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C. L. SALVARO: ANTES DE AFUNDAR, FLUTUA

[COM VERSÃO EM PORTUGUÊS ABAIXO]

Central Galeria presenta Antes de afundar, flutua [Antes de hundirse, flota], del artista brasileño C. L. Salvaro, una instalación site specific que ocupa toda la planta baja de la casa que le sirve como residencia y estudio en São Paulo. El edificio, a punto de ser demolido, se convirtió en escenario de una serie de ambiciosas experimentaciones con la arquitectura y la naturaleza, que culminaron en una obra que, por su propia impermanencia, refleja la inestabilidad política y social de los tiempos pandémicos.

Utilizando mallas de alambre, escombros y materiales de construcción, Salvaro creó un plano intermedio entre el piso y el techo, permitiendo que la vegetación creciera entre los escombros. Giselle Beiguelman, que firma el texto de la exposición, observa que “aquí la naturaleza se rebela contra el paisajismo, sometiendo la arquitectura a las raíces que brotan rizomáticamente y colocándonos delante de un equilibrio inestable. Ellas bailan sobre hilos delgados y, con cada movimiento que hacemos, nos recuerdan que todo está a punto de colapsar”.

C. L. Salvaro, Antes de afundar, flutua. Foto: Dani Ometto. Cortesía del artista y Central Galería, SP, Brasil, 2021
C. L. Salvaro, Antes de afundar, flutua. Foto: Dani Ometto. Cortesía del artista y Central Galería, SP, Brasil, 2021

ANTES DE AFUNDAR, FLUTUA

Por Giselle Beiguelman | Curadora

El colapso acecha desde todos los puntos de vista. En medio de las manchas de humedad y la blancura de las paredes, las plantas crecen, construyendo un plano intermedio entre el suelo y el techo. Caminar en el espacio instalativo de C. L. Salvaro es como cruzar un río a contracorriente. Difícilmente será posible llegar a la otra orilla.

Es necesario inclinarse, encontrar los rasgos que nos permitan respirar, contemplar el conjunto. De la combinación de materiales de demolición, en una simbiosis errática con la periferia de las construcciones, nace un anti-mirador. En él, la máxima elevación a la que se llega es la de la altura del propio cuerpo.

Como náufragos, estamos solos ante un mapa que no tiene puntos de partida ni de llegada. La instalación obstruye el desplazamiento. Mamparas de alambre galvanizado se interponen entre las paredes de la antigua sala de estar de una casa solariega en Jardim Paulistano, proyectando una especie de pantano aéreo sobre el que un jardín radiante disputa la primacía.

Aquí la naturaleza se rebela contra el paisajismo, sometiendo la arquitectura a las raíces que brotan rizomáticamente y colocándonos delante de un equilibrio inestable. Ellas bailan sobre hilos delgados y, con cada movimiento que hacemos, nos recuerdan que todo está a punto de colapsar.

Estamos en una casa ocupada. Por el silencio vegetal y los escombros del presente. En esta naturaleza fabricada por la erosión de lo cotidiano, no caben ruinas. Eso demandaría cierto “anhelo de un futuro alternativo”, como señaló Andreas Huyssen. Algo imponderable en Brasil hoy.

Fragmento de la historia, la ruina hace presente al vivo en la muerte, escribió Walter Benjamin, expandiéndose en un arco temporal que abarca su antes y después. La ruina se nutre, por tanto, de una ambivalencia esencial: aunque es nostálgica, manifiesta la potencia de imaginar otros futuros (aunque sea de un pasado que no fue).

Pero en la malla tejida por Salvaro no hay después. Hay apenas la inminencia de una situación entrópica donde todo se mueve, aunque toda acción haya sido reprimida.

No por casualidad, cuando le pregunto al artista por sus referencias, cita varias películas. Salvaro me recuerda el concepto de time based arts -artes basadas en el tiempo-, que se refiere a las artes, como el cine y el video, cuya materia prima es el tiempo. De eso se trata su trabajo.

Hay un fuerte olor a Belleza Compulsiva en el aire. Esta es diferente al estado de convulsión, que André Breton describe en el poema Nadja (1928), imprimiendo la fuerza de la irrupción no programada a la tensión entre naturaleza y cultura.

Pienso en el surrealismo aquí, no con los ojos de Breton, sino leyendo a Hal Foster, entendiendo la belleza convulsa surrealista a través de la clave de la compulsión, como tendencia a la inercia, a la repetición, a la presencia de la pulsión de muerte.

Belleza Compulsiva.

¿Había ahora una definición más precisa de nuestro ahora?

Pero esa compulsión también tiene un jadeo de resistencia. Al anunciar su desmoronamiento, el paradójico jardín entrópico de Salvaro indica que, antes de hundirse, todo flota.

Es necesario aferrarse a esa ruta de escape. Embriagarse en la pausa que sugiere el artista. Eso puede restaurar un soplo olvidado entre las distopías que están entre nosotros. Flotemos.

