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AHORA. ACERCA DE “PRIMERA LÍNEA”, DE FERNANDO PRATS

Si algo caracteriza a Chile, tanto natural como culturalmente, es una energía indócil, que funciona menos como una fuerza transportada en la red que como el estallido extremo del animal que se despereza. Géiseres, tsunamis, aluviones, terremotos y volcanes en erupción configuran el rasgo sublime de una cultura en la que nada se da por perenne y en la que, por lo mismo, un experimento tan singular como el de la vía democrática al socialismo pudo girar de repente, de un modo totalmente imprevisible, hacia el abyecto laboratorio en el que se pusieron a prueba las primeras recetas del neoliberalismo. En este aspecto, Chile es un país de momentos sueltos, ruinas y encrucijadas, de remolinos mnémicos que atascan de improviso el curso sedante de la historia. Esto significa que sus diversas edades no se articulan por un nexo causal, sino por una serie de misteriosas correspondencias sensibles. Son sedimentos de tiempos que, como el que retienen los ojos de sus volcanes o los lomos de sus placas tectónicas, de pronto un inesperado chispazo aglutina.

Es esto último a lo que alude seguramente el célebre “Chile despertó”, la consigna que desde el 18 de octubre del 2019 comenzó a recorrer como un reguero las calles y plazas del país, tapizadas de improviso por una multitud que emergió de los más diversos rincones para desempolvar un idioma olvidado -el idioma de la dignidad- y poner en escena el instante creativo de una potencia destituyente. Se tiene al menos aquí un ejemplo de cómo un determinado momento que se daba por sepultado o remoto –el de los años de Salvador Allende y la Unidad Popular- se une a otro posterior -el del instante creativo de la multitud-, arrebatándole un mendrugo de tiempo a la tediosa sintaxis de la historia. El tiempo deja de suceder, y en cambio se espacializa y reparte en la inmanencia de una comunidad de cuerpos que definen desde sí mismos el modo de estar juntos. Es el instante de la política, aunque este instante es también el del arte, pues si algo comparten arte y política es precisamente este juego de destrucción/construcción de comunidades inéditas o impensadas.

Es lo que parece exhibir la obra del artista Fernando Prats, cuyo trabajo ha consistido desde sus inicios en captar ese instante particular en el que ciertos materiales en rebeldía (físicos, geográficos, domésticos) se anudan unos con otros liberando la energía mnémica del país. Lo percibimos de forma palpable en esta nueva muestra, Primera Línea [1], una especie de pequeño atlas visual en movimiento en el que fragmentos de textos, imágenes, consignas, emblemas y cuerpos dan forma a los agitados días de una comunidad que trasluce el instante artístico que precede tanto al guion de la historia, como al que es propio del hacer estético.

Fernando Prats, Bandera I (Primera Línea), 2019. Pintura sobre tela, 225 x 118 cm. Foto: Jorge Brantmayer
Fernando Prats, Bandera I (Primera Línea), 2019. Pintura sobre tela, 225 x 118 cm. Foto: Jorge Brantmayer

El ejemplar diario visual que Prats traza -pictórico en sí y articulado por medio del registro y el video- da la impresión de cumplir de este modo con dos objetivos cruciales: desnudar por un lado la visualidad en bruto que durante la revuelta de Chile forjan los monumentos intervenidos, el fuego de las barricadas, los adoquines arrancados de las veredas, la bandera reescrita y los cuerpos en lucha como parte de una práctica performática que se anticipa al hacer singular del artista, mostrando por otro lado que la energía extrema que su propia obra libera no es parte de la musa que visita al creador en silencio, sino el poder subterráneo de unas imágenes entresacadas del confín de una multitud creadora. Con esto se muestra Prats como un decidido amigo de quienes luchan por sus derechos, y no de quienes defienden sus privilegios.

Esta amistad, sin embargo, no se limita a una afinidad personal, pues el cometido de su trabajo reside en afirmar la idea de que en realidad el arte siempre ha estado de ese lado, pujando por irrumpir en un espacio que lo descuenta. Por eso, lo que hay en Primera Línea es una sucesión de acciones de arte montadas por el pescador avezado de pasajeras perlas fantásticas. Son minerales mudos y materias en ebullición, piezas silentes que el artista como rasgador de panteones exhuma con el fin de reescribir sensiblemente la historia.

