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RAÚL MIRANDA: “ME GUSTA EL PREFIJO TRANS. ES NOMÁDICO E HÍBRIDO”

Por Liz Vahia para Artecapital, en alianza con Artishock

[VERSÃO EM PORTUGUÊS ABAIXO]

Nacido en la capital de Chile, Santiago, Raúl Miranda es un artista multifacético, con obras que van desde teatro y cine, hasta artes visuales o performance. Académico e investigador, estudió diseño teatral y artes visuales, con especialidad en grabado, y como él mismo dice en su biografía, su trabajo es «un desplazamiento permanente y una fusión de los códigos contemporáneos de las artes visuales». Dentro de las numerosas exposiciones realizadas en diversas instituciones en Chile, Estados Unidos o Francia, también tuvo una muestra en Lisboa en 2016, en la Casa de América Latina, de su serie de cortometrajes (A) Propósito.

Su conexión con Portugal se hizo más estrecha con el proyecto Incognitum: Circunnavegaciones Contemporáneas, del cual es el creador y co-curador junto con la destacada curadora portuguesa Isabel Carlos. Incognitum es un proyecto de intercambio artístico entre Chile y Portugal con motivo de las conmemoraciones de los 500 años de la Circunnavegación de Fernando de Magallanes. Artistas portugueses y chilenos se encontrarán en una exposición que se inaugurará primero en Lisboa en junio de 2020, y luego viajará a Chile en 2021.

Artecapital entrevistó al creador Raúl Miranda y los proyectos que actualmente lo ocupan.

Raúl Miranda, (A) PROPÓSITO, video instalación, 2014. Museo Nacional de Bellas Artes, Chile. Foto: Raúl Miranda
Raúl Miranda, (A) PROPÓSITO, video instalación, 2014. Museo Nacional de Bellas Artes, Chile. Foto: Raúl Miranda

Liz Vahia: La primera vez que conversamos me dijiste que venías más de la literatura que de las artes visuales. ¿Quieres hacer un pequeño recorrido de tu trayectoria artística?

Raúl Miranda: Me refería a que mi formación básica es literaria, que ha sido a través de textos, no a tener estudios en literatura. Pertenezco a una de las últimas generaciones cuyo acercamiento al mundo era a través de los libros. En mi infancia, la televisión no tenía la influencia absoluta que logró desde fines de los años 70 y en las décadas de 1980 y 90. Por tanto, mi conocimiento del mundo era a través de la palabra escrita. Y esas palabras aprendidas construyeron un imaginario que va ligado a nuevas palabras y conceptos biográficos.

Mi primer ámbito profesional de creación es el teatro, disciplina escénica que “tradicionalmente” está sujeta a un texto y donde la imagen debe crear un contexto visual a las palabras del dramaturgo. En ese sentido, puedo decir que mis referentes de construcción son literarios aunque, a la vez, me apasiona la subversión de la palabra y mi autoría teatral como dramaturgo, director y diseñador pasa por la instalación escénica.

LV: Para ti es importante afirmar esto ¿Cuáles son tus referentes son literarios?

RM: Sí, porque básicamente la actual conformación del mundo es el resultado impuesto por una falsa democratización de la tecnología digital; vivimos en un universo de imágenes, en un presente continuo donde el tiempo se reduce al mínimo. Una persona de veinte años entiende el mundo a través de imágenes, de emoticones y no de palabras. Son distintas maneras de decodificar la experiencia. Ahora, es habitual que una persona que vive en el trópico pueda reconocer la nieve sin haber vivido la experiencia de la nieve, solo por verla en un video, sin tener que imaginarla.

El año pasado, tuve la fortuna de asistir a la presentación de un libro sobre el artista Fernando Lemos, y él en un momento de su charla dijo que “el verdadero artista es el ciego, porque tiene que imaginar lo que no ve”. Eso a mi me resonó, me hizo mucho sentido. Más ahora que estamos en medio de una contaminación visual de la que todos somos parte, pues todos participamos en alguna plataforma social, donde producimos y compartimos imágenes para vincularnos al mundo, hasta saturarnos.

Raúl Miranda, (A) PROPÓSITO, video instalación, 2014. Museo Nacional de Bellas Artes, Chile. Foto:: Carolina Eyzaguirre
Raúl Miranda, (A) PROPÓSITO, video instalación, 2014. Museo Nacional de Bellas Artes, Chile. Foto:: Carolina Eyzaguirre

LV: El cine y el teatro están muy presentes en tus obras. ¿Crees que el tiempo y el lenguaje son indisociables de la imagen? O sea, que las imágenes tienen siempre la necesidad de tener un lenguaje, un tiempo… 

RM: mmm… voy a llevar tu pregunta hacia otro foco, pues aquí se empiezan a cruzar distintos temas y disciplinas que tienen que ver con mis modos de producción. Provengo tanto de las artes escénicas como de las artes visuales. Cursé en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile (donde posteriormente fui profesor) dos carreras, una en teatro con especialización en escenografía, y la otra de artes visuales mención grabado.

Me considero como un dibujante que dibuja en distintos formatos y con distintas materialidades; mis dibujos pueden ser fotografías, filmes, puestas en escena, relatos, ensayos o dramaturgia. Soy un artista transdisciplinario… me gusta el prefijo “trans”, pues es nomádico e híbrido. Además, como te decía, pertenezco a una generación de consumía junto con los libros, el cine y, por tanto, la cinematografía también es una parte vital de mi construcción referencial, sobretodo el cine clásico hollywoodense, que básicamente proviene de lo literario.

