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TERAPIA. CÓMO EL PSICOANÁLISIS HA INFLUIDO EN EL ARTE ARGENTINO

El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) presenta Terapia, una exposición que, bajo la curaduría de Gabriela Rangel, Verónica Rossi y Santiago Villanueva, reúne más de 200 obras de 50 artistas con una robusta documentación para plantear –y eventualmente determinar- cómo el psicoanálisis ha influido en el arte argentino y se ha establecido como vector de modernidad en el país.

“El fundamento de Terapia no es presentar una historiografía de la disciplina, sino constituirse como una invitación a pensar desde el arte las razones por las cuales la pulsión psicoanalítica es uno de los rasgos más singulares y sobresalientes de la cultura moderna argentina”, señalan los curadores.

La curaduría plantea un recorrido en 11 núcleos temáticos no cronológicos que trabajan sobre conceptos específicos, en ciertos casos, y más amplios, en otros: Sala de Espera. Marisa Rubio; Lo siniestro; Surrealismo; Autorretrato; Sueños; Recepción y crítica de la terapia; Test de Rorschach; Arte y desdoblamiento del inconsciente; Colonia Oliveros; Terapia grupal y Happening; y APA (Asociación Psicoanalítica Argentina).

Estos distintos ejes en los que se despliega la curaduría zigzaguean y se entrecruzan en el diseño expositivo. Algunos artistas se encuentran representados en varios núcleos, como una invitación tanto a realizar asociaciones libres como a no encasillar la producción artística individual de manera unívoca. 

Vista de la exposición «Terapia» en el MALBA, Buenos Aires, 2021. Foto: Gustavo Lowry. Cortesía: MALBA
Vista de la exposición «Terapia» en el MALBA, Buenos Aires, 2021. Foto: Alejandro Guyot. Cortesía: MALBA

Entre los artistas que integran la exposición se encuentran Juan Batlle Planas, Pompeyo Audivert, Libero Badii, Emilio Renart, Aída Carballo, Grete Stern, Mildred Burton, Emilia Gutiérrez, Luis Felipe Noé, Martha Peluffo, Ideal Sánchez, Lea Lublin, Narcisa Hirsch, Oscar Masotta, Susana Rodríguez, Sara Facio, Roberto Aizenberg, Margarita Paksa, Marcia Schvartz, Eduardo Costa, Roberto Jacoby, Marisa Rubio, Claudia del Río, Nicolás Guagnini y Manuel Aja Espil.

El diseño, a cargo de Mariano Dal Verme, establece un recorrido laberíntico compartimentado a través de paneles que facilitan la lectura y, de igual manera, la continuidad y permeabilidad entre los núcleos, “siguiendo la idea del rizoma”. No obstante, en ciertos puntos del recorrido por la muestra puede resultar un tanto asfixiante, debido a la gran cantidad de obras e información disponible. Pero más adelante me detendré en esto.

Vista de la exposición «Terapia» en el MALBA, Buenos Aires, 2021. Foto: Gustavo Lowry. Cortesía: MALBA

Rarezas: los bienvenidos hallazgos

En un tour virtual, la curadora Gabriela Rangel menciona varias veces el término rareza. Podríamos decir que en la jerga artística “rareza” aplica para designar las obras poco conocidas y/o desapercibidas por la historia del arte. En efecto, cuando se encuentra una pieza de este tipo también se la denomina hallazgo. Pero, en definitiva, la prevalencia de una obra por sobre otra, su rareza, es relativa al conocimiento individual. En cualquier caso, las obras así denominadas también podrían ser productos extraños –en el sentido de ser poco conocidos incluso por los especialistas- pero específicos de momentos de la vida de sus artífices. De lo que no hay certeza es si lo hicieron de manera deliberada, azarosa o impulsiva.

La cuestión es problematizar su criterio de asignación a los núcleos temáticos de esta muestra donde, al mismo tiempo, se dan ciertas sub-tramas que, a mí parecer, no fueron desarrolladas o profundizadas del todo, quedando en muchos casos latentes.

La presencia de Itinerario de sueños (1942), de Leónidas Gambartes (1909-1963) podría ser una rareza. Se trata de un nocturno habitado por seres espectrales o fantásticos, ubicados en un paisaje suburbano donde predomina el rebatimiento. El punto de vista alto está lo suficientemente forzado como para provocar la sensación de inestabilidad de la vigilia onírica. Bien podría situarse en el núcleo Surrealismo, aunque ocupa un lugar en el de Sueños, que tiene aproximadamente diez obras. ¿Qué sería más inherente al surrealismo que el sueño? ¿Por qué desdoblar estos núcleos si son tan próximos?

