experiencias personales. Entonces a veces yo he notado que para ciertas partes del feminismo esto es difícil de digerir porque no somos quienes les hacemos el diseño gráfico, sino que proponemos desde la experiencia artística cómo son las cosas. Por lo menos para mí, es una preocupación constante. Y con respecto a que MUTUA surja como una plataforma independiente puedo decirte que es muy difícil el tema de las instituciones en México, porque puedes empezar a construir algo con alguna institución, pero luego te cambian los funcionarios y las funcionarias y la gente que trabaja y se viene todo a tierra, o hay un cambio de política y se viene todo a tierra. Yo siempre lo he entendido así, que tiene que ser una lucha; yo no estoy en contra de las instituciones y creo que sí se puede colaborar con ellas, pero manteniendo la independencia porque sino los proyectos no tienen durabilidad.

Magali Lara, Dos historias, 1981, fotografía (plata sobre gelatina) intervenida, 21.5 x 14 x 0.30cm. Cortesía: waldengallery
Magali Lara, Dos historias, 1981, fotografía (plata sobre gelatina) intervenida, 21.5 x 14 x 0.30cm. Cortesía: waldengallery
Magali Lara, Dos historias, 1981, fotografía (plata sobre gelatina) intervenida, 21.5 x 14 x 0.30cm. Cortesía: waldengallery
Magali Lara, Dos historias, 1981, fotografía (plata sobre gelatina) intervenida, 21.5 x 14 x 0.30cm. Cortesía: waldengallery

“Uno de los grandes temas, el elefante blanco que está siempre en el cuarto pero que no se toca, son las tensiones al interior de las colectivas feministas”


Otra cuestión que me gustaría que charlemos es sobre el lenguaje que utilizan desde la propuesta pedagógica: emplean palabras como colectivas, laboratorias, y proponen un enfoque diferente al de la educación tradicional, con la incorporación de la dupla de estudio y las ágoras, la lista de reglas de convivencia que hacen un fuerte hincapié en la lógica del cuidado. ¿Qué las motiva a proponer esto para la transmisión de conocimientos?

Lorena: Creemos que parte de encarnar los feminismos tiene que ver con encarnar una cultura en torno a los cuidados, en donde no sean enunciados vacíos sino de verdad una forma, una postura de vida, y en ese sentido pensamos que, muy a menudo, desde los feminismos decimos que operamos desde los cuidados; decimos, por ejemplo, que no creemos en la auto-explotación o en la precarización, y después terminamos reproduciendo todo. Y lo que queremos acá es justamente no hacer eso. Claramente, dependemos y dependeremos económicamente de que existan participantes que se inscriban a las laboratorias, de que nuestros esquemas de economías mutuas funcionen y puedan traernos ingresos, pero nuestra apuesta es ejercitar, cual músculo, todos los días esta lógica otra. Esta lógica en donde no sólo se trata de las ideas y de cómo es la laboratoria, sino de verdad saber cómo estamos en el camino todas, ir verificando quien puede no sentirse bien, qué errores se van cometiendo. Por ejemplo, algo de lo que tampoco se habla, uno de los grandes temas, el elefante blanco que está siempre en el cuarto pero que no se toca, son las tensiones al interior de las colectivas feministas, ¿no? Si una se pelea con una misma, cualquier organización que involucre a más de una persona implica negociar, implica conversar sobre cuáles son los caminos a seguir y, en ese sentido, por ejemplo, en MUTUA, asumimos que ha habido, hay y habrá conflictos, porque es una forma de negociar, y en vez de negarlo, lo que queremos es intentar sí aplicar esta lógica de cuidados en el camino. De nuevo, creo que es algo que siempre se plantea desde los feminismos pero que muy pocas veces se aterriza a la realidad, y nuestra aspiración es que hagamos lo mejor que podamos para encaminarnos en esa forma de trabajo. También hablamos como amigas, porque tenemos esos encuentros en donde no hablamos de trabajo, y si a alguien le pasa algo, nos dedicamos a hablar sobre ello; un poco de eso se trata, de incorporar los cuidados, de incorporar los afectos como una parte fundamental del trabajo, y no siempre como un inciso aparte, que se lidia con eso en otro momento y en otra lógica.