Mi actual interés por el cine digital también corresponde a lógicas de producción económica. Un proceso de montaje teatral toma de tres a seis meses de trabajo como mínimo, lo que implica una inversión de tiempo y de dinero enorme para un resultado efímero con una temporada de seis o doce funciones, es decir, una obra de la cual solo quedan como recuerdo las fotografías y los comentarios que salieron en la prensa. Fue así como, necesariamente, me di cuenta que el esfuerzo que significaba crear una obra teatral lo podría invertir de mejor manera haciendo un cortometraje. Un formato de menor escala que me permite quedar dentro, pero también fuera, de la maquinaria de la “industria cinematográfica” que es compleja y muy costosa.

Además de hacer un trabajo de guerrilla, en el sentido que me propongo filmar un cortometraje en menos de un día, ocupando los mínimos recursos para obtener los mayores resultados construyendo un lenguaje estético propio. Entrar en la lógica del cortometraje me permite instalarme en el relato mínimo, que no es una historia, porque nunca me ha interesado contar mis historias: me interesa mostrar fragmentos de algo y que cada persona construya su propia historia, su propio microrrelato.

A propósito de esto, cuando mostré mi trabajo audiovisual en el 8º Congreso Internacional de MiniFicción en la UKY de Lexington y, posteriormente, en el Hemispheric Institute de la NYU, en el 2014, en el público había escritores que me preguntaron: «¿Tú tomas un texto y lo conviertes en imagen?. Si yo tengo un micro-relato de tres líneas y lo entrego a un realizador, al final mi relato termina siendo un cortometraje de seis minutos con un guion de páginas que entrega una cantidad de información que nosotros no escribimos”. Yo les respondí desde mi experiencia que cuando alguien escribe “hay una cuchara con un reflejo amarillo sobre la mesa»: escribe esa imagen mental y se libera, pero no la describe y le entrega al realizador la responsabilidad de imaginar cuál es la cuchara, cómo es la mesa, y que es el reflejo amarillo en ella, para transmitir esa información al espectador… si yo soy el director audiovisual y leo ese microrrelato donde no hay acción, tengo que imaginarme qué tipo de cuchara voy a poner en la mesa. Una persona que toma un café o una leche batida es completamente distinta de una persona que toma té. ¿Por qué? Porque con cada objeto se va construyendo un personaje, un personaje que no aparece en el microrrelato de la cuchara.

Se puede develar la vida de una persona a través de los objetos que ocupa. Los escritores de minificciones, al escucharme me preguntaban: “y… ¿todo eso pasa?», a lo que les respondí: “Sí, porqué tú tienes la idea en una frase y yo tengo que construir una imagen y esa imagen en movimiento está compuesta de una multiplicidad de objetos y esos objetos también entregan y denotan información anexa, por tanto, tu frase se convierte fácilmente en un guion de cinco o más páginas”.

Raúl Miranda, (A) PROPÓSITO, video instalación, 2014. Museo Nacional de Bellas Artes, Chile. Foto:: Carolina Eyzaguirre
Raúl Miranda, (A) PROPÓSITO, video instalación, 2014. Museo Nacional de Bellas Artes, Chile. Foto:: Carolina Eyzaguirre
Raúl Miranda, (A) PROPÓSITO, video instalación, 2014. Museo Nacional de Bellas Artes, Chile. Foto:: Carolina Eyzaguirre

LV: Has desarrollado muchos trabajos en «diseño de escenografía y vestuario». Por lo que te he escuchando ahora, me parece que debe ser muy interesante para ti coger una frase y tener un mundo de posibilidades para construirla visualmente… 

RM: Completamente. Es lo apasionante que tiene el teatro como ejercicio de construcción de un imaginario. La escenografía es escritura, es dibujo para el escenario, es el cómo vas a plantear, a desarrollar el espacio y en qué códigos vas a reconstruir o deconstruir el texto… El espacio, el vestuario, la iluminación teatral es un lenguaje no verbal y el actor, que también es objeto escénico, bajo estos códigos anula su personalidad para poder encarnar un personaje que no solamente es la palabra: es una imagen en que confluye todos los elementos de la puesta en escena.

LV: ¿Cómo empezó tu relación con Portugal? Hace cuatro años que estás viviendo entre Chile y Portugal…

RM: Fue un inicio completamente fortuito. Tengo un gran amigo, Koen VanHove, director de una oficina internacional de gestión de artistas de danza-performance, y él suele llevar a sus representados al FITAM (Festival Internacional de Teatro a Mil) de Santiago. En enero de 2016, me invitó a ver la obra de la artista portuguesa (en realidad de Cabo Verde), Marlene Monteiro Freitas, pues Koen pensaba que la obra me gustaría mucho. Efectivamente, vi el montaje, Paraíso – Colecção Privada, y quedé sorprendido con un trabajo que, volviendo a mi obsesión con los referentes literarios, no me permitía acceder a ningún texto, pues eran capas y capas de estímulos e información visual y sonora. Experimenté la obra como una sucesión gigantesca de imágenes, una edición simultánea de planos que inundaban la sala… realmente fue impresionante, pues no me daba tiempo de acceder a los referentes literarios acumulados en mi cabeza para decodificar lo que veía. El performance apelaba más a mi cuerpo que al cerebro, como en un zapping televisivo descontrolado. Solo al terminar la pieza pude respirar y analizar lo que vi. Esa experiencia tan intensa me gustó mucho. Luego conocí a Marlene y a su grupo, que era una mezcla de portugueses, franco-italianos y brasileños, lo que fue fantástico, pues quería saber que es lo que había en esas cabezas y cómo salían esas imágenes de esos cuerpos. Conversé y aprendí mucho con ella, con Lander Patrick y su equipo, pero quedé muy intrigado con Portugal.