Vista de la exposición «Terapia» en el MALBA, Buenos Aires, 2021. Foto: Gustavo Lowry. Cortesía: MALBA

Otra “rareza” es Juego de imágenes (1988), de Emilia Gutiérrez (1928-2003), artista muy elogiada por la crítica de arte en los últimos años. Y, verdaderamente, su obra resulta un complejo entramado de situaciones con una estética indescifrable. En particular, esta obra insinúa quizás un señalamiento de índole sexual. Representa el contorno de una figura masculina de cuya cabeza se desprende la de un cerdo adulto apaciblemente recostado; su cola enrulada se alarga y entremezcla con el cabello rizado del hombre. El brazo derecho de éste último se encuentra aplanado y agujereado a la altura del hombro. La extremidad se convierte en una extraña estructura también plana de la que emerge un tubo que al final se torna similar a la cola del cerdo, serpentea hacia abajo y arriba, e intenta insertarse en un orificio más pequeño ajeno al personaje, y que no es posible reconocer.

Si bien es una obra del núcleo Arte y desdoblamiento del inconsciente, llama la atención que no haya uno dedicado al sexo y el psicoanálisis, en el que muchas otras obras de la exhibición podrían integrarse. De hecho, en otra sección se encuentra un afiche y una gacetilla del filme Sexoanálisis (Héctor Oliveras, 1969), que contó con la escenografía del artista visual argentino Edgardo Giménez. El tema clama por su propio lugar en la muestra.

Ocurre algo similar con El eros cultural de Aída Carballo (1980), que incorpora una lectura sobre el sexo desprejuiciado con una fuerte carga simbólica. Esta obra se halla en el núcleo Surrealismo. ¿Por qué se produce un ocultamiento de la temática del sexo justamente con una propuesta que debería contenerlo?

Por otra parte, Emilia Gutiérrez, Aída Carballo y Claudia del Río, por mencionar algunxs, hacen foco en la representación de escenas de mostración del cuerpo desnudo, semi desnudo, o con la intención de exhibirlo “al desnudo” en diferentes situaciones sin tratarse únicamente del desnudo como género. En la selección de obras hay referencias suficientes para abordar el cuerpo más allá del autorretrato, por un lado, y el sexo, extendiendo las fronteras –si es que existieran- de lo surrealista, por otro.

Vista de la exposición «Terapia» en el MALBA, Buenos Aires, 2021. Foto: Gustavo Lowry. Cortesía: MALBA
Vista de la exposición «Terapia» en el MALBA, Buenos Aires, 2021. Foto: Alejandro Guyot. Cortesía: MALBA

El acierto

De un mundo impenetrable asoman las expresiones artísticas de los internos de la Colonia Oliveros de la provincia de Santa Fe, que es una de las zonas acaudaladas de la Argentina agroexportadora. La puesta en sala de estos trabajos es quizás el gesto más empático, sino más humano, de toda la muestra. Un acierto de Claudia del Río el de llevar a uno de los museos más importantes de la región latinoamericana la sencilla obra de anónimos –para el campo del arte- que bosquejan sus obsesiones y delirios en papeles prolijamente dispuestos en las paredes.

Podría decirse que es la versión actual de lo que hicieron Sara Facio y Alicia D’Amico con Humanario (1976), ese libro magnífico que retrató seres que padecían lo incurable, y que está presente en la exposición. Ambos grupos de obras ponen en evidencia los trastornos mentales tal como son, sin hacer el enorme esfuerzo por poetizarlos o razonarlos.

Al respecto, no puede obviarse que una de las facetas más ocultas de cualquier sociedad, universalmente hablando, sigue siendo el problema de los pacientes psiquiátricos –antiguamente denominados alienados- y qué hacer con ellos: no se los muestra, se los recluye en instituciones por lo general situadas en los márgenes de las ciudades, o en el campo, en espacios llamados colonias. Son el secreto familiar mejor guardado y se les arrebata el contacto con el resto del tejido social. Se los aísla. El alienado produce vergüenza y rechazo. Terapia los incluye y les da visibilidad. Y esto merece ser destacado porque no es habitual que esto ocurra en un museo como MALBA. Según Claudia del Río, las obras aquí presentes “están imbuidas de lo cercano que es lo posible, del movimiento de las manos, un cinetismo fácil que ocupa la mente, del material línea como insistencia, de los materiales encontrados como extensiones del cuerpo”.