Magali: Sí creo que parte de un hartazgo de todas nosotras sobre aquello que no acaba de suceder, no acaba de suceder, no acaba de suceder… ¿no? Digamos que se supone que tendrían ya que haber algunos cambios sustanciales en la valoración del trabajo, por ejemplo, de los freelance, y no sucede, o un perfil mucho más crítico sobre el trabajo feminista dentro de las instituciones y, pues, no sucede. Y creo que es importante justamente esta reunión de esfuerzos y de experiencias para fortalecer y también para poder dar una batalla mejor. La batalla es una palabra fea, pero para construir algo que sí diga, que sí le de visibilidad a lo que se ha hecho por mucho tiempo, y que no está puesto para ser calificado por un especialista, sino que es una necesidad que surge de la experiencia y las circunstancias tan violentas que estamos atravesando en México. Y darle justamente esta visibilidad y empezar a construir cosas diferentes que nos permitan, pues eso, una comunidad con cierta fortaleza, con una voz clara y fuerte que nos hace mucha falta. Creo que para todas nosotras la necesidad de construir algo diferente es algo muy urgente.


“Las tesis de final de carrera en las que tienes que tener toda una forma para comprobar qué sabes y lo que es el verdadero conocimiento. Por el contrario, la experiencia y el construir comunidad no está puesto ahí, no está pensado ni está valorado justamente”


Cerrucha: También esta urgencia es porque cada quien lo ha estado haciendo de una manera muy independiente, ¿no? A su manera. Ha sido el navegar las aguas a contracorriente, tratando de ser congruentes en lo que creemos y en lo que estamos trabajando; entonces, el poder manifestarlo ya de manera colectiva es muy poderoso. Y me refiero específicamente a esto de los afectos, o sea, en lo personal, esto de tener un trabajo de tal a tal hora y no poder establecer vínculos con las personas con las que estoy colaborando… Creo que cada quien ha tratado de ejercer lo profesional de alguna u otra manera, pero no termina de encajar. Y creo que juntas podemos crear este espacio en donde poder crear alrededor de lo que pensamos y en donde sí converjan todos nuestros valores y lo que queremos de manera conjunta. Esto va hacia construir otros mundos.

Magali: Por ejemplo, en mi caso, yo trabajo en una universidad pública, y la cantidad de cosas que se tienen que demostrar que no sirven para nada es agotador. Además, no están pensado en el perfil de los estudiantes que tenemos, sino en una idea que alguien tiene para su propia conveniencia. Hay problemas muy urgentes y hay una necesidad de los estudiantes. Yo trabajo en modelos para canalizar este deseo de tener futuro, de hacer otras cosas, y desde las instituciones es muy difícil. Y te digo que hay un tipo de trabajo que no sirve para nada, las tesis de final de carrera en las que tienes que tener toda una forma para comprobar qué sabes y lo que es el verdadero conocimiento. Por el contrario, la experiencia y el construir comunidad no está puesto ahí, no está pensado ni está valorado justamente. Y para nosotras es un motivo pues frustrante, en tu formación, en tu visión y en tu posición que eso no esté tomado en cuenta.


“Que se llamen ‘laboratorias’, esto pues también tiene que ver con el momento; a mí de repente me cuesta un poco de trabajo… aunque tengo piezas que usan el femenino, también lo entiendo como algo muy de este momento, y en ese sentido el uso de las palabras plantea una postura y me parece muy bien que se utilice”.


Mónica: Las pedagogías feministas también llevan mucho tiempo, que es algo que se ha venido desarrollando con estos planteamientos de un trabajo horizontal, de los cuidados, de que la experiencia sea algo básico, incluso esta cuestión de las duplas, que se ha venido trabajando hace ya muchas décadas y que todas utilizamos en nuestra manera de dar talleres, de dar clases. Entonces yo creo que es simplemente algo natural en nuestra forma de trabajar y de tratar de que haya una congruencia entre las distintas prácticas, ¿no? Desde los feminismos, nuestra practica artística, dando clases –bueno, quizás ya no la llamaríamos así-, pero en talleres y nuestra práctica activista y nuestra práctica como artistas, todo está guiado por las ideas feministas de este tipo de trabajo, entonces para mí eso es muy importante y no me lo podría imaginar de otra manera. Ahora, que se llamen “laboratorias”, esto pues también tiene que ver con el momento; a mí de repente me cuesta un poco de trabajo… aunque tengo piezas que usan el femenino, también lo entiendo como algo muy de este momento, y en ese sentido el uso de las palabras plantea una postura y me parece muy bien que se utilice.

Irene Georgia Tsatsos, 09.06.21, Kagel Canyon, United States. Del proyecto «Diarias Global» de Lorena Wolffer. Cortesía de la artista

Ustedes ya hace varios años que, de distintas formas y con diferentes estrategias, vienen participando con proyectos artísticos y de activismo. ¿Cómo les afectó la pandemia en este aspecto? ¿Utilizaron las redes sociales para continuar con esas propuestas desde la virtualidad o buscaron otras estrategias?