Así que, mi primer acercamiento a lo portugués es a través de un performance transcultural de danza. Me interesó su estructura de trabajo, la capacidad de creación de un imaginario para mi completamente nuevo. De hecho, cuando pude ver otras obras de Marlene, iguales de sorprendentes que la primera, y de otros artistas portugueses como Jonas&Lander, John Romão, Tania Carvalho, etc, me di cuenta que no es un “estilo o modo” de puesta en escena que se produzca en un territorio determinado, sino que es una mirada distinta y original sobre el escenario por parte de cada uno de ellos. En Chile, a pesar de la distancia, tenemos un gran vínculo y dependencia con las teatralidades europeas, y esto no se parecía a ninguna de las obras que he visto de teatro alemán, no se parecía a obras francesas, belgas o incluso estadounidenses… era algo nuevo y ese algo nuevo me motivó mucho.

Posteriormente, se dieron una serie de coincidencias. Portugal antes no existía en mi vida, no estaba en mi radar, en mi ámbito de interés. Pero en un período de un mes y medio conozco a estos artistas portugueses; me encuentro con mi amigo Erwan Varas, diplomático chileno que fue Cónsul de Chile en Portugal, quien me habla maravillas del país, sus habitantes y cultura. Él me ofrece su ayuda para mostrar mi trabajo en Lisboa, cosa que se concreta en abril siguiente. Un par de días después en ese verano, por coincidencia, conozco al Embajador de Portugal en Chile, Don Antonio Luiz Cotrim, un hombre culto, apasionado por el arte y las distintas culturas del mundo, quien dio a conocer y apoyó la presencia de artistas portugueses en Chile, propiciando un diálogo sin precedentes entre nuestros países, apoyando además el proyecto que me tiene hoy en Lisboa.

Raúl Miranda, Anónimo, 2014. Proyecto ARS AMANDI / AFTERMARKET. Foto: Raúl Miranda

Portugal… Lo primero que me pasó cuando llegué a este país fue sentir una comodidad que no había experimentado en ninguna otra parte, una sensación de reencuentro muy fuerte. Luego de la exhibición de mis films en CAL, fui a ver otros espectáculos escénicos, galerías y museos en Lisboa y Porto, tratando de adentrarme en esta cultura tan lejana y cercana a la vez. Y cuando uno ve lo que se produce acá, te puedes dar cuenta que en Portugal el cruce cultural no es sólo un discurso de palabras, es una forma de ser y eso es muy interesante. 

Por este sentimiento de cercanía empecé a descubrir vínculos entre Chile y Portugal. Hay una enorme presencia de lo portugués en la cultura chilena pero que está olvidado, al punto que apellidos que nosotros pensamos que son de origen español son realmente portugueses, como Correa, Barros, Pinto, Andrade, Antúnez, Cousiño, Ferreira, Pereira, Carvajal… los terminados en “z” que eran con “s”, etc… Apellidos que son tradicionales en la construcción cultural y económica de Chile. Por ejemplo, en el siglo XIX, la familia Cousiño (Coutinho) inicia la explotación minera de plata en el norte y del carbón en el centro-sur en Chile. Y otro portugués, José Nogueira, es quien comienza la explotación comercial de Tierra del Fuego en la Patagonia. Y vamos sumando una cantidad de características en común: desde el tipo físico, el carácter retraído tanto de los chilenos como de los portugueses, comidas, licores y tradiciones campesinas (el Archipiélago de Chiloé con sus paisajes y folclore remite completamente a  lo galaico-portugués),  hasta llegar a saber que el apellido de mi abuela materna es originalmente Saldanha, en un castellanizado “Saldaña”, como todos los apellidos de Portugal que quedaron en Chile desde la instalación en Sudamérica del comercio colonial por lusitanos. Una información que dentro de la historia oficial de Chile está borrada.

En 1850, la tercera colonia de inmigrantes más importante de Valparaíso era la portuguesa. Los ingleses estaban casi con el monopolio del comercio, pero les seguían los franceses y los portugueses, quienes además de comerciantes ejercían de marinos. Por esto, en Incognitum es tan importante el concepto de encuentro, porque básicamente estamos planteando un posible reencuentro material entre esa portugalidad perdida en esa isla mental que es Chile. Y desde esa mirada, lo interesante que tiene también este proyecto de intercambio por las conmemoraciones magallánicas, es que los artistas convocados por parte de Portugal no son necesariamente artistas portugueses. Son artistas de Angola, Mozambique, Italia, Brasil, e incluso Australia, que están vinculados afectivamente a este territorio. Y por el lado de los chilenos, tenemos dos artistas que son alemanes y otros cuatro que no viven hace muchos años en Chile. Entonces, con Isabel Carlos también apelamos a través del proyecto a la construcción personal de un imaginario biográfico, territorial y afectivo.

Esto lo he ido descubriendo en cada uno de los ocho viajes que ya he hecho a Portugal en tres años. El estar trabajando paso a paso en este proyecto binacional con Isabel me ha permitido acceder a una cultura que no me está hablando de Europa, sino que del Océano Atlántico al Pacífico y el Indico, a través de un corredor bioceánico, el estrecho de Magallanes. De ahí la justificación de las Conmemoraciones de los 500 años para este diálogo, para esta nueva circunnavegación contemporánea mediante las artes visuales de dos países oceánicos.

Raúl Miranda, Imperfecto (a propósito de Cocteau). Video instalación / live cinema, 2012. 10°Bienal de Video y Artes Mediales de Chile, Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA). Foto: Eduardo Pavez
Raúl Miranda, Imperfecto (a propósito de Cocteau). Video instalación / live cinema, 2012. 10°Bienal de Video y Artes Mediales de Chile, Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA). Foto: Eduardo Pavez

LV: Incognitum es un proyecto muy importante que te está tomando mucho tiempo, pero sigues trabajando en tus proyectos personales. ¿Hay alguna influencia de Portugal en ellos?

