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MARCIA SCHVARTZ: INFIERNO

Por Eduardo Stupía

Probablemente resulte inevitable suponer que el hecho de que Marcia Schvartz haya titulado INFIERNO a la serie de nuevas pinturas que ahora exhibe en la Galería Vasari se debe a la traumática coyuntura local y universal que ha generado la presente pandemia. Puede lícitamente pensarse que la artista ha acometido una reciente etapa de su producción aludiendo, con mayor o menor grado de explicitación o de elipsis, a la agobiante situación que nos acorrala, como una manera de responder a ella con las armas inalienables de su lenguaje, y de tal modo proponer una escena alternativa, análogamente convulsionada y feroz, pero visualmente muy diferente; casi un recreo, implacable pero recreo al fin, ante la inexorable multiplicación tautológica del mediático rostro polimorfo de la pandemia en específicas imágenes, cifras y estadísticas.

Sin embargo, no ha sido así. La serie INFIERNO fue concluida hace ya casi dos años, y es virtualmente inédita, si exceptuamos la inclusión de la misma en la muestra antológica de Schvartz que el Museo de Bellas Artes de Neuquén ofreció en el año 2018. Pero tampoco puede negarse que, a veces, los artistas funcionan como chamanes, sensores anticipatorios, o rabdomantes para la detección de un estado de las cosas del mundo que el resto de los individuos no percibe ni adivina todavía. Como los perros que aúllan incomprensiblemente o los pájaros que huyen sin razón de la zona donde habrá prontamente un terremoto, hay quienes enuncian verdades proféticas sin siquiera darse cuenta de qué significa exactamente lo que están haciendo, lo que están diciendo.

Marcia Schvartz, El psicoanálisis “Con rabia roía el cráneo por dentro y por fuera”, 2018, técnica mixta sobre tela, 150 x 180 cm. Cortesía: Vasari
Marcia Schvartz, Canto Trigesimosecondo. Oí que me decían: “Pisa con tiento” 2018, técnica mixta sobre tela, 160 x 180 cm. Cortesía: Vasari

Como sea, el espectador, siempre soberano, podrá libremente adaptar el estridente discurrir de este INFIERNO al modelo experiencial o anímico que mejor le cuadre en estas circunstancias, ya sea que lo pondere como testimonio subjetivo, alucinación, artificio expresivo, parábola poética, trasposición en clave fantástica de una realidad opresiva, capricho o disparate goyesco, o simplemente como una nueva vuelta de tuerca en el fragoroso maelstrom marcista.

Este INFIERNO es, en todo caso, una suerte de relectura pesadillesca, la crispada revisitación de ciertos hitos del derrotero lírico dantesco, a partir de los cuales la artista concentra, destila y sintetiza un desfile de espectros disolventes, brutalmente frontales aún en su aparente inclinación sesgada o metafórica, e iluminados por una paleta de casi pavorosa intensidad. Schvartz confiesa su íntima adhesión a la crucial influencia de esos versos según los dictámenes de una arquitectura estética que hace de la polución y la deformidad un vehículo para enviciar y afectar toda invocación temática, y así se canibalizan y fagocitan personajes y situaciones, que exceden la contención mayestática del texto original para acudir eléctricamente a la intimidad del Hades personal schvartzesco.

Desde luego, cada muestra de Marcia Schvartz implica la reapertura de un espacio de resonancia donde vibra y se re-presenta todo su universo. Esta vez, la habitual crudeza en la concepción caracterológica y crítica del individuo, la sangría étnica de sus pasiones y conflictos, el escudriñamiento de los recovecos privados y el descarnado fresco de los códigos públicos y exteriores cede el primer plano protagónico a los incógnitos rituales de una mascarada anamórfica, la danza macabra de fantasmáticas sombras disfrazadas. Para Schvartz, la efectista y fastuosa literalidad operística de la iconografía histórica del INFIERNO se metamorfosea en las turbulencias de un Grand Guignol atemporal, donde las relaciones entre acciones, escenario y figuras son enigmáticas y tortuosas, tanto en su morfología como en sus códigos atávicos y sus herméticos manierismos. El INFIERNO de Marcia Schvartz es puro presente, un Real actual y contemporáneo, un amargo temblor de la conciencia, la revelación de algo inhumano que no tiene forma, esencialmente irrepresentable; un obstinado dolor que atraviesa el espíritu.

Marcia Schvartz, Ángel Negro, 2016-2019, óleo sobre tela, 300 x 200 cm. Cortesía: Vasari
Marcia Schvartz, Perché mi scerpi? Non hai tu spirito di pietade alcuno?, 2018, óleo sobre tela, 150 x 110 cm. Cortesía: Vasari
Marcia Schvartz, Ora acorri, acorri morte, 2018, óleo sobre tela, 155 x 120 cm. Cortesía: Vasari

Infierno, primera muestra individual de la artista Marcia Schvartz en la galería Vasari, podrá verse hasta el 4 de diciembre de 2020.

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