Magali: Para mí, creo que la que más ha trabajado en ese sentido es Lorena, ¿no? Has tenido dos plataformas importantes que han estado funcionando.

Lorena: Sí, yo cuando llegó la pandemia estaba justo trabajando en un proyecto que se llamó Historias propias, que tenía que ver con buscar plataformas para difundir las historias de identidades no normativas y con personas no normativas; me refiero a cualquier persona desde mi comunidad LGBTQIA hasta, por ejemplo, niñas o mujeres adultas mayores que no participan en la toma de decisiones en torno a sus vidas, personas en situación de calle, personas liberadas, en fin, todas las personas que no tienen la agencia en la toma de decisiones de sus vidas en el día a día y sobre todo también centrándome en mujeres.

Cuando llegó la pandemia pensé en poner este proyecto a disposición de las mujeres por lo que implicaba el regreso a la casa. El regreso a la casa pensado no como una medida neutral, como siempre se planteó al confinamiento como algo que nos afectaba a todas las personas, sino con la implicación de que las mujeres regresáramos al espacio político de la casa, del que hemos luchado durante siglos por salir, entonces ese regreso a las políticas de lo doméstico, que además era regresar al espacio físico con todos los mandatos de ese espacio físico, con la lógica que nos señala como las cuidadoras del resto de las personas siempre. Porque, además, algo de lo que mucha gente se olvidó es que, si las mujeres estábamos en ese espacio, nuestros agresores también. Anticipamos que lo que sucedió iba a ocurrir. Y entonces puse Historias propias a disposición de las mujeres para hablar de cómo estaban siendo las realidades de mujeres y niñas en el confinamiento, adentro de la casa. Y después eso llevó a otros dos proyectos; el primer proyecto fue Diarias/comunidades de cuidado, que tenía que ver con registrar y, de alguna manera, hacer un archivo de cómo los afectos se movieron y se fueron moviendo durante la pandemia, y cómo nuestras relaciones se vieron afectadas de forma bastante dramática, y cómo de pronto en vez de estar con la amiga a la que veías muy seguido, por ejemplo en mi caso, estaba más en contacto con una amiga que estaba en un pueblo en Italia o con otra amiga que se estaba mudando de San Diego a Nueva York que con mis amigas o mis amigues de la Ciudad de México.

Entonces eso es un registro a partir de diarias diario, y eso llevó a un proyecto muy grande que se llama Diarias global, que fue una suerte de llamado para que niñas, jóvenas y mujeres compartieran con hasta cuatro fotos sus realidades en la vida pandémica, en esto que decidimos llamar dentro del proyecto el “nuevo mundo”, también dándole un giro a esa acepción colonialista del nuevo mundo. Y he seguido trabajando con proyectos en línea; hice otro proyecto que se llama Almanaque de reparación diaria… en fin, para mí ha sido una transición más o menos suave hacia la digitalidad, también porque había trabajado ya antes en proyectos de esta naturaleza aprovechando las redes y las conexiones que pueden suceder en línea y que quizás no pueden suceder en forma real, presencial, en el mundo físico. Y digo, todo bien, salvo que sí vivimos en un país en donde hay un porcentaje real de personas que no tienen acceso a internet, entonces yo pude transitar a ese medio, lo que no significa que haya mucha gente que pueda participar de los proyectos porque no tiene acceso a una forma digital permanente.

Magali: En el caso mío, bueno, tiene que ver con otra cosa. Desde mi casa hay una reflexión y una necesidad de construir otras dinámicas que tengan que ver con visibilizar esta dificultad que hay siempre en el espacio doméstico a partir, justamente, de las propias maneras de cómo entendemos el amor, o cómo entendemos la afectividad y lo difícil que es crear un espacio de autonomía, no solamente económico, sino también afectivo en nuestra educación contemporánea. Pero lo mío tiene que ver con una cosa más subjetiva.


“Para mí esa parte de hacer comunidad a través de las redes sociales, pues yo digo que me viene del feminismo, pero me viene del arte correo también, porque fue una manera más fácil de hacer comunidad”.