RM: Incognitum, como proyecto empezó en 2016 y terminará el 2021, representa cinco a seis años de vinculación con Portugal. Evidentemente que estar en Portugal ha hecho con que me replantee mi propio trabajo, al punto que vuelvo a lo “teatral” con un proyecto de performance ejecutado por mi amigo, el artista/performer portugués Lander Patrick, y con la participación de los artistas chilenos Francisco Navarrete y Sebastián Jatz. Juntos hicimos en mayo de 2019 una residencia artística en  O Espaço do Tempo de  Montemor-o-Novo, para iniciar Ars Amandi / Aftermarket, un proyecto sobre el narcisismo en esta época.

LV: ¿Puedes comentar un poco sobre ese proyecto?

RM: Aftermarket es la continuación de mi trabajo autoral en artes escénicas y de los cuatro textos «teatrales» que he escrito y escenificado (dirigido) desde el año 2005 en adelante. Como ya te había dicho, son textos que directamente apuntan a las modificaciones en el campo afectivo y de las relaciones sociales a partir de la eclosión de la cultura digital. Hace bastante tiempo, desde el año 2010, que no hago un “puesta en escena”, pues me he dedicado solamente a lo audiovisual. Pero, lo que me gusta de este proyecto es que tiene dos instancias: una es una exposición fotográfica sobre capturas de pantalla de sitios «chat», intercambio sexual en la web. Hago las capturas de pantalla, y después post-produzco la fotografía para lograr un acercamiento más pictórico, aproximándome a una estética clásica, a un erotismo clásico, dentro de la exhibición burda de la sexualidad online… y la segunda es el traspaso escénico de esta experiencia.

Aftermarket es un trabajo que cuestiona tanto el narcisismo de quien se expone en las plataformas digitales, como al voyerista que consume desde el anonimato esas imágenes. Mis textos dramáticos como el de este proyecto tienen que ver con el fenómeno de “reificación” o cosificación de la vida, una idea del filósofo alemán Georg Lukács desarrollado el siglo pasado durante la República del Weimar. Ahora, apuntando directamente, Aftermarket habla de la objetivación erótica de lo masculino.

LV: ¿Y cómo vas a presentar el proyecto? 

RM: Queremos hacer una residencia más y estrenar. Es un trabajo que se presentará a público con un performer on-line que se relaciona con consumidores anónimos que están en una plataforma de intercambio sexual con él. Es una performance en que todo puede pasar, pero tiene una estructura flexible con temáticas que me interesa que Lander Patrick, el performer, las dirija a quien está consumiendo su imagen, cuestionándolos sobre la seducción y la sexualidad para invertir el acto voyerista, que finalmente el voyerista se de cuenta que sin verle la cara, sin saber quien es, está entregando información sobre sí mismo, está entregando pequeños indicios de su personalidad sin dar a conocer su identidad en una relación telemediada, donde el placer está asociado a una transacción comercial.

Hoy, todo se ha convertido en un intercambio mercantil y la cultura neoliberal nos impulsa diariamente a hacerlo. Nuestra capacidad de decir «quiero o no quiero» es, finalmente, «puedo o no puedo pagar por lo que quiero». Si en Aftermarket sacas la interacción sexual, te das cuenta que todos los días, que en todos los planos de tu vida, estás en una transacción económica.

Vengo del país más neoliberal del mundo, donde el mercado se regula por sí mismo. Me tocó vivir el cambio radical de la sociedad chilena después del Golpe de Estado de 1973 y la Dictadura Cívico Militar. Mis obras hablan de esta mutación sociocultural, donde todo se convirtió en un bien de consumo, sea la salud, la educación y hasta el agua. Un país donde eres libre para elegir en la medida que puedas pagar y el que no tiene cómo, simplemente no existe… así de brutal. Los afectos -¿qué afectos?- se convirtieron en «tú me das y yo te doy», en una oferta/demanda permanentemente. Es por esto que no me interesa contar historias, la gente ya no consume historias… necesito que mi trabajo audiovisual y de artes escénicas plantee situaciones de nuestra contemporaneidad donde cada espectador se vea reflejado, si es que se ve reflejado, porque tampoco me puedo hacer cargo de lo que ve el público. Cada persona tiene que hacer uso de su competencia cultural, cada uno de nosotros tiene información, tiene biografía y experiencias con las que entiende el mundo o lo percibe, y debe hacer su propia lectura sobre la obra que un artista le ofrece.

Raúl Miranda, Domus Aurea, 2008. Instalación escénica en el Salón Blanco, Museo Nacional de Bellas Artes, Chile. Fotoa: Eduardo P. Goye
Raúl Miranda, Domus Aurea, 2008. Instalación escénica en el Salón Blanco, Museo Nacional de Bellas Artes, Chile. Fotoa: Eduardo P. Goye

LV: ¿De qué forma el estar en Portugal te hace trabajar de otra manera?

RM: Para mi estar en Lisboa es fantástico porque me da otra mirada y una distancia sobre Chile, sin ser un cambio traumático de idiomas y costumbres. Siempre digo que mi país es la última estación de una línea de ferrocarriles: está lejos, demasiado lejos de todo. Nuestra cultura actual está filtrada por un imaginario que tiene que ver con el cine, la televisión estadounidense… Y estando acá en Portugal esa distancia e influencia se anula. Portugal esta en Europa, pero no es Europa; está vinculada a América Latina, a través de Brasil, pero no es América; está vinculada con África, pero no es África… (para los chilenos África es un misterio, es una verdadera tierra incógnita, porque también hemos olvidado nuestro pasado africanizante). Y, finalmente, está vinculada con Asia, pero no es Asia. Precisamente, Portugal, por ese indesmentible pasado colonialista que tiene, hace que la transculturalidad sea una parte fundamental de su carácter.