C. L. Salvaro, Antes de afundar, flutua. Foto: Dani Ometto. Cortesía del artista y Central Galería, SP, Brasil, 2021

C. L. SALVARO: ANTES DE AFUNDAR, FLUTUA

A Central Galeria apresenta Antes de afundar, flutua, projeto especial do artista C. L. Salvaro. A obra consiste em uma instalação site specific ocupando todo o andar térreo da casa que lhe serve de residência e ateliê em São Paulo. O imóvel, prestes a ser demolido, tornou-se palco de uma série de experimentações ambiciosas com a arquitetura e a natureza, culminado em um trabalho que, por sua própria impermanência, reflete a instabilidade política e social dos tempos de pandemia.

Usando telas de arame, entulhos e materiais de construção, Salvaro criou um plano intermediário entre o chão e o teto, permitindo que a vegetação crescesse em meio aos escombros. Giselle Beiguelman, que assina o texto da exposição, observa que “aqui, a natureza rebela-se contra o paisagismo, submetendo a arquitetura às raízes que brotam rizomaticamente e nos colocam diante de um equilíbrio instável. Elas dançam sobre finos fios e, com qualquer movimento que fazemos, lembram-nos de que tudo está prestes a sucumbir”.

C. L. Salvaro, Antes de afundar, flutua. Foto: Dani Ometto. Cortesía del artista y Central Galería, SP, Brasil, 2021
C. L. Salvaro, Antes de afundar, flutua. Foto: Dani Ometto. Cortesía del artista y Central Galería, SP, Brasil, 2021

ANTES DE AFUNDAR, FLUTUA

Por Giselle Beiguelman | Curadora

O colapso nos espreita de todos os pontos de vista. Em meio às manchas de umidade e à alvura das paredes, as plantas crescem, construindo um plano intermediário entre o piso e o teto. Caminhar no espaço instalativo de C. L. Salvaro é como cruzar um rio contra a correnteza. Dificilmente se chegará à outra margem.

É preciso curvar-se, encontrar os rasgos que nos permitem respirar, contemplar o todo. Da combinação de materiais de demolição, em simbiose errática com a periferia das construções, nasce um anti-mirante. Nele, a máxima elevação a que se chega é a da altura do próprio corpo.

Como náufragos, estamos sós diante de um mapa que não tem pontos de partida nem de chegada. A instalação obstrui o deslocamento. Telas de arame galvanizado se interpõementre as paredes da antiga sala de estar de um sobrado do Jardim Paulistano, projetando uma espécie de pântano aéreo sobre o qual um jardim radicante disputa a primazia.

Aqui, a natureza rebela-se contra o paisagismo, submetendo a arquitetura às raízes que brotam rizomaticamente e nos colocam diante de um equilíbrio instável. Elas dançam sobre finos fios e, com qualquer movimento que fazemos, lembram-nos de que tudo está prestes a sucumbir.

Estamos em uma casa ocupada. Pelo silêncio vegetal e os escombros do presente. Nessa natureza fabricada pela erosão do cotidiano não cabem ruínas. Isso demandaria alguma “saudade de um futuro alternativo”, como pontuou Andreas Huyssen. Algo imponderável no Brasil de hoje.

Fragmento da história, a ruína presentifica o vivo na morte, escreveu Walter Benjamin, expandindo-se num arco temporal que abrange o seu antes e depois. A ruína nutre-se, portanto, de uma ambivalência essencial: apesar de nostálgica, manifesta a potência de imaginar outros porvires (mesmo que seja a partir de um passado que não foi).

Mas na malha tramada por Salvaro não há um depois. Há apenas a iminência de uma situação entrópica onde tudo se move, ainda que toda a ação tenha sido suprimida.

Não por acaso, quando pergunto ao artista suas referências, ele cita vários filmes. Salvaro me faz recordar do conceito time based arts, que remete a artes, como o cinema e o vídeo, cuja matéria-prima é o tempo. É disso que trata sua obra.

Há um forte odor de Beleza Compulsiva no ar. Ela é diferente do estado de convulsão, que André Breton descreve no poema Nadja (1928), imprimindo a força da irrupção não programada à tensão entre natureza e cultura.

Penso no surrealismo aqui não com os olhos de Breton, mas pela leitura de Hal Foster, compreendendo a beleza convulsiva surrealista pela chave da compulsão, como tendência à inércia, à repetição, à presença da pulsão de morte.

Beleza Compulsiva.

Haveria definição mais precisa do nosso agora?

Mas essa compulsão tem também um arfar de resistência. Ao anunciar seu desmoronamento, o paradoxal jardim entrópico de Salvaro indica que, antes de afundar, tudo flutua.

É preciso agarrar-se a essa rota de fuga. Inebriar-se do hiato que o artista sugere. Isso pode restaurar um sopro esquecido entre as distopias que estão entre nós. Flutuemos.

C. L. Salvaro, Antes de afundar, flutua. Foto: Dani Ometto. Cortesía del artista y Central Galería, SP, Brasil, 2021

Contacto: Central Galeria, Rua Dr. Oliveira Pinto 59, Jardim Paulistano, São Paulo

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