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FRANCISCA INFANTE: RÉPLICA DE UN REY ESTÁTICO

Valiéndose del dibujo y la pintura, Francisca Infante (Santiago de Chile, 1992) representa espacios arquitectónicos reconocibles. De esta manera, su obra incorpora herramientas digitales que utiliza casi de la misma forma que la pintura o el dibujo tradicional para elaborar pequeñas muestras que bastan para detectar una identidad que a muchos les puede resultar conocida. Fachadas que en la memoria colectiva de cualquiera corresponden a una ciudad arquetípica, lavada o deslavada de su origen.

Su actual muestra en Galería NAC, titulada Réplica de un rey estático, es un recorrido arquitectónico por 21 obras que mezclan pintura digital, video y un fotolibro realizado con la colaboración de Cecilia Coddou, Fernanda Radetich y el artista, profesor y curador independiente Cristián Silva, de quien compartimos el siguiente texto.

Vista de la exposición "Réplica de un rey estático", de Francisca Infante, en Galería NAC, Santiago de Chile, 2020-2021. Foto: Pía Bahamondes
Vista de la exposición «Réplica de un rey estático», de Francisca Infante, en Galería NAC, Santiago de Chile, 2020-2021. Foto: Pía Bahamondes

TIERRA DE NADIE (O EL MILAGRO DEL AGUA DE LA ROCA)

Por Cristián Silva

Para quienes nos dedicamos a las artes visuales, los vertiginosos avances en tecnología digital de la actualidad nos están permitiendo acceder a una abundancia de imágenes –fijas o en movimiento– hasta ahora inédita en la historia de la humanidad. Nunca antes habíamos podido disponer tan rápida y fácilmente de tanta información, tantos archivos, tanta documentación, provenientes de tan diversas fuentes. Además, como artistas, contamos hoy en día con todo tipo de dispositivos y recursos, técnicos y materiales, para crear, diseñar y fabricar virtualmente cualquier cosa. Por otro lado, el mundo de los medios de comunicación, la publicidad, el diseño, incluso de la arquitectura y el urbanismo, se han encargado de citar, reciclar y muchas veces de apoderarse de estas invenciones surgidas desde la reflexión visual de las artes (muchas de las cuales vuelven, a su vez, a ser tomadas como fuente de inspiración por los artistas, generándose de este modo un ciclo continuo de retroalimentación entre todas estas disciplinas).

Es en este contexto, el de la saturación de estímulos visuales que frenéticamente van y vienen, que Francisca Infante se ha formado como artista durante los últimos diez años y desde el cual ha materializado sus propuestas más recientes. Es decir, ante la sobreabundancia de la cultura visual actual, y frente a la algarabía y la estridencia que impone el contexto urbano contemporáneo, Francisca ha intentado articular a través de su trabajo el despliegue de una energía misteriosa en que la serenidad, el recogimiento, el silencio y la contemplación marcan la pauta.

Vista de la exposición «Réplica de un rey estático», de Francisca Infante, en Galería NAC, Santiago de Chile, 2020-2021. Foto: Pía Bahamondes
Vista de la exposición «Réplica de un rey estático», de Francisca Infante, en Galería NAC, Santiago de Chile, 2020-2021. Foto: Pía Bahamondes

En estas nuevas obras convergen elocuentemente la arquitectura, la fotografía, el dibujo y la pintura. Al respecto, cabría señalar que ya en el París de fines del siglo XIX el artista Gustave Caillebotte había reparado en esta particular fusión de elementos disímiles tan presente en la vida urbana moderna, y por medio de la cual es posible a veces encontrar “contenido”, “relato” o “narración” donde aparentemente no los hay. Podría decirse que Francisca Infante se ha vuelto una experta en aquello, esto es, en encontrar “algo” donde aparentemente no hay nada; en encontrar vida en lo inanimado.

Existe una larga tradición en el arte moderno y contemporáneo que ha abordado un similar “rescate” de lo solitario a partir de la imagen poética. Desde Giorgio de Chirico y Giorgio Morandi, pasando por los Precisionistas americanos de los años cuarenta (Elsie Riggs, George Ault, Ralston Crawford, Louis Lozowick, Niles Spencer, y sobre todo, Charles Sheeler) y la pintura de los británicos Patrick Caulfield o Sarah Morris, hasta la fotografía del movimiento New Topographics de los años ochenta (particularmente la de Lewis Baltz y del matrimonio Becher), o los experimentos más recientes de Julian Opie (la serie de paisajes urbanos y animaciones tituladas You Pass An Office Building o Imagine You Are Walking), entre otros.