Conocer y trabajar con artistas portugueses me entrega un flujo de energía y una manera de procesar información completamente distinta a la mía y eso, evidentemente, es estimulante. Va cambiando mi manera de producción, mi manera de leer el trabajo, y la manera de leerme a mí mismo.

También esta ese ethos melancólico que es tan real de lo portugués y que me acomoda muy bien, porque sigo igual de triste que en Santiago, pero aquí es distinto… son otros colores, son nubes gigantescas con una luz radiante y, además, están los grandes amigos que he hecho en este país y me han acogido en sus casas y familias.

A propósito de esto, en 2018 escribí un cuento que se llama Ulisses, como la pequeña tienda de guantes en la Rua do Carmo, donde hago un resumen críptico de mis viajes a Portugal, y sobre ese texto realicé ese mismo año una exposición en el MAM Chiloé – Museo de Arte moderno de Chiloé, en la ciudad de Castro. Fue una manera de llevar algo de este mi Portugal a Chile, al sur del sur mundo.


RAÚL MIRANDA: «GOSTO DO PREFIXO TRANS. É NOMÁDICO E HÍBRIDO»

Por Liz Vahia para Artecapital, em aliança com Artishock

Nascido na capital do Chile, Santiago, Raúl Miranda é um artista multifacetado, com obras que vão desde o teatro, o cinema, as artes visuais ou a performance. Académico e investigador também, estudou design teatral e artes visuais, com especialidade em gravura, e como o próprio afirma na sua biografia, a sua obra é “uma permanente deslocação e fusão de códigos das artes visuais contemporâneas”. Dentro das muitas exposições apresentadas em diversas instituições do Chile, dos Estados Unidos da América ou França, por exemplo, contou-se também uma mostra em Lisboa em 2016, na Casa da América Latina, da sua série de curtas-metragens “(A) Propósito”.

A sua ligação a Portugal estreitou-se com o projecto Incognitum: Circum-Navegações Contemporâneas, do qual é criador e co-curador juntamente com Isabel Carlos. Incognitum é um projecto de intercâmbio artístico entre Chile e Portugal por ocasião das comemorações dos 500 anos da Circum-navegação de Fernão de Magalhães. Artistas portugueses e artistas chilenos encontrar-se-ão numa exposição que será montada primeiramente em Lisboa em junho de 2020 e depois viajará para o Chile em 2021.

A Artecapital foi conhecer melhor o criador Raúl Miranda e os projectos que o ocupam actualmente.

LV: Na primeira vez que falámos disseste-me que vinhas mais da literatura que das artes visuais. Queres fazer um pequeno apanhado da tua trajectória artística?

RM: Referia-me ao facto da minha formação básica ser literária, ou seja, ter sido através de textos e não propriamente a ter estudos em literatura. Pertenço a uma das últimas gerações cuja aproximação ao mundo era através dos livros. Na minha infância a TV não tinha a influência absoluta que conseguiu ter desde os finais dos anos 1970 e nas décadas de 1980 e 90. Portanto, o meu conhecimento do mundo era através da palavra escrita. E essas palavras aprendidas construíram um imaginário que está ligado a novas palavras e conceitos biográficos.

O meu primeiro âmbito profissional de criação é o Teatro, disciplina cénica que “tradicionalmente” está sujeita a um texto e onde a imagem deve criar um contexto visual para as palavras do dramaturgo. Nesse sentido posso dizer que os meus referentes de construção são literários, embora seja um apaixonado pela subversão da palavra e a minha autoria teatral como dramaturgo, realizador e designer passe pela instalação cénica.

LV: Para ti é importante afirmar isso, que os teus referentes são literários?

RM: Sim, porque basicamente a actual disposição do mundo é o resultado imposto por uma falsa democratização da tecnologia digital. Vivemos num universo de imagens, num presente contínuo onde o tempo se reduz ao mínimo. Uma pessoa de vinte anos entende o mundo através de imagens, de emoticons e não de palavras. São diferentes maneiras de descodificar a experiência. Hoje é habitual uma pessoa que vive no trópico reconhecer a neve sem ter vivido a experiência da neve, só de vê-la num vídeo, sem ter que a imaginar.

No ano passado tive a sorte de assistir à apresentação de um livro sobre o artista Fernando Lemos e, num momento da sua conversa, ele diz: “o verdadeiro artista é o cego, porque tem que imaginar o que não vê”. Isso ressoou em mim, fez muito sentido para mim. E ainda mais agora que estamos no meio de uma contaminação visual da qual somos todos parte, pois todos participamos nalguma plataforma social, onde produzimos e partilhamos imagens para nos vincularmos ao mundo, até nos saturarmos.

LV: O cinema e o teatro estão muito presentes nas tuas obras. Crês que o tempo e a linguagem são indissociáveis da imagem? Ou seja, que as imagens têm sempre a necessidade de ter uma linguagem, um tempo…

RM: hummm… Vou focar a tua pergunta num outro ponto, pois aqui começam a cruzar-se diferentes temas e disciplinas que têm que ver com os meus modos de produção. Provenho tanto das artes cénicas como das artes visuais. Frequentei na Faculdade de Artes da Universidade do Chile (onde posteriormente fui professor) dois cursos, um em teatro com especialização em cenografia, e o outro em artes visuais, vertente gravura. Eu próprio me considero um desenhador que desenha em diferentes formatos e com diferentes materialidades. Os meus desenhos podem ser fotografias, filmes, encenações, relatos, ensaios ou dramaturgia. Sou um artista transdisciplinar… gosto do prefixo “trans”, pois é nomádico e hibrido. Além disso, e como te dizia, pertenço a uma geração que consumia, ao mesmo tempo que os livros, o cinema e, portanto, a cinematografia também é uma parte vital da minha construção referencial, sobretudo o cinema clássico de Hollywood, que basicamente provém do literário.

