El desarrollo artístico de Norah Borges –hermana del célebre escritor Jorge Luis Borges y esposa del crítico y poeta español Guillermo de Torre– constituye una rara excepción dentro de la historia del arte argentino, debido a que su presencia en las décadas de auge de las vanguardias internacionales le permitió acompañar a personajes de la relevancia de Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Gabriela Mistral, y a los jóvenes poetas de renovación de España y de la Argentina, y establecer un diálogo plástico con los movimientos artísticos de esos años.

Su desarrollo artístico personal atraviesa con un lenguaje propio las formas de la modernidad. A lo largo del siglo XX, en contacto con la vida literaria de su tiempo, ilustró los primeros libros de escritores como Borges, Victoria y Silvina Ocampo, Julio Cortázar, Adolfo Bioy Casares, Eduardo Mallea, Ricardo Molinari, Concha Méndez Cuesta, Carmen Conde, Rafael Alberti, y los chilenos Luis Enrique Délano y Humberto Díaz Casanueva. También realizó ilustraciones para las revistas de vanguardia españolas “Grecia”, “Ultra” y “Baleares”, y fue colaboradora destacada de las publicaciones argentinas “Prisma”, “Proa”, “Martín Fierro” y “Valoraciones”, entre otras.

Norah Borges, “Vieja quinta”, 1966, témpera sobre papel, 52 x 69 cm. Colección Museo de Arte Tigre.
Norah Borges, Sin título, 1956. Témpera y acuarela sobre tela, 65 x 50 cm. Colección particular.

Ahora Norah Borges (1901-1998) emerge como figura de vanguardia, opacada por años por las de su hermano y su esposo. El Museo Nacional de Bellas Artes, en Buenos Aires, le ha organizado una gran exposición curada por el especialista Sergio Alberto Baur, que reúne más de 200 pinturas, dibujos, grabados y objetos, así como documentos, manuscritos, impresos y fotografías.

La muestra, que analiza toda su vida artística a través de obras de distintas épocas provenientes de 28 colecciones públicas y privadas, se propone enlazar los mundos que vivió Borges desde su período de formación, y su destacado trabajo como ilustradora de la vanguardia española y argentina. También se exhibe documentación personal y bibliográfica que la ubican en el escenario de los años 1920 y 1930.

“Creo que esta muestra nos invita a reflexionar sobre el rol de la mujer artista en el siglo XX. El caso de Norah es absolutamente emblemático, porque es el de una artista con amplia vocación, comprometida en muchísimos sentidos”, dice el curador.

El guion museográfico se basa en los textos de aquellos contemporáneos que reflexionaron desde la crítica y la poesía en la obra de Norah Borges. Los once núcleos que organizan en sala esta primera retrospectiva son “Infancia”, “Norah, una artista ultraísta”, “Norah Borges en la vanguardia” (I y II), “Cartografías”, “Quintas y viaje a España”, “Norah ilustradora”, “Españoles de tres mundos”, “Salas de pintura y dibujo”, “Norah por Jorge Luis Borges” y “Manuel Pinedo: Norah Borges crítica de arte en los Anales de Buenos Aires”.

Vista de la exposición "Norah Borges. Una mujer en la vanguardia", en el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, 2020. Foto: Matías Iesari

El redescubrimento y la puesta en valor de su obra en el mapa de las artes plásticas del siglo XX comenzó en los años 90, cuando fue incluida como protagonista en la muestra El ultraísmo, organizada por el Instituto Valenciano de Arte Moderno. En 1994, la crítica e investigadora Patricia Artundo, con apoyo del Fondo Nacional de la Artes, publicó Norah Borges, Obra gráfica 1920-1930, libro pionero en la sistematización y análisis de su producción.

Su involuntario olvido encuentra su reconocimiento en esta exposición, como un merecido homenaje a esta extraordinaria pintora, que, entre otras cosas, fue la mujer más relevante del ultraísmo, que exploró el expresionismo, y que se fue definiendo como artista, más allá de las tendencias y de las escuelas artísticas del siglo XX, o transitando en los márgenes de los innumerables ismos que concibió ese tiempo histórico.

“Desde el Museo queríamos dedicar una muestra a Norah Borges, considerando que esto significaba una deuda histórica, ya que la artista nunca había tenido una exposición individual en el primer museo nacional”, explicó el director del Bellas Artes, Andrés Duprat. “Esto se da en el marco de nuestra voluntad de presentar a artistas mujeres que, de alguna manera, han estado soslayadas en la historia del arte. Norah Borges ha recorrido el siglo XX de una manera silenciosa y discreta, como su forma de ser. Compartió su juventud y años de formación con su hermano, Jorge Luis Borges, con quien mantuvo un diálogo cultural permanente entre literatura y artes visuales”, agregó.

Vista de la exposición "Norah Borges. Una mujer en la vanguardia", en el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, 2020. Foto: Matías Iesari
Vista de la exposición "Norah Borges. Una mujer en la vanguardia", en el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, 2020. Foto: Matías Iesari
Vista de la exposición "Norah Borges. Una mujer en la vanguardia", en el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, 2020. Foto: Matías Iesari

De familia burguesa y acomodada, una enfermedad paterna obligó a Norah Borges y su único hermano, Jorge Luis, a viajar a Europa entre 1914 y 1921. Instalados en un primer momento en Suiza, estudia en la Escuela de Bellas Artes de Ginebra. A esta formación, de corte académico, se une el contacto con artistas refugiados de la Primera Guerra Mundial, hecho que provocó que tanto Norah como su hermano conocieran de primera mano los movimientos de vanguardia del momento, el expresionismo, el cubismo y el futurismo. En Lugano aprendió la técnica del grabado en madera de la mano de Arnaldo Bossi. Sus primeras xilografías de temática religiosa incorporan técnicamente trazos expresionistas combinados con elementos primitivistas y postcezannianos.

Entre 1919 y 1921 pasó algunos periodos en Mallorca, isla que supuso para ella el descubrimiento del campo, enfatizando más sus gentes que el paisaje, contrariamente a lo habitual en artistas coetáneos. En Valldemossa se relacionó con la familia Sureda y el círculo intelectual que existía en torno a ella. En 1920 alternaron estancias en Sevilla y Madrid, donde entraron en contacto con el ultraísmo y participaron en sus tertulias, en las que Norah tuvo un rol activo -incluso se la ha apodado “la pintora del ultraísmo”.

Regresó a Buenos Aires en 1921 y, ya casada con el crítico literario Guillermo de Torre, se instaló en Madrid, entre 1932 y 1936, para después quedarse definitivamente en su ciudad natal, donde desarrolló su carrera artística.

Acompañando la exhibición, el Bellas Artes editará en 2020 un catálogo que incluye un texto curatorial de Baur, un artículo de Artundo y una reseña sobre la actividad de la artista entre los años 1920 y 1940, a cargo del área de Investigación del Museo, además del cuerpo de obra exhibido y un apartado documental.

Vista de la exposición "Norah Borges. Una mujer en la vanguardia", en el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, 2020. Foto: Matías Iesari

NORAH BORGES. UNA MUJER EN LA VANGUARDIA

Museo Nacional de Bellas Artes, Av. del Libertador 1473, Ciudad de Buenos Aires.

Hasta el 1° de marzo de 2020

Imagen destacada: Norah Borges, El diván amarillo, 1961, óleo sobre cartón, 73,5 x 104 cm. Colección Museo Rosa Galisteo de Rodríguez.