Francisca Infante, Tejados Córdoba, 2020, pintura digital impresa en papel de algodón libre de ácido ultra smooth hanemüble 300 grs., 210 x 150 cms. Ed: 2. Cortesía: NAC
Francisca Infante, Tejados Córdoba, 2020, pintura digital impresa en papel de algodón libre de ácido ultra smooth hahnemühle 300 grs., 210 x 150 cms. Ed: 2. Cortesía: NAC

En el trabajo reciente de Francisca Infante (excepto en contadísimas excepciones), no sólo nunca aparece el ser humano, sino que apenas hay rastros del “mundo natural”. Es decir, hombre y naturaleza -que han sido principales protagonistas de las artes durante miles de años- se manifiestan aquí únicamente por omisión o, mejor dicho, sustituidos por una de las creaciones humanas por excelencia: la ciudad. En este caso, se trata de ciudades vacías, suspendidas en el tiempo, ciudades de las que tal vez las personas se fueron o a las que no han llegado aún. Extrañas locaciones cinematográficas a la espera de acción.

Francisca trabaja muy lentamente, con cariño y meticulosidad, revisitando una y otra vez estas zonas de abandono, anónimas, impersonales, medio desmanteladas, medio anémicas, en las que la abundante luminosidad contribuye a acentuar el contrapunto entre enormes masas volumétricas facetadas y otras estructuras más diminutas y frágiles (antenas y escapes de gas que por momentos parecen flotar sobrepuestos). Hay en su trabajo un fino y constante equilibrio entre abstracción y representación, como también una tensión ambivalente que oscila entre la sensibilidad pictórica y la gráfica.

Las obras recientes de Francisca Infante son al mismo tiempo inocentes y maliciosas, y tienen que ver con las superficies llanas (con la limpieza, lisura y tersura de esas superficies), con la contención y el constreñimiento del gesto manual, con los destellos en los vidrios, con lo prefabricado, lo lavado y lo deslavado, con el enigma, la fatiga, la melancolía, la soledad y la rutina del aire acondicionado y del ruido blanco de sus motores, y sobre todo con el despliegue de armonías cromáticas casi siempre pálidas, a medio camino entre la mágica iridiscencia de la madreperla y el resplandor de una torta de merengue, lúcuma y pistacho.

Francisca Infante, Tejado 1, 2020, pintura digital impresa en papel de algodón libre de ácido ultra smooth hahnemühle 300 grs., 150 x 100 cms. Ed: 2. Cortesía: NAC

Francisca extrae, decanta y depura de la realidad un residuo, que es mínimo, pero que sin embargo puede activar en nosotros una respuesta emocional introspectiva. Estos espacios, estas fachadas y azoteas de edificios, estas aristas y planos geométricos, parecen provenir del mundo de los recuerdos y estar cargados de algo que va más allá de lo material, lo “conocido” o lo “familiar”; de algún modo coinciden con Freud cuando éste afirma que “la memoria tiene estructura de ficción”. En ese sentido, se emparentan también con el proyecto Educational Complex, de Mike Kelley, a través del cual el artista –siempre en busca de la sanación, personal y colectiva– elaboró maquetas de edificios de su infancia y juventud, basándose en recuerdos invariablemente alterados por el trauma y el dolor.

Al observar la obra de Francisca Infante cabría hacerse la siguiente pregunta: ¿Estará ella pintando lo que verdaderamente ama? Es decir, ¿estará siguiendo una tradición de miles de años a lo largo de nuestra Historia, según la cual se cumple con “rendirle homenaje”, inmortalizar y perpetuar, aquello que más se anhela o se quiere? O, más bien (y tiendo a inclinarme por esta otra opción), ¿será que lo que no ama (y que tal vez teme, o incluso, desprecia), lo pinta, para así poder, por fin, amarlo? En ese caso, la pintura estaría cumpliendo un propósito cuasi-religioso de revelación, de ritual, de entrega, de promesa, de sacrificio, de ofrenda y de redención.

Francisca Infante, Detalle I Fachada CA, 2020, pintura digital impresa en papel de algodón libre de ácido ultra smooth hahnemühle 300 grs., 33 x 25 cms. Ed: 2. Cortesía: NAC

Réplica de un rey estático, de Francisca Infante, estará abierta hasta el 30 de enero en Galería NAC, Av. Américo Vespucio Norte 2878, Vitacura, Santiago de Chile

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