O meu interesse actual pelo cinema digital também corresponde a lógicas de produção económica. Um processo de montagem teatral demora entre três e seis meses de trabalho no mínimo, o que implica uma inversão de tempo e de dinheiro enorme para um resultado efémero com uma temporada de seis ou doze apresentações, ou seja, uma obra da qual só resultam como recordação as fotografias e os comentários que saíram na imprensa. Foi assim que necessariamente me dei conta de que o esforço que significava criar uma obra teatral podia ser investido de uma maneira melhor fazendo uma curta-metragem. Um formato de menor escala que me permite ficar dentro, mas também fora, da maquinaria da “indústria cinematográfica”, que é complexa e muito custosa. Além de fazer um trabalho de guerrilha, no sentido em que proponho filmar uma curta-metragem em menos de um dia, ocupando os mínimos recursos para obter os maiores resultados, construindo uma linguagem estética própria. Entrar na lógica da curta-metragem permite instalar-me no relato mínimo – que não é uma história, porque nunca me interessou contar as minhas histórias – interessa-me mostrar fragmentos de algo e que cada pessoa construa a sua própria história, o seu próprio micro-relato. A propósito disto, quando mostrei o meu trabalho audiovisual no “8º Congresso Internacional de MiniFicção” na UKY em Lexington, e posteriormente no “Hemispheric Institute” da NYU em 2014, no público estavam escritores que me perguntaram: “Tu agarras num texto e converte-lo numa imagem?… Se eu tenho um micro-relato de três linhas e o entrego a um realizador, no final o meu relato acaba por ser uma curta-metragem de seis minutos com um guião de páginas que nos dá uma quantidade de informação que nós não escrevemos”. Eu respondi-lhes a partir da minha experiência, que quando alguém escreve “há uma colher com um reflexo amarelo sobre a mesa”, escreve essa imagem mental e se liberta, mas não a descreve, entrega antes ao realizador a responsabilidade de imaginar qual é a colher, como é a mesa e o que é o reflexo amarelo nela, para transmitir essa informação ao espectador… Se eu sou o realizador audiovisual e leio esse micro-relato onde não há acção, tenho que imaginar que tipo de colher vou pôr na mesa. Uma pessoa que toma um café ou um leite é completamente distinta de uma pessoa que toma chá. Porquê? Porque com cada objecto se constrói uma personagem, uma personagem que não aparece no micro-relato da colher. Pode-se desvelar a vida de uma pessoa através dos objectos que ocupa. Os escritores de mini-ficções, ao me ouvirem perguntaram: “E… tudo isso acontece?”, ao que respondi “Sim, porque tu tens uma ideia de uma frase e eu tenho que construir uma imagem e essa imagem em movimento está composta de uma multiplicidades de objectos e esses objectos também passam e denotam informação anexa, portanto, a tua frase converte-se facilmente num guião de cinco ou mais páginas”.

LV: Tens desenvolvido muito trabalho em “design de cenografia e guarda-roupa”. Pelo que dizias agora, deve ser muito interessante para ti pegar numa frase e ter um mundo de possibilidades para construí-la visualmente.

RM: Completamente. É o apaixonante que tem o teatro como exercício de construção de um imaginário. A cenografia é escrita, é desenho para o cenário, é o ver como se vai traçar, desenvolver o espaço e em que códigos vais reconstruir ou desconstruir o texto… O espaço, o vestuário, a iluminação teatral, são linguagens não verbais e o actor, que também é objecto cénico, sob estes códigos anula a sua personalidade para poder encarnar uma personagem que não é apenas a palavra, é uma imagem em que confluem todos os elementos da encenação.

LV: Como começou a tua relação com Portugal? Há quatro anos que vives entre o Chile e Portugal.

RM: Foi um início completamente fortuito. Tenho um grande amigo, Koen Van Hove, director de uma agência internacional de gestão de artistas de dança-performance, que costuma levar os seus representados ao FITAM – Festival Internacional de Teatro a Mil de Santiago. Em Janeiro de 2016 convidou-me a ver a obra da artista portuguesa (na realidade, de Cabo Verde), Marlene Monteiro Freitas, pois Koen pensava que a obra me agradaria muito. Efectivamente, vi a montagem “Paraíso – Colecção Privada” e fiquei surpreendido com um trabalho que, voltando à minha obsessão com os referentes literários, não me permitia aceder a nenhum texto, pois eram camadas e camadas de estímulos e informação visual e sonora. Experimentei a obra como uma sucessão gigantesca de imagens, uma edição simultânea de planos que inundavam a sala. Realmente foi impressionante, pois não me dava tempo de aceder aos referentes literários acumulados na minha cabeça para descodificar o que via, a performance apelava mais ao meu corpo que ao cérebro, como um zapping televisivo descontrolado. Só quando a peça acabou pude respirar e analisar o que vi, essa experiência tão intensa de que gostei tanto. Depois conheci a Marlene e o seu grupo, que era uma mistura de portugueses, franco-italianos e brasileiros, o que foi fantástico, pois queria saber o que é que havia naquelas cabeças e como saíam essas imagens daqueles corpos. Conversei e aprendi muito com ela, com Lander Patrick e sua restante equipa, mas fiquei muito intrigado com Portugal.