De ahí que la mirada de Prats se dirija esta vez (lo había hecho años atrás con los géiseres parlantes del Tatio, el desolado Salar de Atacama o la extrema y recóndita Placa de Nazca) a las páginas en blanco que hablan en los muros sucios de una nueva Constitución, a la bandera nacional pintarrajeada con consignas sobre el porvenir o a las piedras que sirven de improvisada y precaria defensa. El humo, el aerosol, el spray, el stencil, los rayados, las capuchas, los timbres, el plástico y los detritus arman la comunidad física con la que Prats elabora un nuevo tipo de manchismo: no ya el del informalista de vanguardia que en el Chile de los sesenta ocupaba la mancha para informar la contingencia política en sus cuadros, o el del neovanguardista que la situaba durante los ochenta como cifra de la secreción singular de un cuerpo, sino el del fantasma que se infiltra en las filas de una comunidad creadora con el fin de rescatar la potencia de su pictoricidad espontánea.

Fernando Prats, Constitución, 2019. Pintura sobre papel, humo de barricada sobre papel (reverso), 140 x 102 cm. Foto: Jorge Brantmayer
Fernando Prats, Constitución, 2019. Pintura sobre papel, humo de barricada sobre papel (reverso), 140 x 102 cm. Foto: Jorge Brantmayer
Fernando Prats, Equidad, 2019. Impresión offset, 29,7 x 21 cm. Foto: Fernando Prats
Fernando Prats, Equidad, 2019. Impresión offset, 29,7 x 21 cm. Foto: Fernando Prats

Esta pictoricidad, recogida por Prats en calidad de interruptus del monótono transcurrir doméstico, abrevia el suspenso de las jerarquías que la historia había naturalizado y recibe una nueva data. Una que le sirve para señalar con pericia, a lo Foucault, la instantánea sustitución de un cronograma de la revolución por el mapa espacial de una serie constelada de resistencias. No se trata de una resistencia que sea propia de él o de su objeto -la Primera Línea-, sino de una en la que el límite clásico entre retaguardia y vanguardia simplemente se diluye. De la Primera Línea podría afirmarse, de hecho, que es también la última, en el sentido de que no se reduce más a atisbar en el horizonte el pasaje salvífico hacia el que debe movilizarse el pueblo que proteger, a este mismo pueblo, de la feroz embestida de las fuerzas policiales.

Es el modo que tiene Prats de mostrar que arte y política se custodian una a la otra al interior de un nudo indiferenciado. De este nudo el artista no participa como mero testigo; por el contrario, se hace parte a través de su trabajo. Y por eso entre las banderas mapuche, las verdes del feminismo, las páginas de la vieja Constitución fascista garrapateadas con humo o los grafitis que desordenan en estatuas y memoriales el idioma oficial del poder, asoma traspapelado, en versión offset, el símbolo que Prats ideó para plantear la lógica de la equidad: un pequeño círculo que descomprime el peso abusivo del centro acercando entre sí las zonas marginales y extremas.

Este signo suyo (merece la pena considerarlo) no asoma ya en calidad de guía ni de vector, lo hace apenas como un miembro más de la pródiga tribu de signos replicantes. Es el sello del artista indagador, que se despide así para siempre del antiguo arte de las concientizaciones y su posterior devenir relacional. La mediación se ausenta, y vuelve así el arte a ser una pieza más del ensamble que expresa lo eterno en la excepcional detonación del ahora.

Fernando Prats, Acción Bandera I (Primera Línea), 2019. Video (frame), 9 min. Cortesía del artista y Galería Joan Prats, Barcelona.
Fernando Prats, Acción Bandera I (Primera Línea), 2019. Video (frame), 9 min. Cortesía del artista y Galería Joan Prats, Barcelona.

[1] Nota de la editora: Parte de esta obra se expone actualmente en la feria ARCOmadrid 2020 (26 de febrero al 1 de marzo), en el stand de la Galería Joan Prats, Barcelona. La exposición, en su totalidad, se presentará a partir del 16 de abril de este año en esa galería.

Imagen destacada: Parte de lo que será la exposición Primera Línea, de Fernando Prats, en el stand de la Galería Joan Prats, ARCOmadrid 2020. Foto: Fernando Prats.

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Federico Galende

Filósofo y ensayista. Doctor en Filosofía con mención en Estética y Teoría del Arte en la Universidad de Chile. Se licenció en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Rosario. Es investigador en la Universidad de Chile y ha dictado seminarios en la Universidad de Duke, North Carolina y en la Universidad de Aberdeen, entre otras. Tiene numerosos libros y artículos publicados.

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