Cerrucha: Pues yo sí me volqué hacia un proyecto enfocado en las redes sociales. Al ponerme a realizar entrevistas en Instagram más con la idea de establecer vínculos con otras partes del mundo, visibilizar justo proyectos de arte, activistas, más orientados a los feminismos. Haciéndolo con personas del sur global y que empezara a haber este diálogo que estaba permitiendo también este cambio de paradigma con la pandemia. Entonces sí me enfoqué en un proyecto que se llama Arte, arma de construcción masiva (AACM), que son estas entrevistas. La idea era ir pasando de un continente a otro conforme pasaran los meses. Pero bueno, también llegó la ansiedad de la pandemia con todo el poder, entonces lo paré. Me gustaría retomarlo definitivamente, pero sí llegó un punto en donde era demasiado cansador corretear la chuleta, dar talleres, inventártelos, estar como trasladando todas estas prácticas que teníamos a la virtualidad. Pero en mi caso sí fue mucho más sencillo hacerlo, por esto justamente de “bueno, si no es físicamente, pues vamos a hacer un taller desde la virtualidad”. Entonces hasta ahí andábamos con ese proyecto.

Mónica: En términos personales para mí no fue ningún problema porque yo ya trabajaba mucho en redes sociales. No en todas, soy viejita, trabajo en Facebook, eso dirían mis hijos. Le estoy agarrando la onda al Instagram y el Twitter no me gusta nada, pero en Facebook sí trabajo mucho. Llevo muchos años haciéndolo, incluso desde el 2008 que fue cuando entro yo a Facebook, lo primero que hago es abrir un grupo del tendedero, que en ese momento se llamaba Causas. Y, a través de las redes, incluso he desarrollado muchas piezas. Entonces para mí esa parte de hacer comunidad a través de las redes, pues yo digo que me viene del feminismo, pero me viene del arte correo también, porque fue una manera más fácil de hacer cosas de arte correo y de comunidad.

Entonces, para mí lo virtual ha sido beneficioso porque me ha permitido dar conferencias por todos lados y en una misma semana estar en Ecuador, estar en Japón y estar aquí. Lo que ha sido sorprendente es que ya teníamos esas herramientas y no las usábamos. Porque, por ejemplo, la penúltima vez que fui a Argentina no aterrizó el avión porque había mucha neblina y entonces estuvimos en Chile 24 horas. La conferencia pues ya era y la di desde el hotel por Skype, sin ningún problema, pero luego no lo volvimos a usar. Entonces a mí me parece sorprendente por qué no habíamos empezado a usar mucho más esas herramientas viendo que es tan complicado y tan cansador el viajar. A mí ya me cansa mucho viajar, y por la altura de la ciudad de México es muy difícil, entonces en ese sentido ha sido maravilloso el poder hacer casi todo desde mi casa.

Creo que ha sido benéfico en cuanto a los públicos, que son públicos de muchas partes del mundo. Extraño mucho la parte de trabajar presencialmente. Ayer en un taller en Ecuador les decía: “bueno, si estuviéramos juntas ahorita les diría que cerremos el taller todas en círculo, abrazadas y diciendo lo que les voy a pedir ahora que pongan en el chat”. Entonces sí hay cuestiones que son más complicadas, pero pues siento que ha sido benéfico y también ha sido adaptarse a lo que hay, porque aquí va avanzada la vacunación, pero muchos de los espacios están cerrados y ya vamos en la tercera ola, entonces lo hacemos por la red.

Yutsil, 13.11.20. Del proyecto «Historias Propias. Desde casa», de Lorena Wolffer. Cortesía de la artista

“Hay mucha comunicación con las teorías y los proyectos de Estados Unidos y de Europa, pero entre los Sures no nos hablamos, entonces esa es una de nuestras grandes apuestas”


Vinculando este tema con la virtualidad de MUTUA, ¿la propuesta es que sea virtual de acá en adelante o tienen algún plan para una posible pos-pandemia de que se hagan encuentros en algún lugar físico?

Cerrucha: Pues las laboratorias sí las tenemos pensadas para que sean facilitadas en línea, también buscamos no establecernos solamente en México sino en toda Latinoamérica y países de habla hispana y que vayan enriqueciendo esta co-creación de saberes. Tenemos aparte de las laboratorias una serie de proyectos como Pensamiento MUTUA, que son conferencias que damos de manera conjunta a diferentes universidades. Sí queremos establecer vínculos con algunas instituciones.

También tenemos una parte que se llama Colección MUTUA, que es para fomentar la compra de arte feminista. Si en algún momento nos llegan a invitar a dar una conferencia y la queremos hacer de manera presencial, hemos platicado de movernos y de poder hacer proyectos en otros lados, pero en sí el proyecto pedagógico es en línea. También porque es una respuesta a lo que está sucediendo ahorita con la pandemia y que en sí es un cambio de cómo concebimos la transmisión del conocimiento y de los vínculos. Buscamos también generar estas relaciones entre países, entre personas que estamos interesadas en los mismos temas pero de diferentes lugares. Y entonces empezar a comunicarnos. Hay mucha comunicación con las teorías y los proyectos de Estados Unidos y de Europa, pero entre los Sures no nos hablamos, entonces esa es una de nuestras grandes apuestas.