Portanto, a minha primeira aproximação ao que é português foi através de uma performance transcultural de dança. Interessou-me a sua estrutura de trabalho, a capacidade de criação de um imaginário para mim completamente novo. De facto, quando pude ver outras obras de Marlene, na mesma surpreendentes, e de outros artistas portugueses como Jonas&Lander, John Romão, Tânia Carvalho, etc., dei-me conta que não é um “estilo ou modo” de encenação que se produz num determinado território, antes, é uma visão diferente e original sobre o cenário por parte de cada um deles. No Chile, apesar da distância, temos um grande vínculo e dependência com as teatralidades europeias e isto não se parecia a nenhuma das obras que vi de teatro alemão, não se parecia a obras francesas, belgas ou mesmo dos Estados Unidos… era algo novo e esse algo novo estimulou-me muito.

Posteriormente deram-se uma série de coincidências. Portugal antes não existia na minha vida, não estava no meu radar, no meu âmbito de interesses. Mas num período de um mês e meio conheço estes artistas portugueses e encontro-me com o meu amigo Erwan Varas, diplomata chileno que foi Cônsul do Chile em Portugal, que me fala maravilhas do país, dos seus habitantes e cultura, e me oferece a sua ajuda para mostrar o meu trabalho em Lisboa, coisa que se concretiza nesse mês de Abril seguinte. Um par de dias depois, nesse verão, por coincidência, conheço o Embaixador de Portugal no Chile, Don António Luiz Cotrim, um homem culto, apaixonado pela arte e pelas diferentes culturas do mundo, que deu a conhecer e apoiou a presença de artistas portugueses no Chile, propiciando um diálogo sem precedentes entre os nossos países e apoiando o projecto que me trouxe agora a Lisboa.

Portugal…, a primeira coisa que me aconteceu quando cheguei a este país foi sentir uma comodidade que não tinha experimentado em nenhuma outra parte, uma sensação de reencontro muito forte. Depois da exibição dos meus filmes na CAL – Casa da América Latina, fui ver outros espectáculos performativos, galerias e museus, em Lisboa e no Porto, tratando de mergulhar nesta cultura tão distante e próxima ao mesmo tempo. E quando vemos o que se produz aqui damo-nos conta que em Portugal o cruzamento cultural não é apenas um discurso de palavras, é uma forma de ser e isso é muito interessante.

A partir deste sentimento de proximidade comecei a descobrir vínculos entre o Chile e Portugal. Há uma presença enorme do que é português na cultura chilena, mas está como que esquecido, a ponto de apelidos que pensamos que são de origem espanhola serem realmente portugueses, como: Correa, Barros, Pinto, Andrade, Antunez, Cousiño, Ferreira, Pereira, Carvaja, os terminados em “z” que eram com “s”, etc… Apelidos que são tradicionais na construção cultural e económica do Chile. Por exemplo, no século XIX, a família Cousiño (Coutinho) é a iniciadora da exploração mineira de prata e do carvão, no norte e no centro-sul do Chile, respectivamente. Um outro português, José Nogueira, é quem começa a exploração comercial da Terra do Fogo na Patagónia. E vamos somando uma quantidade de características em comum: desde o tipo físico, o carácter retraído tanto dos chilenos como dos portugueses, comidas, licores e tradições camponesas (o Arquipélago de Chiloé com as suas paisagens e folclore remete completamente para o galaico-português), até chegar a saber que o apelido da minha avó materna é originalmente Saldanha, com um castelhanizado “Saldaña”, como todos os apelidos de Portugal que ficaram no Chile desde a instalação na América do Sul do comércio colonial por lusitanos. Uma informação que, dentro da história oficial do Chile, é apagada. Sabes que em 1850 a terceira colónia de imigrantes mais importante de Valparaíso era a portuguesa? Os ingleses estavam quase com o monopólio do comércio, seguidos pelos franceses e pelos portugueses, que além de comerciantes eram também marinheiros. Por isso, em “Incognitum” é tão importante o conceito do encontro, porque basicamente estamos a propor um possível reencontro material entre essa portugalidade perdida e essa ilha mental que é o Chile. E, desde essa perspectiva, o interessante que tem este projecto de intercâmbio a propósito das comemorações magalhânicas, é que os artistas convocados por parte de Portugal não são necessariamente artistas portugueses. São artistas de Angola, Moçambique, Itália, Brasil e até Austrália, que estão vinculados afectivamente a este território. E do lado dos chilenos temos dois artistas que são alemães e outros quatro que não vivem no Chile há muitos anos. Então, com Isabel Carlos, também apelamos através do projecto à construção pessoal de um imaginário biográfico, territorial e afectivo.

Fui descobrindo isto em cada uma das oito viagens que fiz a Portugal durante três anos. Estar a trabalhar neste projecto binacional passo a passo com a Isabel permitiu-me aceder a uma cultura que não me fala da Europa, mas que vai do oceano Atlântico ao Pacífico e ao Índico, através de um corredor bioceânico, o Estreito de Magalhães… daí a justificação das Comemorações dos 500 anos para este diálogo, para esta nova circunnavegação contemporânea mediante as artes visuais de países oceânicos.

LV: “Incognitum” é um projecto muito importante e que certamente ocupa muito do teu tempo. Continuas a trabalhar mesmo assim nos teus projectos pessoais? Há alguma influência de Portugal neles?

RM: “Incognitum”, como projecto, começou em 2016 e terminará em 2021, são cinco/seis anos de vinculação com Portugal. Evidentemente, o estar em Portugal fez com que repensasse o meu próprio trabalho, ao ponto de voltar ao “teatral” com um projecto de performance executado pelo meu amigo artista/performer português Lander Patrick e com a participação dos artistas chilenos Francisco Navarrete e Sebastian Jatz. Juntos fizemos em Maio de 2019 uma residência artística no Espaço do Tempo em Montemor-o-Novo, para iniciar “ARS AMANDI / AFTERMARKET”, um projecto sobre narcisismo nesta época.