Vista de la exposición «Terapia» en el MALBA, Buenos Aires, 2021. Foto: Gustavo Lowry. Cortesía: MALBA
Vista de la exposición «Terapia» en el MALBA, Buenos Aires, 2021. Foto: Gustavo Lowry. Cortesía: MALBA

Los desajustes

Como en toda exposición de gran envergadura esta no está exenta de desajustes. Ya indicamos que hay temas no trabajados específicamente, pero sugeridos. En este punto, nos preguntamos ¿cuáles serían los límites de un eje rector tan amplio y que se ramifica constantemente en otros? Por lo que observamos en Terapia existe una selección inmensa –que se supone minuciosa- de obras que fueron vinculadas según un criterio que, en este caso, es tripartito. De esta manera, se advierten algunas pequeñas discordancias originadas por los cruces en las visiones de cada curadorx, y existen núcleos más claros y con información mejor elaborada, y otros no tanto.

Ahora bien, a veces las muestras enciclopédicas tienen ese efecto de conjunto apabullante. Demasiado por todos lados, ideas que se superponen, informaciones que abren líneas que se asocian a otras y todas conforman un laberinto –nuevamente surge esta idea-. Suele ser uno de los problemas que tienen las exhibiciones realizadas por curadores que han llevado a cabo una investigación de largo aliento: acostumbran a incluir absolutamente todo lo que han averiguado y conseguido en una necesidad inclaudicable por demostrar los saberes adquiridos.

Igualmente, hay que remarcar que, si no fuera por la profusa documentación que se exhibe y que, en cierto modo, pone de manifiesto la pesquisa, sería prácticamente imposible comprender qué es lo que se está viendo. Aunque parezca una obviedad, resulta esencial mencionarlo porque no se trata de un tópico simple de tratar sin un sustento teórico apropiado. Por esto, los manifiestos, revistas de divulgación científica, anotaciones de sesiones de terapia de pacientes y médicos, y tantos otros registros, se convierten en elementos indispensables para complementar la exhibición. En este sentido, también es otro acierto el incluir una lectura académica de la mano de Mariano Plotkin, investigador Principal de CONICET.   

Vista de la exposición «Terapia» en el MALBA, Buenos Aires, 2021. Foto: Gustavo Lowry. Cortesía: MALBA

Por último, señalar una inconsistencia que no tiene que ver con el psicoanálisis en sí mismo, sino con su ingreso y alcance en Argentina. Se trata de esclarecer qué ocurre con la frase “idiosincrásico de lo nacional”.  “La exposición parte del peso que ejerció y aún tiene este campo del conocimiento y práctica terapéutica, que devino idiosincrásico de lo nacional, para proponer una selección de trabajos de artistas modernos y contemporáneos del país que dialogan con diferentes aspectos, temas y problemas del psicoanálisis”.

A veces, las consideraciones tan tajantes se prestan a confusión porque, por un lado, no se especifica en cuánto tiempo “devino” y, por otro, “lo nacional” es una categoría muy amplia. El centralismo ejercido hasta la actualidad por Buenos Aires habitualmente se toma como parámetro. Entonces, que se considere a la Argentina como un país pionero en la recepción y puesta en práctica del psicoanálisis no implica que haya ocurrido de manera pareja y sincrónica en todo el territorio nacional.

En todo caso, Buenos Aires se convierte en un epicentro sobre el tema para la región, pero no todo el país, al menos en las primeras décadas. Así, no podría afirmarse que el psicoanálisis es parte de la idiosincrasia argentina “toda” desde los inicios. En cualquier caso, lo es de la porteña, y con el paso de las décadas, hacia los años 60 y 70, vemos cómo se va institucionalizando y su práctica se va expandiendo hacia otras ciudades del país.