Mónica: Yo personalmente te digo, incluso la forma en la que está distribuida mi casa, que antes era taller, era archivo, y toda la casa era taller y archivo y lugar de trabajo, con la pandemia lo he repensado todo… entonces yo ya no sé si quiero tener tanta gente adentro de mi casa, ya no sé si quiero estar dando los talleres aquí y que la gente entre por todos lados. Para mí está muy bien que sea virtual, y pues el tiempo irá diciendo cómo vamos cambiando las cosas.


“Estamos concebidas como un proyecto en línea, pero con una lógica otra, y esa lógica otra es esa lógica de acompañamiento entre la comunidad”


¿Hay algo más que quisieran agregar sobre el proyecto?

Lorena: Yo sí agregaría que es un proyecto creado, concebido e imaginado en línea a partir de las posibilidades que trae el mundo virtual y que fuimos descubriendo en la pandemia. Ahora descubrimos y nos parece perfectamente normal, pero esto no sucedía hace dos años, que puedes escuchar a una teórica que te encanta y que lo único que hace falta es conectarte a la hora de la conferencia y ya está. Y en ese sentido, decidimos aprovechar esos aprendizajes de la pandemia, aunque con precaución. Es decir, sabemos que la vida digital suele ser una vida bastante solitaria e individual entonces trabajamos en imaginar otra forma, desde lo digital. Así generamos esto que llamamos Comunidad MUTUA, el trabajo en duplas, es decir, cuando tú te inscribes para participar de una laboratoria te asignamos a otra persona para que ambas se acompañen mutuamente en esa laboratoria, un acompañamiento que no solo es intelectual o pedagógico sino que pretende ser desde los cuidados, desde los afectos, para generar una compañía permanente en ese proceso. Y después tenemos esto que llamamos el Ágora y es un punto de encuentro entre todes les integrantes de MUTUA, todas las coordinadoras de MUTUA, quienes impartimos las laboratorias y también quienes participan en ellas, una vez al mes, el último miércoles de cada mes, como un espacio de encuentro entre todas, todos, todes. Y nos importa mucho tener este espacio porque para nosotras la apuesta sí es construir una comunidad. No somos, como decía Cerrucha, un proyecto pedagógico más en línea, y eso para mí es muy importante subrayarlo siempre porque se puede confundir con algo más que se trasladó a internet y que ahora está ahí. Estamos concebidas como un proyecto en línea, pero con una lógica otra, y esa lógica otra es esa lógica de acompañamiento entre la comunidad.

Cerrucha: Me gustaría que quedara muy claro que hemos creado un programa pedagógico en donde cada quien puede armar, valga la redundancia, su programa. Entonces el programa MUTUA 2021 va de agosto a noviembre y puedes escoger cuatro laboratorias. Eso es lo que proponemos, que tú escojas, lo armes y las puedes tomar todas en el mismo mes, una en cada uno de los meses. Mensualmente proponemos tres laboratorias distintas para escoger. Todos los meses estamos empezando algo nuevo e invitamos a las personas a que se inscriban. Tenemos esta lógica de que quien esté interesade y tenga la posibilidad de conectarse, hable español o lo comprenda, puede conectarse, esos son los únicos requisitos. Sí buscamos expandirnos a la comunidad en general y valoramos a todas las personas que quieran participar. Entonces ya vamos a comenzar ahorita para las próximas laboratorias de septiembre y que estamos constantemente en las redes pues poniendo lo que hacemos después.

Mónica: Creo que para mí lo más importante es realmente abrir la posibilidad de que haya una globalización y que podamos acercarnos a otros lugares y a otros espacios que de manera presencial sería muy complicado; entonces a mí me entusiasma mucho que esto sea una forma de fortalecer redes a otro nivel, más en un bordado fino. Porque, por ejemplo, con la marea verde que nos llegó de Argentina, o lo de Lastesis de Chile, evidentemente hay esta cuestión del trabajo a través de las redes y de una globalización del feminismo, pero sí que hay que hacer además un bordado fino, y ese bordado se tiene que hacer a partir de estas laboratorias, de conversaciones, de conferencias, de otro tipo de trabajo. Eso me entusiasma mucho.

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