LV: Podes comentar um pouco sobre este projecto?

RM: “Aftermarket” é a continuação do meu trabalho autoral em artes cénicas e dos quatro textos “teatrais” que escrevi e encenei desde o ano 2005 até hoje. Como já te disse, são textos que directamente incidem nas modificações no campo afectivo e nas relações sociais a partir da eclosão da cultura digital. Há bastante tempo, desde o ano 2010, que não faço uma “encenação”, pois dediquei-me exclusivamente ao audiovisual. Mas, o que gosto neste projecto é que tem duas instâncias: a primeira é uma exposição fotográfica sobre capturas de ecrã de sítios de “chat” de intercâmbio sexual na web. Faço as capturas de ecrã e depois pós-produzo a fotografia para conseguir uma abordagem mais pictórica, aproximando-me de uma estética clássica, um erotismo clássico, dentro desta exibição grosseira da sexualidade online. A segunda instância é um translado cénico desta experiência.

“Aftermarket” é um trabalho que questiona tanto o narcisismo de quem se expõe nas plataformas digitais, como o voyerista que consome desde o anonimato essas imagens. Os meus textos dramáticos, como o deste projecto, têm que ver com o fenómeno de “reificação” ou coisificação da vida, uma ideia do filósofo alemão Georg Lukács desenvolvida no século passado durante a República de Weimar. Agora, respondendo directamente, “Aftermarket” fala da objectificação erótica do masculino.

LV: Como é que vais apresentar a parte cénica do projecto?

RM: Queremos fazer mais uma residência e estrear. É um trabalho que se apresentará ao público com um performer on-line que se relaciona com consumidores anónimos que estão numa plataforma de intercâmbio sexual, tal como ele. É uma performance em que tudo pode acontecer, mas que tem uma estructura flexível com temáticas que me interessa que Lander Patrick, o performer, as dirija a quem está a consumir a sua imagem, questionando-os sobre a sedução e a sexualidade para inverter o acto voyerista, para que finalmente o voyerista se dê conta que de mesmo sem lhe vermos a cara, sem saber quem é, está a transmitir informação sobre si mesmo, está a dar pequenos indícios da sua personalidade sem dar a conhecer a sua identidade numa relação telemediada, onde o prazer está associado a uma transação comercial.

Hoje tudo se converteu num intercâmbio mercantil e a cultura neoliberal impele-nos diariamente a fazê-lo. A nossa capacidade de dizer “quero ou não quero” é finalmente “posso ou não posso pagar pelo que quero”. Se em “Aftermarket” eliminas a interacção sexual dás-te conta que todos os dias, em todos os sectores da tua vida, estás numa transação económica.

Venho do país mais neoliberal do mundo, onde o mercado se regula por si mesmo. Calhou-me viver a mudança radical da sociedade chilena depois do Golpe de Estado de 1973 e a Ditadura Cívico-Militar. As minhas obras falam desta mutação sociocultural, onde tudo se converteu num bem de consumo, seja a saúde, a educação e até a água. Um país onde és livre para eleger na medida em que podes pagar e aquele que não tem como simplesmente não existe. Brutalmente é assim. Em que os afectos… que afectos? Os afectos converteram-se em “tu dás-me e eu dou-te”, numa oferta/procura permanente. É por isso que não me interessa contar histórias, as pessoas já não consomem histórias… preciso que o meu trabalho audiovisual e de artes cénicas proponha situações da nossa contemporaneidade, onde cada espectador se veja reflectido, se é que se vê reflectido, porque nem consigo controlar o que o público vê. Cada pessoa tem que fazer uso da sua competência cultural, cada um de nós tem informação, tem biografia e experiências com as quais entende o mundo ou o observa, e deve fazer a sua própria leitura sobre a obra que um artista lhe oferece.

LV: De que forma é que o estar em Portugal te fez trabalhar de outra forma?

RM: Para mim estar em Lisboa é fantástico porque dá-me outra perspectiva e uma distância em relação ao Chile, e isto sem ser uma mudança traumática de línguas e costumes. Estou sempre a dizer que o meu país é a última estação de uma linha de caminhos de ferro, está longe, demasiado longe de tudo. A nossa cultura actual está filtrada por um imaginário ligado ao cinema, à televisão dos Estados Unidos… e estando cá em Portugal essa distância e influência anula-se. Portugal está na Europa, mas não é Europa, está ligado a África, mas não é África… (para os chilenos África é um mistério, uma verdadeira terra incógnita, porque também esquecemos o nosso passado africanizante). E, finalmente, está ligado à Ásia, mas não é Ásia. Precisamente, Portugal, por esse indesmentível passado colonialista que tem, faz com que a transculturalidade seja uma parte fundamental do seu carácter.

Conhecer e trabalhar com artistas portugueses dá-me um fluxo de energia e uma maneira de processar informação completamente diferente da minha e isso, evidentemente, é estimulante. A minha maneira de produção, a minha maneira de ler o trabalho e a maneira de ler-me a mim próprio vai mudando.

Também existe esse ethos melancólico que é tão real no português e que me assenta muito bem. Continuo tão triste como em Santiago, mas de forma diferente… são outras cores, são nuvens gigantescas com uma luz radiante e, além disso, estão os grandes amigos que fiz neste país e que me acolheram nas suas casas e nas suas famílias.

A propósito disto, em 2018 escrevi um conto que se chama “Ulisses”, como a pequena loja de luvas na Rua do Carmo, e onde faço um resumo críptico das minhas viagens a Portugal. Sobre esse texto realizei nesse mesmo ano uma exposição no MAMChiloé – Museo de Arte Moderno de Chiloé, na cidade de Castro. Foi uma maneira de levar algo deste meu Portugal ao Chile, ao sul do sul do mundo.

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