En segundo lugar, el psicoanálisis ingresó a la ciudad de Buenos Aires por medio de un sector social determinado, una élite compuesta por varios intelectuales y algunos artistas que frecuentaba Europa y estaba al tanto de las novedades y las traía a la Argentina. Que luego se haya impulsado el estudio y la práctica del psicoanálisis de forma más abierta e inclusiva, no quiere decir que se haya vuelto un hábito totalmente incorporado por todos los habitantes en la idiosincrasia nacional. A esta altura continuar confundiendo lo porteño con lo nacional es un asunto a tratar de manera urgente. Al respecto, el ensayo de Plotkin aclara y aporta una suerte de genealogía. Ordena e identifica eventos y referentes del psicoanálisis del campo local.

En conclusión, el espectador que visite la exposición –y aquellos que puntualmente no cuenten con el bagaje necesario ya incorporado- tiene la doble tarea de aprender y comprender al mismo tiempo realizando un esfuerzo intelectual ad hoc, porque el tema lo requiere.

Vista de la exposición «Terapia» en el MALBA, Buenos Aires, 2021. Foto: Gustavo Lowry. Cortesía: MALBA

La integración entre contenido y museografía

Volviendo al diseño museográfico, en Terapia coexisten piezas de muy distintas dimensiones -dibujos, grabados, pinturas, fotografías, esculturas y videos-, junto a numerosas vitrinas especialmente diseñadas –planas y en ángulo- que albergan todo tipo de documentos. Cada núcleo cuenta con un texto de pared que especifica su objetivo.

Dal Verme comentó a Artishock que el diseño implicó la construcción de una plataforma elevada en el sector central de la sala –vista desde la entrada a lo ancho-, de la que se ocupó un estudio de arquitectura. La misma subdivide la altura total –más de seis metros- en dos niveles y posibilita la visión desde arriba hacia abajo, con lo cual se pueden observar obras ubicadas en los sectores superior e inferior en simultáneo. Esa plataforma actúa también a modo de pasarela que oxigena circunstancialmente el entorno y despliega el núcleo más numeroso en obras: el surrealismo argentino con sus manifiestos y escritos fundamentales, en el que se exhiben algunos clásicos y unas cuantas rarezas producto de la cuidadosa curaduría de Verónica Rossi.

Sin embargo, en esta sección de lo que denominamos pasarela, se percibe que el afán por conseguir diálogos entre obras ubicadas en ambos niveles también provoca una contaminación visual. Esto ocurre porque resulta demasiado para ver e interpretar al mismo tiempo. Igualmente, la intención de este diseño sigue siendo romper con la monotonía del gran cubo blanco, y está logrado, aunque el verdadero quiebre lo produce el núcleo Colonia Oliveros que, en realidad, atraviesa formal y conceptualmente toda la exposición. En un espacio propio de paredes azules y piso gris plomo se muestran las producciones plásticas de los pacientes institucionalizados.

Vista de la exposición «Terapia» en el MALBA, Buenos Aires, 2021. Foto: Gustavo Lowry. Cortesía: MALBA

El catálogo

En julio, el MALBA publicará un libro-catálogo que contendrá reproducciones de las obras y varios ensayos. Por un lado, Gabriela Rangel realizó el texto curatorial principal, mientras que Verónica Rossi se focalizó en un profundo estudio del surrealismo y sus interminables derivaciones. Por otra parte, Santiago Villanueva se ocupó de los conceptos centrales del siniestrismo en una suerte de tratado, y de las ramificaciones que podrían encontrarse en las manifestaciones vanguardistas del arte de los sesenta. El historiador y especialista en el tema, Mariano Plotkin, se encargó de contextualizar la inserción y puesta en práctica del psicoanálisis en el país. Además, las artistas Claudia del Río y Marisa Rubio aportaron escritos más cercanos al orden de la práctica cotidiana, en el caso de la primera, y de la ficción literaria, en la segunda.


Terapia se podrá visitar hasta el 16 de agosto de 2021 en el MALBA – Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, Sala 5, Nivel 2

Eugenia Garay Basualdo

Doctoranda en Artes y Magister en Crítica y Difusión de las Artes (Universidad Nacional de las Artes); Licenciada en Curaduría e Historia del Arte (Universidad del Museo Social Argentino); y Directora de Cine (Centro de Investigación Cinematográfica). Es curadora, investigadora y diseñadora de exposiciones independiente. Coordinó la Asociación Argentina de Críticos de Arte entre 2011 y 2016, y es miembro desde diciembre de 2019. Fue la coordinadora general de los Premios Itaú Artes Visuales entre 2017 y 2020. Colabora regularmente en ArtForum y es docente especializada en curaduría. Vive y trabaja en Buenos Aires.

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