La Caverna
La caverna, curada por la artista Natalia Babarovic (Santiago, 1966) para la Galería XS de Santiago, reúne el trabajo de cuatro pintores –ella, Antonia Daiber, Pablo Ferrer, Francisco Morales–, junto a la obra en papel de Christian Yovane y los ensamblajes de Adolfo Martínez y Kevin Parra. Siete artistas con mucho oficio y poca estrategia: las similitudes a explorar siguen la claridad, el humor, la falta de política y el exceso de conciencia.
“La Caverna es un poco nombre de discotheque o de club; remite a un lugar de debut de bandas desconocidas, y por supuesto a la cuestión de Platón y otras cuevas artísticas, desde Lascaux hasta Altamira”, dice Natalia Babarovic. “Es también un escondite transgeneracional cuyo objetivo es indicar, recordar al observador, que aún hay vida subterránea en el arte, que no todo cambia como la ciudad y la muchedumbre a la luz del día. Somos un grupo de cavernícolas o, si se quiere, los últimos clientes de la disco La Caverna”.
La muestra invita a descubrir las coincidencias y diferencias en la obra de siete artistas en apariencia disímiles. Los une algo así como lo puro de su gesto, la excelencia técnica y la seriedad humorística; parecen extemporáneos e incluso anticuados. “Lo interesante es que en las técnicas de cada uno parece haber, respecto de la moda del momento, una especie de retroceso. Tal vez en el mismo momento en que la técnica en cuestion empezó su apogeo, la escultura, el pastel, la apropiación, el ensamblaje parecen revolucionarios”, agrega Babarovic.
En la muestra participan dos jóvenes “como heraldos del futuro”: Francisco Morales (1990), que expone nuevos trabajos de pintura ejecutados sobre cuadros previos (después de su muestra Conflicto de interés, en Local [agosto, 2017]). Kevin Parra (1992), ensamblador experimental que usa papeles y trabajos de sus estudiantes o propone objetos encontrados o inventados, levanta Sísifo, un objeto pesado y grande, una suerte de roca sujetada en una varilla frágil, delgada y larga, además del ensamblaje En este país no se mueve ninguna hoja sin que la este moviendo yo, que quede claro.
Adolfo Martínez (1976), escultor, recolector y ensamblador explora los límites de lo rural y lo suburbano. Una sus piezas es un ave embalsamada que recoge o hace volar prendas movedizas. Christian Yovane (1977) presenta una variedad de la obra gráfica y sintética sobre papel -con formas que distorsionan la cultura pop- que caracteriza su trabajo. Antonia Daiber (1984) muestra una serie de pasteles grasos sobre lija de diversos tamaños y colores, así como pinturas al óleo líquidas, transparentes y livianas, con imágenes difusas y abstractas.
Pablo Ferrer (1977) presenta papeles grandes que muestran diferentes caídas (del árbol, del cielo, de la gloria) y una serie de pequeños cuadros sobre recuerdos de situaciones vistas junto al muro de su casa. Natalia Babarovic (1966), en tanto, muestra una selección de sus series de pinturas sobre cartón, que combinan imágenes encontradas en fotografías con trazos y manchas hechos con spray o pigmentos puros, además de óleos sobre tela en gran formato.
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